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Señores, esto no es
derechos humanos
Javier García Moritán
Como graduado de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA siento vergüenza
por la decisión de esa casa de estudios de dar apoyo al proyecto que busca
legalizar el aborto en la Argentina. Y más, por hacerlo en nombre de los
derechos humanos y la dignidad. ¿Hasta dónde puede llegar la perversión
humana si quienes se ocupan de pensar los valores sociales, se definen a
favor del peor de los crímenes y llaman a eso un derecho humano?
El 3 de agosto el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales
aprobó por unanimidad el proyecto “Ley de interrupción voluntaria del
embarazo” (nº 0998-D-2010). Este proyecto que es impulsado por algunos
legisladores del oficialismo y la oposición, a diferencia de otros
anteriores, ya no apunta a los casos extremos, como los embarazos producto
de violaciones, que suelen hacer más difícil su tratamiento. En esta
oportunidad, afirma que “no hay una única manera válida de enfrentar el
dilema ético que supone un embarazo no deseado” y sostiene la dignidad, la
plena autoridad, la capacidad y el derecho de las mujeres para resolver
estos dilemas. Concluye lo más importante manifestando que “el derecho a
decidir sobre el propio cuerpo es un derecho personalísimo ya que éste es el
primer territorio de ciudadanía de todo ser humano”.
Ahora lo que no se entiende cuando se dice que la decisión es sobre el
propio cuerpo, es que no se habla del derecho a extirparse el hígado o un
riñón, sino que en realidad se refiere al ser humano que está creciendo en
el vientre materno, persona desde la concepción, un ser radicalmente
original e inédito, que carga con la culpa de “no haber sido deseado”. Pues
ese ya es motivo válido para el aborto según este proyecto, tan subjetivo…
¡y vaya a saber cuántos de nosotros pudimos no haber sido deseados, sea cosa
que estemos viviendo casi sin merecerlo!
Es tan cobarde el tratamiento de este proyecto que no puede llamar a las
cosas por su nombre. Se esconde detrás de eufemismos que no hacen más que
deformar la realidad. Pienso que quizás sea más valiente quien defiende el
aborto asumiendo que la “interrupción del embarazo” no es más que quitar la
vida a un niño gestándose en el vientre materno, aunque en el fondo me
cuesta creer que alguien mirando de frente este acontecer pueda asumirlo con
toda su integridad.
Con este artículo no busco nada cercano a negar el drama de las muertes de
mujeres por los abortos clandestinos, dejémoslo claro, pero por favor que me
explique alguien cómo un grave flagelo social se resuelve con un asesinato y
más si la víctima no se puede defender.
¿De dónde viene ese apoyo unánime, me pregunto, es decir, que ni siquiera
haya habido discusión para un tema tan delicado? Es al menos llamativo que
todos se hayan puesto de acuerdo tan fácil. No puedo subestimar a los
miembros del Consejo pensando que identifican la defensa de la vida con lo
religioso, o la Iglesia católica y por ende, como se es “progresista” se
oponen desde el vamos. No puedo darle crédito a esa idea, pero que haya sido
unánime el apoyo, sin dudas me deja atónito.
Necesito que alguien también me explique cómo se ha diluido el primer
derecho humano, esencial y que casi sería una redundancia, el derecho a la
vida, que se vea sojuzgado de esta manera, ¿es que la vida ya no tiene un
valor irreductible?
Había un tiempo en que yo estudiaba comunicación en esa facultad y existía
una constante transversal a las materias, era menester tomar una posición
frente a los temas sociales más acuciantes. El mensaje de la comunidad
educativa era claro, no se podía permanecer indiferente, de manos cruzadas
frente a las hostilidades por las que es sometido el hombre. Si por un
valioso motivo Karl Marx dice presente en casi todas las materias de la
carrera, es por su legado humano, por el levantamiento frente a la
explotación y demás hostigamientos de un sistema injusto. Si bien todo en
política es discutible y están quienes les gusta nuestra carrera y nuestra
Facultad y quienes la aborrecen, yo, que la defiendo en cada instancia y que
la volvería a elegir, me quedo aturdido con tal perversa utilización que
hoy, en nombre de la institución, se está haciendo de los derechos humanos.
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