|
|
EL ORDEN SAGRADO
1536. El Orden es el sacramento gracias al cual la misión confiada por
Cristo a sus apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de
los tiempos: es, pues, el sacramento del ministerio apostólico. Comprende
tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.
I.- El nombre del sacramento del orden
1537. La palabra Orden designaba, en la antigüedad romana, cuerpos
constituidos en sentido civil, sobre todo el cuerpo de los que gobiernan.
Ordinatio designa la integración en un ordo. En la Iglesia hay cuerpos
constituidos que la Tradición, no sin fundamento en la Sagrada Escritura,
llama desde los tiempos antiguos con el nombre de taxeis [en griego], de
ordines [en latín]: así la liturgia habla del ordo episcoporum, del ordo
presbyterorum, del ordo diaconorum. También reciben este nombre de ordo
otros grupos: los catecúmenos, las vírgenes, los esposos, las viudas...
1538. La integración en uno de estos cuerpos de la Iglesia se hacía por un
rito llamado ordinatio, acto religioso y litúrgico que era una consagración,
una bendición o un sacramento. Hoy la palabra 'ordinatio' está reservada al
acto sacramental que incorpora al orden de los obispos, de los presbíteros y
de los diáconos y que va más allá de una simple elección, designación,
delegación o institución por la comunidad, pues confiere un don del Espíritu
Santo que permite ejercer un 'poder sagrado' ['sacra potestas'] que sólo
puede venir de Cristo, a través de su Iglesia. La ordenación también es
llamada 'consecratio' porque es un 'poner aparte' y un 'investir' por Cristo
mismo para su Iglesia. La 'imposición de manos' del obispo, con la oración
consecratoria, constituye el signo visible de esta consagración.
II.- El sacramento del orden en la economía de la salvación
1539. El pueblo elegido fue constituido por Dios como 'un reino de
sacerdotes y una nación consagrada' [Ex 19,6 .]. Pero dentro del pueblo de
Israel, Dios escogió una de las doce tribus, la de Leví, para el servicio
litúrgico; Dios mismo es la parte de su herencia. Un rito propio consagró
los orígenes del sacerdocio de la Antigua Alianza. En ella los sacerdotes
fueron establecidos 'para intervenir en favor de los hombres en lo que se
refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados'.
1540. Instituido para anunciar la Palabra de Dios y para restablecer la
comunión con Dios mediante los sacrificios y la oración, este sacerdocio de
la Antigua Alianza, sin embargo, era incapaz de realizar la salvación, por
lo cual tenía necesidad de repetir sin cesar los sacrificios, y no podía
alcanzar una santificación definitiva, que sólo podría ser lograda por el
sacrificio de Cristo.
1541. No obstante, la liturgia de la Iglesia ve en el sacerdocio de Aarón y
en el servicio de los levitas, así como en la institución de los setenta
'ancianos', prefiguraciones del ministerio ordenado de la Nueva Alianza. Por
ello, en el rito latino la Iglesia se dirige a Dios en la oración
consecratoria de la ordenación de los obispos de la siguiente manera:
Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo... has establecido las reglas de la
Iglesia: elegiste desde el principio un pueblo santo, descendiente de
Abraham, y le diste reyes y sacerdotes que cuidaran del servicio de tu
santuario... [Ritual Romano]
1542. En la ordenación de presbíteros, la Iglesia ora:
Señor, Padre Santo..., en la Antigua Alianza se fueron perfeccionando a
través de los signos santos los grados del sacerdocio... cuando a los sumos
sacerdotes, elegidos para regir el pueblo, les diste compañeros de menor
orden y dignidad, para que les ayudaran como colaboradores... multiplicaste
el espíritu de Moisés, comunicándolo a los setenta varones prudentes con los
cuales gobernó fácilmente un pueblo numeroso. Así también transmitiste a los
hijos de Aarón la abundante plenitud otorgada a su padre. [Ritual Romano]
1543. Y en la oración consecratoria para la ordenación de diáconos, la
Iglesia confiesa:
Dios Todopoderoso... Tú haces crecer a la Iglesia... La edificas como templo
de tu gloria... así estableciste que hubiera tres órdenes de ministros para
tu servicio, del mismo modo que en la Antigua Alianza habías elegido a los
hijos de Leví para que sirvieran al templo, y, como herencia, poseyeran una
bendición eterna. [Ritual Romano]
1544. Todas las prefiguraciones del sacerdocio de la Antigua Alianza
encuentran su cumplimiento en Cristo Jesús, 'único mediador entre Dios y los
hombres' [1Tm 2,5 .]. Melquisedec, 'sacerdote del Altísimo' [Gn 14,18 .], es
considerado por la Tradición cristiana como una prefiguración del sacerdocio
de Cristo, único 'Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec' [Hb 5,10 ;
6,20.], 'santo, inocente, inmaculado' [Hb 7,26 .], que, 'mediante una sola
oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados' [Hb
10,14 .], es decir, mediante el único sacrificio de su Cruz.
