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20 de Enero
SAN FABIÁN, papa y mártir y SAN SEBASTIÁN, mártir
(+ 250; +288?)
1. Nota Histórico-litúrgica
La unión de estas dos memorias facultativas de santos, separados entre sí
por casi cuarenta años, es debida a su mención conjunta en el calendario del
año 354, donde se recuerdan, sin embargo, dos asambleas distintas ad tumbas.
Por ello ambas fiestas fueron celebradas por separado hasta el siglo XII,
cuando se compuso una misa común con las oraciones de san Fabián y las
lecturas de san Sebastián, entre otras cosas porque las reliquias de Fabián
fueron trasladadas a la basílica de Sebastián. Ahora la reforma ha
restablecido la separación de ambas memorias, que siguen unidas en las
letanías de los santos.
I. Fabián, cuyo dies natalis es registrado según la fecha del martirologio
jeronimiano del siglo IV (Depositio martyrum), fue víctima de la persecución
de Decio (249-251), como atestigua la IX carta de san Cipriano, escrita unas
semanas después del martirio; el epitafio hallado en las catacumbas en el
mismo lugar que el de Antero (por eso es clasificado como el vigésimo papa),
y los documentos litúrgicos del siglo IV. Según el relato de Eusebio (HE VI,29),
fue elegido por inspiración divina (se habla que una paloma se le posó
milagrosamente en la cabeza durante la asamblea para la elección del sucesor
de Antero); y fue el primer papa elegido siendo un simple seglar.
Sus méritos en el gobierno de la Iglesia pueden compendiarse en los
siguientes: la subdivisión en siete regiones eclesiásticas confiadas a siete
diáconos regionales; la ejecución de los trabajos en los cementerios,
especialmente en el de San Calixto (en el cual hizo inhumar el cuerpo de san
Ponciano, trasladado desde Cerdeña); la respuesta dada a Orígenes para
defenderlo contra las acusaciones de heterodoxia que se le hacían; la
evangelización de las Galias, con el envío de célebres obispos como
Saturnino de Tolosa, Trófimo de Arlés, Graciano de Tours, etc.. No nos
sorprende, por tanto, que un papa tan famoso en el mundo cristiano del siglo
III esté enterrado en la cripta de los papas, en las catacumbas de San
Calixto, cuyo restaurador había sido, con un epitafio griego: "Fabianos
Episcopos Martyr".
2. Mensaje y actualidad
La colecta del santo papa, de origen romano o al menos italiano, nos
recuerda el mensaje de esta vida de mártir cuando nos invita a "progresar
cada día en la comunión de su misma fe y en el deseo de servir a Dios cada
vez con mayor generosidad". Son las características que se ponen de
manifiesto en la carta que san Cipriano envía a los sacerdotes y diáconos de
Roma al día siguiente de la ejecución de Fabián, que ahora tenemos en el
oficio de lectura. "He tenido un detallado conocimiento del glorioso
martirio de vuestro obispos - dice Cipriano - y me he alegrado en gran
manera al ver cómo su ministerio intachable ha culminado en una santa
muerte". En un momento en que arreciaba la persecución, esta exhortación a
la firmeza en la fe ha de interpretarse como un empeño en resistir también a
la persecución más engañosa de la secularización y la indiferencia
religiosa. "En efecto, es sumamente provechoso y saludable el testimonio de
firmeza en la fe que da un obispo". "Vosotros honráis su memoria; la gloria
recae en vosotros, al mismo tiempo que nos anima en la fe y en la virtud (PL
4,229).
II. Sebastián es igual de famoso y ciertamente más popular en la
iconografía, donde aparece con el cuerpo atravesado por flechas.
Precisamente por sus heridas fue invocado como protector de los apestados.
Las actas de su pasión, que, aunque no sean de san Ambrosio, presentan uno
de los mejores tipos de composición de los siglos V-VI, nos trazan el perfil
de este joven, nacido en Milán de padres cristianos, como un modelo de
soldado. Sin sentirse atraído por la carrera militar, se había enrolado en
la guardia del emperador Maximiliano (286-305) en Roma, para poder ayudar a
los cristianos arrestados en la persecución de Diocleciano. En efecto, la
passio, si bien no auténtica, compuesta por un monje romano de un monasterio
fundado junto a la basílica de Sebastián por Sixto III (432-440), conserva
muchos nombres de mártires fortalecidos contra el terror de los suplicios
por Sebastián, cuyos restos recogió piadosamente.
Pero también llegó la hora de la fidelidad decisiva para el animoso capitán
defensor de los mártires, pese a las acusaciones del tribunal del emperador
de impiedad e ingratitud- Herido por las flechas y dado por muerto, fue
recogido por una viuda (Irene), que, tras curarlo en su casa, vio cómo se
restablecía milagrosamente. Pero el valiente militar de Cristo afrontó de
nuevo al emperador para echarle en cara su crueldad persecutoria, mereciendo
así un martirio más glorioso. Apareciéndose tras la muerte a Lucina, el
héroe de Cristo le reveló el lugar de su sepultura y le rogó que enterrara
su cuerpo en las catacumbas en el lugar donde habían sido inhumadas las
reliquias de los apóstoles (20 de enero del 288). En efecto, la Depositio
martyrum, el calendario más antiguo de Roma, señala también el lugar
originario del sepulcro, ad catacumbas; es decir, el lugar que lleva la
denominación que posteriormente se extendería a todos los cementerios
subterráneos (catacumbas). El culto del mártir en la catacumba (en la Vía
Apia) que lleva el nombre de San Sebastián fuera de las Murallas, donde se
construyó una basílica en el siglo IV, se difundió no sólo en la ciudad
papal, especialmente tras la liberación de la terrible peste el 680 (en
virtud de la procesión celebrada con las reliquias del mártir), sino también
a causa de la distribución de sus reliquias entre distintas iglesias de
Occidente.
2. Mensaje y actualidad
La colecta de la misa nos brinda el mensaje del mártir, que se convierte en
modelo de ese "espíritu de fortaleza" evocado por Is 11,2 (y que encontró en
san Esteban el primer ejemplar protomártir: He 6,8). Pero asimismo nos viene
sugerida la actualidad ejemplar de tal martirio con la frase que recuerda la
amonestación de Pedro (he 5,29), "para que aprendamos a someternos a Dios
antes que a los hombres". Además, la mención que Ambrosio hace del mártir en
el oficio de lectura, comentando el Sal 118, nos invita a vivir también hoy
el secreto martirio incruento de la fidelidad cotidiana.
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