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EL BAUTISMO
1213. El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el
pórtico de la vida en el espíritu ['vitae spiritualis ianua'] y la puerta
que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados
del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de
Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión: 'Baptismus
est sacramentum regenerationis per aquam in verbo' ['El bautismo es el
sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra'].
I.- El nombre de este sacramento
1214. Este sacramento recibe el nombre de Bautismo en razón del carácter del
rito central mediante el que se celebra: bautizar [baptizein en griego]
significa 'sumergir', 'introducir dentro del agua'; la 'inmersión' en el
agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de
donde sale por la resurrección con El como 'nueva criatura' [2Co 5,17 ; Ga
6,15 .].
1215. Este sacramento es llamado también 'baño de regeneración y de
renovación del Espíritu Santo' [Tt 3,5 .], porque significa y realiza ese
nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual 'nadie puede entrar en el
Reino de Dios' [Jn 3,5 .].
1216. 'Este baño se llama iluminación, para dar a entender que son
iluminados los que aprenden estas cosas' [San Justino]. Habiendo recibido en
el Bautismo al Verbo, 'la luz verdadera que ilumina a todo hombre' [Jn 1,9
.], el bautizado, 'tras haber sido iluminado' [Hb 10,32 .], se convierte en
'hijo de la luz' [1 Ts 5,5.], y en 'luz' él mismo [Ef 5,8 .]:
El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios... Lo llamamos
don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de
regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido
a los que no aportan nada; gracia, porque, es dado incluso a culpables;
bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es
sagrado y real [tales son los que son ungidos]; iluminación, porque es luz
resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque
lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios. [San
Gregorio Nacianceno]
II.- El bautismo en la economía de la salvación
1217. En la liturgia de la Noche Pascual, cuando se bendice el agua
bautismal, la Iglesia hace solemnemente memoria de los grandes
acontecimientos de la historia de la salvación que prefiguraban ya el
misterio del Bautismo:
¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder
invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para
significar la gracia del bautismo. [Misal Romano]
1218. Desde el origen del mundo, el agua, criatura humilde y admirable, es
la fuente de la vida y de la fecundidad. La Sagrada Escritura dice que el
Espíritu de Dios 'se cernía' sobre ella:
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las
aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar. [Misal
Romano]
1219. La Iglesia ha visto en el arca de Noé una prefiguración de la
salvación por el bautismo. En efecto, por medio de ella 'unos pocos, es
decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua' [1Pe 3,20 .]:
¡Oh Dios!, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el
nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al
pecado y diera origen a la santidad. [Misal Romano]
1220. Si el agua de manantial simboliza la vida, el agua del mar es un
símbolo de la muerte. Por lo cual, pudo ser símbolo del misterio de la Cruz.
Por este simbolismo el bautismo significa la comunión con la muerte de
Cristo.
1221. Sobre todo el paso del mar Rojo, verdadera liberación de Israel de la
esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación obrada por el
bautismo:
¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de
Abraham, para que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón fuera
imagen de la familia de los bautizados. [Misal Romano]
1222. Finalmente, el Bautismo es prefigurado en el paso del Jordán, por el
que el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia
de Abraham, imagen de la vida eterna. La promesa de esta herencia
bienaventurada se cumple en la nueva Alianza.
1223. Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo
Jesús. Comienza su vida pública después de hacerse bautizar por san Juan el
Bautista en el Jordán, y, después de su Resurrección, confiere esta misión a
sus apóstoles: 'Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado' [Mt 28,19-20 .].
1224. Nuestro Señor se sometió voluntariamente al Bautismo de san Juan,
destinado a los pecadores, para 'cumplir toda justicia'. Este gesto de Jesús
es una manifestación de su 'anonadamiento'. El Espíritu que se cernía sobre
las aguas de la primera creación desciende entonces sobre Cristo, como
preludio de la nueva creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su 'Hijo
amado'.