1545. El sacrificio redentor de Cristo es único, realizado una vez por
todas. Y por esto se hace presente en el sacrificio eucarístico de la
Iglesia. Lo mismo acontece con el único sacerdocio de Cristo: se hace
presente por el sacerdocio ministerial sin que con ello se quebrante la
unicidad del sacerdocio de Cristo: 'Et ideo solus Christus est verus
sacerdos, alii autem ministri eius' ['Y por eso sólo Cristo es el verdadero
sacerdote; los demás son ministros suyos'].
1546. Cristo, sumo sacerdote y único mediador, ha hecho de la Iglesia 'un
Reino de sacerdotes para su Dios y Padre' [Ap 1,6 .]. Toda la comunidad de
los creyentes es, como tal, sacerdotal. Los fieles ejercen su sacerdocio
bautismal a través de su participación, cada uno según su vocación propia,
en la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Por los sacramentos del
Bautismo y de la Confirmación los fieles son 'consagrados para ser... un
sacerdocio santo'.
1547. El sacerdocio ministerial o jerárquico de los obispos y de los
presbíteros, y el sacerdocio común de todos los fieles, 'aunque su
diferencia es esencial y no sólo en grado, están ordenados el uno al otro;
ambos, en efecto, participan, cada uno a su manera, del único sacerdocio de
Cristo'. ¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles se
realiza en el desarrollo de la gracia bautismal [vida de fe, de esperanza y
de caridad, vida según el Espíritu], el sacerdocio ministerial está al
servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal
de todos los cristianos. Es uno de los medios por los cuales Cristo no cesa
de construir y de conducir a su Iglesia. Por esto es transmitido mediante un
sacramento propio, el sacramento del Orden.
1548. En el servicio eclesial del ministro ordenado es Cristo mismo quien
está presente en su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño,
Sumo Sacerdote del sacrificio redentor, Maestro de la Verdad. Es lo que la
Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud del sacramento del
Orden, actúa 'in persona Christi Capitis':
El ministro posee en verdad el papel del mismo Sacerdote, Cristo Jesús. Si,
ciertamente, aquél es asimilado al Sumo Sacerdote, por la consagración
sacerdotal recibida, goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo
mismo a quien representa ['virtute ac persona ipsius Christi']. [Pio XII,
Mediator Dei]
'Christus est fons totius sacerdotii: nam sacerdos legalis erat figura
ipsius, sacerdos autem novae legis in persona ipsius operatur' . [Santo
Tomás de Aquino]
1549. Por el ministerio ordenado, especialmente por el de los obispos y los
presbíteros, la presencia de Cristo como cabeza de la Iglesia se hace
visible en medio de la comunidad de los creyentes. Según la bella expresión
de san Ignacio de Antioquía, el obispo es 'typos tou Patros', es imagen viva
de Dios Padre.
