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Mensaje Vocacional con motivo del Domingo del
Buen Pastor
Tal vez hoy, más que nunca, la figura del Buen Pastor sea la más
significativa para nosotros como Iglesia. Estamos “cansados y agobiados” de
ver el rebaño de Dios tan acosado por el enemigo, que nuestros ojos se
vuelven a Jesús, como Pastor, que se bajó a buscar la oveja perdida y la
cargó sobre sus hombros para poderla integrar al rebaño.
Hoy hay muchos lastimados y apartados o alejados de los núcleos de
contención afectiva y valorativa, partiendo en muchos casos, de la propia
familia que no tiene fuerzas para sostener su misión, porque sus mismos
miembros sufren los coletazos del desamor. De aquí en más el abandono, la
violencia, la muerte, la búsqueda de la felicidad por caminos errados, la
desesperanza por falta de fin último, que , en definitiva, concluimos en la
ausencia de fe, de visión sobrenatural de la vida, de conciencia de ser
amados por Dios, a pesar de las experiencias dolorosas de soledad.
No obstante, el Señor, a modo de levadura, preserva a un resto para leudar
toda la masa; a este resto, al cual nos sentimos pertenecer, aunque sin
estar exentos de los ramalazos de esta cultura, nos tocará asumir una mirada
como la del Pastor, para ir hasta las quebradas más oscuras con Él.
Hoy debemos cultivar en la Iglesia una vocación de servicio y de ternura
para curar tanto mal. Los evangelizadores, catequistas, educadores,
Sacerdotes, tenemos un desafío insoslayable de abrir las mentes y los
corazones, en este modo pastoral que haga sentir a la Iglesia como Madre y
casa de todos; será necesario una vigilante tarea para no mimetizarnos con
la cultura arrolladora y enfermante para poder poner aceite sobre las
heridas que claman restañarse.
Creo que tienen suma importancia las propuestas que nos hagamos , a partir
de esta toma de conciencia, cuando hablamos de aconsejar a un joven, a un
profesional, a un líder político, a una persona de buena voluntad (que las
hay de verdad) más que mirar hacia adentro para pertrecharnos contra el
avance de este maremoto y pensar cómo salir al encuentro de tanto clamor de
amor y de abandono.
Los campesinos de Gubbio salían al encuentro del lobo que les mataba los
corderos, con palos y horquillas. San Francisco sale al paso de ellos y les
dice que el lobo no era malo, sino que tenía hambre. Salgan al paso del lobo
con comida y polenta caliente, así el lobo saciado, volverá a su cubil manso
y cuidado. ¿No nos estará pasando algo parecido hoy a nosotros, deseosos más
de esgrimir los palos y horquillas que un poco del pan del amor y la
ternura?
No se entendería hoy una vocación sacerdotal, docente, política y demás que
no estén fuertemente marcadas por estas conductas.
Los criterios y sentimientos del Buen Pastor Resucitado, serán los modelos a
incorporar en nuestra pastoral que deberá pasar más que por estructuras, por
la transfusión de amor y ternura de corazón a corazón, en la relación
persona a persona, hermano a hermano, para consolidar la comunión del rebaño
donde nadie se sienta excluído.
¡Hermanos! ¡es el momento!¡Que no se nos pase! Jóvenes , les ofrezco esta
posibilidad para que en conjunto ascendamos con Cristo al camino de la
hondonada para volver a casa (ya con muchos espacios vacíos) cargados de
hermanos esperanzados por el encuentro y la cabida hecha en nuestros
corazones.
¡María es la madre de todos! Que el gozo de sentirnos sus hijos nos
fortalezca en el compromiso de ser hermanos. Amén.
Mons. Héctor Cardelli –obispo diocesano de San Nicolás |
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