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22 de Febrero
LA CÁTEDRA DEL APÓSTOL SAN PEDRO
(siglo IV)


1. Nota Histórico-litúrgica
La fiesta de la cátedra de san Pedro ya aparece en la Depositio martyrum (el más antiguo calendario romano del año 354) el 22 de febrero, es decir, el día en que en Roma se conmemoraba el recuerdo de los difuntos "Caro cognatio". Parece que la fiesta no tuvo en su origen un carácter sepulcral, sino familiar, en honor del fundador del "Collegium chistianorum" y que posteriormente se convirtiera en memoria del comienzo del "episcopatur Petri" y del primado conferido al príncipe de los apóstoles. En el sacramentario Gelasiano, que reelabora los textos del Veronense, se invoca un "principatus Petri" referido a la "verdad evangélica difundida por todos los reinos del mundo"; así proclama el prefacio del Veronense (n. 1422) el carácter de la piedra fundamental del constructor. Es la única que permanece de las dos fiestas de la cátedra del Príncipe de los apóstoles, que por la anticipación de la cátedra de Roma hecha en Galia (siglo VIII), y el 22 de febrero para la cátedra de Antioquía (que Pedro habría ocupado antes de la romana). La fecha más antigua de la "cathedra Petri", celebrada en la basílica de San Pedro con una vigilia nocturna presidida por el papa a mitad del siglo V, recupera el culto que poco después se había difundido por Europa y que, tras un silencio inexplicable de dos siglos (VII-VIII), refloreció en Roma en los siglos XI-XII.


2. Mensaje y actualidad
Esta fiesta, por la riqueza de los textos de la misa y de la liturgia de las horas, ofrece la ocasión pastoral para hacer una catequesis sobre el papel del apóstol Pedro, llamado Cefas, en un tiempo de debates ecuménicos donde la misión de Pedro y de sus sucesores es un nudo crucial de la unidad de los cristianos. Después de la antífona de entrada, que cita el texto de Lucas (22,32), los textos oracionales de la misa configuran la misión del apóstol.
a) La colecta, procedente del sacramentario gelasiano antiguo (el 29 de junio), recuerda un punto central de la figura de Pedro: "No permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica". Pedro es, pues, la roca de la comunidad de Cristo contra los ataques del mal, representados por la simbólica ciudad de la muerte y de las tinieblas, con motivo de su confesión de fe en la divinidad de Jesús. Es por la fuerza que le viene de Dios ("He rezado por ti...; no te lo han revelado ni la carne ni la sangre"), y por su actitud personal, ni siquiera por haber experimentado él mismo la fragilidad del creyente, por lo que Pedro es constituido como punto seguro de referencia de nuestra fe apostólica. Esta realidad, en consecuencia, se apoya sólo en un motivo de fidelidad a la palabra de Dios. En el florilegio de las horas, se encuentran las frases de la promesa del primado de la cátedra petrina.
b) El segundo tema de la catequesis nos lo ofrece la oración sobre las ofrendas: "que bajo el pastoreo de san Pedro, de quien recibe la Iglesia la integridad de su fe, pueda llegar a la vida eterna". Por consiguiente, la certeza de la fe apostólica va asociada a su integridad, pero siempre en orden a la guía pastoral del pueblo de Dios.
c) Es interesante la conexión de esta doctrina con la eucaristía, porque al celebrar el sacramento de unidad y de paz, como se reza en la oración después de la comunión, unimos el ministerio de unidad en la Iglesia, cuyo invisible garante es Pedro, con el efecto primordial del sacrificio pascual. Es en última instancia Cristo, que actúa en sacramento supremo, el que garantiza asimismo el ministerio de unidad visible en la fe estable e íntegra, conferido únicamente al apóstol Pedro.
d) Por fin se puede recordar también la riqueza de los himnos propios del oficio, porque pueden ofrecer un tema suplementario a esta catequesis sobre la misión catedrática-doctrinal del apóstol, al que se le han dado las llaves del reino de los cielos. En efecto, en la lectura breve de la hora tercia se cita el texto de Is 22,22, que ofrece el fundamento veterotestamentario del "derecho" de este poder, que, sin duda, pasó también a los demás apóstoles; pero no sin motivo es confiado a uno solo lo que es impuesto a todos; por tanto, el poder es concedido de modo particular a Pedro, porque la figura de Pedro es antepuesta a todos los gobernantes de la Iglesia. La actualidad de este magisterio petrino está fundada también hoy en estos temas esenciales para sostener nuestra fidelidad a la cátedra del apóstol por excelencia.
 

 

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