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LA EUCARISTÍA
1322. La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han
sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y
configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan
por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del
Señor.
1323. 'Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado,
instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar
por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su
Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección,
sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en
el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda
de la gloria futura'. [SC 47.]
I.- La Eucaristía, fuente de la vida eclesial
1324. La Eucaristía es 'fuente y cima de toda la vida cristiana'. 'Los demás
sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de
apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada
Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es
decir, Cristo mismo, nuestra Pascua'.
1325. 'La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la
unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se
encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios
santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a
Cristo y por él al Padre'.
1326. Finalmente, por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia
del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos.
1327. En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe:
'Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la
Eucaristía confirma nuestra manera de pensar'.
II.- El nombre de este sacramento
1328. La riqueza inagotable de este sacramento se expresa mediante los
distintos nombres que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de
sus aspectos. Se le llama:
Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Las palabras 'eucharistein' [Lc
22,19 ;1Co 11,24 .] y 'eulogein' [Mt 26,26 ; Mc 14,22 .] recuerdan las
bendiciones judías que proclaman -sobre todo durante la comida- las obras de
Dios: la creación, la redención y la santificación.
1329. Banquete del Señor porque se trata de la Cena que el Señor celebró con
sus discípulos la víspera de su pasión y de la anticipación del banquete de
bodas del Cordero en la Jerusalén celestial.
Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado
por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia, sobre
todo en la última Cena. En este gesto los discípulos lo reconocerán después
de su resurrección, y con esta expresión los primeros cristianos designaron
sus asambleas eucarísticas. Con él se quiere significar que todos los que
comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él y
forman un solo cuerpo en él.
Asamblea eucarística [synaxis], porque la Eucaristía es celebrada en la
asamblea de los fieles, expresión visible de la Iglesia.
1330. Memorial de la pasión y de la resurrección del Señor.
Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e
incluye la ofrenda de la Iglesia; o también santo sacrificio de la misa,
'sacrificio de alabanza' [Hch 13,15 .], sacrificio espiritual, sacrificio
puro y santo, puesto que completa y supera todos los sacrificios de la
Antigua Alianza.
Santa y divina liturgia, porque toda la liturgia de la Iglesia encuentra su
centro y su expresión más densa en la celebración de este sacramento; en el
mismo sentido se la llama también celebración de los santos misterios. Se
habla también del Santísimo Sacramento porque es el Sacramento de los
Sacramentos. Con este nombre se designan las especies eucarísticas guardadas
en el sagrario.
1331. Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace
partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo; se la
llama también las cosas santas ['ta hagia; sancta'] -es el sentido primero
de la 'comunión de los santos' de que habla el Símbolo de los Apóstoles-,
pan de los ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad, viático...
1332. Santa Misa porque la liturgia en la que se realiza el misterio de
salvación se termina con el envío de los fieles ['missio'] a fin de que
cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.
III.- La Eucaristía en la economia de la salvación
1333. En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan
y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu
Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del
Señor, la Iglesia continúa haciendo, en memoria de El, hasta su retorno
glorioso, lo que El hizo la víspera de su pasión: 'Tomó pan...', 'tomó el
cáliz lleno de vino...'. Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la
Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando también
la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, darnos gracias al Creador
por el pan y el vino, fruto 'del trabajo del hombre', pero antes, 'fruto de
la tierra' y 'de la vid', dones del Creador. La Iglesia ve en el gesto de
Melquisedec, rey y sacerdote, que 'ofreció pan y vino' [Gn 14,18 .], una
prefiguración de su propia ofrenda.
1334. En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio
entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero
reciben también una nueva significación en el contexto del Exodo: los panes
ácimos que Israel come cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada
y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a
Israel que vive del pan de la Palabra de Dios. Finalmente, el pan de cada
día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus
promesas. El 'cáliz de bendición' [1Co 10,16 .], al final del banquete
pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión
escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén.
Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la
bendición del pan y del cáliz.
1335. Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo
la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para
alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su
Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en Caná anuncia ya la Hora
de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las
bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo
convertido en Sangre de Cristo.
1336. El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que
el anuncio de la pasión los escandalizó: 'Es duro este lenguaje, ¿quién
puede escucharlo?' [Jn 6,60 .]. La Eucaristía y la cruz son piedras de
tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división.
'¿También vosotros queréis marcharos?' [Jn 6,67 .]: esta pregunta del Señor
resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que
sólo El tiene 'palabras de vida eterna' [Jn 6,68 .], y que acoger en la fe
el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.
1337. El Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo
que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su Padre,
en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del
amor. Para dejarles una prenda de este amor, para no alejarse nunca de los
suyos y hacerles partícipes de su Pascua, instituyó la Eucaristía como
memorial de su muerte y de su resurrección y ordenó a sus apóstoles
celebrarlo hasta su retorno, 'constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo
Testamento'.
