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LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN
2650. La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior:
para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las
Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar.
Pues bien, por una transmisión viva [la sagrada Tradición], el Espíritu
Santo, en la 'Iglesia creyente y orante', enseña a orar a los hijos de Dios.
2651. La tradición de la oración cristiana es una de las formas de
crecimiento de la Tradición de la fe, en particular mediante la
contemplación y la reflexión de los creyentes que conservan en su corazón
los acontecimientos y las palabras de la Economía de la salvación, y por la
penetración profunda en las realidades espirituales de las que adquieren
experiencia.
Las fuentes de la oración
2652. El Espíritu Santo es el 'agua viva' que, en el corazón orante, 'brota
para vida eterna' [Jn 4,14 .]. El es quien nos enseña a recogerla en la
misma Fuente: Cristo. Pues bien, en la vida cristiana hay manantiales donde
Cristo nos espera para darnos a beber el Espíritu Santo.
2653. La Iglesia 'recomienda insistentemente a todos sus fieles... la
lectura asidua de la Escritura para que adquieran «la ciencia suprema de
Jesucristo» [Flp 3,8 .]... Recuerden que a la lectura de la Sagrada
Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios
con el hombre, pues «a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando
leemos sus palabras»'.
2654. Los Padres espirituales, parafraseando Mt 7,7, resumen así las
disposiciones de un corazón alimentado por la palabra de Dios en la oración:
'Buscad leyendo, y encontraréis meditando; llamad orando, y se os abrirá por
la contemplación'.
2655. La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la liturgia
sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la
salvación, se continúa en el corazón que ora. Los Padres espirituales
comparan a veces el corazón a un altar. La oración interioriza y asimila la
liturgia durante su celebración y después de la misma. Incluso cuando la
oración se vive 'en lo secreto' [Mt 6,6 .], siempre es oración de la
Iglesia, comunión con la Santísima Trinidad.
2656. Se entra en oración como se entra en la liturgia: por la puerta
estrecha de la fe. A través de los signos de su presencia, es el rostro del
Señor lo que buscamos y deseamos, es su palabra lo que queremos escuchar y
guardar.
2657. El Espíritu Santo nos enseña a celebrar la liturgia esperando el
retorno de Cristo, nos educa para orar en la esperanza. Inversamente, la
oración de la Iglesia y la oración personal alimentan en nosotros la
esperanza. Los salmos muy particularmente, con su lenguaje concreto y
variado, nos enseñan a fijar nuestra esperanza en Dios: 'En el Señor puse
toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor' [Sal 40,2 .].
'El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta
rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo' [Rm 15,13 .].
2658. 'La esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en
nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado' [Rm 5,5 .].
La oración, formada en la vida litúrgica, saca todo del amor con el que
somos amados en Cristo y que nos permite responder amando como El nos ha
amado. El amor es la fuente de la oración: quien bebe de ella, alcanza la
cumbre de la oración:
Te amo, Dios mío, y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi
vida. Te amo, Dios mío infinitamente amable, y prefiero morir amándote a
vivir sin amarte. Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte
eternamente... Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos
que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro. [San
Juan María Vianney]
2659. Aprendemos a orar en ciertos momentos escuchando la palabra del Señor
y participando en su Misterio Pascual; pero, en todo tiempo, en los
acontecimientos de cada día, su Espíritu se nos ofrece para que brote la
oración. La enseñanza de Jesús sobre la oración a nuestro Padre está en la
misma línea que la de la Providencia: el tiempo está en las manos del Padre;
lo encontramos en el presente, ni ayer ni mañana, sino hoy: '¡Ojalá oyerais
hoy su voz!: No endurezcáis vuestro corazón' [Sal 95,7-8 .].
2660. Orar en los acontecimientos de cada día y de cada instante es uno de
los secretos del Reino revelados a los 'pequeños', a los servidores de
Cristo, a los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para que
la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la
historia, pero también es importante impregnar de oración las humildes
situaciones cotidianas. Todas las formas de oración pueden ser la levadura
con la que el Señor compara el Reino.
Resumen
2661. Mediante una transmisión viva -la Sagrada Tradición-, el Espíritu
Santo, en la Iglesia, enseña a orar a los hijos de Dios.
