|
|
5 de Febrero
SANTA ÁGUEDA, virgen y mártir
(+ 250)
1. Nota Histórico-litúrgica
La santa de Catania, donde sufrió el martirio en el 250, ha sido venerada
desde el siglo VI en Milán, Roma y Rávena en la fecha del 5 de febrero, y
también en Oriente. Aunque las actas de su martirio, ocurrido en tiempos de
Diocleciano, sean tardías y apócrifas, las noticias de su culto son muy
antiguas. El patricio Ricimero había hecho construir en Roma una iglesia
dedicada a la santa (siglo V) y destinada a los arrianos: Santa Águeda de
los Godos; y el papa Símaco, a comienzos del siglo VI, había introducido
oficialmente el culto litúrgico de la mártir en Roma, dedicándole una
basílica en la vía Aurelia. Se atribuye a Gregorio Magno la introducción del
nombre en el canon romano, por lo que es venerada con memoria obligatoria
también hoy. Tal vez la devoción de los papas por la mártir se deba al hecho
de que san Pedro, según la leyenda, se le habría aparecido a la virgen
cruelmente torturada para curarle las heridas. Fue preludio de su culto la
milagrosa salvación de Catania de una erupción del Etna, cuya lava se detuvo
en el primer aniversario de la muerte de Águeda.
2. Mensaje y actualidad
La colecta, elegida entre las dos existentes en el sacramentario gregoriano,
pone de relieve la gloria conjunta de la virginidad y del martirio. El texto
latino diferencia los términos, llamando "fortaleza" al martirio y "mérito"
a la castidad; se quiere subrayar así que el martirio refleja el poder de
Dios, que triunfa de la misma debilidad de la criatura infundiéndole su
fuerza; la castidad, en cambio, es más obra de la criatura, si bien
correspondiendo siempre a la gracia del Señor. En la lectura del oficio,
escrita por el patriarca de Constantinopla san Metodio, de origen siracusano
y gran defensor del culto de las imágenes, se juega con la etimología griega
de Águeda que significa "buena", para presentarla como modelo de fortaleza
en el martirio, "ya que lleva en sí la marca indeleble de la sangre de
Cristo, de la que está impregnada". Las dos antífonas de los laudes y
vísperas, procedentes del oficio medieval, subrayan el ardor de esta mártir,
que "iba a la cárcel contenta y gloriándose de ello, como invitada a las
bodas", al par que el agradecimiento de la mártir, victoriosa de los
tormentos de los verdugos.
La actualidad de esta memoria puede ponerse de manifiesto en nuestros días
ilustrando el significado de la lucha por el martirio incruento de la
castidad cristiana, que concierne a todos los estados de la vida: ante todo,
de la virginidad consagrada, que tiene sin duda un mérito especial ante el
Señor para quien le ofrece el servicio de Dios y de los hermanos; y, luego,
también del estado conyugal y de la condición cristiana en general, donde la
castidad es siempre virtud esencial. Por algo en la Edad Media es recordada
entre las santas "auxiliadoras".
|