1338. Los tres evangelios sinópticos y san Pablo nos han transmitido el
relato de la institución de la Eucaristía; por su parte, san Juan relata las
palabras de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, palabras que preparan la
institución de la Eucaristía: Cristo se designa a sí mismo como el pan de
vida, bajado del cielo.
1339. Jesús escogió el tiempo de la Pascua para realizar lo que había
anunciado en Cafarnaúm: dar a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre:
Llegó el día de los Azimos, en el que se había de inmolar el cordero de
Pascua; [Jesús] envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la
Pascua para que la comamos»... fueron... y prepararon la Pascua. Llegada la
hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: «Con ansia he deseado
comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la
comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios»... Y tomó
pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo que va
a ser entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío». De igual modo,
después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la Nueva Alianza
en mi sangre, que va a ser derramada por vosotros» [Lc 22,7-20 .]
1340. Al celebrar la última Cena con sus apóstoles en el transcurso del
banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En
efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la
Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da
cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en
la gloria del Reino.
1341. El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras 'hasta
que venga' [1Co 11,26 .], no exige solamente acordarse de Jesús y de lo que
hizo. Requiere la celebración litúrgica por los apóstoles y sus sucesores
del memorial de Cristo, de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su
intercesión junto al Padre.
1342. Desde el comienzo la Iglesia fue fiel a la orden del Señor. De la
Iglesia de Jerusalén se dice:
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, fieles a la comunión
fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones... Acudían al Templo todos
los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las
casas y tomaban el alimento con alegría y con sencillez de corazón [Hch 2,42
.46.].
1343. Era sobre todo 'el primer día de la semana', es decir, el domingo, el
día de la resurrección de Jesús, cuando los cristianos se reunían para
'partir el pan' [Hch 20,7 .]. Desde entonces hasta nuestros días la
celebración de la Eucaristía se ha perpetuado, de suerte que hoy la
encontramos por todas partes en la Iglesia, con la misma estructura
fundamental. Sigue siendo el centro de la vida de la Iglesia.
1344. Así, de celebración en celebración, anunciando el misterio pascual de
Jesús 'hasta que venga' [1Co 11,26 .], el pueblo de Dios peregrinante
'camina por la senda estrecha de la cruz' hacia el banquete celestial, donde
todos los elegidos se sentarán a la mesa del Reino.
IV.- La celebración de la Eucaristía
1345. Desde el siglo II, según el testimonio de san Justino mártir, tenemos
las grandes líneas del desarrollo de la celebración eucarística. Estas han
permanecido invariables hasta nuestros días a través de la diversidad de
tradiciones rituales litúrgicas. He aquí lo que el santo escribe, hacia el
año 155, para explicar al emperador pagano Antonino Pío [138-161.] lo que
hacen los cristianos:
El día que se llama del sol se celebra una reunión de todos los que moran en
las ciudades o en los campos, y allí se leen, en cuanto el tiempo lo
permite, los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas.
Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra, hace una
exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos. Seguidamente,
nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces... por nosotros
mismos, por el que acaba de ser iluminado y por todos los otros esparcidos
por todo el mundo, suplicando se nos conceda, ya que hemos conocido la
verdad, ser hallados por nuestras obras hombres de buena conducta y
guardadores de lo que se nos ha mandado, y consigamos así la salvación
eterna. Terminadas las oraciones, nos damos mutuamente ósculo de paz
Luego, al que preside a los hermanos se le ofrece pan y un vaso de agua y
vino, y tomándolos él tributa alabanzas y gloria al Padre del universo por
el nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo, y pronuncia una larga acción
de gracias, por habernos concedido esos dones que de El nos vienen Y cuando
el presidente ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el
pueblo presente aclama diciendo: Amén.
Y una vez que el presidente ha dado gracias y aclamado todo el pueblo, los
que entre nosotros se llaman 'ministros' o diáconos, dan a cada uno de los
asistentes parte del pan y del vino y del agua sobre que se dijo la acción
de gracias y lo llevan a los ausentes.
1346. La liturgia de la Eucaristía se desarrolla conforme a una estructura
fundamental que se ha conservado a través de los siglos hasta nosotros.
Comprende dos grandes momentos que forman una unidad básica:
- la reunión, la liturgia de la Palabra, con las lecturas, la homilía y la
oración universal;
- la liturgia eucarística, con la presentación del pan y del vino, la acción
de gracias consecratoria y la comunión.
Liturgia de la Palabra y liturgia eucarística constituyen juntas 'un solo
acto de culto'; en efecto, la mesa preparada para nosotros en la Eucaristía
es a la vez la de la Palabra de Dios y la del Cuerpo del Señor.