1225. En su Pascua, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes del
Bautismo. En efecto, había hablado ya de su pasión que iba a sufrir en
Jerusalén como de un 'Bautismo' con que debía ser bautizado. La sangre y el
agua que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado son figuras
del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de la vida nueva: desde
entonces, es posible 'nacer del agua y del Espíritu' para entrar en el Reino
de Dios.
Considera dónde eres bautizado, de dónde viene el Bautismo: de la cruz de
Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: El padeció por
ti. En él eres rescatado, en él eres salvado. [San Ambrosio]
1226. Desde el día de Pentecostés la Iglesia ha celebrado y administrado el
santo Bautismo. En efecto, san Pedro declara a la multitud conmovida por su
predicación: 'Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el
nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don
del Espíritu Santo' [Hch 2,38 .]. Los apóstoles y sus colaboradores ofrecen
el bautismo a quien crea en Jesús: judíos, hombres temerosos de Dios,
paganos. El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: 'Ten fe en el Señor
Jesús y te salvarás tú y tu casa', declara san Pablo a su carcelero en
Filipos. El relato continúa: 'el carcelero inmediatamente recibió el
bautismo, él y todos los suyos' [Hch 16,31-33 .].
1227. Según el apóstol san Pablo, por el Bautismo el creyente participa en
la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con El:
¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos
bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en
la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los
muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una
vida nueva [Rm 6,3-4 .].
Los bautizados se han 'revestido de Cristo' [Ga 3,27 .]. Por el Espíritu
Santo, el Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica.
1228. El Bautismo es, pues, un baño de agua en el que la 'semilla
incorruptible' de la Palabra de Dios produce su efecto vivificador. San
Agustín dirá del Bautismo: 'Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum'
['Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento'].
III.- La celebración del sacramento del bautismo
1229. Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un
camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser
recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos
esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a
la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu
Santo, el acceso a la comunión eucarística.
1230. Esta iniciación ha variado mucho a lo largo de los siglos y según las
circunstancias. En los primeros siglos de la Iglesia, la iniciación
cristiana conoció un gran desarrollo, con un largo período de catecumenado,
y una serie de ritos preparatorios que jalonaban litúrgicamente el camino de
la preparación catecumenal y que desembocaban en la celebración de los
sacramentos de la iniciación cristiana.
1231. Desde que el bautismo de los niños vino a ser la forma habitual de
celebración de este sacramento, ésta se ha convertido en un acto único que
integra de manera muy abreviada las etapas previas a la iniciación
cristiana. Por su naturaleza misma, el Bautismo de niños exige un
catecumenado postbautismal. No se trata sólo de la necesidad de una
instrucción posterior al Bautismo, sino del desarrollo necesario de la
gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la
catequesis.
1232. El Concilio Vaticano II ha restaurado, para la Iglesia latina, 'el
catecumenado de adultos, dividido en diversos grados'. Sus ritos se
encuentran en el Ordo initiationis christianae adultorum [1972.]. Por otra
parte, el Concilio ha permitido que 'en tierras de misión, además de los
elementos de iniciación contenidos en la tradición cristiana, pueden
admitirse también aquellos que se encuentran en uso en cada pueblo siempre
que puedan acomodarse al rito cristiano'.
1233. Hoy, pues, en todos los ritos latinos y orientales, la iniciación
cristiana de adultos comienza con su entrada en el catecumenado, para
alcanzar su punto culminante en una sola celebración de los tres sacramentos
del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. En los ritos orientales
la iniciación cristiana de los niños comienza con el bautismo, seguido
inmediatamente por la Confirmación y la Eucaristía, mientras que en el rito
romano se continúa durante unos años de catequesis, para acabar más tarde
con la Confirmación y la Eucaristía, cima de su iniciación cristiana.
