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EL PADRE NUESTRO
2759. 'Estando él [Jesús] en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de
sus discípulos: «Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus
discípulos»' [Lc I 1,1 .]. En respuesta a esta petición, el Señor confía a
sus discípulos y a su Iglesia la oración cristiana fundamental. San Lucas da
de ella un texto breve [con cinco peticiones], san Mateo nos transmite una
versión más desarrollada [con siete peticiones]. La tradición litúrgica de
la Iglesia ha conservado el texto de san Mateo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
2760. Muy pronto, la práctica litúrgica concluyó la oración del Señor con
una doxología. En la Didaché se afirma: 'Tuyo es el poder y la gloria por
siempre'. Las Constituciones apostólicas añaden en el comienzo: 'el reino':
y ésta es la fórmula actual para la oración ecuménica. La tradición
bizantina añade después un gloria al 'Padre, Hijo y Espíritu Santo'. El
misal romano desarrolla la última petición [Embolismo: 'líbranos del mal']
en la perspectiva explícita de 'aguardando la feliz esperanza' [Tt 2,13 .] y
'la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo'; después se hace la
aclamación de la asamblea, volviendo a tomar la doxología de las
Constituciones apostólicas.
Resumen de todo el evangelio
2761. La oración dominical es, en verdad, el resumen de todo el Evangelio'.
'Cuando el Señor hubo legado esta fórmula de oración, añadió: «Pedid y se os
dará» [Lc 11,9 .]. Por tanto, cada uno puede dirigir al cielo diversas
oraciones según sus necesidades, pero comenzando siempre por la oración del
Señor que sigue siendo la oración fundamental'.
I.- Corazón de las sagradas escrituras
2762. Después de haber expuesto cómo los salmos son el alimento principal de
la oración cristiana y confluyen en las peticiones del Padre Nuestro, san
Agustín concluye:
Recorred todas las oraciones que hay en las Escrituras, y no creo que podáis
encontrar algo que no esté incluido en la oración dominical. [San Agustín]
2763. Toda la Escritura [la Ley, los Profetas y los Salmos] se cumple en
Cristo. El Evangelio es esta 'Buena Nueva'. Su primer anuncio está resumido
por san Mateo en el Sermón de la Montaña. Pues bien, la oración del Padre
Nuestro está en el centro de este anuncio. En este contexto se aclara cada
una de las peticiones de la oración que nos dio el Señor:
La oración dominical es la más perfecta de las Oraciones... En ella, no sólo
pedimos todo lo que podemos desear con rectitud, sino además según el orden
en que conviene desearlo. De modo que esta oración no sólo nos enseña a
pedir, sino que también forma toda nuestra afectividad. [Santo Tomás de
Aquino]
2764. El Sermón de la Montaña es doctrina de vida, la Oración dominical es
plegaria, pero en uno y otra el Espíritu del Señor da forma nueva a nuestros
deseos, esos movimientos interiores que animan nuestra vida. Jesús nos
enseña esta vida nueva por medio de sus palabras y nos enseña a pedirla por
medio de la oración. De la rectitud de nuestra oración dependerá la de
nuestra vida en El.
II.- La oración del Señor
2765. La expresión tradicional 'Oración dominical' [es decir, 'Oración del
Señor'] significa que la oración al Padre nos la enseñó y nos la dio el
Señor Jesús. Esta oración que nos viene de Jesús es verdaderamente única; es
la oración 'del Señor'. Por una parte, en efecto, por las palabras de esta
oración el Hijo único nos da las palabras que el Padre le ha dado: El es el
Maestro de nuestra oración. Por otra parte, como Verbo encarnado, conoce en
su corazón de hombre las necesidades de sus hermanos y hermanas los hombres,
y nos las revela: es el Modelo de nuestra oración.
2766. Pero Jesús no nos deja una fórmula para repetirla de modo mecánico.
Como en toda oración vocal, el Espíritu Santo, a través de la Palabra de
Dios, enseña a los hijos de Dios a hablar con su Padre. Jesús no sólo nos
enseña las palabras de la oración filial, sino que nos da también el
Espíritu por el que éstas se hacen en nosotros 'espíritu y vida' [Jn 6,63
.]. Más todavía: la prueba y la posibilidad de nuestra oración filial es que
el Padre 'ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:
«¡Abbá, Padre!»' [Ga 4,6 .]. Ya que nuestra oración interpreta nuestros
deseos ante Dios, es también 'el que escruta los corazones', el Padre, quien
'conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión en favor de
los santos es según Dios' [Rm 8,27 .]. La oración al Padre se inserta en la
misión misteriosa del Hijo y del Espíritu.
III.- Oración de la Iglesia
2767. Este don indisociable de las palabras del Señor y del Espíritu Santo
que les da vida en el corazón de los creyentes ha sido recibido y vivido por
la Iglesia desde los comienzos. Las primeras comunidades recitan la Oración
del Señor 'tres veces al día', en lugar de las 'Dieciocho bendiciones' de la
piedad judía.
2768. Según la Tradición apostólica, la Oración del Señor está arraigada
esencialmente en la oración litúrgica.
El Señor nos enseña a orar en común por todos nuestros hermanos. Porque El
no dice 'Padre mío' que estás en el cielo, sino 'Padre nuestro', a fin de
que nuestra oración sea de una sola alma para todo el Cuerpo de la Iglesia.
En todas las tradiciones litúrgicas, la Oración del Señor es parte
integrante de las principales Horas del Oficio divino. Este carácter
eclesial aparece con evidencia, sobre todo, en los tres sacramentos de la
iniciación cristiana:
2769. En el Bautismo y la Confirmación, la entrega ['traditio'] de la
Oración del Señor significa el nuevo nacimiento a la vida divina. Como la
oración cristiana es hablar con Dios con la misma Palabra de Dios, 'los que
son engendrados de nuevo por la Palabra del Dios vivo' [1Pe 1,23 .] aprenden
a invocar a su Padre con la única Palabra que El escucha siempre. Y pueden
hacerlo de ahora en adelante porque el Sello de la Unción del Espíritu Santo
ha sido grabado indeleble en sus corazones, sus oídos, sus labios, en todo
su ser filial. Por eso, la mayor parte de los comentarios patrísticos del
Padre Nuestro están dirigidos a los catecúmenos y a los neófitos. Cuando la
Iglesia reza la Oración del Señor, es siempre el Pueblo de los 'neófitos' el
que ora y obtiene misericordia.