1347. He aquí el mismo dinamismo del banquete pascual de Jesús resucitado
con sus discípulos: en el camino les explicaba las Escrituras, luego,
sentándose a la mesa con ellos, 'tomó el pan, pronunció la bendición, lo
partió y se lo dio'.
1348. Todos se reúnen. Los cristianos acuden a un mismo lugar para la
asamblea eucarística. A su cabeza está Cristo mismo que es el actor
principal de la Eucaristía. El es sumo sacerdote de la Nueva Alianza. El
mismo es quien preside invisiblemente toda celebración eucarística. Como
representante suyo, el obispo o el presbítero [actuando 'in persona Christi
capitis' - 'en la persona de Cristo cabeza'] preside la asamblea, toma la
palabra después de las lecturas, recibe las ofrendas y dice la plegaria
eucarística. Todos tienen parte activa en la celebración, cada uno a su
manera: los lectores, los que presentan las ofrendas, los que dan la
comunión, y el pueblo entero cuyo 'Amén' manifiesta su participación.
1349. La liturgia de la Palabra comprende 'los escritos de los profetas', es
decir, el Antiguo Testamento, y 'las memorias de los apóstoles', es decir,
sus cartas y los Evangelios; después la homilía que exhorta a acoger esta
palabra como lo que 'es verdaderamente, Palabra de Dios' [1 Ts 2,13.], y a
ponerla en práctica; vienen luego las intercesiones por todos los hombres,
según la palabra del apóstol: 'Ante todo, recomiendo que se hagan plegarias,
oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los
reyes y por todos los constituidos en autoridad' [1Tm 2,1-2 .].
1350. La presentación de las ofrendas [el ofertorio]: entonces se lleva al
altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el
sacerdote en nombre de Cristo en el sacrificio eucarístico en el que se
convertirán en su Cuerpo y en su Sangre. Es la acción misma de Cristo en la
última Cena, 'tomando pan y una copa'. 'Sólo la Iglesia presenta esta
oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de gracias lo que
proviene de su creación'. La presentación de las ofrendas en el altar hace
suyo el gesto de Melquisedec y pone los dones del Creador en las manos de
Cristo. El es quien, en su sacrificio, lleva a la perfección todos los
intentos humanos de ofrecer sacrificios.
1351. Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los
cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen
necesidad. Esta costumbre de la colecta, siempre actual, se inspira en el
ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos:
Los que tienen y quieren, cada uno según su libre determinación, da lo que
bien le parece, y lo recogido se entrega al presidente y él socorre de ello
a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están
necesitados, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso, y,
en una palabra, él se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad.
[San Justino]
1352. La anáfora: Con la plegaria eucarística, oración de acción de gracias
y de consagración llegamos al corazón y a la cumbre de la celebración:
en el prefacio, la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu
Santo, por todas sus obras, por la creación, la redención y la
santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza incesante que
la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan al Dios tres
veces santo;
1353. en la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo
[o el poder de su bendición] sobre el pan y el vino, para que se conviertan,
por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman
parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu [algunas
tradiciones litúrgicas colocan la epíclesis después de la anámnesis];
En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de
Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo
las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido
en la cruz de una vez para siempre;
1354. en la anámnesis que sigue, la Iglesia hace memoria de la pasión, de la
resurrección y del retorno glorioso de Cristo Jesús; presenta al Padre la
ofrenda de su Hijo que nos reconcilia con El;
en las intercesiones, la Iglesia expresa que la Eucaristía se celebra en
comunión con toda la Iglesia del cielo y de la tierra, de los vivos y de los
difuntos, y en comunión con los pastores de la Iglesia, el Papa, el obispo
de la diócesis, su presbiterio y sus diáconos y todos los obispos del mundo
entero con sus Iglesias.
1355. En la comunión, precedida por la oración del Señor y de la fracción
del pan, los fieles reciben 'el pan del cielo' y 'el cáliz de la salvación',
el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó 'para la vida del mundo' [Jn
6,51 .]:
Y este alimento se llama entre nosotros 'Eucaristía', de la que a nadie es
lícito participar, sino al que cree ser verdaderas nuestras enseñanzas y se
ha lavado en el baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y
vive conforme a lo que Cristo nos enseñó. [San Justino]"
V.- El sacrificio sacramental: acción de gracias, memorial, presencia
1356. Si los cristianos celebramos la Eucaristía desde los orígenes, y con
una forma tal que, en su substancia, no ha cambiado a través de la gran
diversidad de épocas y de liturgias, es porque nos sabemos sujetos al
mandato del Señor, dado la víspera de su pasión: 'haced esto en memoria mía'
[1Co 11,24-25 .].
