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LA CONFIRMACIÓN
1285. Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación
constituye el conjunto de los 'sacramentos de la iniciación cristiana', cuya
unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que
la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia
bautismal. En efecto, a los bautizados 'el sacramento de la Confirmación los
une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial
del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho más, como auténticos
testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus
obras'.
I.- La confirmación en la economía de la salvación
1286. En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del
Señor reposaría sobre el Mesías esperado para realizar su misión salvífica.
El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el
signo de que El era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios. Habiendo
sido concebido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se
realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da 'sin
medida' [Jn 3,34 .].
1287. Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente
en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico. En
repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu, promesa que
realizó primero el día de Pascua y luego, de manera más manifiesta el día de
Pentecostés. Llenos del Espíritu Santo, los apóstoles comienzan a proclamar
'las maravillas de Dios' [Hch 2,1 1 ] y Pedro declara que esta efusión del
Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos. Los que creyeron en la
predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don
del Espíritu Santo [Hch 2,38 .].
1288. 'Desde aquel tiempo, los apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de
Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el
don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo. Esto
explica por qué en la carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros
elementos de la formación cristiana, la doctrina del Bautismo y de la
imposición de las manos. Es esta imposición de las manos la que ha sido con
toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen
del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la
Iglesia, la gracia de Pentecostés'.
1289. Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió
a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado [crisma]. Esta
unción ilustra el nombre de 'cristiano' que significa 'ungido' y que tiene
su origen en el nombre de Cristo, al que 'Dios ungió con el Espíritu Santo'
[Hch 10,38 .]. Y este rito de la unción existe hasta nuestros días tanto en
Oriente como en Occidente. Por eso, en Oriente, se llama a este sacramento
crismación, unción con el crisma, o myron, que significa 'crisma'. En
Occidente el nombre de Confirmación sugiere a la vez la 'confirmación' del
Bautismo, que completa la iniciación cristiana, y el robustecimiento de la
gracia bautismal, frutos todos ellos del Espíritu Santo.
1290. En los primeros siglos la Confirmación constituye generalmente una
única celebración con el Bautismo, y forma con éste, según la expresión de
san Cipriano, un 'sacramento doble'. Entre otras razones, la multiplicación
de los bautismos de niños, durante todo el tiempo del año, y la
multiplicación de las parroquias [rurales], que agrandaron las diócesis, ya
no permite la presencia del obispo en todas las celebraciones bautismales.
En Occidente, por el deseo de reservar al obispo el acto de conferir la
plenitud al Bautismo, se establece la separación temporal de ambos
sacramentos. El Oriente ha conservado unidos los dos sacramentos, de modo
que la Confirmación es dada por el presbítero que bautiza. Este, sin
embargo, sólo puede hacerlo con el 'myron' consagrado por un obispo.
1291. Una costumbre de la Iglesia de Roma facilitó el desarrollo de la
práctica occidental; había una doble unción con el santo crisma después del
Bautismo: realizada ya una por el presbítero al neófito al salir del baño
bautismal, es completada por una segunda unción hecha por el obispo en la
frente de cada uno de los recién bautizados. La primera unción con el santo
crisma, la que daba el sacerdote, quedó unida al rito bautismal; significa
la participación del bautizado en las funciones profética, sacerdotal y real
de Cristo. Si el Bautismo es conferido a un adulto, sólo hay una unción
postbautismal: la de la Confirmación.
1292. La práctica de las Iglesias de Oriente destaca más la unidad de la
iniciación cristiana. La de la Iglesia latina expresa más netamente la
comunión del nuevo cristiano con su obispo, garante y servidor de la unidad
de su Iglesia, de su catolicidad y su apostolicidad, y por ello, el vínculo
con los orígenes apostólicos de la Iglesia de Cristo.
II.- Los signos y el rito de la confirmación
1293. En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de la
unción y lo que la unción designa e imprime: el sello espiritual.
La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas
significaciones: el aceite es signo de abundancia y de alegría; purifica
[unción antes y después del baño] y da agilidad [la unción de los atletas y
de los luchadores]; es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las
heridas y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.
1294. Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en
la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los
catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos
expresa curación y consuelo. La unción del santo crisma después del
Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una
consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son
ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la
plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida
desprenda 'el buen olor de Cristo' [cf. 2Co 2, l5 .].