2770. En la Liturgia eucarística, la Oración del Señor aparece como la
oración de toda la Iglesia. Allí se revela su sentido pleno y su eficacia.
Situada entre la Anáfora [Oración eucarística] y la liturgia de la Comunión,
recapitula, por una parte, todas las peticiones e intercesiones expresadas
en el movimiento de la epíclesis, y, por otra parte, llama a la puerta del
Festín del Reino que la comunión sacramental va a anticipar.
2771. En la Eucaristía, la Oración del Señor manifiesta también el carácter
escatológico de sus peticiones. Es la oración propia de los 'últimos
tiempos', tiempos de salvación que han comenzado con la efusión del Espíritu
Santo y que terminarán con la Vuelta del Señor. Las peticiones al Padre, a
diferencia de las oraciones de la Antigua Alianza, se apoyan en el misterio
de salvación ya realizado, de una vez por todas, en Cristo crucificado y
resucitado.
2772. De esta fe inquebrantable brota la esperanza que suscita cada una de
las siete peticiones. Estas expresan los gemidos del tiempo presente, este
tiempo de paciencia y de espera durante el cual 'aún no se ha manifestado lo
que seremos' [1Jn 3,2 .]. La Eucaristía y el Padre Nuestro están orientados
hacia la venida del Señor, '¡hasta que venga!' [1Co 11,26 .].
RESUMEN
2773. En respuesta a la petición de sus discípulos ['Señor, enséñanos a
orar': Lc 11,1 .], Jesús les entrega la oración cristiana fundamental, el
'Padre Nuestro'.
2774. 'La Oración dominical es, en verdad, el resumen de todo el Evangelio',
'la más perfecta de las oraciones '. Es el corazón de las Sagradas
Escrituras.
2775. Se llama 'Oración dominical' porque nos viene del Señor Jesús, Maestro
y modelo de nuestra oración.
2776. La Oración dominical es la oración por excelencia de la Iglesia. Forma
parte integrante de las principales Horas del Oficio divino y de la
celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo,
Confirmación y Eucaristía. Inserta en la Eucaristía, manifiesta el carácter
'escatológico' de sus peticiones, en la esperanza del Señor, 'hasta que
venga' [1Co 11,26 .].
Padre Nuestro que estás en el cielo
I. Acercarse a él con toda confianza
2777. En la liturgia romana, se invita a la asamblea eucarística a rezar el
Padre Nuestro con una audacia filial; las liturgias orientales usan y
desarrollan expresiones análogas: 'Atrevernos con toda confianza', 'Haznos
dignos de'. Ante la zarza ardiendo, se le dijo a Moisés: 'No te acerques
aquí. Quita las sandalias de tus pies' [Ex 3,5 .]. Este umbral de la
santidad divina, sólo lo podía franquear Jesús, el que 'después de llevar a
cabo la purificación de los pecados' [Hb 1,3 .], nos introduce en presencia
del Padre: 'Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me dio' [Hb 2,13 .]:
La conciencia que tenemos de nuestra condición de esclavos nos haría
meternos bajo tierra, nuestra condición terrena se desharía en polvo, si la
autoridad de nuestro mismo Padre y el Espíritu de su Hijo, no nos empujasen
a proferir este grito: «Abbá, Padre» [Rm 8,15 .]...
¿Cuándo la debilidad de un mortal se atrevería a llamar a Dios Padre suyo,
sino solamente cuando lo íntimo del hombre está animado por el Poder de lo
alto? [San Pedro Crisólogo]
2778. Este poder del Espíritu que nos introduce en la Oración del Señor se
expresa en las liturgias de Oriente y de Occidente con la bella palabra,
típicamente cristiana: 'parrhesia', simplicidad sin desviación, conciencia
filial, seguridad alegre, audacia humilde, certeza de ser amado
II.- ¡Padre!
2779. Antes de hacer nuestra esta primera exclamación de la Oración del
Señor, conviene purificar humildemente nuestro corazón de ciertas imágenes
falsas de 'este mundo'. La humildad nos hace reconocer que 'nadie conoce al
Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar', es decir
'a los pequeños' [Mt 11,25-27 .]. La purificación del corazón concierne a
imágenes paternales o maternales, correspondientes a nuestra historia
personal y cultural, y que impregnan nuestra relación con Dios. Dios nuestro
Padre trasciende las categorías del mundo creado. Transferir a él, o contra
él, nuestras ideas en este campo sería fabricar ídolos para adorar o
demoler. Orar al Padre es entrar en su misterio, tal como El es, y tal como
el Hijo nos lo ha revelado:
La expresión Dios Padre no había sido revelada jamás a nadie. Cuando Moisés
preguntó a Dios quién era El, oyó otro nombre. A nosotros este nombre nos ha
sido revelado en el Hijo, porque este nombre implica el nuevo nombre de
Padre. [Tertuliano]
2780. Podemos invocar a Dios como 'Padre' porque El nos ha sido revelado por
su Hijo hecho hombre y su Espíritu nos lo hace conocer. Lo que el hombre no
puede concebir ni los poderes angélicos entrever, es decir, la relación
personal del Hijo hacia el Padre, he aquí que el Espíritu del Hijo nos la
hace participar a quienes creemos que Jesús es el Cristo y que hemos nacido
de Dios.
2781. Cuando oramos al Padre estamos en comunión con El y con su Hijo,
Jesucristo. Entonces le conocemos y lo reconocemos con admiración siempre
nueva. La primera palabra de la Oración del Señor es una bendición de
adoración, antes de ser una imploración. Porque la Gloria de Dios es que
nosotros le reconozcamos como 'Padre', Dios verdadero. Le damos gracias por
habernos revelado su Nombre, por habernos concedido creer en El y por haber
sido habitados por su presencia.
2782. Podemos adorar al Padre porque nos ha hecho renacer a su vida al
adoptarnos como hijos suyos en su Hijo único: por el Bautismo nos incorpora
al Cuerpo de su Cristo, y, por la Unción de su Espíritu que se derrama desde
la Cabeza a los miembros, hace de nosotros 'cristos':
Dios, en efecto, que nos ha destinado a la adopción de hijos, nos ha
conformado con el Cuerpo glorioso de Cristo. Por tanto, de ahora en
adelante, como participantes de Cristo, sois llamados 'cristos' con todo
derecho. [San Cirilo de Jerusalén]
El hombre nuevo, que ha renacido y vuelto a su Dios por la gracia, dice
primero: '¡Padre!', porque ha sido hecho hijo. [San Cipriano de [Cartago]
2783. Así pues, por la Oración del Señor, hemos sido revelados a nosotros
mismos al mismo tiempo que nos ha sido revelado el Padre:
Tú, hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los
ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos
tus pecados te han sido perdonados. De siervo malo, te has convertido en
buen hijo... Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por
medio de su Hijo y di: Padre nuestro... Pero no reclames ningún privilegio.