1550. "Esta presencia de Cristo en el ministro no debe ser entendida como si
éste estuviese exento de todas las flaquezas humanas, del afán de poder, de
errores, es decir del pecado. No todos los actos del ministro son
garantizados de la misma manera por la fuerza del Espíritu Santo. Mientras
que en los sacramentos esta garantía es dada de modo que ni siquiera el
pecado del ministro puede impedir el fruto de la gracia, existen muchos
otros actos en que la condición humana del ministro deja huellas que no son
siempre el signo de la fidelidad al Evangelio y que pueden dañar por
consiguiente a la fecundidad apostólica de la Iglesia.
1551. Este sacerdocio es ministerial. 'Esta función, que el Señor confió a
los pastores de su pueblo, es un verdadero servicio'. Está enteramente
referido a Cristo y a los hombres. Depende totalmente de Cristo y de su
sacerdocio único, y fue instituido en favor de los hombres y de la comunidad
de la Iglesia. El sacramento del Orden comunica 'un poder sagrado', que no
es otro que el de Cristo. El ejercicio de esta autoridad debe, por tanto,
medirse según el modelo de Cristo, que por amor se hizo el último y el
servidor de todos. 'El Señor dijo claramente que la atención prestada a su
rebaño era prueba de amor a El'.
1552. El sacerdocio ministerial no tiene solamente por tarea representar a
Cristo -Cabeza de la Iglesia- ante la asamblea de los fieles, actúa también
en nombre de toda la Iglesia cuando presenta a Dios la oración de la Iglesia
y sobre todo cuando ofrece el sacrificio eucarístico.
1553. 'En nombre de toda la Iglesia', expresión que no quiere decir que los
sacerdotes sean los delegados de la comunidad. La oración y la ofrenda de la
Iglesia son inseparables de la oración y la ofrenda de Cristo, su Cabeza. Se
trata siempre del culto de Cristo en y por su Iglesia. Es toda la Iglesia,
Cuerpo de Cristo, la que ora y se ofrece, 'per ipsum et cum ipso et in ipso',
['por El, con El y en El'], en la unidad del Espíritu Santo, a Dios Padre.
Todo el cuerpo, 'caput et membra', ['cabeza y miembros'], ora y se ofrece, y
por eso quienes, en este cuerpo, son específicamente sus ministros, son
llamados ministros no sólo de Cristo, sino también de la Iglesia. El
sacerdocio ministerial puede representar a la Iglesia porque representa a
Cristo.
III.- Los tres grados del sacramento del orden
1554. 'El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, está ejercido en
diversos órdenes que ya desde antiguo reciben los nombres de obispos,
presbíteros y diáconos'. La doctrina católica, expresada en la liturgia, el
magisterio y la práctica constante de la Iglesia, reconocen que existen dos
grados de participación ministerial en el sacerdocio de Cristo: el
episcopado y el presbiterado. El diaconado está destinado a ayudarles y a
servirles. Por eso, el término 'sacerdos' designa, en el uso actual, a los
obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos. Sin embargo, la
doctrina católica enseña que los grados de participación sacerdotal
[episcopado y presbiterado] y el grado de servicio [diaconado] son los tres
conferidos por un acto sacramental llamado 'ordenación', es decir, por el
sacramento del Orden:
Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al
obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios
y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de
Iglesia. [San Ignacio de Antioquía]
1555. 'Entre los diversos ministerios que existen en la Iglesia, ocupa el
primer lugar el ministerio de los obispos que, a través de una sucesión que
se remonta hasta el principio, son los transmisores de la semilla
apostólica'.
1556. 'Para realizar estas funciones tan sublimes, los apóstoles se vieron
enriquecidos por Cristo con la venida especial del Espíritu Santo que
descendió sobre ellos. Ellos mismos comunicaron a sus colaboradores,
mediante la imposición de las manos, el don espiritual que se ha transmitido
hasta nosotros en la consagración de los obispos'.
