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18 de Marzo
SAN CIRILO DE JERUSALÉN, obispo y doctor de la Iglesia
(ca. 315-387)
1. Nota Histórico-litúrgica
Este gran obispo de la ciudad santa nació hacia el 315 en Jerusalén, cuyos
santos lugares conocía bajo los monumentos paganos de Aelia Capitolina,
antes de la restauración constantiniana. Después de recibir educación
cristiana, fue ordenado sacerdote por san Máximo, hacia el 345, y se dedicó
a preparar a los catecúmenos para el bautismo. Por esto tuvo ocasión de
predicar sus veinticuatro Catequesis, que le han hecho célebre, y que le
merecieron el título de doctor de la Iglesia, título que le concedió León
XIII. Nombrado obispo de Jerusalén el año 350, fue reconocido en esta sede
con un primado de honor sobre los demás obispos en el concilio de Nicea.
Tuvo que sufrir las acusaciones de Acacio de Cesarea, obispo arriano, que
logró exiliarlo de su Iglesia nada menos que dos veces. Pudo volver a su
sede tras el exilio bajo el emperador Valente, sólo en el 378. Participó en
el segundo concilio ecuménico de su episcopado, sentándose entre los jefes
del partido ortodoxo, después de los patriarcas de Alejandría y Antioquía.
Suscribió la condena de los semiarrianos y de los macedonianos que negaban
la divinidad de Cristo y del Espíritu Santo. Murió en la ciudad santa,
después de treinta y ocho años de episcopado, el 18 de marzo del 387. En
esta fecha fue inscrito en los calendarios orientales y en el leccionario
armenio de Jerusalén del siglo V. En la Jerusalén corrompida de su tiempo,
Cirilo fue un pastor providencial. Su ardiente actividad pastoral en la
comunidad cristiana de Jerusalén (reconocida por san Basilio) parece que fue
casi corroborada por la prodigiosa aparición de una cruz luminosa en el
Gólgota, mencionada por él mismo.
2. Mensaje y
actualidad
La colecta del misal evoca dos temáticas. La primera concierne al autor de
las Catequesis mistagógicas, de las que se lee un fragmento significativo en
el mismo oficio de lectura porque evoca el sello del Espíritu impreso en las
almas de los neófitos. El texto de la oración dice que con la enseñanza de
Cirilo "Dios... ha permitido a su Iglesia penetrar con mayor profundidad en
los sacramentos de la salvación". La lectura del oficio se presta por sí
sola para comprender el estilo de esta mistagogia, que introduce en la
inteligencia de la fe cristiana, además de la que se hace a través de
símbolos tan concretos como los de la celebración litúrgica. Es, pues, éste
el método global de catequesis que también hoy la Iglesia nos ha invitado a
seguir después de la constitución litúrgica (n. 48): "La Iglesia, con
solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de
fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a
través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y
activamente en la acción sagrada".
Cirilo atemperaba su amor a la verdad con la ley de la caridad. Ya Teodoreto
de Ciro lo reconocía cuando lo llamaba "ardiente defensor de la doctrina".
Él solía decir: "El error tiene muchas formas, la verdad una sola cara". La
oración pide: "Concédenos, por su intercesión, llegar a conocer de tal modo
a tu Hijo que podamos participar con mayor abundancia de la vida divina". El
retraso del culto romano del santo, que se remonta a 1882 bajo León XIII, se
debe a las dudas de algunos acerca de la auténtica doctrina de Cirilo, que,
aun defendiendo la fe de Nicea, parece que evitó el término de consustancial
al Padre (homoousios) referida al Hijo, uniéndose a los semiarrianos
defensores del término "cosemejante" (homoiousios). Pero en la carta escrita
al papa Dámaso en 382, los padres del concilio testimoniaron a favor del
"venerable y pío" Cirilo, porque "había mantenido en diversos lugares
numerosos combates contra los arrianos". Es actual también para nosotros el
lema de Cirilo en sus catequesis: "El cristiano es un portador de Cristo".
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