1357. Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su
sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo que El mismo nos ha dado: los
dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder del
Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerpo y la Sangre del mismo
Cristo: así Cristo se hace real y misteriosamente presente.
1358. Por tanto, debemos considerar la Eucaristía:
- como acción de gracias y alabanza al Padre,
- como memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo,
- como presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu.
1359. La Eucaristía, sacramento de nuestra salvación realizada por Cristo en
la cruz, es también un sacrificio de alabanza en acción de gracias por la
obra de la creación. En el sacrificio eucarístico, toda la creación amada
por Dios es presentada al Padre a través de la muerte y resurrección de
Cristo. Por Cristo, la Iglesia puede ofrecer el sacrificio de alabanza en
acción de gracias por todo lo que Dios ha hecho de bueno, de bello y de
justo en la creación y en la humanidad.
1360. La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una
bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos
sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la
redención y la santificación. 'Eucaristía' significa, ante todo, acción de
gracias.
1361. La Eucaristía es también el sacrificio de alabanza por medio del cual
la Iglesia canta la gloria de Dios en nombre de toda la creación. Este
sacrificio de alabanza sólo es posible a través de Cristo: El une los fieles
a su persona, a su alabanza y a su intercesión, de manera que el sacrificio
de alabanza al Padre es ofrecido por Cristo y con Cristo para ser aceptado
en él.
1362. La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización
y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la liturgia de la
Iglesia que es su Cuerpo. En todas las plegarias eucarísticas encontramos,
tras las palabras de la institución, una oración llamada anámnesis o
memorial.
1363. En el sentido empleado por la Sagrada Escritura, el memorial no es
solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la
proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los
hombres. En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en
cierta forma, presentes y actuales. De esta manera Israel entiende su
liberación de Egipto: cada vez que es celebrada la Pascua, los
acontecimientos del Exodo se hacen presentes a la memoria de los creyentes a
fin de que conformen su vida a estos acontecimientos.
1364. El memorial recibe un sentido nuevo en el Nuevo Testamento. Cuando la
Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se
hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en
la cruz, permanece siempre actual: 'Cuantas veces se renueva en el altar el
sacrificio de la cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, se
realiza la obra de nuestra redención'.
1365. Por ser memorial de la Pascua de Cristo, la Eucaristía es también un
sacrificio. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las
palabras mismas de la institución: 'Esto es mi Cuerpo que será entregado por
vosotros' y 'Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será derramada
por vosotros' [Lc 22,19-20 .]. En la Eucaristía, Cristo da el mismo cuerpo
que por nosotros entregó en la cruz, y la sangre misma que 'derramó por
muchos para remisión de los pecados' [Mt 26,28 .].
1366.
1367. El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un
único sacrificio: 'Es una e idéntica la víctima que se ofrece ahora por el
ministerio de los sacerdotes, la que se ofreció a sí misma entonces sobre la
cruz. Sólo difiere la manera de ofrecer': 'En este divino sacrificio que se
realiza en la misa, este mismo Cristo, que se ofreció a sí mismo una vez de
manera cruenta sobre el altar de la cruz, es contenido e inmolado de manera
no cruenta'.
1368. La Eucaristía es igualmente el sacrificio de la Iglesia. La Iglesia,
que es el Cuerpo de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabeza. Con El,
ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión ante el Padre por todos
los hombres. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es también el
sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza,
su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total
ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sacrificio de Cristo presente
sobre el altar da a todas las generaciones de cristianos la posibilidad de
unirse a su ofrenda.
En las catacumbas, la Iglesia es con frecuencia representada como una mujer
en oración, los brazos extendidos en actitud de orante. Como Cristo que
extendió los brazos sobre la cruz, por él, con él y en él, la Iglesia se
ofrece e intercede por todos los hombres.
1369. Toda la Iglesia se une a la ofrenda y a la intercesión de Cristo.
Encargado del ministerio de Pedro en la Iglesia, el Papa es asociado a toda
celebración de la Eucaristía en la que es nombrado como signo y servidor de
la unidad de la Iglesia universal. El obispo del lugar es siempre
responsable de la Eucaristía, incluso cuando es presidida por un presbítero;
el nombre del obispo se pronuncia en ella para significar su presidencia de
la Iglesia particular en medio del presbiterio y con la asistencia de los
diáconos. La comunidad intercede también por todos los ministros que, por
ella y con ella, ofrecen el sacrificio eucarístico:
Que sólo sea considerada como legítima la Eucaristía que se hace bajo la
presidencia del obispo o de quien él ha señalado para ello. [San Ignacio de
Antioquía]
Por medio del ministerio de los presbíteros, se realiza a la perfección el
sacrificio espiritual de los fieles en unión con el sacrificio de Cristo,
único Mediador. Este, en nombre de toda la Iglesia, por manos de los
presbíteros, se ofrece incruenta y sacramentalmente en la Eucaristía, hasta
que el Señor venga. [PO 2.]