1295. Por medio de esta unción, el confirmando recibe 'la marca', el sello
del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona, signo de su
autoridad, de su propiedad sobre un objeto -por eso se marcaba a los
soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor-;
autentifica un acto jurídico o un documento y lo hace, si es preciso,
secreto.
1296. Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre. El cristiano
también está marcado con un sello: 'Y es Dios el que nos conforta juntamente
con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y
nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones' [2Co 1,22 .]. Este sello
del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su
servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección
divina en la gran prueba escatológica.
1297. Un momento importante que precede a la celebración de la Confirmación,
pero que, en cierta manera forma parte de ella, es la consagración del santo
crisma. Es el obispo quien, el Jueves Santo, en el transcurso de la Misa
crismal, consagra el santo crisma para toda su diócesis. En las Iglesias de
Oriente, esta consagración está reservada al Patriarca:
La liturgia siríaca de Antioquía expresa así la epíclesis de la consagración
del santo crisma [myron]: '[Padre... envía tu Espíritu Santo] sobre nosotros
y sobre este aceite que está delante de nosotros y conságralo, de modo que
sea para todos los que sean ungidos y marcados con él, myron santo, myron
sacerdotal, myron real, unción de alegría, vestidura de la luz, manto de
salvación, don espiritual, santificación de las almas y de los cuerpos,
dicha imperecedera, sello indeleble, escudo de la fe y casco terrible contra
todas las obras del Adversario'.
1298. Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, como es
el caso en el rito romano, la liturgia del sacramento comienza con la
renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los
confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una
prolongación del Bautismo. Cuando es bautizado un adulto, recibe
inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía.
1299. En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos los
confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los apóstoles, es el signo del
don del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:
Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por
el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del
pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo
Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu
de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos
del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor. [Ritual
Romano]
1300. Sigue el rito esencial del sacramento. En el rito latino, 'el
sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en
la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: «Accipe
signaculum doni Spiritus Sancti» [»Recibe por esta señal el Don del Espíritu
Santo»]'. En las Iglesias orientales, la unción del myron se hace después de
una oración de epíclesis, sobre las partes más significativas del cuerpo: la
frente, los ojos, la nariz, los oídos, los labios, el pecho, la espalda, las
manos y los pies, y cada unción va acompañada de la fórmula: 'Sello del Don
que es el Espíritu Santo'.
1301. El beso de paz con el que concluye el rito del sacramento significa y
manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles."
III.- Los efectos de la confirmación
1302. De la celebración se deduce que el efecto del sacramento es la efusión
plena del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los apóstoles
el día de Pentecostés.
1303. Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a
la gracia bautismal:
- nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir
'Abbá, Padre' [Rm 8,15 .];
- nos une más firmemente a Cristo;
- aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;
- hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia;
- nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y
defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de
Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir
jamás vergüenza de la cruz:
Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de
sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu
de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has
recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha
confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu. [San Ambrosio]
1304. La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da
una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual
indeleble, el 'carácter', que es el signo de que Jesucristo ha marcado al
cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto
para que sea su testigo.
1305. El 'carácter' perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido
en el Bautismo, y 'el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo
públicamente, y como en virtud de un cargo [quasi ex officio]'
IV.- Quien puede recibir este sacramento
1306. Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el sacramento
de la Confirmación. Puesto que Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman
una unidad, de ahí se sigue que 'los fieles tienen la obligación de recibir
este sacramento en tiempo oportuno', porque sin la Confirmación y la
Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero
la iniciación cristiana queda incompleta.
1307. La tradición latina pone, como punto de referencia para recibir la
Confirmación, 'la edad del uso de razón . Sin embargo, en peligro de muerte,
se debe confirmar a los niños incluso si no han alcanzado todavía la edad
del uso de razón.