1234. El sentido y la gracia del sacramento del Bautismo aparece claramente
en los ritos de su celebración. Cuando se participa atentamente en los
gestos y las palabras de esta celebración, los fieles se inician en las
riquezas que este sacramento significa y realiza en cada nuevo bautizado.
1235. La señal de la cruz, al comienzo de la celebración, señala la impronta
de Cristo sobre el que le va a pertenecer y significa la gracia de la
redención que Cristo nos ha adquirido por su cruz.
1236. El anuncio de la Palabra de Dios ilumina con la verdad revelada a los
candidatos y a la asamblea y suscita la respuesta de la fe, inseparable del
Bautismo. En efecto, el Bautismo es de un modo particular 'el sacramento de
la fe' por ser la entrada sacramental en la vida de fe.
1237. Puesto que el Bautismo significa la liberación del pecado y de su
instigador, el diablo, se pronuncian uno o varios exorcismos sobre el
candidato. Este es ungido con el óleo de los catecúmenos o bien el
celebrante le impone la mano y el candidato renuncia explícitamente a
Satanás. Así preparado, puede confesar la fe de la Iglesia, a la cual será
'confiado' por el Bautismo.
1238. El agua bautismal es entonces consagrada mediante una oración de
epíclesis [en el momento mismo o en la noche pascual]. La Iglesia pide a
Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre
esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella 'nazcan del agua y
del Espíritu' [Jn 3,5 .].
1239. Sigue entonces el rito esencial del sacramento: el Bautismo
propiamente dicho, que significa y realiza la muerte al pecado y la entrada
en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el
misterio pascual de Cristo. El Bautismo es realizado de la manera más
significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal. Pero desde
la antigüedad puede ser también conferido derramando tres veces agua sobre
la cabeza del candidato.
1240. En la Iglesia latina, esta triple infusión va acompañada de las
palabras del ministro: 'N., yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo
y del Espíritu Santo'. En las liturgias orientales, estando el catecúmeno
vuelto hacia el Oriente, el sacerdote dice: 'El siervo de Dios, N., es
bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo'. Y
mientras invoca a cada persona de la Santísima Trinidad, lo sumerge en el
agua y lo saca de ella.
1241. La unción con el santo crisma, óleo perfumado y consagrado por el
obispo, significa el don del Espíritu Santo al nuevo bautizado. Ha llegado a
ser un cristiano, es decir, 'ungido' por el Espíritu Santo, incorporado a
Cristo, que es ungido sacerdote, profeta y rey.
1242. En la liturgia de las Iglesias de Oriente, la unción postbautismal es
el sacramento de la Crismación [Confirmación]. En la liturgia romana, dicha
unción anuncia una segunda unción del santo crisma que dará el obispo: el
sacramento de la Confirmación que, por así decirlo, 'confirma' y da plenitud
a la unción bautismal.
1243. La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha 'revestido de
Cristo' [Ga 3,27 .]: ha resucitado con Cristo. El cirio que se enciende en
el cirio pascual, significa que Cristo ha iluminado al neófito. En Cristo,
los bautizados son 'la luz del mundo' [Mt 5,14 .].
El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios en el Hijo Unico. Puede ya decir la
oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro.
1244. La primera comunión eucarística. Hecho hijo de Dios, revestido de la
túnica nupcial, el neófito es admitido 'al festín de las bodas del Cordero'
y recibe el alimento de la vida nueva, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Las
Iglesias orientales conservan una conciencia viva de la unidad de la
iniciación cristiana, por lo que dan la sagrada comunión a todos los nuevos
bautizados y confirmados, incluso a los niños pequeños, recordando las
palabras del Señor: 'Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis' [Mc
10,14 .]. La Iglesia latina, que reserva el acceso a la Sagrada Comunión a
los que han alcanzado el uso de razón, expresa cómo el Bautismo introduce a
la Eucaristía acercando al altar al niño recién bautizado para la oración
del Padre Nuestro.