1370. A la ofrenda de Cristo se unen no sólo los miembros que están todavía
aquí abajo, sino también los que están ya en la gloria del cielo: La Iglesia
ofrece el sacrificio eucarístico en comunión con la santísima Virgen María y
haciendo memoria de ella, así como de todos los santos y santas. En la
Eucaristía, la Iglesia, con María, está como al pie de la cruz, unida a la
ofrenda y a la intercesión de Cristo.
1371. El sacrificio eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos
'que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados', para
que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo:
Enterrad este cuerpo en cualquier parte; no os preocupe más su cuidado;
solamente os ruego que, dondequiera que os hallareis, os acordéis de mí ante
el altar del Señor. [Santa Mónica]
A continuación oramos [en la anáfora] por los santos padres y obispos
difuntos, y en general por todos los que han muerto antes que nosotros,
creyendo que será de gran provecho para las almas, en favor de las cuales es
ofrecida la súplica, mientras se halla presente la santa y adorable
víctima... Presentando a Dios nuestras súplicas por los que han muerto,
aunque fuesen pecadores..., presentamos a Cristo inmolado por nuestros
pecados, haciendo propicio para ellos y para nosotros al Dios amigo de los
hombres. [San Cirilo de Jerusalén]
1372. San Agustín ha resumido admirablemente esta doctrina que nos impulsa a
una participación cada vez más completa en el sacrificio de nuestro Redentor
que celebramos en la Eucaristía:
Esta ciudad plenamente rescatada, es decir, la asamblea y la sociedad de los
santos, es ofrecida a Dios como un sacrificio universal por el Sumo
Sacerdote que, bajo la forma de esclavo, llegó a ofrecerse por nosotros en
su pasión, para hacer de nosotros el cuerpo de una tan gran Cabeza... Tal es
el sacrificio de los cristianos: 'siendo muchos, no formamos más que un solo
cuerpo en Cristo' [Rm 12,5 .]. Y este sacrificio, la Iglesia no cesa de
reproducirlo en el Sacramento del altar bien conocido de los fieles, donde
se muestra que en lo que ella ofrece se ofrece a sí misma. [San Agustín]
1373. 'Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e
intercede por nosotros' [Rm 8,34 .], está presente de múltiples maneras en
su Iglesia: en su Palabra, en la oración de su Iglesia, 'allí donde dos o
tres estén reunidos en mi nombre' [Mt 18,20 .], en los pobres, los enfermos,
los presos, en los sacramentos de los que El es autor, en el sacrificio de
la misa y en la persona del ministro. Pero, 'sobre todo [está presente],
bajo las especies eucarísticas'.
1374. El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es
singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de
ella 'como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos
los sacramentos' En el santísimo sacramento de la Eucaristía están
'contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto
con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente,
Cristo entero'. 'Esta presencia se denomina «real», no a título exclusivo,
como si las otras presencias no fuesen «reales», sino por excelencia, porque
es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente
presente'.
1375. Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre,
Cristo se hace presente en este sacramento. Los Padres de la Iglesia
afirmaron con fuerza la fe de la Iglesia en la eficacia de la Palabra de
Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión. Así,
san Juan Crisóstomo declara que:
No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y
Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El
sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su
gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma
las cosas ofrecidas.
Y san Ambrosio dice respecto a esta conversión:
Estemos bien persuadidos de que esto no es lo que la naturaleza ha
producido, sino lo que la bendición ha consagrado, y de que la fuerza de la
bendición supera a la de la naturaleza, porque por la bendición la
naturaleza misma resulta cambiada... La palabra de Cristo, que pudo hacer de
la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que
no eran todavía? Porque no es menos dar a las cosas su naturaleza primera
que cambiársela.
1376. El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: 'Porque
Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era
verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta
convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del
pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la
substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del
vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y
apropiadamente a este cambio transubstanciación'.
1377. La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la
consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas.
Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero
en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a
Cristo.
1378. El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la misa expresamos
nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de
vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en
señal de adoración al Señor. 'La Iglesia católica ha dado y continúa dando
este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no
solamente durante la misa, sino también fuera de su celebración: conservando
con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles
para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión'.
1379. El sagrario [tabernáculo] estaba primeramente destinado a guardar
dignamente la Eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y
ausentes fuera de la misa. Por la profundización de la fe en la presencia
real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó conciencia del sentido de
la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas.
Por eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno
de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste
la verdad de la presencia real de Cristo en el santísimo sacramento.
