|
|
LA UNCIÓN DE LOS
ENFERMOS
1499. 'Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los
presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor
sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a
unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien
del Pueblo de Dios'.
I.- Fundamentos en la economía de la salvación
1500. La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los
problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre
experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede
hacernos entrever la muerte.
1501. La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí
mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede
también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo
que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia,
la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a él.
1502. El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios.
Ante Dios se lamenta por su enfermedad y de El, que es el Señor de la vida y
de la muerte, implora la curación. La enfermedad se convierte en camino de
conversión y el perdón de Dios inaugura la curación. Israel experimenta que
la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y
que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: 'Yo, el Señor, soy
el que te sana' [Ex 15,26 .]. El profeta entrevé que el sufrimiento puede
tener también un sentido redentor por los pecados de los demás. Finalmente,
Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda
falta y curará toda enfermedad.
1503. La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones
de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que 'Dios ha visitado
a su pueblo' [Lc 7,16 .] y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no
tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados: vino
a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos
necesitan. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse
con ellos: 'Estuve enfermo y me visitasteis' [Mt 25,36 .]. Su amor de
predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos,
de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que
sufren en su cuerpo y en su alma. Esta atención dio origen a infatigables
esfuerzos por aliviar a los que sufren.
1504. A menudo Jesús pide a los enfermos que crean. Se sirve de signos para
curar: saliva e imposición de manos, barro y ablución. Los enfermos tratan
de tocarlo, 'pues salía de él una fuerza que los curaba a todos' [Lc 6,19
.]. Así, en los sacramentos, Cristo continúa 'tocándonos' para sanarnos.
1505. Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por
los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: 'El tomó nuestras flaquezas
y cargó con nuestras enfermedades' [Mt 8,17 .]. No curó a todos los
enfermos. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios.
Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte
por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal y quitó
el 'pecado del mundo' [Jn 1,29 .], del que la enfermedad no es sino una
consecuencia. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido
nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con El y nos une a
su pasión redentora.
1506. Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz.
Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los
enfermos. Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de
su ministerio de compasión y de curación: 'Y, yéndose de allí, predicaron
que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a
muchos enfermos y los curaban' [Mc 6,12-13 .].
1507. El Señor resucitado renueva este envío ['En mi nombre... impondrán las
manos sobre los enfermos y se pondrán bien', Mc 16,1718 .] y lo confirma con
los signos que la Iglesia realiza invocando su nombre. Estos signos
manifiestan de una manera especial que Jesús es verdaderamente 'Dios que
salva'.
1508. El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación para
manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera
las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades.
Así san Pablo aprende del Señor que 'mi gracia te basta, que mi fuerza se
muestra perfecta en la flaqueza' [2Co 12,9 .], y que los sufrimientos que
tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: 'completo en mi carne
lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la
Iglesia' [Col 1,24 .].
1509. '¡Sanad a los enfermos!' [Mt 10,8 .]. La Iglesia ha recibido esta
tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que
proporciona a los enfermos como por la oración de intercesión con la que los
acompaña. Cree en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y
de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los
sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la vida
eterna y cuya conexión con la salud corporal insinúa san Pablo.
1510. No obstante, la Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los
enfermos, atestiguado por Santiago: '¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame
a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el
nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará
que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados' [St
5,14-l5 .]. La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete
sacramentos de la Iglesia.
1511. La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un
sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la
enfermedad: la Unción de los enfermos:
Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor
como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho,
insinuado por Marcos, y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago,
apóstol y hermano del Señor. [Concilio de Trento]
1512. En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se
poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas
con aceite bendito. En el transcurso de los siglos, la Unción de los
enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a
punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de
'Extremaunción'. A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar
al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a
su salvación.
1513. La constitución apostólica 'Sacram Unctionem infirmorum' del 30 de
noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II, estableció
que, en adelante, en el rito romano, se observara lo que sigue:
El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente
enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva
debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de
plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: 'Per istam sanctam
unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus
Sancti ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet' ['Por esta
santa unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la
gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la
salvación y te conforte en tu enfermedad']. [Pablo VI]
II.- Quien recibe y quien administra este sacramento
1514. La Unción de los enfermos 'no es un sacramento sólo para aquellos que
están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo
cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez'.