1245. La bendición solemne cierra la celebración del Bautismo. En el
Bautismo de recién nacidos, la bendición de la madre ocupa un lugar
especial.
IV.- Quien puede recibir el bautismo
1246. 'Es capaz de recibir el bautismo todo ser humano, aún no bautizado, y
sólo él'.
1247. En los orígenes de la Iglesia, cuando el anuncio del Evangelio está
aún en sus primeros tiempos, el Bautismo de adultos es la práctica más
común. El catecumenado [preparación para el Bautismo] ocupa entonces un
lugar importante. Iniciación a la fe y a la vida cristiana, el catecumenado
debe disponer a recibir el don de Dios en el Bautismo, la Confirmación y la
Eucaristía.
1248. El catecumenado, o formación de los catecúmenos, tiene por finalidad
permitir a estos últimos, en respuesta a la iniciativa divina y en unión con
una comunidad eclesial, llevar a madurez su conversión y su fe. Se trata de
una 'formación y noviciado debidamente prolongado de la vida cristiana, en
que los discípulos se unen con Cristo, su Maestro. Por lo tanto, hay que
iniciar adecuadamente a los catecúmenos en el misterio de la salvación, en
la práctica de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que deben
celebrarse en los tiempos sucesivos, e introducirlos en la vida de fe, la
liturgia y la caridad del Pueblo de Dios'.
1249. Los catecúmenos 'están ya unidos a la Iglesia, pertenecen ya a la casa
de Cristo y muchas veces llevan ya una vida de fe, esperanza y caridad'. 'La
madre Iglesia los abraza ya con amor tomándolos a su cargo'.:
1250. Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el
pecado original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el
Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al
dominio de la libertad de los hijos de Dios, a la que todos los hombres
están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta
particularmente en el bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres
privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le
administraran el Bautismo poco después de su nacimiento.
1251. Los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde
también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado.
1252. La práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición
inmemorial de la Iglesia. Está atestiguada explícitamente desde el siglo II.
Sin embargo, es muy posible que, desde el comienzo de la predicación
apostólica, cuando 'casas' enteras recibieron el Bautismo, se haya bautizado
también a los niños.
1253. El Bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe tiene necesidad de
la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno
de los fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta
y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse. Al catecúmeno o
a su padrino se le pregunta: '¿Qué pides a la Iglesia de Dios?' Y él
responde: '¡La fe!'.
1254. En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después
del Bautismo. Por eso, la Iglesia celebra cada año en la noche pascual la
renovación de las promesas del Bautismo. La preparación al Bautismo sólo
conduce al umbral de la vida nueva. El Bautismo es la fuente de la vida
nueva en Cristo, de la cual brota toda la vida cristiana.
1255. Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la
ayuda de los padres. Ese es también el papel del padrino o de la madrina,
que deben ser creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo
bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana. Su tarea es una
verdadera función eclesial [officium]. Toda la comunidad eclesial participa
de la responsabilidad de desarrollar y guardar la gracia recibida en el
Bautismo.
V.- Quien puede bautizar
1256. Son ministros ordinarios del Bautismo el obispo y el presbítero y, en
la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquier
persona, incluso no bautizada, si tiene la intención requerida, puede
bautizar. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la
Iglesia al bautizar, y emplear la fórmula bautismal trinitaria. La Iglesia
ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios y
en la necesidad del Bautismo para la salvación.
VI.- La necesidad del bautismo
1257. El Señor mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvación.
Por ello mandó a sus discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar a todas
las naciones. El Bautismo es necesario para la salvación en aquéllos a los
que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este
sacramento. La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la
entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar
la misión que ha recibido del Señor de hacer 'renacer del agua y del
Espíritu' a todos los que pueden ser bautizados. Dios ha vinculado la
salvación al sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no
queda reducida a los sacramentos.
1258. Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes
padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son
bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre
como el deseo del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser
sacramento.
