La economía no es la solución
a la crisis de los mercados
Conclusiones de la XVI Sesión Plenaria de la Academia de
Ciencias Sociales
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 6 de mayo de 2010 (ZENIT.org).-
Ofrecemos, por su interés, las conclusiones de la XVI Sesión
Plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales,
que fueron leídas ayer por José Tomás Raga, profesor de
Economía en la Universidad Complutense (España) y
coordinador de esta sesión plenaria.
* * *
La producción de un verdadero documento de conclusiones con
toda la profundidad sugerida por el tema es una tarea poco
menos que imposible. Este es un momento, por lo tanto, para
expresar gratitud a todos por el esfuerzo realizado en las
tareas encomendadas, y también para ofrecer felicitaciones
por el éxito con el que se han llevado a cabo. Creo, y es
una opinión personal, que los objetivos fijados por el
Consejo de la Academia y aprobados por la Asamblea en la
sesión final de hace un año, se han logrado con la dignidad
que se puede pedir de una institución pontificia, como ésta
a la que pertenecemos.
Teólogos y moralistas, sociólogos y politólogos, abogados y
economistas de todo el mundo se han reunido con el objetivo
común de poner sus conocimientos al servicio de la
comunidad, al servicio de la familia humana, en la búsqueda
desinteresada de la verdad científica que, como tal,
coincide con la verdad del hombre. Es este ambiente de
diversidad científica y de compromiso con la tarea común el
que confiere grandeza a nuestra misión de proporcionar,
dentro de nuestras limitaciones, una contribución a la
Iglesia y un servicio a la humanidad.
Todas las intervenciones, yo diría que sin excepción, y de
hecho es un placer estar en condiciones de hacer tal
declaración, han tenido en cuenta, no sólo las
características técnicas de la crisis en relación con el
ámbito científico de los ponentes, sino también los
antecedentes que hicieron esta crisis posible o inevitable,
además de las consecuencias de la situación económica y
financiera para las personas, las familias y para la
comunidad en su conjunto.
No obstante, y con fines puramente metodológicos, me
atreveré a organizar la síntesis de las conclusiones
mediante la agrupación de las contribuciones más
significativas en cuatro áreas, cuyo orden no es aleatorio:
a) Aspectos económicos, b) consideraciones morales, c) marco
social, d) fundamentos educacionales.
A) Una visión económica de la crisis.- Es evidente que la
actividad económica es un aspecto de la actividad humana y
que, por esta razón, está condicionada por los criterios,
evaluaciones y objetivos de la persona que, a diario, toma
decisiones que causan efectos económicos, tanto para él como
para la sociedad en su conjunto. No debemos olvidar las
palabras de Benedicto XVI: "... toda decisión económica
tiene una consecuencia moral ..." 1 Por lo tanto, el
análisis económico de la crisis también se ha centrado en la
consideración del hombre y los valores presentes en su
comportamiento.
Es evidente que el hombre vive hoy inmerso en un
materialismo que le impide ver el horizonte de la
trascendencia que forma parte integrante de él, hasta el
punto de que una caída del tres por ciento en el PIB puede
causar trastornos en la vida de los sujetos. El corto plazo
se ha convertido en la única dimensión aceptable, y el
beneficio inmediato en gran cantidad prevalece sobre la
penalización de un futuro incierto, debido a que la tasa de
descuento para estimar el valor actual de ambos es
extraordinariamente alta. Lo cuantitativo ha sustituido a lo
cualitativo, y cualquier elemento material que pueda ser
medido, ponderado y valorado en términos monetarios, cancela
toda consideración o referencia de carácter espiritual,
referencias que se encuentran en el corazón del hombre. Por
tanto, no es sorprendente que la economía financiera ha
adquirido un papel central, en contraposición a la economía
real, y ambos predominen tanto sobre los valores
estrictamente espirituales y humanos.
El beneficio, legítimo en principio, es tanto más deseado de
acuerdo con la brevedad del plazo necesario para su
consecución. Las actividades especulativas, tan arraigadas
en estos tiempos históricos de la globalización, constituyen
un buen ejemplo del viejo principio financiero de quick in,
quick out (entrada rápida, salida rápida).
Por lo tanto, el sujeto renuncia a su propio ser para
convertirse en un eslabón más en la cadena de la actividad
económica. Al mismo tiempo que el trabajador, el productor,
el consumidor, el ahorrador, inversor, etc aparecen en el
escenario, el hombre de trabajo, el hombre de la producción,
el sujeto de consumo, etc desaparece. Esta es la abstracción
que en última instancia, hace del hombre un esclavo de la
economía, el servidor de un principio que no constituye la
esencia de su verdadero ser; hablamos de la presentación de
un mandamiento nuevo: la ética de la eficiencia o, si lo
prefieren, del beneficio, como el principio que rige cada
una de las actividades humanas. Tal es así que, que
cualquier medio es válido si conduce finalmente a la meta
deseada. El engaño, el fraude, la coacción, todos ellos son
instrumentos útiles para, volviendo a la moral, para
conseguir el objetivo establecido: el mayor beneficio y el
mayor poder.