1515. Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso
de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de
la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se
agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una
operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad
avanzada cuyas fuerzas se debilitan.
1516. Sólo los sacerdotes [obispos y presbíteros] son ministros de la Unción
de los enfermos. Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los
beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a
llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se
preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y
de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy
especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.
1517. Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de
forma litúrgica y comunitaria, que tiene lugar en familia, en el hospital o
en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy
conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua
del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento
puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento
de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía
debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el
'viático' para el 'paso' a la vida eterna.
1518. Palabra y sacramento forman un todo inseparable. La Liturgia de la
Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración. Las
palabras de Cristo y el testimonio de los apóstoles suscitan la fe del
enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de su Espíritu.
1519. La celebración del sacramento comprende principalmente estos
elementos: 'los presbíteros de la Iglesia' [St 5,14 .] imponen -en silencio-
las manos a los enfermos; oran por los enfermos en la fe de la Iglesia; es
la epíclesis propia de este sacramento; luego ungen al enfermo con óleo
bendecido, si es posible, por el obispo.
Estas acciones litúrgicas indican la gracia que este sacramento confiere a
los enfermos.
IV.- Efectos de la celebración de este sacramento
1520. Un don particular del Espíritu Santo. La gracia primera de este
sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las
dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la
vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y
la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente
tentación de desaliento y de angustia ante la muerte. Esta asistencia del
Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación
del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios.
Además, 'si hubiera cometido pecados, le serán perdonados' [St 5,15 .].
1521. La unión a la Pasión de Cristo. Por la gracia de este sacramento, el
enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de
Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración
con la Pasión redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado
original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra
salvífica de Jesús.
1522. Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento,
'uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien
del Pueblo de Dios'. Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la
comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y el enfermo, a
su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de
la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se
ofrece, por Cristo, a Dios Padre.
1523. Una preparación para el último tránsito. Si el sacramento de la Unción
de los enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias
graves, lo es con mayor razón 'a los que están a punto de salir de esta
vida' ['in exitu viae constituti']; de manera que se la ha llamado también 'sacramentum
exeuntium' ['sacramento de los que parten']. La Unción de los enfermos acaba
por conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo
había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan
toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida
nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta
vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo
para defenderse en los últimos combates y entrar en la Casa del Padre.
V.- El viático, último sacramento del cristiano
1524. A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la
Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en este momento
del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene
una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna
y poder de resurrección, según las palabras del Señor: 'El que come mi carne
y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día' [Jn
6,54 .]. Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la
Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo
al Padre.
1525. Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la
Eucaristía constituyen una unidad llamada 'los sacramentos de la iniciación
cristiana', se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la
Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a
su fin, 'los sacramentos que preparan para entrar en la Patria' o los
sacramentos que cierran la peregrinación.
RESUMEN
1526. '¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la
Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la
oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si
hubiera cometido pecados, le serán perdonados' [St 5,14-15 .].
1527. El sacramento de la Unción de los enfermos tiene por fin conferir una
gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al
estado de enfermedad grave o de vejez.
1528. El tiempo oportuno para recibir la Santa Unción llega ciertamente
cuando el fiel comienza a encontrarse en peligro de muerte por causa de
enfermedad o de vejez.
1529. Cada vez que un cristiano cae gravemente enfermo puede recibir la
Santa Unción, y también cuando, después de haberla recibido, la enfermedad
se agrava.
1530. Sólo los sacerdotes [presbíteros y obispos] pueden administrar el
sacramento de la Unción de los enfermos; para conferirlo emplean óleo
bendecido por el obispo, o, en caso necesario, por el mismo presbítero que
celebra.
1531. Lo esencial de la celebración de este sacramento consiste en la unción
en la frente y las manos del enfermo [en el rito romano] o en otras partes
del cuerpo [en Oriente], unción acompañada de la oración litúrgica del
sacerdote celebrante que pide la gracia especial de este sacramento.
1532. La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene
como efectos:
- la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la
Iglesia;
- el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los
sufrimientos de la enfermedad o de la vejez;
- el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el
sacramento de la Penitencia;
- el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud
espiritual;
- la preparación para el paso a la vida eterna.
|