1557. El Concilio Vaticano II 'enseña que por la consagración episcopal se
recibe la plenitud del sacramento del Orden. De hecho se le llama, tanto en
la liturgia de la Iglesia como en los Santos Padres, «sumo sacerdocio» o
«cumbre del ministerio sagrado»'.
1558. 'La consagración episcopal confiere, junto con la función de
santificar, también las funciones de enseñar y gobernar... En efecto... por
la imposición de las manos y por las palabras de la consagración se confiere
la gracia del Espíritu Santo y queda marcado con el carácter sagrado. En
consecuencia, los obispos, de manera eminente y visible, hacen las veces del
mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote, y actúan en su nombre [«in eius
persona agant»]'. 'El Espíritu Santo que han recibido ha hecho de los
obispos los verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y
pastores'.
1559. 'Uno queda constituido miembro del Colegio episcopal en virtud de la
consagración episcopal y por la comunión jerárquica con la Cabeza y con los
miembros del Colegio'. El carácter y la naturaleza colegial del orden
episcopal se manifiestan, entre otras cosas, en la antigua práctica de la
Iglesia que quiere que para la consagración de un nuevo obispo participen
varios obispos. Para la ordenación legítima de un obispo se requiere hoy una
intervención especial del Obispo de Roma por razón de su cualidad de vínculo
supremo visible de la comunión de las Iglesias particulares en la Iglesia
una y de garante de libertad de la misma.
1560. Cada obispo tiene, como vicario de Cristo, el oficio pastoral de la
Iglesia particular que le ha sido confiada, pero al mismo tiempo tiene
colegialmente con todos sus hermanos en el episcopado la solicitud de todas
las Iglesias: 'Mas si todo obispo es propio solamente de la porción de grey
confiada a sus cuidados, su cualidad de legítimo sucesor de los apóstoles
por institución divina, le hace solidariamente responsable de la misión
apostólica de la Iglesia'.
1561. Todo lo que se ha dicho explica por qué la Eucaristía celebrada por el
obispo tiene una significación muy especial como expresión de la Iglesia
reunida en torno al altar bajo la presidencia de quien representa
visiblemente a Cristo, Buen Pastor y Cabeza de su Iglesia.
1562. 'Cristo, a quien el Padre santificó y envió al mundo, hizo a los
obispos partícipes de su misma consagración y misión por medio de los
apóstoles de los cuales son sucesores. Estos han confiado legítimamente la
función de su ministerio en diversos grados a diversos sujetos en la
Iglesia'. 'La función ministerial de los obispos, en grado subordinado, fue
encomendada a los presbíteros para que, constituidos en el orden del
presbiterado, fueran los colaboradores del Orden episcopal para realizar
adecuadamente la misión apostólica confiada por Cristo'.
1563. 'El ministerio de los presbíteros, por estar unido al Orden episcopal,
participa de la autoridad con la que el propio Cristo construye, santifica y
gobierna su Cuerpo. Por eso el sacerdocio de los presbíteros supone
ciertamente los sacramentos de la iniciación cristiana. Se confiere, sin
embargo, por aquel sacramento peculiar que, mediante la unción del Espíritu
Santo, marca a los sacerdotes con un carácter especial. Así quedan
identificados con Cristo Sacerdote, de tal manera que puedan actuar como
representantes de Cristo Cabeza'.
1564. 'Los presbíteros, aunque no tengan la plenitud del sacerdocio y
dependan de los obispos en el ejercicio de sus poderes, sin embargo están
unidos a éstos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del
Orden, quedan consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza, a
imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote, para anunciar el Evangelio a los
fieles, para dirigirlos y para celebrar el culto divino'.
1565. En virtud del sacramento del Orden, los presbíteros participan de la
universalidad de la misión confiada por Cristo a los apóstoles. El don
espiritual que recibieron en la ordenación los prepara, no para una misión
limitada y restringida, 'sino para una misión amplísima y universal de
salvación «hasta los extremos del mundo»', 'dispuestos a predicar el
Evangelio por todas partes'.
