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Respuesta vaticana al drama de los niños del
Sida:
«El Buen
Samaritano»
Entrevista al presidente de la Fundación, el cardenal Lozano Barragán
ROMA, lunes, 14 enero 2008 (ZENIT.org).- En el mundo dos millones y medio de
niños afectados de Sida (el 90% se concentran en África subsahariana)
esperan una respuesta que les permita vivir; la Fundación «El Buen
Samaritano», con sede en el Vaticano, trabaja como promotor y puente de
ayudas que necesitan con carácter permanente y urgente. Los fármacos que les
dan esperanza de vida cuestan 12,5 euros al mes.
Así lo confirma su presidente, el cardenal Javier Lozano Barragán, en esta
entrevista concedida a Zenit, en la que recuerda el origen de «El Buen
Samaritano», constituida por el Papa Karol Wojtyla en 2004 --y confirmada
por Benedicto XVI-- con personalidad jurídica pública, canónica y civil.
Su finalidad es el sostenimiento económico de los enfermos más necesitados,
con particular atención a los de Sida [en todo el mundo la cifra estimada se
aproxima a los 36 millones de casos]. La Fundación está confiada al
Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud -la gobierna un Consejo de
Administración según sus respectivos estatutos--. Preside ambas realidades
el cardenal Lozano Barragán.
Alienta la labor de la Fundación el llamamiento que lanzó Benedicto XVI en
vísperas de la Jornada Mundial --del pasado 1 de diciembre-- contra el Sida.
Exhortó «a todas las personas de buena voluntad a multiplicar los esfuerzos
para detener la difusión del virus HIV, para contrarrestar el despacio que
frecuentemente golpea a los que los afectados y para atender a los enfermos,
especialmente cuando aún son niños».
--¿Cómo se gestó «El Buen Samaritano»?
--Cardenal Javier Lozano Barragán: Preguntaron hace bastante tiempo a Juan
Pablo II: «¿Qué está haciendo la Iglesia por los enfermos de Sida?».
Entonces Juan Pablo II me dijo: «Encárguese usted de responder a ese
interrogante». Existe un fondo mundial, el Fondo Global para combatir las
enfermedades del Sida, la tuberculosis, la malaria; en aquella época su
presidente era un católico, Thomas Thompson. Me dijo que promovían una
campaña en todo el mundo, que contaban con unos 15 mil millones de dólares
para resolver estos problemas, y propuso que nos ayudáramos recíprocamente.
Me pareció adecuado. Dos años después -incluso se había cambiado ya de
presidente-- me di cuenta de que el Fondo Global quería todo menos ayudar a
la Iglesia católica.
Comprobé que el 27% de las instituciones que se dedican en todo el mundo a
atender a los enfermos de Sida son católicas -con el dinero de la caridad--;
el 44% pertenece a los gobiernos -instituciones financiadas con los
impuestos--, el 11% a Organizaciones No Gubernamentales y un 8% a otras
confesiones religiosas.
Las instituciones católicas forman, digamos, el principal «socio», pero no
se quiere reconocer, entre otras cosas porque se dice que la Iglesia
católica es «promotora» del Sida -una acusación banal- porque no permite el
preservativo. Perdí el tiempo dos años detrás del Fondo Global. No conseguía
absolutamente nada, a pesar de la buena voluntad de Thomson.
Después recibí otra propuesta: del «Leadership Fund», de parte de los EE. UU.,
que también se presentaba con unos 15 mil millones de dólares para ayudar a
los enfermos de Sida en el mundo. Cuando acudí a Nueva York a ultimar las
cosas constaté que se pretendía subordinar en cierta forma la Santa Sede a
tal Fondo, no tanto para ayudar a los enfermos como para tener cierto
control sobre ese 27% integrado por instituciones católicas. Fue una
tergiversación de lo que se me había propuesto anteriormente. Ahí terminó
todo.
Junto al cardenal Angelo Sodano, entonces secretario de Estado, me pregunté:
si somos unos mil doscientos millones de católicos en el mundo, ¿por qué
vamos mendigando ayudas donde no nos las quieren dar? ¿Por qué no fundamos
una institución precisamente para ayudar a los enfermos de Sida más
necesitados? Planteamos la idea a Juan Pablo II y la aprobó; surgió así «El
Buen Samaritano» como Fundación. Y elegimos el nombre «El Buen Samaritano»
porque es el que ayuda al enfermo más desprotegido, que es Cristo mismo en
último término.