2662. La Palabra de Dios, la liturgia de la Iglesia y las virtudes de la fe,
la esperanza y la caridad son fuentes de la oración.
El camino de la oración
2663. En la tradición viva de la oración, cada Iglesia propone a sus fieles,
según el contexto histórico, social y cultural, el lenguaje de su oración:
palabras, melodías, gestos, iconografía. Corresponde al magisterio discernir
la fidelidad de estos caminos de oración a la tradición de la fe apostólica
y compete a los pastores y catequistas explicar su sentido, con relación
siempre a Jesucristo.
2664. No hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea comunitaria o
individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso al Padre más
que si oramos 'en el Nombre' de Jesús. La santa humanidad de Jesús es, pues,
el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro
Padre.
2665. La oración de la Iglesia, alimentada por la palabra de Dios y por la
celebración de la liturgia, nos enseña a orar al Señor Jesús. Aunque esté
dirigida sobre todo al Padre, en todas las tradiciones litúrgicas incluye
formas de oración dirigidas a Cristo. Algunos salmos, según su actualización
en la oración de la Iglesia, y el Nuevo Testamento ponen en nuestros labios
y graban en nuestros corazones las invocaciones de esta oración a Cristo:
Hijo de Dios, Verbo de Dios, Señor, Salvador, Cordero de Dios, Rey, Hijo
amado, Hijo de la Virgen, Buen Pastor, Vida nuestra, nuestra Luz, nuestra
Esperanza, Resurrección nuestra, Amigo de los hombres...
2666. Pero el Nombre que todo lo contiene es aquél que el Hijo de Dios
recibe en su encarnación: Jesús. El nombre divino es inefable para los
labios humanos, pero el Verbo de Dios, al asumir nuestra humanidad, nos lo
entrega y nosotros podemos invocarlo: 'Jesús', 'YHWH salva'. El Nombre de
Jesús contiene todo: Dios y el hombre y toda la Economía de la creación y de
la salvación. Decir 'Jesús' es invocarlo desde nuestro propio corazón. Su
Nombre es el único que contiene la presencia que significa. Jesús es el
resucitado, y cualquiera que invoque su Nombre acoge al Hijo de Dios que le
amó y se entregó por él.
2667. Esta invocación de fe bien sencilla ha sido desarrollada en la
tradición de la oración bajo formas diversas en Oriente y en Occidente. La
formulación más habitual, transmitida por los espirituales del Sinaí, de
Siria y del monte Athos es la invocación: '¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
ten piedad de nosotros pecadores!' Conjuga el himno cristológico de Flp
2,6-11Con la petición del publicano y del mendigo ciego. Mediante ella, el
corazón se abre a la miseria de los hombres y a la misericordia de su
Salvador.
2668. La invocación del santo Nombre de Jesús es el camino más sencillo de
la oración continua. Repetida con frecuencia por un corazón humildemente
atento, no se dispersa en 'palabrerías', sino que 'conserva la Palabra y
fructifica con perseverancia'. Es posible 'en todo tiempo' porque no es una
ocupación al lado de otra, sino la única ocupación, la de amar a Dios, que
anima y transfigura toda acción en Cristo Jesús.
2669. La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como
invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por
amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados. La oración
cristiana practica el Via Crucis siguiendo al Salvador. Las estaciones desde
el Pretorio, al Gólgota y al Sepulcro jalonan el recorrido de Jesús que por
su santa Cruz ha redimido el mundo.
2670. 'Nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!», sino por influjo del Espíritu
Santo' [1Co 12,3 .]. Cada vez que en la oración nos dirigimos a Jesús, es el
Espíritu Santo quien, con su gracia preveniente, nos atrae al camino de la
oración. Puesto que El nos enseña a orar recordándonos a Cristo, ¿cómo no
dirigirnos también a él orando? Por eso, la Iglesia nos invita a implorar
todos los días al Espíritu Santo, especialmente al comenzar y al terminar
cualquier acción importante.