No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros
nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro,
para merecer ser hijo suyo. [San Ambrosio]
2784. Este don gratuito de la adopción exige por nuestra parte una
conversión continua y una vida nueva. Orar a nuestro Padre debe desarrollar
en nosotros dos disposiciones fundamentales:
El deseo y la voluntad de asemejarnos a él. Creados a su imagen, la
semejanza se nos ha dado por gracia y tenemos que responder a ella.
Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios «Padre nuestro», de que
debemos comportarnos como hijos de Dios. [San Cipriano de Cartago]
No podéis llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un
corazón cruel e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la
señal de la bondad del Padre celestial. [San Juan Crisóstomo]
Es necesario contemplar continuamente la belleza del Padre e impregnar de
ella nuestra alma. [San Gregorio de Nisa]
2785. Un corazón humilde y confiado que nos hace volver a 'ser como niños' [Mt
18,3 .]; porque el Padre se revela a los 'pequeños' [Mt 1,25 .]:
Es una mirada a Dios y sólo a El, un gran fuego de amor. El alma se hunde y
se abisma allí en la santa dilección y habla con Dios como con su propio
Padre, muy familiarmente, con una entrañable ternura de piedad. [San Juan
Casiano]
Padre nuestro: este nombre suscita en nosotros todo a la vez, el amor, el
gusto en la oración, y también la esperanza de obtener lo que vamos a
pedir... ¿Qué puede El, en efecto, negar a la oración de sus hijos, cuando
ya previamente les ha permitido ser sus hijos? [San Agustín]
III.- Padre Nuestro
2786. Padre 'Nuestro' se refiere a Dios. Este adjetivo, por nuestra parte,
no expresa una posesión, sino una relación totalmente nueva con Dios.
2787. Cuando decimos Padre 'nuestro', reconocemos ante todo que todas sus
promesas de amor anunciadas por los profetas se han cumplido en la nueva y
eterna Alianza en Cristo: hemos llegado a ser 'su Pueblo' y El es desde
ahora en adelante 'nuestro Dios'. Esta relación nueva es una pertenencia
mutua dada gratuitamente: por amor y fidelidad tenemos que responder a la
'gracia' y a la 'verdad' que nos han sido dadas en Jesucristo [Jn 1,17 .].
2788. Como la Oración del Señor es la de su Pueblo en los 'últimos tiempos',
ese 'nuestro' expresa también la certeza de nuestra esperanza en la última
promesa de Dios: en la nueva Jerusalén dirá al vencedor: 'Yo seré su Dios y
él será mi hijo' [Ap 21,7 .].
2789. Al decir Padre 'nuestro' nos dirigimos personalmente al Padre de
nuestro Señor Jesucristo. No dividimos la divinidad, ya que el Padre es su
'fuente y origen', sino que confesamos que eternamente el Hijo es engendrado
por El y que de El procede el Espíritu Santo. No confundimos de ninguna
manera las personas, ya que confesamos que nuestra comunión es con el Padre
y su Hijo, Jesucristo, en su único Espíritu Santo. La Santísima Trinidad es
consubstancial e indivisible. Cuando oramos al Padre, le adoramos y le
glorificamos con el Hijo y el Espíritu Santo.
2790. Gramaticalmente, 'nuestro' califica una realidad común a varios. No
hay más que un solo Dios y es reconocido Padre por aquellos que, por la fe
en su Hijo único, han renacido de El por el agua y por el Espíritu. La
Iglesia es esta nueva comunión de Dios y de los hombres: unida con el Hijo
único hecho 'el primogénito de una multitud de hermanos' [Rm 8,29 .], se
encuentra en comunión con un solo y mismo Padre, en un solo y mismo
Espíritu. Al decir Padre 'nuestro', la oración de cada bautizado se hace en
esta comunión: 'La multitud de creyentes no tenía más que un solo corazón y
una sola alma' [Hch 4,32 .].
2791. Por eso, a pesar de las divisiones entre los cristianos, la oración al
Padre 'nuestro' continúa siendo un bien común y un llamamiento apremiante
para todos los bautizados. En comunión con Cristo por la fe y el Bautismo,
los cristianos deben participar en la oración de Jesús por la unidad de sus
discípulos.
2792. Por último, si recitamos en verdad el 'Padre Nuestro', salimos del
individualismo, porque de él nos libera el Amor que recibimos. El adjetivo
'nuestro' al comienzo de la Oración del Señor, así como el 'nosotros' de las
cuatro últimas peticiones no es exclusivo de nadie. Para que se diga en
verdad, debemos superar nuestras divisiones y los conflictos entre nosotros.
2793. Los bautizados no pueden rezar al Padre 'nuestro' sin llevar con ellos
ante El a todos aquéllos por los que el Padre ha entregado a su Hijo amado.
El amor de Dios no tiene fronteras, nuestra oración tampoco debe tenerlas.
Orar a 'nuestro' Padre nos abre a dimensiones de su Amor manifestado en
Cristo: orar con todos los hombres y por todos los que no le conocen aún
para que 'estén reunidos en la unidad'. Esta solicitud divina por todos los
hombres y por toda la creación ha inspirado a todos los grandes orantes: tal
solicitud debe ensanchar nuestra oración en un amor sin límites cuando nos
atrevemos a decir Padre 'nuestro'.
