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24 de Enero
SAN FRANCISCO DE SALES, obispo y doctor de la Iglesia
(1567-1622)
1. Nota Histórico-litúrgica
La vida de este gigante de la espiritualidad moderna, nacido en Saboya, en
1567, de una familia de marqueses y destinado a la magistratura, pero más
tarde dócil a la llamada de Dios, es un espejo de los problemas y de las
condiciones de la sociedad que está a caballo de dos siglos: el siglo XVI,
en su ocaso, y el XVII, abierto a nuevas aspiraciones. Francisco recibió una
educación cultural esmerada, primero en Annecy y después en París, donde
obtuvo el doctorado civil y eclesiástico en 1591. Tras rechazar el cargo de
senador de Chambéry (Saboya), abrazó el estado eclesiástico y fue ordenado
sacerdote en la catedral de Annecy en 1593. Nombrado penitenciario mayor a
los veintisiete años por el capítulo de Annecy, aceptó generosamente de su
obispo la difícil y peligrosa misión de la reevangelización del Chablais,
que se había vuelto calvinista. La predicación persuasiva y el celo
sostenido por el coraje en afrontar fatigas y peligros para su vida le
depararon muchas conversiones a la fe católica: sus notas, reunidas más
tarde en el Libro de las controversias, son un documento de apologética
católica digna de las obras de los Padres de la Iglesia.
A los treinta y dos años fue designado obispo coadjutor de Annecy, y tres
años después obispo titular de Ginebra, con residencia en Annecy. Recibió la
ordenación episcopal en 1603 en la iglesia de Thorens, donde había sido
bautizado. En su gobierno pastoral se empeñó en aplicar los decretos de
reforma del concilio de Trento. Además de pastor celoso y director de almas,
es fundador de un instituto femenino, coadyuvado por santa Francisca Frémyot
de Chanta (la Orden de la Visitación). En su famosa predicación parisina,
con 360 sermones, en un ambiente que prefería la predicación declamatoria y
de reminiscencias clásicas, además de las conversiones logradas, trabó
preciosas amistades con Vicente de Paúl y la madre Angélica Arnaud, como ya
en 1602 había hecho con De Bérulle y madame Acarie (la futura Madre de la
Encarnación).
La obra más famosa, además de su Téotimo, el Tratado del amor de Dios, en el
cual resume toda su doctrina mística es la Filotea o Introducción a la vida
devota (1609). Este best-seller del siglo XVII se convirtió en una especie
de breviario espiritual para laicos, en un libro de ascética al alcance de
todos, ofreciendo a los cristianos de buena voluntad un camino "seguro,
fácil y dulce", como lo definía el breve para su proclamación de doctor de
la Iglesia en 1887. Murió en Lyon el 27 de diciembre de 1622. La fecha de
esta memoria está, empero, fijada en el día de la traslación de sus restos a
Annecy, el 24 de enero de 1623.
2. Mensaje y actualidad
a) La colecta de esta misa pergueña la espiritualidad del gran santo, que
supo dar al humanismo naturalista y con frecuencia paganizante un rostro
cristiano, creando esa corriente de humanismo devoto y optimista que será
denominada "humanismo de la esperanza". En efecto, el texto, ligeramente
modificado respecto al anterior, ha conservado la referencia a la dulzura y
ha añadido la mención al amor fraterno. La primera parte de la oración
recuerda su entrega a todos, aplicación coherente de su Tratado del amor de
Dios, en el que basa toda la devoción: "El da la fuerza de practicar el
bien, y se llama caridad" (Filotea). "Todo -dice en las primeras páginas de
su Teótimo- está referido al amor, por el amor, en el amor y de amor en la
santa Iglesia de Dios". El amor, pues, se delinea como un pernio en forma de
estrella; no es sólo virtud, sino don, fruto y bienaventuranza; más que del
primado de la caridad, se habla de la plenitud de la caridad.
La segunda nota que se pone de manifiesto en la colecta es la dulzura del
amor, que califica ese humanismo devoto y optimista que aporta a su época
una dimensión nueva, abierta tanto a un concepto positivo como a la
posibilidad de perfección de la misma naturaleza humana. El humanismo
devoto, como alianza entre un ideal de nobles aspiraciones y la santidad
misma, se concreta en un sentido de condescendencia benévola y de redención,
que hace del hábito de la cortesía y de la perfección una especie de dote de
la naturaleza humana, que por el pecado original era considerada por otros
fatalmente irrecuperable. "La redención de nuestro Señor, al tocar nuestras
miserias, las hace más útiles y amables que lo que nunca fue la inocencia
bautismal" (Teótimo).
b) La misma temática de la "mansedumbre y el amor" (caridad y mansedumbre,
en el texto latino) vuelve a encontrase en la oración después de la
comunión.
c) En la oración sobre las ofrendas se hace referencia "fuego del Espíritu
Santo con que encendiste el alma, llena de ternura, de san Francisco de
Sales". En efecto, en las obras de la espiritualidad salesiana, además de en
el Teótimo, la presencia del Espíritu divino entra no sólo en la vida
individual, sino también en el ámbito eclesial. "Si el alma es toda de oro
por la caridad, toda de mirra por la mortificación y de incienso por la
oración" (carta a la Chantal), la acción del Espíritu es subrayado en la
relación de amistad, que es "la respiración divina por la cual ya no somos
amantes, sino amor; ya no somos dos, sino uno solo, porque el amor une todas
las cosas en la suprema unidad: el Espíritu de Dios es el autor de la
amistad santa".
En la página de la Introducción a la vida devota o Filotea que nos ofrece el
oficio de lectura, encontramos otra nota de esta espiritualidad salesiana,
que hace de la devoción una realidad "que todo lo perfecciona y completa".
Esta devoción, pues, no está reservada a un simple círculo de simpatizantes,
ni es una prerrogativa de una élite de privilegiados, sino que permanece
abierta a los diversos estados de vida: desde los cuarteles de militares
hasta los talleres de los obreros; desde los palacios de los príncipes a los
hogares y familias. La actualidad de este mensaje emana también del texto
que cierra la lectura con esta frase emblemática: "En cualquier situación en
que nos hallemos, debemos y podemos aspirar la vida de perfección". La
crisis sobre la predestinación, superada en París (1586-1587), había
preparado esta teología del laicado, liberando la fe del criptocalvinismo.
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