Si el Espíritu no debe ser adorado, ¿cómo me diviniza él por el bautismo? Y
si debe ser adorado, ¿no debe ser objeto de un culto particular?. [San
Gregorio Nacianceno]
2671. La forma tradicional para pedir el Espíritu es invocar al Padre por
medio de Cristo nuestro Señor, para que nos dé el Espíritu Consolador. Jesús
insiste en esta petición en su Nombre en el momento mismo en que promete el
don del Espíritu de Verdad. Pero la oración más sencilla y la más directa es
también la más tradicional: 'Ven, Espíritu Santo', y cada tradición
litúrgica la ha desarrollado en antífonas e himnos:
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos
el fuego de tu amor. [Misal Romano]
Rey celeste, Espíritu Consolador, Espíritu de Verdad, que estás presente en
todas partes y lo llenas todo, tesoro de todo bien y fuente de la vida, ven,
habita en nosotros, purifícanos y sálvanos, Tú que eres bueno. [Liturgia]
2672. El Espíritu Santo, cuya unción impregna todo nuestro ser, es el
Maestro interior de la oración cristiana. Es el artífice de la tradición
viva de la oración. Ciertamente hay tantos caminos en la oración como
orantes, pero es el mismo Espíritu el que actúa en todos y con todos. En la
comunión en el Espíritu Santo la oración cristiana es oración en la Iglesia.
2673. En la oración, el Espíritu Santo nos une a la Persona del Hijo Unico,
en su humanidad glorificada. Por medio de ella y en ella, nuestra oración
filial nos pone en comunión, en la Iglesia, con la Madre de Jesús.
2674. Desde el consentimiento dado por la fe en la Anunciación y mantenido
sin vacilar al pie de la cruz, la maternidad de María se extiende
definitivamente a los hermanos y hermanas de su Hijo, 'que son peregrinos
todavía y que están ante los peligros y las miserias'. Jesús, el único
Mediador, es el Camino de nuestra oración; María, su Madre y nuestra Madre,
es pura transparencia de El: María 'muestra el Camino' ['Odighitria'], es su
Signo, según la iconografía tradicional de Oriente y Occidente.
2675. A partir de esta cooperación singular de María a la acción del
Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la oración a la santa Madre de
Dios, centrándola sobre la persona de Cristo manifestada en sus misterios.
En los innumerables himnos y antífonas que expresan esta oración, se
alternan habitualmente dos movimientos: uno 'engrandece' al Señor por las
'maravillas' que ha hecho en su humilde esclava, y por medio de ella, en
todos los seres humanos; el segundo confía a la Madre de Jesús las súplicas
y alabanzas de los hijos de Dios, ya que ella conoce ahora la humanidad que
en ella ha sido desposada por el Hijo de Dios.
2676. Este doble movimiento de la oración a María ha encontrado una
expresión privilegiada en la oración del Avemaría:
'Dios te salve, María [Alégrate, María]'. La salutación del ángel Gabriel
abre la oración del Avemaría. Es Dios mismo quien por mediación de su ángel,
saluda a María. Nuestra oración se atreve a recoger el saludo a María con la
mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava y a alegrarnos con el
gozo que Dios encuentra en ella.
'Llena de gracia, el Señor es contigo ': Las dos palabras del saludo del
ángel se aclaran mutuamente. María es la llena de gracia porque el Señor
está con ella. La gracia de la que está colmada es la presencia de Aquel que
es la fuente de toda gracia. 'Alégrate... Hija de Jerusalén... el Señor está
en medio de ti' [So 3,14; 17a]. María, en quien va a habitar el Señor, es en
persona la hija de Sión, el Arca de la Alianza, el lugar donde reside la
Gloria del Señor: ella es 'la morada de Dios entre los hombres' [Ap 21,3 .].
'Llena de gracia', se ha dado toda al que viene a habitar en ella y al que
ella entregará al mundo.
'Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu
vientre, Jesús'. Después del saludo del ángel, hacemos nuestro el de Isabel.
'Llena del Espíritu Santo' [Lc 1,41 .], Isabel es la primera en la larga
serie de las generaciones que llaman bienaventurada a María: 'Bienaventurada
la que ha creído...' [Lc 1,45 .]: María es 'bendita entre todas las mujeres'
porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor. Abraham, por su
fe, se convirtió en bendición para todas las 'naciones de la tierra' [Gn
12,3 .]. Por su fe, María vino a ser la madre de los creyentes, gracias a la
cual todas las naciones de la tierra reciben a Aquél que es la bendición
misma de Dios: 'Jesús el fruto bendito de tu vientre'.