IV.- Que estás en el cielo
2794. Esta expresión bíblica no significa un lugar ['el espacio'] sino una
manera de ser; no el alejamiento de Dios sino su majestad. Dios Padre no
está 'fuera', sino 'más allá de todo' lo que, acerca de la santidad divina,
puede el hombre concebir. Como es tres veces Santo, está totalmente cerca
del corazón humilde y contrito:
Con razón, estas palabras «Padre nuestro que estás en el cielo» hay que
entenderlas en relación al corazón de los justos en el que Dios habita como
en su templo. Por eso también el que ora desea ver que reside en él Aquel a
quien invoca. [San Agustín]
El 'cielo' bien podía ser también aquellos que llevan la imagen del mundo
celestial, y en los que Dios habita y se pasea. [San Cirilo de Jerusalén]
2795. El símbolo del cielo nos remite al misterio de la Alianza que vivimos
cuando oramos al Padre. El está en el cielo, es su morada, la Casa del Padre
es, por tanto, nuestra 'patria'. De la patria de la Alianza el pecado nos ha
desterrado y hacia el Padre, hacia el cielo, la conversión del corazón nos
hace volver. En Cristo se han reconciliado el cielo y la tierra, porque el
Hijo 'ha bajado del cielo', solo, y nos hace subir allí con El, por medio de
su Cruz, su Resurrección y su Ascensión.
2796. Cuando la Iglesia ora diciendo 'Padre nuestro que estás en el cielo',
profesa que somos el Pueblo de Dios 'sentado en el cielo, en Cristo Jesús' [Ef
2,6 .], 'ocultos con Cristo en Dios' [Col 3,3 .], y, al mismo tiempo,
'gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra
habitación celestial' [2Co 5,2 .],
Los cristianos están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan su
vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. [Carta a Diogneto]
RESUMEN
2797. La confianza sencilla y fiel, y la seguridad humilde y alegre son las
disposiciones propias del que reza el 'Padre Nuestro'.
2798. Podemos invocar a Dios como 'Padre' porque nos lo ha revelado el Hijo
de Dios hecho hombre, en quien, por el Bautismo, somos incorporados y
adoptados como hijos de Dios.
2799. La Oración del Señor nos pone en comunión con el Padre y con su Hijo,
Jesucristo. Al mismo tiempo, nos revela a nosotros mismos.
2800. Orar al Padre debe hacer crecer en nosotros la voluntad de asemejarnos
a El, así como debe fortalecer un corazón humilde y confiado.
2801. Al decir Padre 'nuestro ', invocamos la nueva Alianza en Jesucristo,
la comunión con la Santísima Trinidad y la caridad divina que se extiende
por medio de la Iglesia a lo largo del mundo.
2802. 'Que estás en el cielo' no designa un lugar, sino la majestad de Dios
y su presencia en el corazón de los justos. El cielo, la Casa del Padre,
constituye la verdadera patria hacia donde tendemos y a la que ya
pertenecemos.
Las siete peticiones
2803. Después de habernos puesto en presencia de Dios nuestro Padre para
adorarle, amarle y bendecirle, el Espíritu filial hace surgir de nuestros
corazones siete peticiones, siete bendiciones. Las tres primeras, más
teologales, nos atraen hacia la Gloria del Padre; las cuatro últimas, como
caminos hacia El, ofrecen nuestra miseria a su Gracia. 'Abismo que llama al
abismo' [Sal 42,8 .].
2804. El primer grupo de peticiones nos lleva hacia El, para El: ¡tu Nombre,
tu Reino, tu Voluntad! Lo propio del amor es pensar primeramente en Aquel
que amamos. En cada una de estas tres peticiones, nosotros no 'nos'
nombramos, sino que lo que nos mueve es 'el deseo ardiente', 'el ansia' del
Hijo amado, por la Gloria de su Padre: 'Santificado sea... venga...
hágase...': estas tres súplicas ya han sido escuchadas en el Sacrificio de
Cristo Salvador, pero ahora están orientadas, en la esperanza, hacia su
cumplimiento final mientras Dios no sea todavía todo en todos.
2805. El segundo grupo de peticiones se desenvuelve en el movimiento de
ciertas epíclesis eucarísticas: son la ofrenda de nuestra esperanza y atrae
la mirada del Padre de las misericordias. Brota de nosotros y nos afecta ya
ahora, en este mundo: 'danos... perdónanos... no nos dejes... líbranos'. La
cuarta y la quinta petición se refieren a nuestra vida como tal, sea para
alimentarla, sea para sanarla del pecado; las dos últimas se refieren a
nuestro combate por la victoria de la Vida, el combate mismo de la oración.
2806. Mediante las tres primeras peticiones somos afirmados en la fe,
colmados de esperanza y abrasados por la caridad. Como criaturas y pecadores
todavía, debemos pedir para nosotros, un 'nosotros' que abarca el mundo y la
historia, que ofrecemos al amor sin medida de nuestro Dios. Porque nuestro
Padre cumple su plan de salvación para nosotros y para el mundo entero por
medio del Nombre de Cristo y del Reino del Espíritu Santo.
I.- Santificado sea tu nombre
2807. El término 'santificar' debe entenderse aquí, en primer lugar, no en
su sentido causativo [sólo Dios santifica, hace santo], sino sobre todo en
un sentido estimativo: reconocer como santo, tratar de una manera santa. Así
es como, en la adoración, esta invocación se entiende a veces como una
alabanza y una acción de gracias. Pero Jesús nos enseña esta petición como
algo que hemos de desear ardientemente y como un proyecto en el que se
comprometen Dios y el hombre a la vez. Desde la primera petición a nuestro
Padre, estamos sumergidos en el misterio intimo de su Divinidad y en el
drama de la salvación de nuestra humanidad. Pedirle que su Nombre sea
santificado nos implica en 'el benévolo designio que él se propuso de
antemano' para que nosotros seamos 'santos e inmaculados en su presencia, en
el amor'.
2808. En los momentos decisivos de su Economía, Dios revela su Nombre, pero
lo revela realizando su obra. Esta obra no se realiza para nosotros y en
nosotros sino en la medida en que su Nombre es santificado por nosotros y en
nosotros.
2809. La santidad de Dios es el hogar inaccesible de su misterio eterno. Lo
que se manifiesta de El en la creación y en la historia, la Escritura lo
llama Gloria, la irradiación de su Majestad. Al crear al hombre 'a su imagen
y semejanza' [Gn 1,26 .], Dios 'lo corona de gloria' [Sal 8,6 .], pero al
pecar, el hombre queda 'privado de la Gloria de Dios' [Rm 3,23 .]. A partir
de entonces, Dios manifestará su Santidad revelando y dando su Nombre, para
restituir al hombre 'a la imagen de su Creador' [Col 3,10 .].
