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14 de Febrero
SAN CIRILO, monje, y SAN METODIO, obispo, patronos de Europa
(527-869) (815-885)
1. Nota Histórico-litúrgica
La fecha de la fiesta de estos dos hermanos, a quienes Juan Pablo II
proclamó copatronos de Europa el 31 de diciembre de 1980 junto con san
Benito abad, coincide con el nacimiento del monje Cirilo (llamado
Constantino), hermano de Metodio (de nombre Miguel).
Los dos hermanos nacieron en Tesalónica. Conocían el eslavo, que en aquel
tiempo se hablaba en Macedonia, y recibieron una esmeradísima instrucción en
Constantinopla, donde Constantino fue ordenado sacerdote y enseñó filosofía,
mientras que el hermano mayor, después de haber gobernado una provincia
bizantina eslava, se hizo monje de Bitinia, recibiendo el nombre de Metodio
y llegado a higúmeno (superior). La primera misión que se les confió a ambos
hermanos fue donde los cátaros del mar Negro. Luego el príncipe Ratislaw
pidió al emperador Miguel III sacerdotes que hablaran eslavo, por lo que
Cirilo y Metodio se trasladaron a Moravia en el 863. Ambos misioneros se
distinguieron de los latinos, presentes en el país, por la adaptación a los
pueblos evangelizados, que se concentró en la creación del alfabeto eslavo y
en la traducción a esta lengua de la Biblia y de la liturgia (por eso los
caracteres recibieron el nombre de "cirílicos"). La aprobación de este
método misionero de total adaptación se efectuó en la visita a Roma, adonde
fueron, tras su permanencia en Panonia, para justificarse de las acusaciones
ante el papa Adriano II, que los invitó a celebrar en eslavo la divina
liturgia en la Ciudad Eterna. Aquí murió Constantino el 14 de febrero del
año 869, después de haber hecho la profesión monástica y haber recibido el
nombre de Cirilo, siendo sepultado en la iglesia de San Clemente.
Metodio fue ordenado obispo de Panonia y Moravia, con sede recuperada en
Sirmio, y al mismo tiempo fue nombrado legado apostólico de los eslavos.
Pero las vicisitudes políticas de la llamada Gran Moravia y las rivalidades
del arzobispo de Salisburgo contra los príncipes eslavos crearon grandes
dificultades para el ejercicio de su apostolado, hasta el punto de ser
desaprobado por un sínodo. Como legado de la Santa Sede ante los eslavos, se
defendía afirmando que había recibido de san Pedro los territorios que había
evangelizado. El papa Juan VIII lo defendió, pero prohibió durante algún
tiempo el uso del eslavo en la liturgia y restringió la jurisdicción de
Metodio. Éste murió en Velehrad (Checoslovaquia) el 6 de abril de 885, y fue
enterrado con los ritos eslavo, griego y latino.
2. Mensaje y
actualidad
a) La nueva colecta, que ahora personaliza el texto, en la primera parte
recuerda el gran mérito de ambos santos hermanos en la misión apostólica que
iluminó "a los pueblos eslavos". Con razón, pues, los países del Danubio
consideran a estos santos como padres suyos en la fe cristiana. Después de
la reforma conciliar, estos dos apóstoles son presentados no sólo como la
gloria de la Iglesia por su obra de evangelización, sino también como un
modelo paradigmático por el método de adaptación del mensaje a la cultura
del pueblo, valorizando los puntos de conexión con la mentalidad de la gente
y conciliando la búsqueda de la unidad con el rechazo de la uniformidad. Por
haber sentado las bases de una verdadera cultura cristiana popular, los dos
santos son modelos de la búsqueda ecuménica actual.
Pero el texto de la colecta nos ofrece un nuevo motivo de reflexión, porque
ha insertado un paso de la plegaria que Cirilo moribundo dirigió a Dios, y
que se lee en el oficio de lectura: "Concédenos la gracia de aceptar tu
palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la
verdadera fe ("in vera fide et recta confessione concordem"). Es éste el
elemento que garantiza la la fidelidad de la evangelización. La verdadera fe
que los dos apóstoles predicaron fue acompañada siempre por una recta
confesión, expresada en la sagrada liturgia y en la palabra de Dios
traducida en la lengua de su pueblo. No cedieron ante la estrechez de
espíritu de los "trilingües y pilatianos"; por eso del lingüístico connubio
nace la concordia del pueblo de Dios, que no sigue dividido entre lo que
cree con el corazón y la mente y lo que profesa con la boca en el culto. En
el contexto de esta oración, que constituye el testamento de Constantino-Cirilio,
el tema de la unidad de los nuevos pueblos se convierte también en nuestros
mismos días una amonestación: "Querido hermano, compartíamos la misma
suerte, sosteniendo el arado en el mismo surco. Ahora yo caigo en el campo
al término de mi jornada. Tú amas mucho, lo sé, tu Montaña; sin embargo, no
abandones tu tarea de enseñante por la Montaña. ¿Dónde puedes salvarte
mejor?"
