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8 de Marzo
SAN JUAN DE DIOS, religioso
(1495-1550)
1. Nota Histórico-litúrgica
De Juan Ciudad, este portugués nacido en Montemor-o-novo y llamado Juan de
Dios porque la gente no conocía su verdadero apellido, sabemos que llevó una
vida atormentada hasta los cuarenta años, ejercitando todos los oficios:
pastor en Oropesa, labrador, soldado en la defensa de Viena contra Solimán
II, bracero en África, andariego en Inglaterra y, por fin, librero en
Granada, donde Dios le salió al paso. Fue la predicación del célebre Juan de
Ávila la que lo convirtió, dando un viraje decisivo en su vida que le
mereció la fama de loco (iba por la calle gritando y golpeándose el pecho),
hasta el punto de ser encerrado en el manicomio. En este lugar, Juan pudo
experimentar las duras condiciones en que vivían los enfermos mentales, por
lo que se decidió a fundar un hospital donde reunía a toda clase de enfermos
e infelices. Fundó con sus colaboradores (eran dos jóvenes, acérrimos
enemigos reconciliados por él) la Orden de los Hermanos Hospitalarios, que
luego se propagaron con el nombre de Hermanos de San Juan de Dios. Murió en
Granada el 8 de marzo de 1550, después de trece años de heroico servicio.
Fue nombrado patrono de los hospitales por León XIII, después de haber sido
canonizado en 1690. Su memoria facultativa se remonta a 1714, cuando fue
inscrito en el calendario romano.
2. Mensaje y actualidad
La colecta, se refiere a la actividad caritativa del santo, introduciendo la
oración con una invocación del Señor: "tú que infundiste en san Juan de Dios
espíritu de misericordia". Es un primer rasgo que cabe subrayar, siguiendo
las exhortaciones de la carta que se lee en el oficio, donde el argumento
comienza así: "Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca
dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos". También nosotros somos
invitados "a expresar con obras" esta caridad, de la que san Juan ha dado un
ejemplo tan preclaro, anticipándose a los modernos métodos de la
psicoterapia, curando primero la psique y el espíritu para influir también
sobre el cuerpo. Él separaba a los que tenían enfermedades infecciosas de
los demás pacientes, demostrando de este modo que la caridad es
individualizada y ha de adaptarse a cada clase de enfermedad y a cada
persona. Por este estilo de caridad individualizada y universal, se puede
considerar su ejemplo como un recordatorio actual para afirmar la primacía
de la caridad cristiana, que es siempre una actitud electiva: en el hermano
necesitado está siempre el rostro del elegido de Dios, que es Cristo. La
conclusión de la colecta pide que "merezcamos encontrarnos un día entre los
elegidos en tu reino" (Lc 18,7). Al arzobispo de Valladolid, que le
reprochaba el que albergara a vagabundos y prostitutas en su casa, le
respondió: "Su excelencia podrá comprobar que albergamos a una sola persona
indigna de comer el pan de las limosnas; y ésa soy yo".
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