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26 de Enero
SAN TIMOTEO Y SAN TITO, obispos
(siglo XII)
1. Nota Histórico-litúrgica
Esta memoria obligatoria de los dos santos compañeros de san Pablo en esta
fecha del 26 de enero, mientras que antes la mención más antigua de la
fiesta de Timoteo coincidía con la víspera de la conversión de san Pablo, el
24 de enero (siglo XII), tiene la característica de que no les califica de
mártires. El formulario de la oración propia de la memoria de san Tito,
introducida en el calendario romano sólo en 1854, es ahora común para ambos
santos.
Las noticias históricas, tomadas de la Escritura, sobre Timoteo, discípulo
predilecto de Pablo e hijo de padre pagano y de madre hebrea (Eunice),
convertida más tarde (2 Tim 1,5), nos lo presentan como miembro de una
familia de creyentes que le educó en el conocimiento de las Escrituras (2Tim
3,14-15). Fue convertido por san Pablo durante su primer viaje misionero. Lo
encontramos luego acompañándolo en el segundo y tercer viaje paulino,
recomendado por la comunidad de Listra (He 16,1-3), y afrontando los
peligros del apostolado (He 17,14-15; 18,5-6). San Pablo le obligó a
circuncidarse para mejor desempeñar el apostolado entre los judíos: y
siguiendo al apóstol, es enviado por éste a Macedonia (He 19,22); se le
encomiendan también las comunidades de Tesalónica (1Tes 3) y de Corinto
(1Cor 4,17; 16,10), para unirse, por último, al grupo que acompaña a Pablo
(He 20,4). Éste le envía una carta a Éfeso (1Tim 1,3), donde tiene un cargo
en la comunidad; y más tarde una segunda carta, en la cual recuerda con
emoción las lágrimas de la despedida (2Tim 1,4). El hecho de que Pablo
recuerde la fidelidad de Timoteo en sus pruebas nos explica por qué este
vínculo de amistad (cf Flp 2,19-23) indujo a Timoteo a encontrarse a su lado
durante el primer encarcelamiento y que el mismo apóstol, prisionero por
segunda vez, le llamara a Roma. No se sabe cuándo recibió Timoteo la
imposición de las manos (tal vez haya una alusión a ello en 1Tim 6,12:
"hiciste hermosa confesión ante muchos testigos"). No consta que muriera
mártir. Probablemente falleció en Éfeso. Se le ha atribuido falsamente el
"Corpus Dyonisiacum" a Timoteo. Sus reliquias, en el siglo IV, fueron
trasportadas a la basílica de los Apóstoles de Constantinopla, construida
por Constancio; en 1238 se atestigua su reposición en la catedral de Termoli
tras el hallazgo del cuerpo en 1945.
Tito, también convertido a Cristo durante el primer viaje misionero de
Pablo, al ser de familia pagana, acompañó a Pablo y Bernabé a Jerusalén (Gál
2,1-3), donde Pablo se opuso resueltamente a quienes querían que fuera
circuncidado por provenir del paganismo. Cuando Pablo dice que al pasar por
Tróade desea ver a Tito, "mi hermano" (2Cor 2,13), revela una gran confianza
en este discípulo, que sirvió de intermediario entre Corinto y Pablo para
restablecer la concordia entre esta Iglesia y el apóstol (2Cor 7,5-7). Al
ponerlo al mando de la comunidad de Creta, Pablo lo llama "mi verdadero hijo
en la fe común" (Tit 1,4). Pablo volvió a escribirle para que le acompañara
a Nicópolis, en Epiro; probablemente desde allí le envió a Dalmacia, donde
es venerado de modo particular. Según la tradición, la muerte de Tito
sobrevino en su Iglesia en Creta y a edad avanzada. Según la leyenda, habría
sido uno de los discípulos que estuvieron presentes en Pentecostés y habría
muerto a los noventa y cuatro años. Su cuerpo, trasladado desde Gortyna a
San Marcos de Venecia (1669), fue devuelto a la iglesia metropolitana de
Heraclea (antigua Creta).
2. Mensaje y actualidad
La colecta, común a los discípulos de Pablo, nos recuerda las virtudes
apostólicas de que fueron modelos. De las exhortaciones que Pablo hace a
Timoteo para que sea ministro fiel y valeroso en una situación eclesial
probablemente amenazada por desviaciones doctrinales y azotada por
divisiones, podemos inferir el buen testimonio dado por su discípulo
predilecto. En la antífona de laudes, en el Benedictus, se cita la frase de
la 2Tim 4,2: "Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo",
ejercitando la misión de la corrección fraterna y paterna con paciencia y
doctrina. Son éstas virtudes apostólicas, que resultan incluso en nuestros
días indispensables para los pastores, así como para todos aquellos que
tienen cualquier tarea en la comunidad, abiertos a la renovación conciliar,
que requiere siempre una vigilancia sin debilidades ni concesiones.
La segunda parte de la colecta cita una frase de la carta a Tito, que vuelve
a repetirse en la antífona del Magníficat de vísperas. La exhortación a que
"llevemos una vida honrada y religiosa" se convierte hoy en un motivo de
fidelidad al sentido escatológico de la vida cristiana, como prosigue en la
cita del texto la misma antífona, haciendo referencia a a "dicha que
esperamos: la aparición del Señor". La carta a Tito, que contiene consejos
de comportamiento personal para el discípulo: "Preséntate como ejemplo de
buenas obras", ha de interpretarse como una acentuación de tipo litúrgico. A
través de esta frase, que sintetiza todo el programa de vida cristiana,
porque en dos adjetivos: "honrada y religiosa", condensa nuestro compromiso
temporal con la tonalidad de la vigilancia de cara a la patria celeste o
mejor, a la venida escatológica del Señor, este compromiso vital se
convierte en punto de referencia de la moral mística, en lugar de esa otra
moral preceptista o preferentemente pragmática. La justicia, en el sentido
bíblico, va acompañada por el amor filial (es el adverbio de la pietas); es
decir, por la esperanza de la patria y por el amor que transfigura los
preceptos en yugo dulce y llevadero.
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