1380. Es realmente conveniente que Cristo haya querido quedarse presente
para su Iglesia de esta manera tan singular. Puesto que Cristo iba a
alejarse de los suyos bajo su forma visible, quiso darnos su presencia
sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la cruz por nuestra salvación,
quiso que tuviéramos el memorial del amor con que nos había amado 'hasta el
fin' [Jn 13,1 .], hasta el don de su vida. En efecto, en su presencia
eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos
amó y se entregó por nosotros, y se queda bajo los signos que expresan y
comunican este amor:
La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús
nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a
encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a
reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra
adoración. [Juan Pablo II]"
1381. 'La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre
de Cristo en este sacramento, «no se conoce por los sentidos, dice santo
Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios». Por
ello, comentando el texto de san Lucas 22,19: «Esto es mi Cuerpo que será
entregado por vosotros», san Cirilo declara: «No te preguntes si esto es
verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es
la Verdad», no miente':
Adoro te devote, latens Deitas,
Quae sub his figuris vere latitas:
Tibi se cor meum totum subjicit,
Quia te contemplans totum deficit.
Visus, gustus, tactus in te fallitur,
Sed auditu solo tuto creditur;
Credo quidquid dixit Dei Filius:
Nil hoc Veritatis verbo verius.
VI.- El banquete pascual
1382. La misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en
que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la
comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pero la celebración del
sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de
los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo
mismo que se ofrece por nosotros.
1383. El altar, en torno al cual la Iglesia se reúne en la celebración de la
Eucaristía, representa los dos aspectos de un mismo misterio: el altar del
sacrificio y la mesa del Señor, y esto, tanto más cuanto que el altar
cristiano es el símbolo de Cristo mismo, presente en medio de la asamblea de
sus fieles, a la vez como la víctima ofrecida por nuestra reconciliación y
como alimento celestial que se nos da. '¿Qué es, en efecto, el altar de
Cristo sino la imagen del Cuerpo de Cristo?', dice san Ambrosio, y en otro
lugar: 'El altar representa el Cuerpo [de Cristo], y el Cuerpo de Cristo
está sobre el altar'. La liturgia expresa esta unidad del sacrificio y de la
comunión en numerosas oraciones. Así, la Iglesia de Roma ora en su anáfora:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a
tu presencia hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que
cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de
este altar, seamos colmados de gracia y bendición. 'Tomad y comed todos de
él': la comunión
1384. El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el
sacramento de la Eucaristía: 'En verdad, en verdad os digo: si no coméis la
carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en
vosotros' [Jn 6,53 .].
1385. Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este
momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia:
'Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del
Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces
del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo,
come y bebe su propio castigo' [1Co 11,27-29 .]. Quien tiene conciencia de
estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes
de acercarse a comulgar.
1386. Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir
humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión: 'Señor, no soy
digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme'.
En la Liturgia de san Juan Crisóstomo, los fieles oran con el mismo
espíritu:
A tomar parte en tu cena sacramental invítame hoy, Hijo de Dios: no revelaré
a tus enemigos el misterio, no te daré el beso de Judas; antes como el
ladrón te reconozco y te suplico: ¡Acuérdate de mí, Señor en tu reino!
[Liturgia]
1387. Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles
deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia. Por la actitud corporal
[gestos, vestido] se manifiesta el respeto, la solemnidad, el gozo de ese
momento en que Cristo se hace nuestro huésped.
1388. Es conforme al sentido mismo de la Eucaristía que los fieles, con las
debidas disposiciones, comulguen cuando participan en la misa: 'Se
recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa,
recibiendo los fieles, después de la comunión del sacerdote, del mismo
sacrificio, el cuerpo del Señor'.
1389. La Iglesia obliga a los fieles 'a participar los domingos y días de
fiesta en la divina liturgia' y a recibir al menos una vez al año la
Eucaristía, si es posible en tiempo pascual, preparados por el sacramento de
la Reconciliación. Pero la Iglesia recomienda vivamente a los fieles recibir
la santa Eucaristía los domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia
aún, incluso todos los días.
1390. Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las
especies, la comunión bajo la sola especie de pan ya hace que se reciba todo
el fruto de gracia propio de la Eucaristía. Por razones pastorales, esta
manera de comulgar se ha establecido legítimamente como la más habitual en
el rito latino. 'La comunión tiene una expresión más plena por razón del
signo cuando se hace bajo las dos especies. Ya que en esa forma es donde más
perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico'. Es la forma
habitual de comulgar en los ritos orientales.