2677. 'Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros...' Con Isabel, nos
maravillamos y decimos: '¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a
mí?' [Lc 1,43 .]. Porque nos da a Jesús su hijo, María es madre de Dios y
madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras
peticiones: ora por nosotros como ella oró por sí misma: 'Hágase en mí según
tu palabra' [Lc 1,38 .]. Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella
en la voluntad de Dios: 'Hágase tu voluntad'.
'Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte '.
Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos
dirigimos a la 'Madre de la Misericordia', a la Toda Santa. Nos ponemos en
sus manos 'ahora', en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se
ensancha para entregarle desde ahora, 'la hora de nuestra muerte'. Que esté
presente en esa hora, como estuvo en la muerte en Cruz de su Hijo y que en
la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra para conducirnos a
su Hijo Jesús, al Paraíso.
2678. La piedad medieval de Occidente desarrolló la oración del Rosario, en
sustitución popular de la Oración de las Horas. En Oriente, la forma
litánica del Acáthistos y de la Paráclisis se ha conservado más cerca del
oficio coral en las Iglesias bizantinas, mientras que las tradiciones
armenia, copta y siríaca han preferido los himnos y los cánticos populares a
la Madre de Dios. Pero en el Avemaría, los theotokia, los himnos de san
Efrén o de san Gregorio de Narek, la tradición de la oración es
fundamentalmente la misma.
2679. María es la orante perfecta, figura de la Iglesia. Cuando le rezamos,
nos adherimos con ella al designio del Padre, que envía a su Hijo para
salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado, acogemos en nuestra
intimidad a la Madre de Jesús, que se ha convertido en la Madre de todos los
vivientes. Podemos orar con ella y orarle a ella. La oración de la Iglesia
está como apoyada en la oración de María. Y con ella está unida en la
esperanza.
Resumen
2680. La oración está dirigida principalmente al Padre; igualmente se dirige
a Jesús, en especial por la invocación de su santo Nombre: 'Jesús, Cristo,
Hijo de Dios, Señor, ¡ten piedad de nosotros, pecadores!'
2681. 'Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por influjo del Espíritu
Santo' [1Co 12,3 .]. La Iglesia nos invita a invocar al Espíritu Santo como
Maestro interior de la oración cristiana.
2682. En virtud de su cooperación singular con la acción del Espíritu Santo,
la Iglesia ora también en comunión con la Virgen María para ensalzar con
ella las maravillas que Dios ha realizado en ella y para confiarle súplicas
y alabanzas.
Maestros y lugares de oración
2683. Los testigos que nos han precedido en el Reino, especialmente los que
la Iglesia reconoce como 'santos', participan en la tradición viva de la
oración, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos
y por su oración hoy. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de
aquellos que han quedado en la tierra. Al entrar 'en la alegría' de su
Señor, han sido 'constituidos sobre lo mucho'. Su intercesión es su más alto
servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por
nosotros y por el mundo entero.
2684. En la comunión de los santos, se han desarrollado diversas
espiritualidades a lo largo de la historia de la Iglesia. El carisma
personal de un testigo del amor de Dios hacia los hombres puede transmitirse
a fin de que sus discípulos participen de ese espíritu, como aconteció con
el 'espíritu' de Elías a Eliseo y a Juan Bautista. En la confluencia de
corrientes litúrgicas y teológicas se encuentra también una espiritualidad
que muestra cómo el espíritu de oración incultura la fe en un ámbito humano
y en su historia. Las diversas espiritualidades cristianas participan en la
tradición viva de la oración y son guías indispensables para los fieles. En
su rica diversidad, reflejan la pura y única Luz del Espíritu Santo.
'El Espíritu es verdaderamente el lugar de los santos, y el santo es para el
Espíritu un lugar propio, ya que se ofrece a habitar con Dios y es llamado
templo suyo'. [San Basilio de Cesarea]
2685. La familia cristiana es el primer ámbito para la educación en la
oración. Fundada en el sacramento del Matrimonio, es la 'iglesia doméstica'
donde los hijos de Dios aprenden a orar como Iglesia y a perseverar en la
oración. Particularmente para los niños pequeños, la oración diaria familiar
es el primer testimonio de la memoria viva de la Iglesia que es despertada
pacientemente por el Espíritu Santo.
