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3 de Febrero
SAN BLAS, obispo y mártir
(+ ca. 316)


1. Nota Histórico-litúrgica
La memoria facultativa de san Blas es su dies natalis, según su “pasión” latina, aparece en el siglo IX en el calendario de Nápoles. Su culto, testimoniado en Roma en el siglo X, se desarrollará sobre todo en los siglos sucesivos (XI-XII). La memoria, que se ha conservado a pesar de las dificultades de la crítica histórica, quiere recordarnos a la Iglesia gloriosa de Armenia, de la cual el obispo de Sebaste es el único testimonio en la liturgia romana.
Las noticias históricas son muy escasas, porque la leyenda (la primera representación de la misma se halla en la iglesia inferior de San Clemente: siglo XI) ha enriquecido esta biografía con muchos relatos prodigiosos, que han contribuido a hacer a este santo uno de los más populares de la Edad Media, cuyo culto se ha visto incrementado sobre todo por la difusión de sus reliquias. En efecto, se narra que, durante la persecución de Licinio (siglo III), el gobernador de Capadocia (Agrícola) hizo apresar al santo obispo en la gruta que le servía de domicilio fuera de Sebaste, donde las mismas bestias feroces acudían para que las curase. Fue a verlo una madre a la prisión y le rogó que auxiliase a su hijo, que se estaba asfixiando a causa de una espina de pescado que se le había atravesado en la garganta. El santo lo curó con una señal de la cruz y una oración. La condena a la decapitación, en 316, coronó el martirio de este santo, cuya veneración común a Oriente y a Occidente, confirma que antiguas tradiciones se hallan en el origen de su culto, alimentado por la fama de los milagros.
La costumbre de ofrecer una vela en recuerdo suyo, solicitada por el mismo santo a una madre que le había atendido en la prisión llevándole comida y una candela, tiene, en el contexto de la fiesta de la Candelaria, celebrada el día anterior, el significado preeminente de invocar a san Blas como a uno de los “santos auxiliadores”, especialmente contra el dolor de garganta (las dos velas bendecidas se colocan al cuello del orante). También el nombre ha influido en Alemania, desde los siglos XV-XVI, a que se le invoque en casos de hemorragias o úlceras.


2. Mensaje y actualidad
La colecta hace referencia a la “paz en esta vida”, con clara alusión a la confianza que en muchas regiones deposita la piedad popular en la protección de san Blas. Puede sacarse una enseñanza de la lectura patrística del oficio, que ilustra, con las palabras de san Agustín en el aniversario de su ordenación episcopal, el tema de que la misión apostólica no es ejercicio de poder despótico o hegemónico, sino participación en los sufrimientos redentores de Cristo. “También nosotros – dice Agustín – debemos poner nuestra pequeña parte a favor de sus miembros, ya que hemos sido hechos miembros suyos: él es la cabeza, nosotros su cuerpo”. Si Blas es invocado como poderoso intercesor para la salud del cuerpo, es porque ha sido mártir de su Iglesia, esto es, testigo de los sufrimientos de Cristo. También él, aplicando el comentario de Agustín para el apóstol Pedro, había oído las palabras del Señor: “Apacienta mis ovejas”, es decir: “Sufre por mis ovejas”. Para actualizar esta memoria, ligada a la estación (fin del invierno en el hemisferio norte), conviene recordar que no existe redención ni verdadera curación del cuerpo sin sacrificio.
 

 

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