1259. A los catecúmenos que mueren antes de su Bautismo, el deseo explícito
de recibir el Bautismo, unido al arrepentimiento de sus pecados y a la
caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el
sacramento.
1260. 'Cristo murió por todos y la vocación última del hombre es realmente
una sola, es decir, la vocación divina. En consecuencia, debemos creer que
el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido
sólo por Dios, se asocien a este misterio pascual'. Todo hombre que,
ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la
voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se puede suponer que
semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen
conocido su necesidad.
1261. En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede
confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias
por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los
hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir:
'Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis' [Mc 10,14 .], nos
permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que
mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia
a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo
Bautismo.
VII.- La gracia del bautismo
1262. Los distintos efectos del Bautismo son significados por los elementos
sensibles del rito sacramental. La inmersión en el agua evoca los
simbolismos de la muerte y de la purificación, pero también los de la
regeneración y de la renovación. Los dos efectos principales, por tanto, son
la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo.
1263. Por el Bautismo, todos los pecados son perdonados, el pecado original
y todos los pecados personales, así como todas las penas del pecado. En
efecto, en los que han sido regenerados no permanece nada que les impida
entrar en el Reino de Dios, ni el pecado de Adán, ni el pecado personal, ni
las consecuencias del pecado, la más grave de las cuales es la separación de
Dios.
1264. No obstante, en el bautizado permanecen ciertas consecuencias
temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte o las
fragilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, etc.,
así como una inclinación al pecado que la Tradición llama concupiscencia, o
'fomes peccati': 'La concupiscencia, dejada para el combate, no puede dañar
a los que no la consienten y la resisten con coraje por la gracia de
Jesucristo. Antes bien «el que legítimamente luchare, será coronado»[2Tm 2,5
.]'.
1265. El Bautismo no solamente purifica de todos los pecados, hace también
del neófito 'una nueva creación' [2Co 5,17 .], un hijo adoptivo de Dios que
ha sido hecho 'partícipe de la naturaleza divina', miembro de Cristo,
coheredero con El y templo del Espíritu Santo.
1266. La Santísima Trinidad da al bautizado la gracia santificante, la
gracia de la justificación que:
- le hace capaz de creer en Dios, de esperar en El y de amarlo mediante las
virtudes teologales;
- le concede poder vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo mediante
los dones del Espíritu Santo;
- le permite crecer en el bien mediante las virtudes morales.
Así todo el organismo de la vida sobrenatural del cristiano tiene su raíz en
el santo Bautismo.
1267. El Bautismo hace de nosotros miembros del Cuerpo de Cristo. 'Por
tanto... somos miembros los unos de los otros' [Ef 4,25 .]. El Bautismo
incorpora a la Iglesia. De las fuentes bautismales nace el único pueblo de
Dios de la Nueva Alianza que trasciende todos los límites naturales o
humanos de las naciones, las culturas, las razas y los sexos: 'Porque en un
solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo'
[1Co 12,13 .].
1268. Los bautizados vienen a ser 'piedras vivas' para 'edificación de un
edificio espiritual, para un sacerdocio santo' [1Pe 2,5 .]. Por el Bautismo
participan del sacerdocio de Cristo, de su misión profética y real, son
'linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para
anunciar las alabanzas de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su
admirable luz' [1Pe 2,9 .]. El Bautismo hace participar en el sacerdocio
común de los fieles.
1269. Hecho miembro de la Iglesia, el bautizado ya no se pertenece a sí
mismo, sino al que murió y resucitó por nosotros. Por tanto, está llamado a
someterse a los demás, a servirles en la comunión de la Iglesia, y a ser
'obediente y dócil' a los pastores de la Iglesia y a considerarlos con
respeto y afecto. Del mismo modo que el Bautismo es la fuente de
responsabilidades y deberes, el bautizado goza también de derechos en el
seno de la Iglesia: recibir los sacramentos, ser alimentado con la palabra
de Dios y ser sostenido por los otros auxilios espirituales de la Iglesia.