1566. 'Su verdadera función sagrada la ejercen sobre todo en el culto
eucarístico o sinaxis. En ella, actuando en la persona de Cristo y
proclamando su misterio, unen la ofrenda de los fieles al sacrificio de su
Cabeza; actualizan y aplican en el sacrificio de la misa, hasta la venida
del Señor, el único sacrificio de la Nueva Alianza: el de Cristo, que se
ofrece al Padre de una vez para siempre como hostia inmaculada'. De este
sacrificio único, saca su fuerza todo su ministerio sacerdotal.
1567. 'Los presbíteros, como colaboradores diligentes de los obispos y ayuda
e instrumento suyos, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman con su
obispo un único presbiterio, dedicado a diversas tareas. En cada una de las
comunidades locales de fieles hacen presente de alguna manera a su obispo,
al que están unidos con confianza y magnanimidad; participan en sus
funciones y preocupaciones y las llevan a la práctica cada día'. Los
presbíteros sólo pueden ejercer su ministerio en dependencia del obispo y en
comunión con él. La promesa de obediencia que hacen al obispo en el momento
de la ordenación y el beso de paz del obispo al fin de la liturgia de la
ordenación significan que el obispo los considera como sus colaboradores,
sus hijos, sus hermanos y sus amigos y que a su vez ellos le deben amor y
obediencia.
1568. 'Los presbíteros, instituidos por la ordenación en el orden del
presbiterado, están unidos todos entre sí por la íntima fraternidad del
sacramento. Forman un único presbiterio especialmente en la diócesis a cuyo
servicio se dedican bajo la dirección de su obispo'. La unidad del
presbiterio encuentra una expresión litúrgica en la costumbre de que los
presbíteros impongan a su vez las manos, después del obispo, durante el rito
de la ordenación.
1569. 'En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, a los que se
les imponen las manos «para realizar un servicio y no para ejercer el
sacerdocio»'. En la ordenación al diaconado, sólo el obispo impone las
manos, significando así que el diácono está especialmente vinculado al
obispo en las tareas de su 'diaconía'.
1570. Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la
gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marcó con un sello
['carácter'] que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con
Cristo que se hizo 'diácono', es decir, el servidor de todos. Corresponde a
los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la
celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la
distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y
bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y
entregarse a los diversos servicios de la caridad.
1571. Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el
diaconado 'como un grado particular dentro de la jerarquía', mientras que
las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado
permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un
enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. En efecto, es
apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio
verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras
sociales y caritativas, 'sean fortalecidos por la imposición de las manos
transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio
del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia
sacramental del diaconado'.
IV.- La celebración de este sacramento
1572. La celebración de la ordenación de un obispo, de presbíteros o de
diáconos, por su importancia para la vida de la Iglesia particular, exige el
mayor concurso posible de fieles. Tendrá lugar preferentemente el domingo y
en la catedral, con una solemnidad adaptada a las circunstancias. Las tres
ordenaciones, del obispo, del presbítero y del diácono, tienen el mismo
dinamismo. El lugar propio de su celebración es dentro de la Eucaristía.
1573. El rito esencial del sacramento del Orden está constituido, para los
tres grados, por la imposición de manos del obispo sobre la cabeza del
ordenando, así como por una oración consecratoria específica que pide a Dios
la efusión del Espíritu Santo y de sus dones apropiados al ministerio para
el cual el candidato es ordenado.