--¿La Fundación «El Buen Samaritano» canaliza toda la ayuda de la Iglesia
por los enfermos del Sida?
--Cardenal Javier Lozano Barragán: En absoluto. La Fundación «El Buen
Samaritano» promueve, orienta y coordina -hasta cierto punto-- las ayudas
que se dan en toda la Iglesia y que brindan diversas organizaciones.
Pensemos en el caso de Mozambique, donde está trabajando la Comunidad de San
Egidio; allí no entramos. Actuamos donde nadie lo hace. Por eso animamos a
las organizaciones de ayuda a los enfermos de Sida; les pedimos que se
activen, incluso hasta hacer inoperante «El Buen Samaritano». Y si las
organizaciones cubrieran todo, sería magnífico. Nuestra función es
subsidiaria. Donde las instituciones no llegan, entonces sí entra la Santa
Sede con la Fundación «El Buen Samaritano».
--¿Cómo concreta la Fundación sus objetivos? ¿Cómo detecta las necesidades
más apremiantes?
--Cardenal Javier Lozano Barragán: Tenemos una forma peculiar para detectar
las necesidades que existen en el mundo. Por un lado contamos con las
estadísticas y conocemos los países que registran más enfermos de Sida y sus
recursos, también de tipo gubernamental. Y así podemos dirigirnos a los
países más pobres. En estos, nuestros interlocutores son los obispos, la
Conferencia Episcopal. Les ofrecemos nuestra ayuda y nos confirman cuáles
son las necesidades más apremiantes.
Puesto que tenemos pocos fondos, se deben administrar con mucha cautela.
Cuando un obispo, por ejemplo, nos propone un caso concreto, le pedimos que
se dirija al nuncio: éste debe aprobar la petición y ponerse en contacto con
nosotros. Ello facilita mucho el proceso de ayuda; carecemos de burocracia.
Los fondos los ingresamos en el «Instituto para las Obras de Religión», el
I.O.R. [de la Santa Sede. NdR]. Los nuncios a su vez tienen sus fondos en el
I.O.R. Si llega de Ghana la petición de una suma determinada, simplemente
hacemos la transferencia de la cuenta de «El Buen Samaritano» a la del
nuncio de Ghana. Basta con avisarle por teléfono de que se le ha enviado la
suma para utilizarla en la necesidad que indicamos.
De igual forma, al carecer de una cantidad sustancial de fondos, nos
dedicamos a suministrar antirretrovirales, o sea, medicinas. En alguna
ocasión me han criticado diciendo que lo más importante es la prevención. Y
estoy de acuerdo. Pero si, por ejemplo, encuentro a alguien muriéndose en la
carretera, no le voy a leer el Código de la Circulación; lo que tengo que
hacer es llevarle al hospital inmediatamente. Es lo que procuramos: atender
al que está muriéndose; es la máxima prioridad. En el orden lógico, es
prioritaria la prevención. En el orden real, es ayudar al que está en
situación urgente. Y por eso nos centramos en los antirretrovirales. Si
llegado un punto tenemos tales fondos que podemos hasta construir centros
para enfermos de Sida, para los huérfanos, será estupendo; pero en este
momento nuestros fondos no nos permiten llegar a esas necesidades.
--¿Qué aportaciones integran los fondos de «El Buen Samaritano»?
--Cardenal Javier Lozano Barragán: La fuente es toda la Iglesia católica;
solicitamos a todos los países, a todos los episcopados, a todos los fieles,
que nos ayuden. Y damos los datos necesarios para hacer llegar sus
donativos.
Nosotros somos un puente. De acuerdo con el precio inferior que hemos podido
conseguir de un laboratorio -cuyo nombre evito, por razones comerciales--,
217 dólares estadounidenses [unos 150 euros. NdR] por paciente al año, una
persona nos hace llegar determinada suma a nuestra cuenta del I.O.R. o la
transferimos ahí. Cuando recibimos una petición de determinado lugar
--especialmente de África--, esa cantidad la enviamos para cubrir la
necesidad específica a través del nuncio; la ayuda se convierte
inmediatamente en medicina. El laboratorio del que hablé tienen filiales en
muchísimas partes del mundo y el compromiso de darnos el tratamiento por
paciente y año. En el lugar de que se trate enviamos a la persona que lo
requiere al laboratorio designado o al punto farmacéutico correspondiente.