1270. Los bautizados 'por su nuevo nacimiento como hijos de Dios están
obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por
medio de la Iglesia' y de participar en la actividad apostólica y misionera
del Pueblo de Dios.
1271. El Bautismo constituye el fundamento de la comunión entre todos los
cristianos, e incluso con los que todavía no están en plena comunión con la
Iglesia católica: 'Los que creen en Cristo y han recibido válidamente el
bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia
católica..., justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a
Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y
son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos
en el Señor'. 'Por consiguiente, el bautismo constituye un vínculo
sacramental de unidad, vigente entre los que han sido regenerados por él'.
1272. Incorporado a Cristo por el Bautismo, el bautizado es configurado con
Cristo. El Bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble [character]
de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún pecado,
aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvación. Dado una vez
por todas, el Bautismo no puede ser reiterado.
1273. Incorporados a la Iglesia por el Bautismo, los fieles han recibido el
carácter sacramental que los consagra para el culto religioso cristiano. El
sello bautismal capacita y compromete a los cristianos a servir a Dios
mediante una participación viva en la santa Liturgia de la Iglesia y a
ejercer su sacerdocio bautismal por el testimonio de una vida santa y de una
caridad eficaz.
1274. El 'sello del Señor' ['Dominicus character'], es el sello con que el
Espíritu Santo nos ha marcado 'para el día de la redención' [Ef 4,30 .]. 'El
Bautismo, en efecto, es el sello de la vida eterna'. El fiel que 'guarde el
sello' hasta el fin, es decir, que permanezca fiel a las exigencias de su
Bautismo, podrá morir marcado con 'el signo de la fe', con la fe de su
Bautismo, en la espera de la visión bienaventurada de Dios -consumación de
la fe- y en la esperanza de la resurrección.
RESUMEN
1275. La iniciación cristiana se realiza mediante el conjunto de tres
sacramentos: el Bautismo, que es el comienzo de la vida nueva; la
Confirmación, que es su afianzamiento; y la Eucaristía, que alimenta al
discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para ser transformado en El.
1276. 'Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar
todo lo que yo os he mandado' [Mt 28,19-20 .].
1277. El Bautismo constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo. Según
la voluntad del Señor, es necesario para la salvación, como lo es la Iglesia
misma, a la que introduce el Bautismo.
1278. El rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al
candidato o derramar agua sobre su cabeza, pronunciando la invocación de la
Santísima Trinidad, es decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1279. El fruto del Bautismo, o gracia bautismal, es una realidad rica que
comprende: el perdón del pecado original y de todos los pecados personales;
el nacimiento a la vida nueva, por la cual el hombre es hecho hijo adoptivo
del Padre, miembro de Cristo, templo del Espíritu Santo. Por la acción misma
del bautismo, el bautizado es incorporado a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y
hecho partícipe del sacerdocio de Cristo.
1280. El Bautismo imprime en el alma un signo espiritual indeleble, el
carácter, que consagra al bautizado al culto de la religión cristiana. Por
razón del carácter, el Bautismo no puede ser reiterado.
1281. Los que padecen la muerte a causa de la fe, los catecúmenos y todos
los hombres que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer la Iglesia,
buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad, se salvan
aunque no hayan recibido el Bautismo.
1282. Desde los tiempos más antiguos, el Bautismo es dado a los niños,
porque es una gracia y un don de Dios que no suponen méritos humanos; los
niños son bautizados en la fe de la Iglesia. La entrada en la vida cristiana
da acceso a la verdadera libertad .
1283. En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de la Iglesia
nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a orar por su
salvación.
1284. En caso de necesidad, toda persona puede bautizar, con tal que tenga
la intención de hacer lo que hace la Iglesia, y que derrame agua sobre la
cabeza del candidato diciendo: 'Yo te bautizo en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo'.
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