2810. En la promesa hecha a Abraham y en el juramento que la acompaña, Dios
se compromete a sí mismo sin revelar su Nombre. Empieza a revelarlo a Moisés
y lo manifiesta a los ojos de todo el pueblo salvándolo de los egipcios: 'se
cubrió de Gloria'. Desde la Alianza del Sinai, este pueblo es 'suyo' y debe
ser una 'nación santa' porque el Nombre de Dios habita en él.
2811. A pesar de la Ley santa que le da y le vuelve a dar el Dios Santo, y
aunque el Señor "tuvo respeto a su Nombre" y usó de paciencia, el pueblo se
separó del Santo de Israel y profanó su Nombre entre las naciones. Por eso,
los justos de la Antigua Alianza, los pobres que regresaron del exilio y los
profetas, se sintieron inflamados de pasión por su Nombre.
2812. Finalmente, el Nombre de Dios Santo se nos ha revelado y dado, en la
carne, en Jesús, como Salvador: revelado por lo que El es, por su Palabra y
por su Sacrificio. Esto es el núcleo de su oración sacerdotal: 'Padre
santo... por ellos me consagro a mi mismo, para que ellos también sean
consagrados en la verdad' [Jn 17,19 .]. Jesús nos 'manifiesta' el Nombre del
Padre porque 'santifica' El mismo su Nombre. Al terminar su Pascua, el Padre
le da el Nombre que está sobre todo nombre: Jesús es 'Señor para gloria de
Dios Padre' [Flp 2,9-11 .].
2813. En el agua del bautismo, hemos sido 'lavados, santificados,
justificados en el Nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro
Dios' [1Co 6,11 .]. A lo largo de nuestra vida, nuestro Padre 'nos llama a
la santidad' [1 Ts 4,7.] y como nos viene de El que 'estemos en Cristo
Jesús, al cual hizo Dios para nosotros santificación' [1Co 1,30 .], es
cuestión de su Gloria y de nuestra vida el que su Nombre sea santificado en
nosotros y por nosotros. Tal es la exigencia de nuestra primera petición.
¿Quién podría santificar a Dios puesto que El santifica? Inspirándonos
nosotros en estas palabras «Sed santos porque yo soy santo» [Rm 2,24 .]. Por
tanto, rogamos para merecer tener en nuestras almas tanta santidad como
santo es el nombre de nuestro Dios. [San Pedro Crisólogo]
Cuando decimos «santificado sea tu Nombre», pedimos que sea santificado en
nosotros que estamos en él, pero también en los otros a los que la gracia de
Dios espera todavía para conformarnos al precepto que nos obliga a orar por
todos, incluso por nuestros enemigos. He ahí por qué no decimos
expresamente: Santificado sea tu Nombre «en nosotros», porque pedimos que lo
sea en todos los hombres. [Tertuliano]
2815. Esta petición, que contiene todas las demás, es escuchada gracias a la
oración de Cristo, como las otras seis que siguen. La oración del Padre
Nuestro es oración nuestra si se hace 'en el Nombre' de Jesús. Jesús pide en
su oración sacerdotal: 'Padre santo, cuida en tu Nombre a los que me has
dado' [Jn 17,11 .].
II.- Venga a nosotros tu reino
2816. En el Nuevo Testamento, la palabra 'basileia' se puede traducir por
realeza [nombre abstracto], reino [nombre concreto] o reinado [de reinar,
nombre de acción]. El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el
Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la
muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Ultima
Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la
gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:
Incluso puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual
llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su
advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque
resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él
reinaremos. [San Cipriano de Cartago]
2817. Esta petición es el 'Marana Tha', el grito del Espíritu y de la
Esposa: 'Ven, Señor Jesús':
Incluso aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del
Reino, habríamos tenido que expresar esta petición, dirigiéndonos con
premura a la meta de nuestras esperanzas. Las almas de los mártires, bajo el
altar, invocan al Señor con grandes gritos: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y
veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de
la tierra?» [Ap 6, l0 .]. En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia
al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino!
[Tertuliano]
2818. En la Oración del Señor, se trata principalmente de la venida final
del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo. Pero este deseo no
distrae a la Iglesia de su misión en este mundo, más bien la compromete.
Porque desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor
'a fin de santificar todas las cosas llevando a plenitud su obra en el
mundo'.
2819. 'El Reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo' [Rm
14,17 .]. Los últimos tiempos en los que estamos son los de la efusión del
Espíritu Santo. Desde entonces está entablado un combate decisivo entre 'la
carne' y el Espíritu:
Sólo un corazón puro puede decir con seguridad; «¡Venga a nosotros tu
Reino!» Es necesario haber estado en la escuela de Pablo para decir: «Que el
pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal» [Rm 6,12 .]. El que se conserva
puro en sus acciones, sus pensamientos y sus palabras, puede decir a Dios:
«¡Venga tu Reino!». [San Cirilo de Jerusalén]
2820. Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre
el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción
de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una
separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que
refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos
del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz.
2821. Esta petición está sostenida y escuchada en la oración de Jesús,
presente y eficaz en la Eucaristía; su fruto es la vida nueva según las
Bienaventuranzas.
III.- Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo
2822. "La voluntad de nuestro Padre es 'que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento pleno de la verdad' [1Tm 2,3-4 .]. El 'usa de
paciencia, no queriendo que algunos perezcan'[2Pe 3,9.]. Su mandamiento que
resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que 'nos amemos
los unos a los otros como él nos ha amado'.
2823. El nos ha dado a 'conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo
designio que en él se propuso de antemano...: hacer que todo tenga a Cristo
por Cabeza... a él por quien entramos en herencia, elegidos de antemano
según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su
Voluntad' [Ef 1,9-11 .]. Pedimos con insistencia que se realice plenamente
este designio de benevolencia, en la tierra como ya ocurre en el cielo.
2824. En Cristo, y por medio de su voluntad humana, la voluntad del Padre
fue cumplida perfectamente y de una vez por todas. Jesús dijo al entrar en
el mundo: 'He aquí que yo vengo, oh Dios, a hacer tu voluntad' [Hb 10,7 ;
Sal 40,7 .]. Sólo Jesús puede decir: 'Yo hago siempre lo que le agrada a él'
[Jn 8,29 .]. En la oración de su agonía, acoge totalmente esta Voluntad: 'No
se haga mi voluntad sino la tuya' [Lc 22,42 .]. He aquí por qué Jesús 'se
entregó a sí mismo por nuestros pecados según la voluntad de Dios' [Ga 1,4
.]. 'Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación
de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo' [Hb 10,10 .].