b) En la oración sobre las ofrendas se pide que "las ofrendas que
presentamos en la fiesta de san Cirilo y Metodio se conviertan en signo de
una humanidad nueva, reconciliada en el amor". En la encíclica Slavorum
apostoli, de Juan Pablo II, escrita en ocasión del undécimo centenario de la
muerte de san Metodio el 2 de junio de 1985, los dos hermanos de Salónica
son exaltados por haber contribuido a crear esta humanidad reconciliada en
las tierras de su evangelización: Moravia, Eslovaquia, Panonia, parte de la
actual Hungría, actuando en situaciones complejas y precarias. En efecto,
creyeron que su deber, como súbditos del imperio de Oriente y fieles sujetos
al patriarcado de Constantinopla, era dar cuenta al romano pontífice Juan
VIII de su actuación misionera y someter a su juicio, para obtener su
aprobación, la doctrina que profesaban y enseñaban, los libros litúrgicos
escritos en lengua eslava y los métodos adoptados en la evangelización. Por
esta razón son los auténticos precursores del ecumenismo. En efecto, su
misión se desenvolvió en los años críticos (863-885) en que emergieron y
empezaron a enconarse la fatal disidencia y la áspera controversia entre las
Iglesias de Oriente y Occidente, cuando la división se acentuó por la
cuestión de la pertenencia canónica de Bulgaria, que en ese preciso momento
había aceptado oficialmente el cristianismo.
La incomprensión, los contrastes e incluso las difamaciones y las
persecuciones físicas (Metodio fue encarcelado dos años, acusado de haber
invadido una jurisdicción episcopal ajena) acompañaron a este movimiento
pacífico de implantar y edificar la Iglesia. Metodio fue convocado "ad
limina apostolorum" por las insinuaciones del príncipe moravo Svatopluk,
contrario asimismo a la liturgia eslava, ante el papa Adriano II; pero fue
confortado por la aprobación de los libros litúrgicos eslavos, que depositó
solemnemente sobre el altar de Santa María la Mayor ad praesepe, y por la
recomendación del papa de ordenar sacerdotes a sus discípulos. La
característica de estos evangelizadores fue, pues, su amor a la comunión en
la Iglesia universal tanto en Oriente como en Occidente, y, en ella, a la
Iglesia particular que estaba formándose en las naciones eslavas.
c) La oración después de la comunión invoca al "Padre de todos los hombres,
que nos hace participar de un mismo pan y un mismo Espíritu, como
anticipación del convite eterno", para que, "en esta fiesta de san Cirilo y
san Metodio, ... quienes formamos la multitud de tus hijos, manteniéndonos
en la unidad de la fe, edifiquemos unánimes el reino de la justicia y de la
paz". Con esta oración se pone en evidencia el mérito de estos dos heraldos
del evangelio, que no sólo implantaron la Iglesia de Dios con un sentido
católico, sino que también realizaron esa obra de inculturación con la
encarnación del evangelio en las culturas autóctonas, introduciéndolas en la
vida de la Iglesia. En efecto, no impusieron a los pueblos que se les
confiaron ni siquiera la indiscutible superioridad de la lengua griega y de
la cultura bizantina o los usos y costumbres de la sociedad más avanzada en
que ellos habían nacido, sino que adaptaron a las costumbres de los nuevos
pueblos las complejas y sutiles elaboraciones del derecho griego y romano.
Por eso todas lasculturas de las naciones eslavas deben su arranque y
desarrollo a la obra de los hermanos de Tesalónica, sea con la creación
original y genial del alfabeto, sea con la traducción de los libros
sagrados, que dieron capacidad y dignidad cultural a la lengua litúrgica
paleoeslava, convertida durante largos siglos no sólo en lengua
eclesiástica, sino también en la lengua oficial y literaria, e, incluso, en
la lengua común de las clases más cultas de la mayor parte de las naciones
eslavas. Metodio tradujo la Égloga de León III y, adaptándola a la región
morava, estableció el más antiguo código de leyes eslavas (Zakon Sudnyj);
introdujo asimismo el "Nomocanon", o recopilación de cánones eclesiásticos.
También hoy en la liturgia de las Iglesias orientales de rito
constantinopolitano, tanto católicas como ortodoxas, en la Europa oriental y
suboriental, así como en distintos países de la Europa occidental y en la
misma liturgia romana de los católicos de Croacia, se sigue usando esta
lengua.
La mención de la misma eucaristía y del mismo Espíritu no es, pues, casual
en esta oración como introducción a la petición final, en la que se auspicia
esta solidaridad incluso social y civil entre todos los pueblos de Europa.
En efecto, los misioneros preparados por Metodio y sus discípulos
evangelizaron también Bohemia; luego las tribus serbolusacianas (incluida
Croacia) y los territorios de la Polonia meridional (el bautismo de Polonia
en 966 se realizó por medio de las Iglesias de Bohemia); además de Bulgaria,
la cercana Rumania y, por fin, la antigua Rus´ de Kiev, extendiéndose desde
Moscú hasta Oriente (el bautismo de Vladimir de Kiev es del año 888).
A la luz de estos hechos se puede comprender justamente que la obra de los
dos patronos de Europa constituye una aportación eminente para la formación
de las comunes raíces cristianas de Europa, no obstante la diversidad de las
tradiciones, tanto oriental (derivada de Constantinopla) como occidental
(derivada de Roma); al par que una contribución decisiva para la
construcción de Europa, no sólo en la comunión religiosa, sino también en
vista de su unión civil y cultural.
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