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LA VIDA DE ORACIÓN
2697. La oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo
momento. Nosotros, sin embargo, olvidamos al que es nuestra Vida y nuestro
Todo. Por eso, los Padres espirituales, en la tradición del Deuteronomio y
de los profetas, insisten en la oración como un 'recuerdo de Dios', un
frecuente despertar la 'memoria del corazón': 'Es necesario acordarse de
Dios más a menudo que de respirar'. Pero no se puede orar 'en todo tiempo'
si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos: son los
tiempos fuertes de la oración cristiana, en intensidad y en duración.
2698. La Tradición de la Iglesia propone a los fieles unos ritmos de oración
destinados a alimentar la oración continua. Algunos son diarios: la oración
de la mañana y la de la tarde, antes y después de comer, la Liturgia de las
Horas. El domingo, centrado en la Eucaristía, se santifica principalmente
por medio de la oración. El ciclo del año litúrgico y sus grandes fiestas
son los ritmos fundamentales de la vida de oración de los cristianos.
2699. El Señor conduce a cada persona por los caminos que El dispone y de la
manera que El quiere. Cada fiel, a su vez, le responde según la
determinación de su corazón y las expresiones personales de su oración. No
obstante, la tradición cristiana ha conservado tres expresiones principales
de la vida de oración: la oración vocal, la meditación y la oración de
contemplación. Tienen en común un rasgo fundamental: el recogimiento del
corazón. Esta actitud vigilante para conservar la Palabra y permanecer en
presencia de Dios hace de estas tres expresiones tiempos fuertes de la vida
de oración.
La oración vocal
2700. Por medio de su Palabra, Dios habla al hombre. Por medio de palabras,
mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo. Pero lo más importante es
la presencia del corazón ante Aquél a quien hablamos en la oración. 'Que
nuestra oración sea escuchada no depende de la cantidad de palabras, sino
del fervor de nuestras almas'.
2701. La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A
los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les
enseña una oración vocal: el 'Padre Nuestro'. Jesús no solamente ha rezado
las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan
elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición
exultante del Padre, hasta la agonía de Getsemaní.
2702. Esta necesidad de asociar los sentidos a la oración interior responde
a una exigencia de nuestra naturaleza humana. Somos cuerpo y espíritu, y
experimentamos la necesidad de traducir exteriormente nuestros sentimientos.
Es necesario rezar con todo nuestro ser para dar a nuestra súplica todo el
poder posible.
2703. Esta necesidad responde también a una exigencia divina. Dios busca
adoradores en espíritu y en verdad, y, por consiguiente, la oración que
brota viva desde las profundidades del alma. También reclama una expresión
exterior que asocia el cuerpo a la oración interior, porque esta expresión
corporal es signo del homenaje perfecto al que Dios tiene derecho.
2704. La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes por
ser exterior y tan plenamente humana. Pero incluso la más interior de las
oraciones no podría prescindir de la oración vocal. La oración se hace
interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél 'a quien hablamos'.
Por ello, la oración vocal se convierte en una primera forma de oración
contemplativa.
La meditación
2705. La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de
comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y
responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de
encauzar. Habitualmente se hace con la ayuda de algún libro, que a los
cristianos no les falta: las Sagradas Escrituras, especialmente el
Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del
tiempo, los escritos de los Padres espirituales, las obras de
espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página
del 'hoy' de Dios.
2706. Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo
mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos
a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos
que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad
para llegar a la Luz: 'Señor, ¿qué quieres que haga?'.
2707. Los métodos de meditación son tan diversos como diversos son los
maestros espirituales. Un cristiano debe querer meditar regularmente; si no,
se parece a las tres primeras clases de terreno de la parábola del
sembrador. Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar,
con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús.
2708. La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la
emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las
convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la
voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente
a meditar 'los misterios de Cristo', como en la 'lectio divina' o en el
Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración
cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús,
a la unión con El.
La oración de contemplación
2709. ¿Qué es esta oración? Santa Teresa responde: 'No es otra cosa oración
mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando
a solas con quien sabemos nos ama'.
