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El llamado
de la Iglesia
Editorial de La Nación - 11 Mayo 2010
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El vigoroso y oportuno llamado de la Iglesia Católica a movilizarse y votar
contra la corrupción no significa que haya tomado una posición partidista.
En todo caso, la convocatoria eclesiástica reflejada en el documento que
lleva como título Manifiesto de la esperanza debería ser entendida como un
aporte en lugar de ser tachada de crítica.
Es normal que la Iglesia, por representar al culto mayoritario de nuestro
país, se involucre en los grandes temas nacionales. Uno de ellos es la
pobreza, como bien hizo en recordar el arzobispo de Buenos Aires, cardenal
Jorge Bergoglio.
No es novedosa esta preocupación ni puede prestarse a especulaciones
políticas.
Tampoco es novedoso, entre las inquietudes de la Iglesia, que los ciudadanos
deban exigir transparencia y honestidad a los representantes políticos. ¿De
quiénes, si no de ellos, debe emanar la transparencia y la honestidad que
permita a la gente volver a confiar en sus dirigentes? Confiar es una forma
de participar. No es suficiente, desde luego, pero peor aún es bajar los
brazos en señal de derrota frente a la desesperanza.
Con esa actitud negativa nada se consigue frente a la "amarga sensación de
desánimo y mezquino individualismo" que, según el documento eclesiástico,
rodea la inminente celebración del Bicentenario, que la Argentina comparte
este año con Colombia, México, Chile y Venezuela.
Nada irrita más que la indiferencia frente a un problema concreto, como la
pobreza. Y la Iglesia no puede ocultarlo. Se encuentra en esa penosa
situación el 13,2 por ciento de los argentinos de acuerdo con estadísticas
oficiales y más de un tercio de la población según datos privados, algo
aberrante en un país que se supone rico en recursos naturales.
De nada valen las poco fiables estadísticas gubernamentales que traducen en
cifras supuestamente halagüeñas situaciones pavorosas que lastiman las
pupilas en todo el país, empezando por los chicos que revuelven la basura en
las grandes ciudades.
Son la transparencia y la honestidad las herramientas más eficaces para
evitar suspicacias en momentos en que resurgen casos escandalosos de
corrupción nunca dilucidados en los cuales están envueltos funcionarios
gubernamentales y empresarios que han acompañado o aún acompañan a los
Kirchner en su gestión.
Frente a la ausencia de partidos consolidados, secuela de la crisis de 2001,
y el exceso de voces políticas sólo interesadas en sacar rédito de
situaciones poco claras, la Iglesia ha hecho bien en reafirmar sus valores
con el pedido de no votar por aquellos candidatos que no cumplan con las
premisas mínimas de honestidad. Es necesario respetar las leyes para evitar
"el desorden y la anarquía", advirtió.
En la última declaración de la comisión permanente del Episcopado, los
obispos habían señalado que era imperioso "superar el estado de
confrontación permanente". Esa observación de indudable tono crítico no era
sólo para el Gobierno, sino, también, para la oposición. Lo entendió de ese
modo la propia Presidenta, anfitriona del cardenal Bergoglio y la conducción
episcopal.
Sería bueno que fuera interpretada del mismo modo esta nueva intervención de
la Iglesia, de modo de no dejar que se preste a falsas lecturas y quede
atada a intereses que no son, precisamente, aquellos que persigue el
documento eclesiástico.
También sería positivo que se tomara en cuenta el claro rechazo al aborto al
exaltar la "dignidad intocable de la vida humana".
Estas posiciones hacen a la esencia misma de la Iglesia y son una
contribución a la cultura democrática, fortalecida en el debate, como otras
que animan a la gente a participar en política. Se asocian al
fortalecimiento institucional que, desde todos los sectores de la vida
nacional, se ha reclamado en más de una oportunidad.
Es un derecho ciudadano exigir a los representantes políticos cuotas mínimas
de transparencia y honestidad, así como abogar por debates y consensos en
lugar de decisiones tomadas en la soledad del despacho presidencial. La
Iglesia, como parte importante del entramado social argentino, señala ese
camino con una premisa fundamental: recobrar la cordura y no temer el
disenso en tanto todos, empezando por los que más necesitan, tengamos
beneficio de inventario.
Resulta imperioso que las autoridades nacionales tomen debida nota de este
mensaje en lugar de seguir con su mala costumbre de pretender matar al
mensajero.
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