2825. Jesús, 'aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la
obediencia' [Hb 5,8 .]. ¡Con cuánta más razón la deberemos experimentar
nosotros, criaturas y pecadores, que hemos llegado a ser hijos de adopción
en El! Pedimos a nuestro Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para
cumplir su voluntad, su designio de salvación para la vida del mundo.
Nosotros somos radicalmente impotentes para ello, pero unidos a Jesús y con
el poder de su Espíritu Santo, podemos poner en sus manos nuestra voluntad y
decidir escoger lo que su Hijo siempre ha escogido: hacer lo que agrada al
Padre:
Adheridos a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con El, y así
cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará tanto en la tierra como en
el cielo. [Orígenes]
Considerad cómo Jesucristo nos enseña a ser humildes, haciéndonos ver que
nuestra virtud no depende sólo de nuestro esfuerzo sino de la gracia de
Dios. E:1 ordena a cada fiel que ora, que lo haga universalmente por toda la
tierra. Porque no dice «Que tu voluntad se haga» en mí o en vosotros «sino
en toda la tierra»: para que el error sea desterrado de ella, que la verdad
reine en ella, que el vicio sea destruido en ella, que la virtud vuelva a
florecer en ella y que la tierra ya no sea diferente del cielo. [San Juan
Crisóstomo]
2826. Por la oración, podemos 'discernir cuál es la voluntad de Dios' [Rm
12,2 .] y obtener 'constancia para cumplirla'. Jesús nos enseña que se entra
en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino 'haciendo la voluntad
de mi Padre que está en los cielos' [Mt 7,21 ].
2827. 'Si alguno cumple la voluntad de Dios, a ése le escucha'. Tal es el
poder de la oración de la Iglesia en el Nombre de su Señor, sobre todo en la
Eucaristía; es comunión de intercesión con la Santísima Madre de Dios y con
todos los santos que han sido 'agradables' al Señor por no haber querido más
que su Voluntad:
Incluso podemos, sin herir la verdad, cambiar estas palabras: «Hágase tu
voluntad en la tierra como en el cielo», por estas otras: en la Iglesia como
en nuestro Señor Jesucristo; en la Esposa que le ha sido desposada, como en
el Esposo que ha cumplido la voluntad del Padre. [San Agustín]
IV.- Danos hoy nuestro pan de cada día
2828. 'Danos': es hermosa la confianza de los hijos que esperan todo de su
Padre. 'Hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e
injustos' [Mt 5,45 .] y da a todos los vivientes 'a su tiempo su alimento'
[Sal 104,27 .]. Jesús nos enseña esta petición; con ella se glorifica, en
efecto, a nuestro Padre reconociendo hasta qué punto es Bueno más allá de
toda bondad.
2829. Además, 'danos' es la expresión de la Alianza: nosotros somos de El y
El de nosotros, para nosotros. Pero este 'nosotros' lo reconoce también como
Padre de todos los hombres, y nosotros le pedimos por todos ellos, en
solidaridad con sus necesidades y sus sufrimientos.
2830. 'Nuestro pan '. El Padre que nos da la vida no puede dejar de darnos
el alimento necesario para ella, todos los bienes convenientes, materiales y
espirituales. En el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en esta confianza
filial que coopera con la Providencia de nuestro Padre. No nos impone
ninguna pasividad, sino que quiere librarnos de toda inquietud agobiante y
de toda preocupación. Así es el abandono filial de los hijos de Dios:
A los que buscan el Reino y la justicia de Dios, El les promete darles todo
por añadidura. Todo en efecto pertenece a Dios: al que posee a Dios, nada le
falta, si él mismo no falta a Dios. [San Cipriano de Cartago]
2831. Pero la existencia de hombres que padecen hambre por falta de pan
revela otra hondura de esta petición. El drama del hambre en el mundo, llama
a los cristianos que oran en verdad a una responsabilidad efectiva hacia sus
hermanos, tanto en sus conductas personales como en su solidaridad con la
familia humana. Esta petición de la Oración del Señor no puede ser aislada
de las parábolas del pobre Lázaro y del juicio final.
2832. Como la levadura en la masa, la novedad del Reino debe fermentar la
tierra con el Espíritu de Cristo. Debe manifestarse por la instauración de
la justicia en las relaciones personales y sociales, económicas e
internacionales, sin olvidar jamás que no hay estructura justa sin seres
humanos que quieran ser justos.
2833. Se trata de 'nuestro' pan, 'uno' para 'muchos': La pobreza de las
Bienaventuranzas entraña compartir los bienes: invita a comunicar y
compartir bienes materiales y espirituales, no por la fuerza sino por amor,
para que la abundancia de unos remedie las necesidades de otros.
2834. 'Ora et labora'. 'Orad como si todo dependiese de Dios y trabajad como
si todo dependiese de vosotros'. Una vez hecho nuestro trabajo, el alimento
viene a ser un don del Padre; es bueno pedírselo y darle gracias por él.
Este es el sentido de la bendición de la mesa en una familia cristiana.
2835. Esta petición y la responsabilidad que implica sirven además para otra
clase de hambre de la que desfallecen los hombres: 'No sólo de pan vive el
hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios' [Dt
8,3 .], es decir, de su Palabra y de su Espíritu. Los cristianos deben
movilizar todos sus esfuerzos para 'anunciar el Evangelio a los pobres'. Hay
hambre sobre la tierra, 'mas no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír
la Palabra de Dios' [Am 8,11 .]. Por eso, el sentido específicamente
cristiano de esta cuarta petición se refiere al Pan de Vida: la Palabra de
Dios que se tiene que acoger en la fe, el Cuerpo de Cristo recibido en la
Eucaristía.
2836. 'Hoy' es también una expresión de confianza. El Señor nos lo enseña;
no hubiéramos podido inventarlo. Como se trata sobre todo de su Palabra y
del Cuerpo de su Hijo, este 'hoy' no es solamente el de nuestro tiempo
mortal: es el Hoy de Dios:
Si recibes el pan cada día, cada día para ti es hoy. Si Jesucristo es para
ti hoy, todos los días resucita para ti. ¿Cómo es eso? «Tú eres mi Hijo; yo
te he engendrado hoy» [Sal 2,7 .]. Hoy, es decir, cuando Cristo resucita.