1391. La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía
en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En
efecto, el Señor dice: 'Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y
yo en él' [Jn 6,56 .]. La vida en Cristo encuentra su fundamento en el
banquete eucarístico: 'Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo
vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí» [Jn 6,57 .]:
Cuando en las fiestas del Señor los fieles reciben el Cuerpo del Hijo,
Proclaman unos a otros la Buena Nueva de que se dan las arras de la vida,
como cuando el ángel dijo a María de Magdala: '¡Cristo ha resucitado!' He
aquí que ahora también la vida y la resurrección son comunicadas a quien
recibe a Cristo. [Liturgia]
1392. Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la
comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La
comunión con la Carne de Cristo resucitado, 'vivificada por el Espíritu
Santo y vivificante', conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia
recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser
alimentado por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta
el momento de la muerte, cuando nos sea dada como viático.
1393. La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que recibimos
en la comunión es 'entregado por nosotros', y la Sangre que bebemos es
'derramada por muchos para el perdón de los pecados'. Por eso la Eucaristía
no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados
cometidos y preservarnos de futuros pecados:
'Cada vez que lo recibimos, anunciamos la muerte del Señor'. Si anunciamos
la muerte del Señor, anunciamos también el perdón de los pecados. Si cada
vez que su Sangre es derramada, lo es para el perdón de los pecados, debo
recibirle siempre, para que siempre me perdone los pecados. Yo que peco
siempre, debo tener siempre un remedio. [San Ambrosio]
1394. Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas,
la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a
debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Dándose a
nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos
desordenados con las criaturas y de arraigarnos en El:
Porque Cristo murió por nuestro amor, cuando hacemos conmemoración de su
muerte en nuestro sacrificio, pedimos que venga el Espíritu Santo y nos
comunique el amor; suplicamos fervorosamente que aquel mismo amor que
impulsó a Cristo a dejarse crucificar por nosotros sea infundido por el
Espíritu Santo en nuestros propios corazones, con objeto de que consideremos
al mundo como crucificado para nosotros, y sepamos vivir crucificados para
el mundo... y, llenos de caridad, muertos para el pecado vivamos para Dios.
[San Fulgencio de Ruspe]
1395. Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos
preserva de futuros pecados mortales. Cuanto más participamos en la vida de
Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper
con El por el pecado mortal. La Eucaristía no está ordenada al perdón de los
pecados mortales. Esto es propio del sacramento de la Reconciliación. Lo
propio de la Eucaristía es ser el sacramento de los que están en plena
comunión con la Iglesia.
1396. La unidad del Cuerpo místico: La Eucaristía hace la Iglesia. Los que
reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo,
Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia. La comunión
renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya
por el Bautismo. En el Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solo
cuerpo. La Eucaristía realiza esta llamada: 'El cáliz de bendición que
bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo?, y el pan que
partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos,
un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan'
[1Co 10,16-17 .]:
Si vosotros mismos sois Cuerpo y miembros de Cristo, sois el sacramento que
es puesto sobre la mesa del Señor, y recibís este sacramento vuestro.
Respondéis 'amén' [es decir, 'sí', 'es verdad'] a lo que recibís, con lo
que, respondiendo, lo reafirmáis. Oyes decir 'el Cuerpo de Cristo', y
respondes 'amén'. Por lo tanto, sé tú verdadero miembro de Cristo para que
tu 'amén' sea también verdadero. [San Agustín]
1397. La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para
recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros
debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos.
Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. Deshonras esta
mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado
digno de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y
te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has hecho más misericordioso.
[San Juan Crisóstomo]
1398. La Eucaristía y la unidad de los cristianos. Ante la grandeza de este
misterio, san Agustín exclama: 'O sacramentum pietatis! O signum unitatis! O
vinculum caritatis!' ['¡Oh sacramento de piedad, oh signo de unidad, oh
vínculo de caridad!']. Cuanto más dolorosamente se hacen sentir las
divisiones de la Iglesia que rompen la participación común en la mesa del
Señor, tanto más apremiantes son las oraciones al Señor para que lleguen los
días de la unidad completa de todos los que creen en El.
1399. Las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia
católica celebran la Eucaristía con gran amor. 'Estas Iglesias, aunque
separadas, tienen verdaderos sacramentos, y sobre todo, en virtud de la
sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, con los que se unen aún
más con nosotros con vínculo estrechísimo'. Una cierta comunión in sacris,
por tanto, en la Eucaristía, 'no solamente es posible, sino que se
aconseja... en circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad
eclesiástica'.
1400. Las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, separadas de la
Iglesia católica, 'sobre todo por defecto del sacramento del Orden, no han
conservado la substancia genuina e íntegra del misterio eucarístico'. Por
esto, la intercomunión eucarística con estas comunidades no es posible para
la Iglesia católica. Sin embargo, estas comunidades eclesiales, 'al
conmemorar en la Santa Cena la muerte y la resurrección del Señor, profesan
que en la comunión de Cristo se significa la vida, y esperan su venida
gloriosa'.