1574. Como en todos los sacramentos, ritos complementarios rodean la
celebración. Estos varían notablemente en las distintas tradiciones
litúrgicas, pero tienen en común la expresión de múltiples aspectos de la
gracia sacramental. Así, en el rito latino, los ritos iniciales -la
presentación y elección del ordenando, la alocución del obispo, el
interrogatorio del ordenando, las letanías de los santos- ponen de relieve
que la elección del candidato se hace conforme al uso de la Iglesia y
preparan el acto solemne de la consagración; después de ésta varios ritos
vienen a expresar y completar de manera simbólica el misterio que se ha
realizado: para el obispo y el presbítero la unción con el santo crisma,
signo de la unción especial del Espíritu Santo que hace fecundo su
ministerio; la entrega del libro de los evangelios, del anillo, de la mitra
y del báculo al obispo en señal de su misión apostólica de anuncio de la
Palabra de Dios, de su fidelidad a la Iglesia, esposa de Cristo, de su cargo
de pastor del rebaño del Señor; entrega al presbítero de la patena y del
cáliz, 'la ofrenda del pueblo santo' que es llamado a presentar a Dios; la
entrega del libro de los evangelios al diácono que acaba de recibir la
misión de anunciar el Evangelio de Cristo.
V.- El ministro de este sacramento
1575. Fue Cristo quien eligió a los apóstoles y les hizo partícipes de su
misión y su autoridad. Elevado a la derecha del Padre, no abandona a su
rebaño, sino que lo guarda por medio de los apóstoles bajo su constante
protección y lo dirige también mediante estos mismos pastores que continúan
hoy su obra. Por tanto, es Cristo 'quien da' a unos el ser apóstoles, a
otros pastores. Sigue actuando por medio de los obispos.
1576. Dado que el sacramento del Orden es el sacramento del ministerio
apostólico, corresponde a los obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles,
transmitir 'el don espiritual', 'la semilla apostólica'. Los obispos
válidamente ordenados, es decir, que están en la línea de la sucesión
apostólica, confieren válidamente los tres grados del sacramento del Orden.
VI.- Quien puede recibir este sacramento
1577. 'Sólo el varón [«vir»] bautizado recibe válidamente la sagrada
ordenación'. El Señor Jesús eligió a hombres [«viri»] para formar el colegio
de los doce apóstoles, y los apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a
sus colaboradores que les sucederían en su tarea. El colegio de los obispos,
con quienes los presbíteros están unidos en el sacerdocio, hace presente y
actualiza hasta el retorno de Cristo el colegio de los Doce. La Iglesia se
reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que
las mujeres no reciben la ordenación.
1578. Nadie tiene derecho a recibir el sacramento del Orden. En efecto,
nadie se arroga para sí mismo este oficio. Al sacramento se es llamado por
Dios. Quien cree reconocer las señales de la llamada de Dios al ministerio
ordenado, debe someter humildemente su deseo a la autoridad de la Iglesia a
la que corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a recibir este
sacramento. Como toda gracia, el sacramento sólo puede ser recibido como un
don inmerecido.
1579. Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los
diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes
que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato 'por
el Reino de los cielos' [Mt 19,12 .]. Llamados a consagrarse totalmente al
Señor y a sus 'cosas', se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El
celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado
el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo
radiante el Reino de Dios.
1580. En las Iglesias orientales, desde hace siglos está en vigor una
disciplina distinta: mientras los obispos son elegidos únicamente entre los
célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros. Esta
práctica es considerada como legítima desde tiempos remotos; estos
presbíteros ejercen un ministerio fructuoso en el seno de sus comunidades.
Por otra parte, el celibato de los presbíteros goza de gran honor en las
Iglesias orientales, y son numerosos los presbíteros que lo escogen
libremente por el Reino de Dios. En Oriente como en Occidente, quien recibe
el sacramento del Orden no puede contraer matrimonio.
VII.- Los efectos del sacramento del orden
1581. Este sacramento configura con Cristo mediante una gracia especial del
Espíritu Santo a fin de servir de instrumento de Cristo en favor de su
Iglesia. Por la ordenación recibe la capacidad de actuar como representante
de Cristo, Cabeza de la Iglesia, en su triple función de sacerdote, profeta
y rey.
1582. Como en el caso del Bautismo y de la Confirmación, esta participación
en la misión de Cristo es concedida de una vez para siempre. El sacramento
del Orden confiere también un carácter espiritual indeleble y no puede ser
reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado.