[San Ambrosio]
2837. 'De cada día'. La palabra griega, 'epiousios', sólo se emplea aquí en
todo el Nuevo Testamento. Tomada en un sentido temporal, es una repetición
pedagógica de 'hoy' para confirmarnos en una confianza 'sin reserva'. Tomada
en un sentido cualitativo, significa lo necesario a la vida, y más
ampliamente cualquier bien suficiente para la subsistencia. Tomada al pie de
la letra [epiousios: 'lo más esencial'], designa directamente el Pan de
Vida, el Cuerpo de Cristo, 'remedio de inmortalidad' sin el cual no tenemos
la Vida en nosotros. Finalmente, ligado a lo que precede, el sentido
celestial es claro: este 'día' es el del Señor, el del Festín del Reino,
anticipado en la Eucaristía, en que pregustamos el Reino venidero. Por eso
conviene que la liturgia eucarística se celebre 'cada día'.
La Eucaristía es nuestro pan cotidiano. La virtud propia de este divino
alimento es una fuerza de unión: nos une al Cuerpo del Salvador y hace de
nosotros sus miembros para que vengamos a ser lo que recibimos... Este pan
cotidiano se encuentra, además, en las lecturas que oís cada día en la
iglesia, en los himnos que se cantan y que vosotros cantáis. Todo eso es
necesario en nuestra peregrinación. [San Agustín]
El Padre del cielo nos exhorta a pedir como hijos del cielo el Pan del
cielo. Cristo 'mismo es el pan que, sembrado en la Virgen, florecido en la
Carne, amasado en la Pasión, cocido en el Horno del sepulcro, reservado en
la iglesia, llevado a los altares, suministra cada día a los fieles un
alimento celestial'. [San Pedro Crisólogo]
V.- Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden
2838. Esta petición es sorprendente. Si sólo comprendiera la primera parte
de la frase -'perdona nuestras ofensas'-, podría estar incluida,
implícitamente, en las tres primeras peticiones de la Oración del Señor, ya
que el Sacrificio de Cristo es 'para la remisión de los pecados'. Pero,
según el segundo miembro de la frase, nuestra petición no será escuchada si
no hemos respondido antes a una exigencia. Nuestra petición se dirige al
futuro, nuestra respuesta debe haberla precedido; una palabra las une:
'como'.
2839. Con una audaz confianza hemos empezado a orar a nuestro Padre.
Suplicándole que su Nombre sea santificado, le hemos pedido que seamos cada
vez más santificados. Pero, aun revestidos de la vestidura bautismal, no
dejamos de pecar, de separarnos de Dios. Ahora, en esta nueva petición, nos
volvemos a El, como el hijo pródigo, y nos reconocemos pecadores ante El
como el publicano. Nuestra petición empieza con una 'confesión' en la que
afirmamos, al mismo tiempo, nuestra miseria y su Misericordia. Nuestra
esperanza es firme porque, en su Hijo, 'tenemos la redención, la remisión de
nuestros pecados' [Col 1,14 ; Ef 1,7 .]. El signo eficaz e indudable de su
perdón lo encontramos en los sacramentos de su Iglesia.
2840. Ahora bien, lo temible es que este desbordamiento de misericordia no
puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que
nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no
podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano y a la hermana
a quienes vemos. Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el
corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del
Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia.
2841. Esta petición es tan importante que es la única sobre la cual el Señor
retorna para desarrollarla en el Sermón de la Montaña. Esta exigencia
crucial del misterio de la Alianza es imposible para el hombre. Pero 'todo
es posible para Dios'.
2842. Este 'como' no es el único en la enseñanza de Jesús: 'Sed perfectos
«como» es perfecto vuestro Padre celestial' [Mt 5,48 .]; 'Sed
misericordiosos, «como» vuestro Padre es misericordioso' [Lc 6,36 .]; 'Os
doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que «como» yo
os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros' [Jn 13,34
.]. Observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de imitar
desde fuera el modelo divino. Se trata de una participación, vital y nacida
'del fondo del corazón', en la santidad, en la misericordia, y en el amor de
nuestro Dios. Sólo el Espíritu que es 'nuestra Vida' puede hacer nuestros
los mismos sentimientos que hubo en Cristo Jesús. Así, la unidad del perdón
se hace posible, 'perdonándonos mutuamente «como» nos perdonó Dios en
Cristo' [Ef 4,32 .].
2843. "Así adquieren vida las palabras del Señor sobre el perdón, este Amor
que ama hasta el extremo del amor. La parábola del siervo sin entrañas, que
culmina la enseñanza del Señor sobre la comunión eclesial, acaba con esta
frase: 'Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonáis cada
uno de corazón a vuestro hermano'. Allí es, en efecto, en el fondo 'del
corazón' donde todo se ata y se desata. No está en nuestra mano no sentir ya
la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo
cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa
en intercesión.
2844. La oración cristiana llega hasta el perdón de los enemigos.
Transfigura al discípulo configurándolo con su Maestro. El perdón es cumbre
de la oración cristiana; el don de la oración no puede ser acogido más que
en un corazón acorde con la compasión divina. Además, el perdón da
testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado.
Los mártires de ayer y de hoy dan este testimonio de Jesús. El perdón es la
condición fundamental de la reconciliación de los hijos de Dios con su Padre
y de los hombres entre sí.
2845. No hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino. Si se
trata de ofensas [de 'pecados' según Lc 11,4, o de 'deudas' según Mt 6,12
.], de hecho nosotros somos siempre deudores: 'Con nadie tengáis otra deuda
que la del mutuo amor' [Rm 13,8 .]. La comunión de la Santísima Trinidad es
la fuente y el criterio de verdad en toda relación. Se vive en la oración y,
sobre todo, en la Eucaristía:
Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide
del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser
pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es
nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo de todo el pueblo fiel. [San Cipriano de Cartago]
VI.- No nos dejes caer en la tentación
2846. Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados
son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre
que no nos 'deje caer' en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego
es difícil: significa 'no permitas entrar en', 'no nos dejes sucumbir a la
tentación'. 'Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie' [St 1,13 .],
al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el
camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate 'entre la
carne y el Espíritu'. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y
de fuerza.
2847. El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para
el crecimiento del hombre interior en orden a una 'virtud probada' [Rm 5,3-5
.], y la tentación que conduce al pecado y a la muerte. También debemos
distinguir entre 'ser tentado' y 'consentir' en la tentación. Por último, el
discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su
objeto es 'bueno, seductor a la vista, deseable' [Gn 3,6 .], mientras que,
en realidad, su fruto es la muerte.
