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5 de Abril
SAN VICENTE FERRER, presbítero
(1350-1419)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Vicente nos presenta una singular figura de
dominico, gran predicador en la época más tormentosa de la cristiandad,
desgarrada por la cautividad aviñonense y por el cisma de Occidente. Nacido
en Valencia en 1350, entró en la Orden de Predicadores a los diecisiete años
(1367) y fue ordenado sacerdote en 1378. Después de la curación de una
enfermedad, Vicente se sintió investido de la misión de llevar el mensaje
evangélico no sólo a los cristianos, sino también a los judíos (convirtió a
un famoso rabino), a los moros y a los herejes llamados cátaros (o puros) y
valdenses. En 1390, cuando el cardenal legado Pedro de Luna llegó a
Valencia, se convirtió en su teólogo oficial en sus viajes a través de
España. Cuando el cardenal fue elegido papa con el nombre de Benedicto XIII,
defendió a Vicente contra la acusación de haber dicho que Judas se había
arrepentido eficazmente, y lo llamó a la corte de Aviñón como confesor.
Vicente apoyó a este papa, invitando a las cortes de Aragón y de Castilla,
después de la de Francia, a prestarle obediencia. Más tarde, empero, cuando
se percató de su obstinación irracional en el cisma, se comportará en
sentido contrario, anunciando la oposición de los reyes de Aragón, Castilla
y Navarra.
Recorrió, además de España, también otras naciones europeas: Italia, Suiza y
Francia. Y fue precisamente en una misión a Lyon, en 1404, donde el
entusiasmo de las muchedumbres le hizo sentir la urgencia de dar una cierta
forma exterior a la Compañía de aquellos fieles que, deseosos de aceptar la
disciplina ascética que él predicaba (verdadera elite de la penitencia y de
la fe, conocida con el nombre de “flagelantes”), vestía un hábito blanco y
negro, además del bordón de peregrinos, y realizaban un cierto número de
flagelaciones, mientras un retornelo acompañaba el canto compuesto por él
mismo, con estas palabras: “En honor de la pasión de nuestro Señor
Jesucristo y por el perdón de nuestros pecados, Señor Dios, misericordia”.
El apogeo de este intenso apostolado de predicación popular y apasionada
comprende el período de 1412 a 1419, durante el cual fue invitado a
pronunciarse sobre la sucesión de la corona de Aragón, declarándose a favor
del infante de Castilla. Murió en Vannes (Bretaña), durante una de las
misiones que tenían también el objetivo de poner fin a la guerra de los cien
años que azotaba a Francia e Inglaterra, el 5 de abril de 1419. En la
tercera y última fase de sus viajes de predicador ya no habló, como
anteriormente, del anticristo y del fin del mundo.
2. Mensaje y actualidad
La colecta nueva, compuesta para configurar la espiritualidad del santo,
subraya el punto focal del mensaje, que también en nuestros días es una
apelación de gran actualidad. Ante todo este santo fue suscitado por Dios en
la Iglesia como predicador infatigable del evangelio para espolear a los
hombres a la espera vigilante del juicio. Ya desde 1399 Vicente inauguró su
verdadera misión de legado “a letere Christi”, que él mismo explicaba en una
apología suya a Benedicto XIII. Él creía, por ejemplo, que la santísima
Virgen había obtenido de su hijo que el mundo subsistiera hasta que san
Francisco y santo Domingo cumplieran su obra y que, frente a la fallida
conversión, más aún, ante el aumento de la corrupción, él había sido elegido
como uno de los tres enviados extraordinarios para anunciar el fin de los
tiempos. Y en Salamanca, donde la gente le preguntaba por los signos del
juicio final, él respondía que “no había mejor señal que la misericordia de
Dios, que ha obrado hasta ahora por medio del pecador que estaba ante ellos
más de tres mil milagros”.
La predicación de la llegada inminente del arcángel del Apocalipsis, en una
época de desvarío como la del cisma, que parecía anticipar el cataclismo
final, no parece ser, en consecuencia, fruto de un celo fanático e
intempestivo. En efecto, Vicente, con su predicación en toda Europa,
remitiéndose a los juicios de Dios, a quien han de darse cuentas, parecía
realmente como un ángel del juicio que con el poder de los milagros a
discreción (en Valencia predijo el pontificado a Calixto III y el triunfo de
Bernardino de Siena), con el don universal de las lenguas (lengua
valenciana, que entendían en todos los países neolatinos y franceses) y con
la eficacia de su fulgurante palabra, salvó en algún modo el mundo (de la
misma manera que la predicación de Jonás salvó a Nínive de la destrucción).
Si se equivocó acerca del inminente fin del mundo, hay que reconocer que
interrumpió tal predicación tras el concilio de Constanza.
La petición final de la colecta, que nos invita a prepararnos a la venida
del Señor para contemplarlo en la gloria del cielo, siempre saludable por
ser relativizante, como testimonia la misión profética de Vicente Ferrer en
un momento tan trágico de la historia de la Iglesia, que originó el gran
cisma de la reforma protestante. La lectura del oficio, que contiene
consejos del santo sobre el modo de predicar y de confesar, puede servir
para plasmar de modo concreto este llamamiento profético de tipo
escatológico. En el confesionario debes mostrar... sentimientos de caridad;
... el pecador ha de sentir siempre que tus palabras proceden exclusivamente
de tu caridad”. Su obra, De vita spirituali, la más difundida a finales de
la Edad Media, así como sus Sermones, conocidos en toda Europa, siguen
siendo todavía hoy una eficaz invitación a este cristo centrismo apostólico
y escatológico anclado siempre en la Escritura.
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