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7 de Marzo
SANTA PERPETUA Y SANTA FELICIDAD, mártires
(+ 202/3)
1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria obligatoria de las dos mártires africanas, cuya famosa passio es
contemporánea a los acontecimientos (recibió su forma definitiva en el siglo
II, tal vez por manos de Tertuliano), se sitúa en la persecución de Septimio
Severo, en el África romana, donde el 7 de marzo del 203 está registrado tal
martirio en el anfiteatro de Cartago. En el siglo IV se construyó la
basílica cementerial, que recogió las cenizas de las dos mártires junto con
las de otros; a ellas fueron asociados en el martirio también otros cuatro
mártires (Revocato, Saturnino, Secúndulo y Saturo). La "passio", que refleja
la psicología de los mártires y la de los espectadores (morbosa), tiene como
trasfondo el deseo de la paz para la comunidad turbada por la discordia
entre el obispo Optato y el presbítero Aspasio. Perpetua, hija de padre
pagano, era madre de un recién nacido todavía en pañales. Felicidad,
encinta, después de las oraciones recitadas por el grupo, dio a luz en la
cárcel antes de lo previsto y así pudo participar en el martirio, al cual
fue asociado también su catequista Saturo. En su diario de cárcel, Felicidad
narra su sueño, en el que se le confirmaba que sufriría el martirio.
2. Mensaje y
actualidad
La colecta, procedente del propio de las diócesis de África del Norte, dice:
"Señor, tus santas mártires..., a instancias de tu amor, pudieron resistir
al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte". Y se le sigue
invocando para que nos conceda, "por su intercesión, crecer constantemente
en nuestro amor a ti". La lectura del oficio, tomada de la passio de los
santos mártires cartagineses, nos revela no sólo la grandeza de tal caridad,
que las hizo superar los atroces tormentos que las infligieron en el
anfiteatro, sino también el amor materno que las ligaba a sus pequeños, uno
todavía párvulo y el otro recién nacido. La histórica frase que reproducen
las actas del martirio, en la cual Felicidad responde al guardián (que trata
de evitarle el suplicio de las fieras) mientras gemía por los dolores del
parto, es todavía hoy una advertencia frente al creciente desprecio por la
vida apenas concebida por motivos humanos con frecuencia legitimados
socialmente. Sólo la caridad de Dios puede hacer capaces de superar las
resistencias del amor humano más fuerte, como el materno: "Hoy sufro yo,
pero entonces sufrirá otro en mí, porque yo sufriré por él". Es asimismo
actual la frase escrita por Perpetua en la cárcel, relatando su bautismo:
"El Espíritu de Dios me ha inspirado que impetre del agua solamente la
constancia de la carne".
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