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9 de Marzo
SANTA FRANCISCA ROMANA
(1384-1440)
1. Nota Histórico-litúrgica
Francisca Bussa (De Buscis), de noble familia romana, nacida en Roma en 1384
y desposada a los trece años con Lorenzo Ponziani, del que tuvo tres hijos
(sobreviviendo uno solo, Juan Bautista), fue apóstol de la caridad gracias a
los bienes de su marido. Durante la carestía y la peste se hizo además
mendicante, junto con su cuñada Vamnnozza, en favor de los pobres. También
durante las invasiones de Roma por Ladislao de Napoli - contra el cual luchó
y fue herido su marido, comandante de las tropas pontificias -, que
hostigaba al antipapa Juan XXIII, demostró gran premura por los pobres,
soportando animosamente la invalidez de su marido y la muerte de dos hijos.
Para mejor poder servir a los asilos, fundó en 1425 la Congregación de las
Oblatas Olivetanas de Santa María Nuova, llamadas más tarde Tor di Specchi,
por el antiguo edificio próximo a la iglesia donde se reunían. Tras la
muerte del marido (1436), a los cuarenta años de matrimonio, pudo entrar en
la congregación, regida por la regla benedictina, convirtiéndose por
obediencia en superiora general. Murió en su palacio de los Ponziani
recitando las vísperas de la Santísima Virgen, como siempre había hecho, el
9 de marzo de 1440, después de haber sido favorecida por gracias de
contemplación y dones extraordinarios: noventa y siete visiones dictadas a
su confesor, el benedictino Antonio di Monte Savello. Después de su
canonización en 1608, la iglesia de Santa María Nuova fue denominada Santa
Francisco Romana. En la bula de canonización se reconoce que su plegaria y
sus sufrimientos contribuyeron a la conclusión del cisma de Occidente
(1378-1449) y de la infausta residencia de los papas en Aviñón (1309-1377)
2. Mensaje y actualidad
La colecta, nos ofrece la nota característica de esta santa, que se llamaba
"la pobre mujer del Trastevere", por contemplar en ella "un modelo de vida
matrimonial y monástica". En el mundo prerrenacimental y en una capital en
plena decadencia moral, el ejemplo de esta esposa y madre, que bajo las
lujosas ropas de la nobleza propias del rango familiar llevaba ásperos
vestidos e incluso el cilicio y simultaneaba las tareas de educación de sus
hijos con una ferviente caridad, despertaba estupor, admiración y oposición.
También hoy se pueden conciliar las ocupaciones propias de la vida común,
familiar, con una vida ascética intensa, si se imita este ejemplo de
paciencia y de constancia, como nos hace pedir la oración: "concédenos vivir
en tu servicio con tal perseverancia, que podamos descubrirte y seguirte en
todas las circunstancias de la vida". También se lee en el oficio de
lectura, de la Vida escrita por la superiora de las Oblatas: "No se pudo
observar en ella ningún acto de impaciencia, no mostró el menor signo de
desagrado por la torpeza con que a veces la atendían" (especialmente su
nuera, a la que logró convertir al fin).
Aún conviene subrayar en este género de vida la fusión armónica de las
exigencias de la vida conyugal y la mística más elevada, hasta el punto de
asombrar a un sacerdote que no la conocía y que la veía comulgar varias
veces a la semana, con el consentimiento de su confesor, contrariamente a la
costumbre del tiempo, que negaba tal derecho a las personas casadas. Puede,
pues, decirse que su vida monástica en la congregación fundada por ella fue
una prolongación, si bien en otro estado, de la vida familiar anterior.
Cabe resaltar la actualidad permanente de esta frase: "Agradó a Dios en su
esposo y a su esposo en Dios". Es un buen programa para los esposos.
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