1308. Si a veces se habla de la Confirmación como del 'sacramento de la
madurez cristiana', es preciso, sin embargo, no confundir la edad adulta de
la fe con la edad adulta del crecimiento natural, ni olvidar que la gracia
bautismal es una gracia de elección gratuita e inmerecida que no necesita
una 'ratificación' para hacerse efectiva. Santo Tomás lo recuerda:
La edad del cuerpo no constituye un prejuicio para el alma. Así, incluso en
la infancia, el hombre puede recibir la perfección de la edad espiritual de
que habla la Sabiduría [4,8.]: «la vejez honorable no es la que dan los
muchos días, no se mide por el número de los años. Así numerosos niños,
gracias a la fuerza del Espíritu Santo que habían recibido, lucharon
valientemente y hasta la sangre por Cristo. [Santo Tomás de Aquino]
1309. La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir al
cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con
el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de poder
asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana. Por
ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por suscitar el sentido
de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la Iglesia universal
como a la comunidad parroquial. Esta última tiene una responsabilidad
particular en la preparación de los confirmandos.
1310. Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia.
Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en
atención al don del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración más
intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias
del Espíritu Santo.
1311. Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los
candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina.
Conviene que sea el mismo que para el Bautismo, a fin de subrayar la unidad
entre los dos sacramentos.
V.- El ministro de la confirmación
1312. El ministro originario de la Confirmación es el obispo.
En Oriente es ordinariamente el presbítero que bautiza quien da también
inmediatamente la Confirmación en una sola celebración. Sin embargo, lo hace
con el santo crisma consagrado por el patriarca o el obispo, lo cual expresa
la unidad apostólica de la Iglesia cuyos vínculos son reforzados por el
sacramento de la Confirmación. En la Iglesia latina se aplica la misma
disciplina en los bautismos de adultos y cuando es admitido a la plena
comunión con la Iglesia un bautizado de otra comunidad cristiana que no ha
recibido válidamente el sacramento de la Confirmación.
1313. En el rito latino, el ministro ordinario de la Confirmación es el
obispo. Aunque el obispo puede, por razones graves, conceder a presbíteros
la facultad de administrar el sacramento de la Confirmación, es conveniente,
por el sentido mismo del sacramento, que lo confiera él mismo, sin olvidar
que por esta razón la celebración de la Confirmación fue temporalmente
separada del Bautismo. Los obispos son los sucesores de los apóstoles y han
recibido la plenitud del sacramento del Orden. Por esta razón, la
administración de este sacramento por ellos mismos pone de relieve que la
Confirmación tiene como efecto unir a los que la reciben más estrechamente a
la Iglesia, a sus orígenes apostólicos y a su misión de dar testimonio de
Cristo.
1314. Si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier presbítero debe
darle la Confirmación. En efecto, la Iglesia quiere que ninguno de sus
hijos, incluso en la más tierna edad, salga de este mundo sin haber sido
perfeccionado por el Espíritu Santo con el don de la plenitud de Cristo."
RESUMEN
1315. 'Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría
había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos
bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues
todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido
bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y
recibían el Espíritu Santo' [Hch 8,14-17 .].
1316. La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento que
da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación
divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro
vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar
testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras.
1317. La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano un
signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se puede
recibir una vez en la vida.
1318. En Oriente, este sacramento es administrado inmediatamente después del
Bautismo y es seguido de la participación en la Eucaristía, tradición que
pone de relieve la unidad de los tres sacramentos de la iniciación
cristiana. En la Iglesia latina se administra este sacramento cuando se ha
alcanzado el uso de razón, y su celebración se reserva ordinariamente al
obispo, significando así que este sacramento robustece el vínculo eclesial.
1319. El candidato a la Confirmación que ya ha alcanzado el uso de razón
debe profesar la fe, estar en estado de gracia, tener la intención de
recibir el sacramento y estar preparado para asumir su papel de discípulo y
de testigo de Cristo, en la comunidad eclesial y en los asuntos temporales.
1320. El rito esencial de la Confirmación es la unción con el Santo Crisma
en la frente del bautizado [y en Oriente, también en los otros órganos de
los sentidos], con la imposición de la mano del ministro y las palabras: 'Accipe
signaculum doni Spiritus Sancti' ['Recibe por esta señal el Don del Espíritu
Santo'], en el rito romano; 'Sello del Don del Espíritu Santo', en el rito
bizantino.
1321. Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, su
conexión con el Bautismo se expresa entre otras cosas por la renovación de
los compromisos bautismales. La celebración de la Confirmación dentro de la
Eucaristía contribuye a subrayar la unidad de los sacramentos de la
iniciación cristiana.
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