Dios no quiere imponer el bien, quiere seres libres... En algo la tentación
es buena. Todos, menos Dios, ignoran lo que nuestra alma ha recibido de
Dios, incluso nosotros. Pero la tentación lo manifiesta para enseñarnos a
conocernos, y así, descubrirnos nuestra miseria, y obligarnos a dar gracias
por los bienes que la tentación nos ha manifestado. [Orígenes]
2848. 'No entrar en la tentación' implica una decisión del corazón: 'Porque
donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón... Nadie puede servir a
dos señores' [Mt 6,21 .24.]. 'Si vivimos según el Espíritu, obremos también
según el Espíritu' [Ga 5,25 .]. El Padre nos da la fuerza para este
'dejarnos conducir' por el Espíritu Santo. 'No habéis sufrido tentación
superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá que seáis
tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo
de poderla resistir con éxito' [1Co 10,13 .].
2849. Pues bien, este combate y esta victoria sólo son posibles con la
oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el
principio y en el último combate de su agonía. En esta petición a nuestro
Padre, Cristo nos une a su combate y a su agonía. La vigilancia del corazón
es recordada con insistencia en comunión con la suya. La vigilancia es
'guarda del corazón', y Jesús pide al Padre que 'nos guarde en su Nombre'.
El Espíritu Santo trata de despertarnos continuamente a esta vigilancia.
Esta petición adquiere todo su sentido dramático referida a la tentación
final de nuestro combate en la tierra; pide la perseverancia final. 'Mira
que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela' [Ap 16,15 .].
VII.- Y líbranos del mal
2850. La última petición a nuestro Padre está también contenida en la
oración de Jesús: 'No te pido que los retires del mundo, sino que los
guardes del Maligno' [Jn 17,15 .]. Esta petición concierne a cada uno
individualmente, pero siempre quien ora es el 'nosotros', en comunión con
toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración
del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la Economía de la
salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se
vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en 'comunión con los santos'.
2851. En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una
persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El 'diablo' ['dia-bolos']
es aquél que 'se atraviesa' en el designio de Dios y su obra de salvación
cumplida en Cristo.
2852. 'Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira' [Jn
8,44 .], 'Satanás, el seductor del mundo entero' [Ap 12,9 .], es aquél por
medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya
definitiva derrota, toda la creación entera será 'liberada del pecado y de
la muerte'. 'Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el
Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que
somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno' [1Jn 5,18-19
.]:
El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también
os protege y os guarda contra las astucias del diablo que os combate para
que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os
sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al demonio. 'Si Dios está con
nosotros, ¿quién estará contra nosotros?' [Rm 8,31 .]. [San Ambrosio]
2853. La victoria sobre el 'príncipe de este mundo' [Jn 14,30 .] se adquirió
de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la
muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de
este mundo ha sido 'echado abajo' [Jn 12,31 .]. 'El se lanza en persecución
de la Mujer', pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, 'llena de gracia'
del Espíritu Santo es librada del pecado y de la corrupción de la muerte
[Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María,
siempre virgen]. 'Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la
guerra al resto de sus hijos' [Ap 12,17 .]. Por eso, el Espíritu y la
Iglesia oran: 'Ven, Señor Jesús' [Ap 22,17 .20.], ya que su Venida nos
librará del Maligno.
2854. Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser
liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es
autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre
todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que
abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la
espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la
humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquel que 'tiene
las llaves de la Muerte y del Hades' [Ap 1,18 .], 'el Dueño de todo, Aquel
que es, que era y que ha de venir' [Ap 1,8 .]:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y
protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de
nuestro Salvador Jesucristo. [Misal Romano]
2855. La doxología final 'Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por
siempre Señor' vuelve a tomar, implícitamente, las tres primeras peticiones
del Padre Nuestro: la glorificación de su Nombre, la venida de su Reino y el
poder de su Voluntad salvífica. Pero esta repetición se hace en forma de
adoración y de acción de gracias, como en la Liturgia celestial. El príncipe
de este mundo se había atribuido con mentira estos tres títulos de realeza,
poder y gloria. Cristo, el Señor, los restituye a su Padre y nuestro Padre,
hasta que le entregue el Reino, cuando sea consumado definitivamente el
Misterio de la salvación y Dios sea todo en todos.
2856. 'Después, terminada la oración, dices: Amén, refrendando por medio de
este Amén, que significa «Así sea», lo que contiene la oración que Dios nos
enseñó' [San Cirilo de Jerusalén].
RESUMEN
2857. En el Padre Nuestro, las tres primeras peticiones tienen por objeto la
Gloria del Padre: la santificación del nombre, la venida del reino y el
cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro presentan al Padre
nuestros deseos: estas peticiones conciernen a nuestra vida para alimentarla
o para curarla del pecado y se refieren a nuestro combate por la victoria
del Bien sobre el Mal.
2858. Al pedir: 'Santificado sea tu Nombre' entramos en el plan de Dios, la
santificación de su Nombre -revelado a Moisés, después en Jesús- por
nosotros y en nosotros, lo mismo que en toda nación y en cada hombre.
2859. En la segunda petición, la Iglesia tiene principalmente a la vista el
retorno de Cristo y la venida final del Reino de Dios. También ora por el
crecimiento del Reino de Dios en el 'hoy' de nuestras vidas.
2860. En la tercera petición, rogamos al Padre que una nuestra voluntad a la
de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida del mundo.
2861. En la cuarta petición, al decir 'danos', expresamos, en comunión con
nuestros hermanos, nuestra confianza filial en nuestro Padre del cielo.
'Nuestro pan' designa el alimento terrenal necesario para la subsistencia de
todos y significa también el Pan de Vida: Palabra de Dios y Cuerpo de
Cristo. Se recibe en el 'hoy' de Dios, como el alimento indispensable, lo
más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía.
2862. La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de
Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido
perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo.
2863. Al decir: 'No nos dejes caer en la tentación ', pedimos a Dios que no
nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el
Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia
y la perseverancia final.
2864. En la última petición, 'y líbranos del mal', el cristiano pide a Dios
con la Iglesia que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre
el 'príncipe de este mundo', sobre Satanás, el ángel que se opone
personalmente a Dios y a su plan de salvación.
2865. Con el 'Amén' final expresamos nuestro 'fiat' respecto a las siete
peticiones: 'Así sea'.
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