Con buena razón, se ha hecho distinción entre el papel
importante de la actividad económica desarrollada por el
empresario que es consciente de su proyecto de vida, un
proyecto que tiende hacia Dios, y el otro tipo de actividad
que sólo tiene en cuenta el presente, sin cualquier otro
compromiso que sea conforme con la dignidad de la persona
humana. Con una afortunada terminología, se les reconoce
como el empresario sine specie aeternitatis, y el empresario
sub specie aternitatis.
Cuando desaparecen estas referencias, el hombre se inclina
hacia la satisfacción inmediata de sus deseos y hacia la
explotación de todas sus posibilidades. La escasez de
referencias en la actividad económica conduce a una falta de
consideración de los efectos negativos de su conducta y un
fracaso aún mayor al considerar aquellos que sufren estos
efectos. Reflexionemos, en este sentido, en la completa
falta de consideración hacia los efectos que pudieran
producirse en terceros países como consecuencia de la
distribución, a través de los mercados financieros de los
activos “tóxicos” emitidos en un país y transmitidos
rápidamente para infectar a otros países y continentes.
Se han presentado siete razones probables de esta infección:
a) las dificultades de los países pobres para acceder al
mercado externo, tanto para la financiación como para los
seguros; b) los ingresos de las exportaciones, que
disminuirán como consecuencia de la disminución de la
demanda externa de sus productos, además de la reducción de
los precios de los mismos, c) el valor de los títulos
extranjeros disminuye, como consecuencia de la disminución
de sus rendimientos; d) la reducción de las inversiones
extranjeras, e ) la reducción de la ayuda externa; f) la
reducción de las remesas externas, y g) la reducción del
turismo.
Por lo tanto, en esta Sesión Plenaria que ha llegado a su
fin, ha habido un llamamiento a una regulación más eficaz y
adecuada de los mercados financieros, en la creencia de que
es en estos mercados donde la vulnerabilidad se produce con
mayor frecuencia y alcance. Una regulación que debe prestar
suficiente atención a: las preguntas sobre si las entidades
financieras tienen capital suficiente para que puedan ser
autorizados a operar en el mercado; el mejoramiento de la
cobertura de riesgo en las operaciones de crédito; la
limitación de la tasa de apalancamiento de las operaciones
financieras; el desarrollo de requisitos de liquidez que
proporcionen seguridad y disponibilidad de recursos
financieros; la moderación de los premios – bonus –
recibidos por los ejecutivos de las entidades financieras y
empresas en general, que han sido escandalosos en momentos
de crisis; el aumento de la transparencia en las actividades
de las Agencias de Evaluación, etc.
Ahora bien, siendo estas medidas necesarias, no son
suficientes. Cuando hablamos de financiación y, sobre todo
de las dificultades o perturbaciones en el mercado
financiero, no debemos reducir el análisis a lo que
corresponde al sector privado de la economía, ya sea los
hogares o las empresas; las obras del sector público pueden
desempeñar también un papel importante en este tipo de
problemas. Cuando esto sucede, es necesario prestar especial
atención al equilibrio presupuestario, objetivo básico y,
desde luego, para eliminar el déficit excesivo, hay que
reducir los gastos públicos, por muy impopular que sea, y,
en su caso, aumentar ligeramente los impuestos; los
impuestos que menos distorsionen el mercado. Junto a él,
otra medida, que en este caso corresponde al sector real,
que es el de incrementar la productividad de los recursos
públicos, con la reducción de los salarios, y, en todo caso,
reformar el mercado laboral, introduciendo una mayor
flexibilidad para ajustarlo, de forma automática a las
exigencias de la producción.
B) Fundamentos morales de las consideraciones anteriores
sobre la crisis .- Para la Iglesia, la economía no es el
centro de la actividad humana y, ciertamente, no constituye
la referencia que debe configurar la conducta de los
hombres. En palabras de Juan Pablo II, "... La economía, de
hecho, es sólo un aspecto y una dimensión de la totalidad de
la actividad humana". 2
El hombre es creado como un ser libre y responsable llamado
a la entrega. "A veces el hombre moderno está erróneamente
convencido de que él es el único autor de sí mismo, de su
vida y de la sociedad. Esto es una consecuencia ... del
pecado original ..." 3. Precisamente por esta razón, las
leyes son necesarias para sancionar las acciones que se
alejan del bien del hombre y de la sociedad. Las leyes son
necesarias para sancionar la corrupción, ya que ésta
demuestra el triunfo del mal sobre el bien. Es necesario
distinguir en estas normas, dos procedimientos de
elaboración diferentes: las que vienen de arriba (las normas
de carácter general) y las que proceden de abajo (las que se
establecen para su aplicación específica en un determinado
país). Es necesario reconocer que las primeras, las que
fijan las normas internacionales, han demostrado una
eficacia muy baja, lo que no autoriza a pensar que las
experiencias positivas a nivel nacional se puedan traducir a
la escala internacional, ya que al final, los conflictos de
intereses entre las naciones son abundantes y habituales.