La contemplación busca al 'amado de mi alma' [Ct 1,7.] 8 Esto es, a Jesús y
en El, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor,
y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de El y vivir en El.
En la contemplación se puede también meditar, pero la mirada está centrada
en el Señor.
2710. La elección del tiempo y de la duración de la oración de contemplación
depende de una voluntad decidida, reveladora de los secretos del corazón. No
se hace contemplación cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo de
estar con el Señor con la firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar,
cualesquiera que sean las pruebas y la sequedad del encuentro. No se puede
meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre en contemplación,
independientemente de las condiciones de salud, trabajo o afectividad. El
corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la
fe.
2711. La entrada en la contemplación es análoga a la de la Liturgia
eucarística: 'recoger' el corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción
del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos,
despertar la fe para entrar en la presencia de Aquel que nos espera, hacer
que caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos
ama, para ponernos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y
transformar.
2712. La contemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado
que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a
él amando más todavía. Pero sabe que su amor, a su vez, es el que el
Espíritu derrama en su corazón, porque todo es gracia por parte de Dios. La
contemplación es la entrega humilde y pobre a la voluntad amorosa del Padre,
en unión cada vez más profunda con su Hijo amado.
2713. Así, la contemplación es la expresión más sencilla del misterio de la
oración. Es un don, una gracia; no puede ser acogida más que en la humildad
y en la pobreza. La oración contemplativa es una relación de alianza
establecida por Dios en el fondo de nuestro ser. Es comunión: en ella, la
Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, 'a su semejanza'.
2714. La contemplación es también el tiempo fuerte por excelencia de la
oración. En ella, el Padre nos concede 'que seamos vigorosamente
fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo
habite por la fe en nuestros corazones y que quedemos arraigados y
cimentados en el amor'.
2715. La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. 'Yo le miro y él me
mira', decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario.
Esta atención a El es renuncia a 'mí'. Su mirada purifica el corazón. La luz
de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver
todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La
contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo.
Aprende así el 'conocimiento interno del Señor' para más amarle y seguirle.
2716. La contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser
pasiva, esta escucha es la obediencia de la fe, acogida incondicional del
siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en el 'sí' del Hijo hecho
siervo y en el 'fiat' de su humilde esclava.
2717. La contemplación es silencio, este 'símbolo del mundo venidero' o
'amor silencioso'. Las palabras en la oración contemplativa no son
discursos, sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio,
insoportable para el hombre 'exterior', el Padre nos da a conocer a su Verbo
encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace
partícipes de la oración de Jesús.
2718. La contemplación es unión con la oración de Cristo en la medida en que
ella nos hace participar en su misterio. El misterio de Cristo es celebrado
por la Iglesia en la Eucaristía; y el Espíritu Santo lo hace vivir en la
contemplación para que sea manifestado por medio de la caridad en acto.
2719. La contemplación es una comunión de amor portadora de vida para la
multitud, en la medida en que se acepta vivir en la noche de la fe. La noche
pascual de la resurrección pasa por la de la agonía y la del sepulcro. Son
estos tres tiempos fuertes de la Hora de Jesús los que su Espíritu [y no la
'carne que es débil'] hace vivir en la contemplación. Es necesario aceptar
el 'velar una hora con él'.
2720. La Iglesia invita a los fieles a una oración regulada: oraciones
diarias, Liturgia de las Horas, Eucaristía dominical, fiestas del año
litúrgico.
2721. La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la
vida de oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa.
Las tres tienen en común el recogimiento del corazón.
2722. La oración vocal, fundada en la unión del cuerpo con el espíritu en la
naturaleza humana, asocia el cuerpo a la oración interior del corazón a
ejemplo de Cristo que ora a su Padre y enseña el 'Padre Nuestro' a sus
discípulos.
2723. La meditación es una búsqueda orante, que hace intervenir al
pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la
apropiación creyente de la realidad considerada, que es confrontada con la
realidad de nuestra vida.