2686. Los ministros ordenados son también responsables de la formación en la
oración de sus hermanos y hermanas en Cristo. Servidores del buen Pastor,
han sido ordenados para guiar al pueblo de Dios a las fuentes vivas de la
oración: la Palabra de Dios, la liturgia, la vida teologal, el hoy de Dios
en las situaciones concretas.
2687. Muchos religiosos han consagrado y consagran toda su vida a la
oración. Desde el desierto de Egipto, eremitas, monjes y monjas han dedicado
su tiempo a la alabanza de Dios y a la intercesión por su pueblo. La vida
consagrada no se mantiene ni se propaga sin la oración; es una de las
fuentes vivas de la contemplación y de la vida espiritual en la Iglesia.
2688. La catequesis de niños, jóvenes y adultos está orientada a que la
Palabra de Dios se medite en la oración personal, se actualice en la oración
litúrgica, y se interiorice en todo tiempo a fin de fructificar en una vida
nueva. La catequesis es también el momento en que se puede purificar y
educar la piedad popular. La memorización de las oraciones fundamentales
ofrece una base indispensable para la vida de oración, pero es importante
hacer gustar su sentido.
2689. Los grupos de oración, o 'las escuelas de oración', son hoy uno de los
signos y uno de los recursos de la renovación de la oración en la Iglesia, a
condición de que beban en las auténticas fuentes de la plegaria cristiana.
La preocupación por mantener la comunión es un signo de la autenticidad de
la oración en la Iglesia.
2690. El Espíritu Santo da a ciertos fieles dones de sabiduría, de fe y de
discernimiento dirigidos a este bien común que es la oración [dirección
espiritual]. Aquellos y aquellas que han sido dotados de tales dones son
verdaderos servidores de la tradición viva de la oración:
Por eso, el alma que quiere avanzar en la perfección, según el consejo de
san Juan de la Cruz, debe 'mirar en cuyas manos se pone, porque cual fuere
el maestro tal será el discípulo, y cual el padre, tal el hijo'. Y añade que
el director 'demás de ser sabio y discreto, ha de ser experimentado... Si no
hay experiencia de lo que es puro y verdadero espíritu, no atinará a
encaminar al alma en él, cuando Dios se lo da, ni aun lo entenderá'.
2691. La iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica
de la comunidad parroquial. Es también el lugar privilegiado para la
adoración de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. La
elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la
oración:
- para la oración personal, el lugar favorable puede ser un 'rincón de
oración', con las Sagradas Escrituras e imágenes, a fin de estar 'en lo
secreto' ante nuestro Padre. En una familia cristiana este tipo de pequeño
oratorio favorece la oración en común;
- en las regiones en que existen monasterios, una misión de estas
comunidades es favorecer la participación de los fieles en la Oración de las
Horas y permitir la soledad necesaria para una oración personal más intensa;
- las peregrinaciones evocan nuestro caminar por la tierra hacia el cielo.
Son tradicionalmente tiempos fuertes de renovación de la oración. Los
santuarios son, para los peregrinos en busca de fuentes vivas, lugares
excepcionales para vivir en comunión con la Iglesia las formas de la oración
cristiana.
Resumen
2692. En su oración, la Iglesia peregrina se asocia con la de los santos
cuya intercesión solicita.
2693. Las diferentes espiritualidades cristianas participan en la tradición
viva de la oración y son guías preciosos para la vida espiritual.
2694. La familia cristiana es el primer lugar de educación para la oración.
2695. Los ministros ordenados, la vida consagrada, la catequesis, los grupos
de oración, la 'dirección espiritual' aseguran en la Iglesia una ayuda para
la oración.
2696. Los lugares más favorables para la oración son el oratorio personal o
familiar, los monasterios, los santuarios de peregrinación y, sobre todo, el
templo que es el lugar propio de la oración litúrgica para la comunidad
parroquial y el lugar privilegiado de la adoración eucarística.
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