No se puede olvidar que el hombre es un ser social por
naturaleza. Por eso el hombre nace, vive y muere en sociedad
y, además, se perfecciona en la sociedad cuando con su
compromiso generoso y fraternal tiende a mejorar la
condición de los miembros de la comunidad. Persona, familia
y sociedad, y en ese orden, son las que dan realismo a la
sociabilidad humana. Por otra parte, un gran número de
necesidades del hombre sólo pueden ser satisfechas en el
entorno familiar o en el de la comunidad a la que pertenece.
Pensemos en el compañerismo, la comprensión, el testimonio
del amor, el deseo de generar vida, el de asistir a la
educación, etc.
Es cierto que el mercado tiene la capacidad de ofrecer una
vía para la satisfacción de las necesidades materiales de
las personas, y hacerlo de manera eficiente, pero no puede
lograr esta eficiencia sin una referencia ética, una
referencia en la que la conservación de los recursos es de
importancia fundamental. No se puede olvidar que la tierra y
todo lo que existe ha sido dada al hombre, a toda la
humanidad, y a todos los hombres. Ahora podemos ver que,
incluso cuando hablamos de las necesidades materiales, el
mercado, sin consideraciones morales, es capaz de causar un
daño que puede ser difícil, o incluso imposible, reparar.
Pero junto con estas situaciones, está la amplia gama de
necesidades espirituales a las que el mercado no puede
ofrecer una vía para garantizar su satisfacción. En estas
necesidades, destaca claramente la de la gratuidad en lugar
del intercambio. Debe percibirse en ellas la fraternidad que
invade la relación afectiva, sin equivalencia en términos de
compensación. Por lo tanto, el mercado no es más que un
instrumento que es correcto para una serie de objetivos,
siempre y cuando prevalezcan ciertas circunstancias. ¿La
solución radica en el rechazo del mercado y sustituirlo por
la planificación estatal? Si hemos dicho que el orden
natural era persona – familia – sociedad, hay que añadir que
el Estado vendría después de la sociedad. La prioridad es
muy clara en las palabras de León XIII: "No hay necesidad de
contar con el Estado. El hombre precede al Estado, estando
en posesión, antes de la formación de un Estado, del derecho
a proveer el sustento de su cuerpo. "4
C) El marco social, y el resultado de la restricción sobre
el comportamiento humano .- En efecto, ante el peligro del
individualismo, la solución no es el colectivismo, sino más
bien la apertura a la fraternidad. Aquí es donde el hombre
disfruta de su condición humana, donde se abre a la
gratuidad y donde él se siente el protagonista en la
promoción del bien común.
Desde el individualismo, es conceptualmente imposible
configurar una organización política o social. El
aislamiento del individualismo es contrario al compromiso y
la solidaridad. De hecho, la solidaridad sólo es concebible
en allí donde exista interdependencia entre hermanos, como
hijos del mismo padre. Una sociedad civil que deseen ser
fuerte sólo puede serlo mediante lazos de interdependencia
que subordinen, sin coacción, el interés privado y
exclusivo, con el interés general, o mejor aún, con el bien
común, como bien de todos y cada uno de los miembros de la
comunidad. Este bien común está configurado claramente, en
la carta encíclica Caritas in veritate, como el desarrollo
integral del hombre.
Este concepto, que abarca la familia humana en su totalidad,
el que puede proporcionar la solución a la falta de
confianza que parece ser la piedra angular de la actual
crisis. Esta falta de confianza no puede resolverse en el
ámbito individual, ya que la confianza existe en alguien, es
decir, que la reciprocidad es necesaria. La confianza en uno
mismo no puede ser considerada como un valor social. No se
puede tomar como un valor para la convivencia. No es
necesario recurrir a modelos abstractos de la sociedad. La
sociedad está configurada por la vida en sociedad. Esta es
la semilla en la que se basa una sociedad civil capaz de
hacer frente, con los lazos de interdependencia, a una
crisis que ha afectado a toda la familia humana, no sólo
económicamente sino también en términos humanos.