2724. La oración contemplativa es la expresión sencilla del misterio de la
oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de
Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la
medida en que nos hace participar de su misterio.
El combate de la oración
2725. La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra
parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza
antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con El nos enseñan
que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra
las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de
la oración, de la unión con su Dios. Se ora como se vive, porque se vive
como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de
Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su Nombre. El 'combate
espiritual' de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la
oración.
Las objeciones a la oración
2726. En el combate de la oración, tenemos que hacer frente en nosotros
mismos y en torno a nosotros a conceptos erróneos sobre la oración. Unos ven
en ella una simple operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración
para llegar a un vacío mental. Otros la reducen a actitudes y palabras
rituales. En el inconsciente de muchos cristianos, orar es una ocupación
incompatible con todo lo que tienen que hacer: no tienen tiempo. Hay quienes
buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto porque
ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de
ellos.
2727. También tenemos que hacer frente a mentalidades de 'este mundo' que
nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo
aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia [ahora bien, orar
es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente]; es
valioso aquello que produce y da rendimiento [luego, la oración es inútil,
pues es improductiva]; el sensualismo y el confort adoptados como criterios
de verdad, de bien y de belleza [y he aquí que la oración es 'amor de la
Belleza absoluta' [philocalia], y sólo se deja cautivar por la gloria del
Dios vivo y verdadero]; y por reacción contra el activismo, se da otra
mentalidad según la cual la oración es vista como posibilidad de huir de
este mundo [pero la oración cristiana no puede escaparse de la historia ni
divorciarse de la vida].
2728. Por último, en este combate hay que hacer frente a lo que es sentido
como fracasos en la oración: desaliento ante la sequedad, tristeza de no
entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos 'muchos bienes' [Mc 10,22
.]; decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de
nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, alergia
a la gratuidad de la oración... La conclusión es siempre la misma: ¿Para qué
orar? Es necesario luchar con humildad, confianza y perseverancia, si se
quieren vencer estos obstáculos.
Necesidad de una humilde vigilancia
2729. La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración
vocal, la distracción puede referirse a las palabras y al sentido de éstas.
La distracción, de un modo más profundo, puede referirse a Aquél al que
oramos, tanto en la oración vocal [litúrgica o personal], como en la
meditación y en la oración contemplativa. Salir a la caza de la distracción
es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en la oración: la
distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado.
Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor
para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea
servir.
2730. Mirado positivamente, el combate contra el yo posesivo y dominador
consiste en la vigilancia. Cuando Jesús insiste en la vigilancia, es siempre
en relación a El, a su Venida, al último día y al 'hoy'. El esposo viene en
mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe: 'Dice de ti
mi corazón: busca su rostro' [Sal 27,8 .].
2731. Otra dificultad, especialmente para los que quieren sinceramente orar,
es la sequedad. Forma parte de la contemplación en la que el corazón está
seco, sin gusto por los pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso
espirituales. Es el momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene
firme junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro. 'El grano de trigo, si
muere, da mucho fruto' [Jn 12,24 .]. Si la sequedad se debe a falta de raíz,
porque la Palabra ha caído sobre roca, no hay éxito en el combate sin una
mayor conversión.
2732. La tentación más frecuente, la más oculta, es nuestra falta de fe.
Esta se expresa menos en una incredulidad declarada que en unas preferencias
de hecho. Cuando se empieza a orar, se presentan como prioritarios mil
trabajos y cuidados que se consideran más urgentes; una vez más, es el
momento de la verdad del corazón y de clarificar preferencias. En cualquier
caso, la falta de fe revela que no se ha alcanzado todavía la disposición
propia de un corazón humilde: 'Sin mí, no podéis hacer nada' [Jn 15,5 .].
2733. Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es la acedía. Los
Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de
desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al
descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. 'El espíritu está
pronto pero la carne es débil' [Mt 26,41 .]. El desaliento, doloroso, es el
reverso de la presunción. Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta
le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia.