Pedimos a los beneficiados el recibo y comprobamos el uso adecuado de los
fondos.
--En líneas generales, ¿en qué se traducen los antirretrovirales para el
enfermo?
--Cardenal Javier Lozano Barragán: En la prolongación de la vida. El nuncio
en Ghana nos hablaba hace unos meses de un pequeño hospital donde había
cincuenta muertos al mes; después de la ayuda de «El Buen Samaritano» con
los antirretrovirales se registran solamente dos decesos al mes. Se
potencian las defensas del organismo y se gana vida hasta donde el avance de
la medicina lo permite.
--En lugar de una Jornada o de una Campaña especial de recogida de
donativos, «El Buen Samaritano» sencillamente aprovecha el tiempo de
Adviento y de Navidad para una sensibilización. Este año ha alertado
especialmente del caso de los niños: ¿son los grandes olvidados del drama
del Sida?
--Cardenal Javier Lozano Barragán: Nos estamos fijando en los enfermos de
Sida más necesitados, y los más necesitados son los niños. Es tremenda la
tragedia de los pequeños huérfanos o ya afectados por el Sida. Recientemente
en Uganda, en Kilongo, en la frontera con Sudán, me reuní con una cantidad
enorme de personas enfermas de Sida. El superior de la misión del hospital
de Kilongo me presentó a cincuenta niños --todos de menos de diez años de
edad, todos huérfanos del Sida-- para que les hablara, para infundirles
confianza, para enviarles nosotros los medicamentos y que así puedan ir a la
escuela y llevar una vida más o menos normal.
El problema de los huérfanos es horrible: los jóvenes padres de estas nuevas
generaciones han muerto; ahora los niños pasan a la casa de los abuelos, y
estos no tienen capacidad física ni emocional para mantenerlos en todas sus
necesidades. No es raro encontrar en una familia diez o quince niños por lo
menos. Y los abuelos renuncian a ocuparse más que de dos o tres. «¿Y los
demás qué hacen?», pregunté; «¿a la selva?». Pues sí: como los animalitos, y
ya se verá qué les sucede.
Estamos ante una tragedia inminente: hay cerca de dos millones y medio de
niños huérfanos y afectados de Sida en África en este momento.
Los donativos que recibimos proceden de católicos; también se suman personas
de buena voluntad. Tampoco nosotros preguntamos a un enfermo cuál es su
credo para ayudarle.
No se trata de campañas con un plazo determinado. Igual que,
desgraciadamente, no hay una fecha para contagiarse de Sida, tampoco hay una
fecha para recibir ayudas. El contagio es crónico, permanente. Así que la
ayuda también debería ser crónica, permanente.
Por Marta Lago
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Formas de envío de donativos a la Fundación «El Buen Samaritano» en
cualquier momento del año:
-- Cheque Bancario Internacional a nombre de: «Cardenal Javier Lozano
Barragán, presidente de la Fundación El Buen Samaritano, Ciudad del
Vaticano».
-- Transferencia bancaria a la cuenta corriente del «Instituto per le Opere
di Religione - I.O.R.» de la Santa Sede a nombre de la «Fundación El Buen
Samaritano, Ciudad del Vaticano»: cuenta nº 14825.008 (para donativos en
euros); cuenta nº 14825.007 (para donativos en dólares estadounidenses).
La recepción, estudio y aprobación de proyectos de ayuda en este campo
competen al Consejo de Administración de la Fundación «El Buen Samaritano»,
cuya sede está en el
Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud (http://www.healthpastoral.org/)
Palazzo S. Paolo
00120 Ciudad del Vaticano
Teléfono: +39.06.69883138
Fax: +39.06.6988.3139
E-mail: goodsamaritan@hlthwork.va ; opersanit@hlthwork.va
Las oficinas está situadas en:
Via della Conciliazione, 3
00193 Roma
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