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27 de Enero
SANTA ÁNGELA DE MÉRICI, virgen
(1474-1540)
1. Nota Histórico-litúrgica
Hoy es la memoria facultativa de una santa que vivió en una cristiandad
necesitada de reforma y que se adelantó y acompañó al concilio Tridentino en
la renovación de la vida cristiana. Nació en Desenzano sul Garda (Brescia,
Italia) en 1474, en una familia de humildes campesinos. En una época en que
la Iglesia bresciana tenía que atender a ejércitos de paso de toda especie,
aquejada por guerras y destrucciones, por epidemias y hambre, Ángela,
huérfana a los quince años y ya terciaria franciscana, renunció a su
patrimonio para vivir pobremente. A partir de 1516 ya se hallaba en la
ciudad de Brescia (en Sant´Afra), donde reunió en torno a sí a un laicado
seriamente cristiano, desde la noble matrona hasta la más humilde persona
del pueblo. Aquí fundó (1535) la Compañía de santa Úrsula, dedicada a la
asistencia espiritual y material de las muchachas, especialmente huérfanas,
queriendo que las primeras ursulinas se consagraran a Dios y al servicio del
prójimo sin abandonar el mundo, precediendo de este modo a los institutos
religiosos seculares modernos.
Vivió las experiencias religiosas características del pueblo, peregrinando
primero a Tierra Santa en 1524 y luego a Roma en 1525, después de haber ido
alguno años antes en peregrinación a Mantua a venerar la tumba de una
terciaria franciscana a quien estimaba muchísimo (la beata Osanna Andreasi),
en busca de inspiración para su misma fundación. Aunque a instancias del
papa Clemente VII colaboraba en la gestión de los lugares piadosos o de
instituciones asistenciales y caritativas ligadas normalmente al Divino
Amor, prefirió volver a su Iglesia, donde, después de las dos últimas
peregrinaciones al santuario de Varallo, que la habían confirmado en la
realización de su futura Compañía, se estableció para estar más cerca de
quien la consultaba como madre espiritual y como agente de pacificación.
Murió en Brescia el 27 de enero de 1540, dejando una herencia de nada menos
que veinticuatro ramas de ursulinas, dedicadas a todos los servicios en la
Iglesia. Fue canonizada sólo en 1807, porque sus ideas parecían demasiado
modernas. A las ursulinas se las impuso también la clausura en 1566, pero
sólo para la oración coral.
2. Mensaje y actualidad
En la nueva colecta, que sustituye a la anterior donde jugaba con la
aliteración relativa al nombre de la santa Ángela-angelus, nos encomendamos
a la misericordia del Señor "para que, siguiendo los ejemplos de caridad y
prudencia de Ángela de Mérici, sepamos guardar su doctrina y llevarla a la
práctica". Ante todo esta caridad se manifiesta en su papel de fundadora,
porque como madre en una "compañía" (este término, de sabor militar, se
comprende en el clima del tiempo, en el que los ejércitos estaban de paso y
la Iglesia germánica se había desligado de la de Roma) sabe crear una regla
que por su voluntad debe ser siempre flexible, con nuevas adaptaciones a las
condiciones de los lugares y de los tiempos. Esto explica el cambio
frecuente del modo de vivir de las ursulinas a lo largo de la historia.
Leyendo tal regla, aprobado por Pablo III en 1544, descubrimos una rara
cordura: además de la insistencia en la oración vocal y mental, que anima
una religiosidad realmente popular (las ursulinas están vinculadas siempre
con la propia iglesia parroquial), recomienda la la obediencia a la Iglesia,
porque dice la verdad; al propio obispo, al padre espiritual, al gobernador
y a las gobernadoras (cuatro viudas sabias y prudentes ) de la compañía, al
padre y a la madre, a las leyes y a los estatutos y sobre todo a los
consejos y a la inspiración del Espíritu Santo.
Esta última alusión revela también el espíritu de coraje que evoca la
colecta. El mismo san Carlos Borromeo tuvo cierto miedo de que esta
presencia inspiradora del Espíritu fuese confirmada por la regla, dictada a
sus hijas por una mujer fuerte del siglo XVI. La actualidad de este recurso
al Espíritu significa también para nosotros creer que el Espíritu en la
Iglesia no suple a la jerarquía, pero anima a todos y se les da a todos para
el bien de toda la comunidad.
Esta mujer de fuerte espiritualidad, en la lectura del oficio tomada del
Testamento espiritual (dictado a su confesor junto con los Recuerdos de las
consejeras), aconseja a las educadoras de las jóvenes que no cedan al riesgo
del profesionalismo asistencial y que las jóvenes mismas sean respetadas en
su libertad, evitando toda imposición coactiva, o sea, no persuasiva. Así se
convierten, como laicas, en verdaderas maestras espirituales. Estas vírgenes
del mundo, plenamente realizadas como mujeres y como cristianas, permanecían
en sus propias casas, sin clausura y sin casarse, viviendo de su trabajo.
Sólo en 1566 las ursulinas fueron obligadas a llevar un hábito religioso.
En el séptimo Recuerdo recomienda: "Seguid el antiguo camino y la tradición
de la Iglesia, ordenada y confirmada por tantos santos mediante la
inspiración del Espíritu Santo. Y vivid una nueva vida... Pero rezad y hacer
rezar para que Dios no abandone a su Iglesia, sino que se digne reformarla
como a él le plazca y mejor crea para nosotros y para mayor honra y gloria
suyas". Son palabras de perenne actualidad.
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