La confianza filial
2734. La confianza filial se prueba en la tribulación, particularmente
cuando se ora pidiendo para sí o para los demás. Hay quien deja de orar
porque piensa que su oración no es escuchada. A este respecto se plantean
dos cuestiones: Por qué la oración de petición no ha sido escuchada; y cómo
la oración es escuchada o 'eficaz'.
2735. He aquí una observación llamativa: cuando alabamos a Dios o le damos
gracias por sus beneficios en general, no estamos preocupados por saber si
esta oración le es agradable. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver
el resultado. ¿Cuál es entonces la imagen de Dios presente en este modo de
orar: Dios como medio o Dios como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo?
2736. ¿Estamos convencidos de que 'nosotros no sabemos pedir como conviene'
[Rm 8,26 .]? ¿Pedimos a Dios los 'bienes convenientes'? Nuestro Padre sabe
bien lo que nos hace falta antes de que nosotros se lo pidamos, pero espera
nuestra petición porque la dignidad de sus hijos está en su libertad. Por
tanto es necesario orar con su Espíritu de libertad, para poder conocer en
verdad su deseo.
2737. 'No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con
la intención de malgastarlo en vuestras pasiones' [St 4,23 .]. Si pedimos
con un corazón dividido, 'adúltero', Dios no puede escucharnos porque El
quiere nuestro bien, nuestra vida. '¿Pensáis que la Escritura dice en vano:
Tiene deseos ardientes el espíritu que él ha hecho habitar en nosotros' [St
4,5 .]? Nuestro Dios está 'celoso' de nosotros, lo que es señal de la verdad
de su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y seremos escuchados:
No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es él quien
quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en permanecer con
él en oración. El quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así
nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos. [San Agustín]
2738. La revelación de la oración en la Economía de la salvación enseña que
la fe se apoya en la acción de Dios en la historia. La confianza filial es
suscitada por medio de su acción por excelencia: la Pasión y la Resurrección
de su Hijo. La oración cristiana es cooperación con su Providencia y su
designio de amor hacia los hombres.
2739. En san Pablo, esta confianza es audaz, basada en la oración del
Espíritu en nosotros y en el amor fiel del Padre que nos ha dado a su Hijo
único. La transformación del corazón que ora es la primera respuesta a
nuestra petición.
2740. La oración de Jesús hace de la oración cristiana una petición eficaz.
El es su modelo. El ora en nosotros y con nosotros. Puesto que el corazón
del Hijo no busca más que lo que agrada al Padre, ¿cómo el de los hijos de
adopción se apegaría más a los dones que al Dador?
2741. Jesús ora también por nosotros, en nuestro lugar y en favor nuestro.
Todas nuestras peticiones han sido recogidas una vez por todas en sus
Palabras en la Cruz; y escuchadas por su Padre en la Resurrección: por eso
no deja de interceder por nosotros ante el Padre. Si nuestra oración está
resueltamente unida a la de Jesús, en la confianza y la audacia filial,
obtenemos todo lo que pidamos en su Nombre, y aún más de lo que pedimos:
recibimos al Espíritu Santo, que contiene todos los dones.
Perseverar en el amor
2742. 'Orad constantemente' [1 Ts 5,17.], 'dando gracias continuamente y por
todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo' [Ef 5,20 .],
'siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu,
velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos' [Ef
6,18 .]. 'No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar
constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar'. Este
ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y
nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y
perseverante. Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe,
luminosas y vivificantes:
2743. Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo
resucitado que está 'con nosotros, todos los días' [Mt 28,20 .],
cualesquiera que sean las tempestades. Nuestro tiempo está en las manos de
Dios:
Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una
frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o
vendiendo, o incluso haciendo la cocina. [San Juan Crisóstomo]
2744. Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu
caemos en la esclavitud del pecado. ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser 'vida
nuestra', si nuestro corazón está lejos de él?
Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es
difícil. Es imposible que el hombre que ora pueda pecar. [San Juan
Crisóstomo]
Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente. [San
Alfonso María de Ligorio]
2745. Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo
amor y de la misma renuncia que procede del amor. La misma conformidad
filial y amorosa al designio de amor del Padre. La misma unión transformante
en el Espíritu Santo que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El
mismo amor a todos los hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha amado.
'Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo concederá. Lo que os mando
es que os améis los unos a los otros' [Jn 15,16-17 .].
Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras a la
oración. Sólo así podemos encontrar realizable el principio de la oración
continua. [Orígenes]
2746. Cuando ha llegado su hora, Jesús ora al Padre. Su oración, la más
larga transmitida por el Evangelio, abarca toda la Economía de la creación y
de la salvación, así como su Muerte y su Resurrección. Al igual que la
Pascua de Jesús, realizada 'una vez para siempre', permanece siempre actual,
de la misma manera la oración de la 'Hora de Jesús' sigue presente en la
Liturgia de la Iglesia.
2747. La tradición cristiana acertadamente la denomina la oración
'sacerdotal' de Jesús. Es la oración de nuestro Sumo Sacerdote, inseparable
de su sacrificio, de su 'paso' [pascua] hacia el Padre donde él es
'consagrado' enteramente al Padre.
2748. En esta oración pascual, sacrificial, todo está 'recapitulado' en El:
Dios y el mundo, el Verbo y la carne, la vida eterna y el tiempo, el amor
que se entrega y el pecado que lo traiciona, los discípulos presentes y los
que creerán en El por su palabra, su humillación y su Gloria. Es la oración
de la unidad.
2749. Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que
su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos. La oración de
la 'Hora de Jesús' llena los últimos tiempos y los lleva hacia su
consumación. Jesús, el Hijo a quien el Padre ha dado todo, se entrega
enteramente al Padre y, al mismo tiempo, se expresa con una libertad
soberana debido al poder que el Padre le ha dado sobre toda carne. El Hijo
que se ha hecho Siervo, es el Señor, el Pantocrátor. Nuestro Sumo Sacerdote
que ruega por nosotros es también el que ora en nosotros y el Dios que nos
escucha.
2750. Si en el Santo Nombre de Jesús, nos ponemos a orar, podemos recibir en
toda su hondura la oración que El nos enseña: 'Padre Nuestro'. La oración
sacerdotal de Jesús inspira, desde dentro, las grandes peticiones del Padre
Nuestro: la preocupación por el Nombre del Padre, el deseo de su Reino [la
Gloria], el cumplimiento de la voluntad del Padre, de su Designio de
salvación y la liberación del mal.
2751. Por último, en esta oración Jesús nos revela y nos da el
'conocimiento' indisociable del Padre y del Hijo que es el misterio mismo de
la vida de oración.
Resumen
2752. La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y
contra las astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable
del 'combate espiritual' necesario para actuar habitualmente según el
Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive como se ora.
2753. En el combate de la oración debemos hacer frente a concepciones
erróneas, a diversas corrientes de mentalidad, a la experiencia de nuestros
fracasos. A estas tentaciones que ponen en duda la utilidad o la posibilidad
misma de la oración conviene responder con humildad, confianza y
perseverancia.
2754. Las dificultades principales en el ejercicio de la oración son la
distracción y la sequedad. El remedio está en la fe, la conversión y la
vigilancia del corazón.
2755. Dos tentaciones frecuentes amenazan la oración: la falta de fe y la
acedía que es una forma de depresión o de pereza debida al relajamiento de
la ascesis y que lleva al desaliento.
2756. La confianza filial se pone a prueba cuando tenemos el sentimiento de
no ser siempre escuchados. El Evangelio nos invita a conformar nuestra
oración al deseo del Espíritu.
2757. 'Orad continuamente' [1 Ts 5,17.]. Orar es siempre posible. Es incluso
una necesidad vital. Oración y vida cristiana son inseparables.
2758. La oración de la 'Hora de Jesús', llamada con razón 'oración
sacerdotal', recapitula toda la Economía de la creación y de la salvación.
Inspira las grandes peticiones del 'Padre Nuestro'.
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