1401. Si, a juicio del ordinario, se presenta una necesidad grave, los
ministros católicos pueden administrar los sacramentos [Eucaristía,
Penitencia, Unción de los enfermos] a cristianos que no están en plena
comunión con la Iglesia católica, pero que piden estos sacramentos con deseo
y rectitud: en tal caso se precisa que profesen la fe católica respecto a
estos sacramentos y estén bien dispuestos.
VII.- La Eucaristía, 'Pignus futurae Gloriae'
1402. En una antigua oración, la Iglesia aclama el misterio de la
Eucaristía: 'O sacrum convivium in quo Christus sumitur. Recolitur memoria
passionis eius; mens impletur gratia et futurae gloriae nobis pignus datur'
['¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el
memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de
la gloria futura!']. Si la Eucaristía es el memorial de la Pascua del Señor
y si por nuestra comunión en el altar somos colmados 'de gracia y
bendición', la Eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial.
1403. En la última Cena, el Señor mismo atrajo la atención de sus discípulos
hacia el cumplimiento de la Pascua en el reino de Dios: 'Y os digo que desde
ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con
vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre' [Mt 26,29 .]. Cada vez que la
Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa y su mirada se dirige
hacia 'el que viene'. En su oración, implora su venida: 'Marana tha' [1Co
16,22 .], 'Ven, Señor Jesús' [Ap 22,20 .], 'que tu gracia venga y que este
mundo pase'.
1404. La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que
está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada. Por
eso celebramos la Eucaristía 'expectantes beatam spem et adventum Salvatoris
nostri Jesu Christi' ['Mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro
Salvador Jesucristo'], pidiendo entrar 'en tu reino, donde esperamos gozar
todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas
de nuestros ojos, porque, al contemplarte como Tú eres, Dios nuestro,
seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas,
por Cristo, Señor Nuestro'.
1405. De esta gran esperanza, la de los 'cielos nuevos' y la 'tierra nueva'
en los que habitará la justicia [2Pe 3,13.], no tenemos prenda más segura,
signo más manifiesto que la Eucaristía. En efecto, cada vez que se celebra
este misterio, 'se realiza la obra de nuestra redención' y 'partimos un
mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para
vivir en Jesucristo para siempre' [San Ignacio de Antioquía].
RESUMEN
1406. Jesús dijo: 'Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este
pan, vivirá para siempre... el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene
vida eterna... permanece en mí y yo en él' [Jn 6,51 .54.56.].
1407. La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues
en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de
alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su
Padre; por medio de este sacrificio derrama las gracias de la salvación
sobre su Cuerpo, que es la Iglesia.
1408. La celebración eucarística comprende siempre: la proclamación de la
Palabra de Dios, la acción de gracias a Dios Padre por todos sus beneficios,
sobre todo por el don de su Hijo, la consagración del pan y del vino y la
participación en el banquete litúrgico por la recepción del Cuerpo y de la
Sangre del Señor: estos elementos constituyen un solo y mismo acto de culto.
1409. La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la
obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de
Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica.
1410. Es Cristo mismo, sumo y eterno sacerdote de la Nueva Alianza, quien,
por el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio eucarístico. Y es
también el mismo Cristo, realmente presente bajo las especies del pan y del
vino, la ofrenda del sacrificio eucarístico.
1411. Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la
Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo
y la Sangre del Señor.
1412. Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y
vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y
el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en
la última Cena: 'Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros... Este es el
cáliz de mi Sangre... '
1413. Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del
vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del
pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera
verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su
divinidad.
1414. En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación
de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios
beneficios espirituales o temporales.
1415. El que quiere recibir a Cristo en la Comunión eucarística debe
hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado
mortalmente no debe acercarse a la Eucaristía sin haber recibido previamente
la absolución en el sacramento de la Penitencia.
1416. La sagrada comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo acrecienta la
unión del comulgante con el Señor, le perdona los pecados veniales y lo
preserva de pecados graves. Puesto que los lazos de caridad entre el
comulgante y Cristo son reforzados, la recepción de este sacramento
fortalece la unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.
1417. La Iglesia recomienda vivamente a los fieles que reciban la sagrada
comunión cada vez que participan en la celebración de la Eucaristía; y les
impone la obligación de hacerlo al menos una vez al año.
1418. Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar, es
preciso honrarlo con culto de adoración. 'La visita al Santísimo Sacramento
es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia
Cristo, nuestro Señor'.
1419. Cristo, que pasó de este mundo al Padre, nos da en la Eucaristía la
prenda de la gloria que tendremos junto a El: la participación en el Santo
Sacrificio nos identifica con su Corazón, sostiene nuestras fuerzas a lo
largo del peregrinar de esta vida, nos hace desear la Vida eterna y nos une
ya desde ahora a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen María y a todos
los santos.
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