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28 de Enero
SANTO TOMÁS DE AQUINO, presbítero y doctor de la Iglesia
(1226-1274)


1. Nota Histórico-litúrgica
Hijo de un conde de la Italia meridional, Tomás, que era por parte de madre de estirpe germánica, nació en el castillo de Roccasecca (Aquino), cerca de Montecassino, en 1226. Desde su infancia, pasada en la abadía de Montecassino, donde fue postulante, pero sin perseverar, fue un buscador de Dios. Habiéndose trasladado a Nápoles por motivos de estudio, a los dieciocho años, contra la voluntad de su padre, entró en la Orden mendicante de los hermanos predicadores en 1244 para realizar el carisma de santo Domingo: "Proclamar la palabra de Dios ardientemente contemplada, solemnemente celebrada y científicamente investigada". Liberado de la prisión en el castillo paterno por quince meses, pudo ir a París en 1245 y, después de tres años, se trasladó al convento de Colonia, donde asistió a las clases del enciclopédico san Alberto Magno (1248-1251). Más tarde, en París (1256), llegó a maestro de teología a los treinta y un años. En la polémica del clero secular contra los hermanos mendicantes defendió la libertad de los religiosos dedicados al servicio de la Iglesia universal.
Vuelto a Italia, de 1259 a 1269 se puso al servicio del papa Urbano IV y compuso la Catena aurea para ayudar al clero en la comprensión de la palabra de Dios, la Summa contra gentiles para dotar a los misioneros enviados a evangelizar el islam de una sólida doctrina ecuménica y el Oficio del "Corpus Domini", escrito a petición de Urbano IV. En los años 1269-1272 fue de nuevo a París para defender la legitimidad de los nuevos institutos religiosos aprobados por la Iglesia y la ortodoxia de su propio talante filosófico y teológico, fundado en el realismo aristotélico, sospechoso de error sólo para el conservadurismo de una facción de la corriente agustiniana, representada especialmente por los franciscanos. Son de este período los célebres comentarios a las obras de Aristóteles, para justificar su uso en la enseñanza teológica, y la composición de la mayor parte de la Suma Teológica (1266-1273), que es la síntesis más creativa y original de su pensamiento.
Dejando el Sena por el golfo partenopeo y favorecido en parte por el gobierno de Carlos de Anjou, fue a Nápoles con la perspectiva de fundar allí un estudio teológico; con esta intención enseña, escribe y predica en los años 1272-1274. El 6 de diciembre de 1273, durante la celebración de la misa, experimentó una inspiración interior que le persuadió a que dejara de escribir y enseñar. No obstante, aceptó la invitación de Gregorio X a participar en el concilio de unión con los griegos, que se celebraría en Lyon en 1274, dado que anteriormente había escrito la obra ecuménica De fide sanctissimae Trinitatis. Pero durante el viaje, al amanecer del 7 de marzo de 1274, expiró en el monasterio cisterciense de Fossanova. Fue canonizado por Juan XXII en 1323, más que por los milagros, por el esplendor de su doctrina, con la cual, según el papa, Tomás "hizo tantos milagros como artículos escribió"; su doctrina no hubiera sido posible sin un milagro. Desde el siglo XVI fue llamado también "doctor angelicus", después de habérsele atribuido el título de "doctor communis" por su gran capacidad de síntesis y el amplio conocimiento de la tradición. La gran síntesis, fuertemente unificada por las distintas escuelas filosóficas (aristotélica, neoplatónica, historicista), se basa en el fundamento ontológico natural y sobrenatural del "esse purum", que explica todo por sí solo, incluida la misma doctrina espiritual, moral, ascética y mística. Su concepto de la filosofía cristiana que une razón y revelación, desligándose de los filósofos puros (averroístas), que separaban ambas fuentes, y de la escuela tradicional, que no delimitaba exactamente la aportación de las dos fuentes, sigue siendo válido en nuestros días. En 1880 fue declarado patrono de todas las escuelas católicas. La fecha de su memoria obligatoria ha sido transferida ahora a la de la traslación de sus reliquias a la ciudad de Tolosa, prescrita por Urbano V en 1368, el 28 de enero.


2. Mensaje y actualidad
La colecta de la misa, renovada en la primera parte del texto, configura la fisonomía de este gran maestro con dos notas sintéticas: "el celo de la santidad y el estudio de la doctrina sagrada". Ante todo, su vida se alimentó con la oración y la penitencia. En el oficio de lectura, siguiendo el género literario de las collationes, Tomás desarrolla, inspirándose en un fragmento de la carta a los Hebreos, el tema de la imitación de Cristo crucificado, que hacia el fin de su vida, en uno de los diálogos diarios elogió a su discípulo diciendo: "Tomás, has escrito bien de mí. ¿Qué quieres a cambio?" "Solamente a ti", respondió Tomás. El verdadero libro de donde Tomás sacó su doctrina fue el crucifijo, ya que el estudio era para él alimento para una contemplación cuyos frutos comunicaba. Por amor de Cristo "estudió, oró asiduamente y trabajó", como dice la antífona del oficio de laudes. La pasión por la verdad no le impidió observar la caridad con las personas, como atestiguó en el dossier de su canonización uno de sus adversarios ideológicos, Juan Peckam.
La otra nota es el estudio de la doctrina sagrada, que Tomás, como sumo maestro, indagó ante todo con el comentario de la Sagrada Escritura (cf las obras exegéticas sobre los profetas y los comentarios a distintos libros, además de la Catena aurea o recopilación de escritos de los Padres sobre fragmentos de la Escritura) y, después, con su doctrina, que mantuvo a raya al poderoso averroísmo, que amenazaba con apoderarse de los estudios parisinos. En la célebre pintura que, en la parte derecha de la sala capitular de Santa Maria Novella, representa con una alegoría del siglo XIV El triunfo de la sabiduría, santo Tomás aparece entronizado en una cátedra, en medio del fresco, con un gran libro abierto sobre el pecho y con las figuras de Moisés y David a ambos lados; luego vienen las de san Pablo y san Juan Evangelista. La sabiduría es representada, por consiguiente, como si hubiera investido con mayor abundancia al doctos angélico, que muestra el libro de la misma Sabiduría por las páginas donde se lee la frase que ahora sirve de responsorio en la lectura en el oficio del santo (Sab 7,7-8): "Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza". La inteligencia tomística es la condición misma del amor.
Con previsora sabiduría, Alberto Magno, al oírlo llamar entre irónica y admirativamente "el buey mudo de Sicilia", dijo: "Un día se oirán en el mundo entero los mugidos de su doctrina". Por este motivo la comprensión de sus enseñanzas y la imitación de sus ejemplos, objeto de la petición de la colecta, están en perfecta consonancia con las exigencias de la nueva teología nacida del concilio Vaticano II. Como se deduce de la mención hecha en el canon 252 del nuevo Código de derecho canónico, que propone el magisterio de santo Tomás como ejemplo que imitar en la preparación y ejecución del carisma profético, cuando trata de la formación teológica del clero, sirve también para cualquier cristiano, llamado a dar testimonio consciente de su fe, el criterio "teniendo principalmente como maestro a santo Tomás". Realmente puede resumirse la gran lección que nos ha dado el doctor angélico con las palabras de la liturgia de las horas en la antífona del Magníficat: "Dios le concedió una sabiduría extraordinaria; él la aprendió sin malicia y la repartió sin envidia". Es el principio perenne del amor de la verdad de Tomás.


 

 

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