D) La educación, una semilla que debe germinar.- Hablamos
continuamente de la educación, del proceso educativo, de la
importancia de la educación para una sociedad armónica y
responsable. Y, como educadores, subrayamos la nobleza de la
función del profesor como una tarea cualificada en la
enseñanza programada. Sin embargo, ante las turbulencias de
la vida, parece que el hombre se encuentra sin una
respuesta, sin los instrumentos para hacer frente a la
adversidad.
La respuesta frente a la crisis es, en un número infinito de
casos, la depresión y el desaliento, en lugar de la lucha
que daría lugar a una acción decisiva para reducir sus
efectos. Por lo tanto, es interesante preguntarse: ¿Qué
educación estamos ofreciendo a los jóvenes? ¿Cuál es el
verdadero objetivo del proceso educativo? ¿Los elementos
materiales y el corto plazo, siguen siendo los objetivos de
la acción educativa?
Si entramos, aunque sea superficialmente en el proceso,
destaca con particular claridad, y más aún en la etapa
universitaria, que la profesión es el foco que ilumina el
proceso educativo. Es decir, con toda probabilidad, no
estamos formando personas, sino más bien profesionales, y a
estos los formamos libres de compromiso con la sociedad en
la que ejercerán sus funciones. No puede sorprender, por
tanto, que en la actual crisis, haya habido una abundancia
de trampas y fraudes, y una referencia excesiva a corto
plazo, junto con el desdén a todo lo que pertenece al largo
plazo.
Su comportamiento ha sido similar al de los mercenarios
aislados que, pensando en sí mismos, carecen de cualquier
consideración hacia los demás. Su objetivo tiene una
dimensión muy a corto plazo. El concepto de comunidad o de
la sociedad está ausente, el "otro" no existe y nunca
existirá. La interdependencia no tiene sentido ni afecto
estima hacia las personas, y las instituciones carecen de
realismo. La profesión se vive con agresividad y se basa en
la posición de importancia que pueden lograrse a través de
un rendimiento notable y en el menor tiempo posible.
En este escenario, el conocimiento y el disfrute de los
conocimientos y su descubrimiento no parecen ocupar un lugar
preeminente. El hecho es que el conocimiento como input en
la formación de la personalidad ni siquiera se considera
oportuno. El conocimiento se define como lo que podría
considerarse útil para la práctica de la actividad
profesional. Por lo tanto, el término más empleado en la
política educativa de hoy es la "empleabilidad". Todo gira
en torno a la posibilidad de empleo. Buscadores de empleo
que carecen de los fundamentos de quiénes son y cuál es su
propósito [en la vida], que ignoran su deuda con la sociedad
por las oportunidades que les ha ofrecido. Si lo que
sembramos es el materialismo, si se concede predominio a los
planes utilitaristas en contraposición a la grandeza del
corazón y al compromiso con el bien de los demás, no podemos
esperar otra cosa que lo que hemos contemplado en la actual
crisis económica.
Por supuesto, es cierto que las leyes pueden contribuir.
Después de todo, tienen un gran efecto pedagógico,
manifestando las conductas en concordancia con una sociedad
honrada y armoniosa, y sancionando las actitudes que sirven
para contravenir ese proyecto social. La ejemplaridad es un
canal educativo también, aunque hay que reconocer que es el
último recurso de la educación. Para desplazarse por la
selva de la vida, es necesario conocer sus senderos, conocer
el equipo necesario para el viaje, calcular la fuerza de la
que uno dispone y entender que cualquier viajero podría ser
de gran ayuda en un momento de necesidad . Es decir, que
necesitamos gente de mente abierta, con la capacidad de
integrarse en equipos de trabajo y con la capacidad de
reflexión, apostamos por las personas que están convencidas
de que el mundo es tan complejo que sólo con la cooperación
de los demás vamos a lograr el fruto del trabajo y, además,
que sólo con una visión de conjunto será posible encontrar
una solución, a través de la interacción cooperativa de los
que se comprometen en ella.
Lo contrario es exponerse a escuchar la respuesta recibida
por la reina Isabel II de Inglaterra cuando, al visitar la
Escuela de Economía de Londres, preguntó acerca de la
crisis, su posible pronóstico y los instrumentos para
reducir sus efectos. La compartimentación del conocimiento
no puede producir otra cosa que disfunciones en la actividad
que se nos confía.
_____________________________________
1 Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate. Roma
29.06.2009, num. 37.
2 Juan Pablo II, Carta Encíclica Centessimus annus. Roma,
01.05.1991, num. 39.
3 Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate. Roma
29.06.2009, num. 34.
4 León XIII, Carta Encíclica Rerum novarum. Roma 15. 05.
1891, num. 7.
[Traducción del original inglés por Inma Álvarez]