1583. Un sujeto válidamente ordenado puede ciertamente, por justos motivos,
ser liberado de las obligaciones y las funciones vinculadas a la ordenación,
o se le puede impedir ejercerlas, pero no puede convertirse de nuevo en
laico en sentido estricto porque el carácter impreso por la ordenación es
para siempre. La vocación y la misión recibidas el día de su ordenación, lo
marcan de manera permanente.
1584. Puesto que en último término es Cristo quien actúa y realiza la
salvación a través del ministro ordenado, la indignidad de éste no impide a
Cristo actuar. San Agustín lo dice con firmeza:
En cuanto al ministro orgulloso, hay que colocarlo con el diablo. Sin
embargo, el don de Cristo no por ello es profanado: lo que llega a través de
él conserva su pureza, lo que pasa por él permanece limpio y llega a la
tierra fértil... En efecto, la virtud espiritual del sacramento es semejante
a la luz: los que deben ser iluminados la reciben en su pureza y, si
atraviesa seres manchados, no se mancha. [San Agustín]
1585. La gracia del Espíritu Santo propia de este sacramento es la de ser
configurado con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor, de quien el ordenado es
constituido ministro.
1586. Para el obispo, es en primer lugar una gracia de fortaleza ['El
Espíritu de soberanía': Oración de consagración del obispo en el rito
latino]: la de guiar y defender con fuerza y prudencia a su Iglesia como
padre y pastor, con amor gratuito para todos y con predilección por los
pobres, los enfermos y los necesitados. Esta gracia le impulsa a anunciar el
Evangelio a todos, a ser el modelo de su rebaño, a precederlo en el camino
de la santificación identificándose en la Eucaristía con Cristo Sacerdote y
Víctima, sin miedo a dar la vida por sus ovejas:
Concede, Padre que conoces los corazones, a tu siervo que has elegido para
el episcopado, que apaciente tu santo rebaño y que ejerza ante ti el supremo
sacerdocio sin reproche sirviéndote noche y día; que haga sin cesar propicio
tu rostro y que ofrezca los dones de tu santa Iglesia, que en virtud del
espíritu del supremo sacerdocio tenga poder de perdonar los pecados según tu
mandamiento, que distribuya las tareas siguiendo tu orden y que desate de
toda atadura en virtud del poder que tú diste a los apóstoles; que te agrade
por su dulzura y su corazón puro, ofreciéndote un perfume agradable por tu
Hijo Jesucristo... [San Hipólito de Roma]
1587. El don espiritual que confiere la ordenación presbiteral está
expresado en esta oración propia del rito bizantino. El obispo, imponiendo
la mano, dice:
Señor, llena del don del Espíritu Santo al que te has dignado elevar al
grado del sacerdocio para que sea digno de presentarse sin reproche ante tu
altar, de anunciar el Evangelio de tu Reino, de realizar el ministerio de tu
palabra de verdad, de ofrecerte dones y sacrificios espirituales, de renovar
tu pueblo mediante el baño de la regeneración; de manera que vaya al
encuentro de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, tu Hijo único, el día
de su segunda venida, y reciba de tu inmensa bondad la recompensa de una
fiel administración de su orden. [Liturgia]
1588. En cuanto a los diáconos, 'fortalecidos, en efecto, con la gracia del
sacramento, en comunión con el obispo y sus presbíteros, están al servicio
del Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la
caridad'.
1589. Ante la grandeza de la gracia y del oficio sacerdotales, los santos
doctores sintieron la urgente llamada a la conversión con el fin de
corresponder mediante toda su vida a aquel de quien el sacramento los
constituye ministros. Así, san Gregorio Nacianceno, siendo joven sacerdote,
exclama:
Es preciso comenzar por purificarse antes de purificar a los otros; es
preciso ser instruido para poder instruir; es preciso ser luz para iluminar,
acercarse a Dios para acercarle a los demás, ser santificado para
santificar, conducir de la mano y aconsejar con inteligencia. Sé de quién
somos ministros, dónde nos encontramos y a dónde nos dirigimos. Conozco la
altura de Dios y la flaqueza del hombre, pero también su fuerza. [Por tanto,
¿quién es el sacerdote? Es] el defensor de la verdad, se sitúa junto a los
ángeles, glorifica con los arcángeles, hace subir sobre el altar de lo alto
las víctimas de los sacrificios, comparte el sacerdocio de Cristo, restaura
la criatura, restablece [en ella] la imagen [de Dios], la recrea para el
mundo de lo alto, y, para decir lo más grande que hay en él, es divinizado y
diviniza.
