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CLAVES PARA EL DESARROLLO JUSTO Y SOSTENIBLE, SEGÚN EL
PAPA
Advierte de que la globalización no es sinónimo de orden mundial
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 enero 2008 (ZENIT.org).- Para «preferir el
bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos» se necesita
«una gran esperanza», alerta Benedicto XVI.
La solemnidad de la Epifanía -celebración de «Cristo, Luz del mundo, y su
manifestación a las gentes»--, con la adoración de los Magos de Oriente al
Mesías en Belén, expresa la extensión de la bendición de Dios «a todos los
pueblos», «a la Iglesia universal» «que acoge en su seno a toda la
humanidad», expresó el Papa en su homilía, en la Santa Misa que presidió
este domingo en la Basílica Vaticana.
En su mirada a la humanidad, el Santo Padre quiso aludir al fenómeno de la
globalización, que en absoluto es «sinónimo de orden mundial».
Y es que «los conflictos por la supremacía económica y el acaparamiento de
los recursos energéticos, hídricos y de las materias primas hacen difícil la
labor de cuantos, en todo nivel, se esfuerzan por construir un mundo justo y
solidario», lamentó.
Por eso «existe la necesidad de una esperanza mayor, que permita preferir el
bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos», y tal
esperaza «sólo puede ser Dios», confirmó.
Pero «no un dios cualquiera» --insistió, remitiéndose a su reciente
Encíclica «Spe salvi»--, sino «el Dios que tiene un rostro humano», esto es,
«el Dios que se ha manifestado en el Niño de Belén y en el
Crucificado-Resucitado».
Es la certeza de una «gran esperanza» aquello que permite «perseverar en la
sobriedad» --indicó--; al contrario, la carencia de la «verdadera esperanza»
conduce a buscar la felicidad «en la ebriedad, en lo superfluo, en los
excesos», lleva a la ruina de uno mismo y del mundo.
Por eso, según el Papa, «la moderación no es sólo una regla ascética, sino
también un camino de salvación para la humanidad».
«Ya es evidente que sólo adoptando un estilo de vida sobrio, acompañado del
serio compromiso por una equitativa distribución de las riquezas, será
posible establecer un orden de desarrollo justo y sostenible», subrayó en su
homilía ante cardenales, obispos, miembros del cuerpo diplomático y fieles.
De aquí también la necesidad de personas «que alimenten una gran esperanza y
posean por eso mucha valentía», reconoció.
Y ello a ejemplo de los Magos, quienes, como recordó Benedicto XVI,
«emprendieron un viaje siguiendo una estrella y supieron arrodillarse ante
un Niño y ofrecerle sus preciosos dones».
«Todos necesitamos de este valor, anclado en una sólida esperanza»,
concluyó, implorándolo por intercesión de la Virgen María.
Por Marta Lago
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