Y el santo Cura de Ars dice: 'El sacerdote continúa la obra de redención en
la tierra'...'Si se comprendiese bien al sacerdote en la tierra se moriría
no de pavor sino de amor'... 'El sacerdocio es el amor del corazón de
Jesús'.
RESUMEN
1590. San Pablo dice a su discípulo Timoteo: 'Te recomiendo que reavives el
carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos' [2Tm 1,6 .],
y 'si alguno aspira al cargo de obispo, desea una noble función' [1Tm 3,1
.]. A Tito decía: 'El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que
acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada
ciudad, como yo te ordené' [Tt 1,5 .].
1591. La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el bautismo, todos los
fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama
'sacerdocio común de los fieles'. A partir de este sacerdocio y al servicio
del mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del
ministerio conferido por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en
nombre y en representación de Cristo-Cabeza en medio de la comunidad.
1592. El sacerdocio ministerial difiere esencialmente del sacerdocio común
de los fieles porque confiere un poder sagrado para el servicio de los
fieles. Los ministros ordenados ejercen su servicio en el pueblo de Dios
mediante la enseñanza [munus docendi], el culto divino [munus liturgicum] y
por el gobierno pastoral [munus regendi].
1593. Desde los orígenes, el ministerio ordenado fue conferido y ejercido en
tres grados: el de los obispos, el de los presbíteros y el de los diáconos.
Los ministerios conferidos por la ordenación son insustituibles para la
estructura orgánica de la Iglesia: sin el obispo, los presbíteros y los
diáconos no se puede hablar de Iglesia.
1594. El obispo recibe la plenitud del sacramento del Orden que lo incorpora
al Colegio episcopal y hace de él la cabeza visible de la Iglesia particular
que le es confiada. Los obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles y
miembros del Colegio, participan en la responsabilidad apostólica y en la
misión de toda la Iglesia bajo la autoridad del Papa, sucesor de san Pedro.
1595. Los presbíteros están unidos a los obispos en la dignidad sacerdotal y
al mismo tiempo dependen de ellos en el ejercicio de sus funciones
pastorales; son llamados a ser cooperadores diligentes de los obispos;
forman en torno a su obispo el presbiterio que asume con él la
responsabilidad de la Iglesia particular. Reciben del obispo el cuidado de
una comunidad parroquial o de una función eclesial determinada.
1596. Los diáconos son ministros ordenados para las tareas de servicio de la
Iglesia; no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les
confiere funciones importantes en el ministerio de la palabra, del culto
divino, del gobierno pastoral y del servicio de la caridad, tareas que deben
cumplir bajo la autoridad pastoral de su obispo.
1597. El sacramento del Orden es conferido por la imposición de las manos
seguida de una oración consagratoria solemne que pide a Dios para el
ordenando las gracias del Espíritu Santo requeridas para su ministerio. La
ordenación imprime un carácter sacramental indeleble.
1598. La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones [viri]
bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido
debidamente reconocidas. A la autoridad de la Iglesia corresponde la
responsabilidad y el derecho de llamar a uno a recibir la ordenación.
1599. En la Iglesia latina, el sacramento del Orden para el presbiterado
sólo es conferido ordinariamente a candidatos que están dispuestos a abrazar
libremente el celibato y que manifiestan públicamente su voluntad de
guardarlo por amor del Reino de Dios y el servicio de los hombres.
1600. Corresponde a los obispos conferir el sacramento del Orden en los tres
grados.
|