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Vía Crucis en el Coliseo 2008
Presidido por el Papa, con meditaciones del cardenal chino Joseph Zen Ze-Kiun
ROMA, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el texto del Vía Crucis
que se recitará en la noche de este Viernes Santo en el Coliseo de Roma,
bajo la presidencia del Papa, con meditaciones y oraciones escritas por el
cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, S.D.B., obispo de Hong Kong.
OFICINA PARA LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS DEL SUMO PONTÍFICE
VÍA CRUCIS EN EL COLISEO
PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
VIERNES SANTO 2008
meditaciones y oracionesde su eminencia reverendísima Cardenal JOSEPH ZEN ZE-KIUN,
S.D.B. Obispo de Hong Kong
PRESENTACIÓN
Cuando Su Santidad el Papa Benedicto XVI me pidió que preparase las
meditaciones para el Via Crucis del Viernes Santo de este año en el Coliseo,
no dudé lo más mínimo en aceptar esta tarea. Entendí que con este gesto el
Santo Padre quería manifestar su atención por el continente asiático, e
incluir en particular en este ejercicio solemne de piedad cristiana a los
fieles de China, que tienen una gran devoción al Via Crucis. El Papa quiso
que yo llevara al Coliseo la voz de aquellos hermanos y hermanas lejanos.
Sin duda, como nos enseñan los Evangelios y la tradición de la Iglesia, el
protagonista de esta Via dolorosa es Nuestro Señor Jesucristo. Pero, tras Él
hay mucha gente del pasado y del presente, estamos nosotros. Dejemos que
esta noche muchos de nuestros hermanos lejanos, también en el tiempo, estén
presentes espiritualmente entre nosotros. Probablemente ellos, más que
nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús. En su carne Jesús
ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado,
aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un
criminal.
Obviamente, esta noche en el Coliseo no estamos sólo nosotros. En el corazón
del Santo Padre y en nuestros corazones están presentes todos los «mártires
vivientes» del siglo veintiuno. «Te martyrum candidatus laudat exercitus».
Pensando en la persecución, pensamos también en los perseguidores. Al
escribir el texto de estas meditaciones me he dado cuenta con gran
sobresalto de ser poco cristiano. He tenido que hacer un gran esfuerzo para
purificarme de sentimientos poco caritativos para con los que hicieron
sufrir a Jesús y los que, en el mundo actual, hacen sufrir a nuestros
hermanos. Sólo cuando he puesto ante mí mis pecados y mis infidelidades, me
he podido ver a mí mismo entre los perseguidores y me ha embargado el
arrepentimiento y la gratitud por el perdón del Maestro misericordioso.
Meditemos, pues, cantemos y recemos a Jesús y con Jesús por los que sufren a
causa de su nombre, por los que le hacen sufrir a Él y a sus hermanos y por
nosotros mismos, pecadores y algunas veces también sus perseguidores.
ORACIÓN INICIAL
El Santo Padre:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R/. Amén.
Jesús Salvador,
estamos reunidos en este día,
a esta hora y en este lugar,
que nos recuerda tantos siervos y siervas tuyos,
que hace siglos, entre el rugido de los leones hambrientos
y los gritos de la muchedumbre que se divertía,
se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte
por su fidelidad a tu nombre.
Nosotros, venimos hoy aquí para expresarte a Ti
la gratitud de tu Iglesia
por el don de la salvación alcanzada mediante tu Pasión.
Los Coliseos se han ido multiplicando a lo largo de los siglos, allí donde
nuestros hermanos, como continuación de tu Pasión, son todavía hoy
perseguidos duramente en diversas partes del mundo. Junto a ti y con
nuestros hermanos perseguidos de todo el mundo, comenzamos hondamente
conmovidos este camino de la Via dolorosa, que Tú recorriste un día con
tanto amor.
PRIMERA ESTACIÓN
Jesús en el Huerto de los Olivos
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 32-36
Fueron a una finca, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Sentaos
aquí mientras voy a orar». Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a
sentir terror y angustia, y les dijo: «Me muero de tristeza: quedaos aquí
velando». Y, adelantándose, un poco, se postró en tierra pidiendo que, si
era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo: «Abbá! (Padre): tú lo
puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que
tú quieres».
MEDITACIÓN
Jesús sentía miedo, angustia y tristeza hasta el punto de morir. Eligió a
tres compañeros, pero que muy pronto se durmieron, y comenzó a rezar Él
sólo: «Pase de mí esta hora, aparta de mí este cáliz... Pero, Padre, que se
haga su voluntad».
Había venido al mundo para hacer la voluntad del Padre, pero nunca como en
aquel momento comprobó lo profundo de la amargura del pecado, y se sintió
perdido.
En la Carta a los Católicos en China, Benedicto XVI recuerda la visión de
San Juan en el Apocalipsis que llora ante el libro sellado de la historia
humana, del «mysterium iniquitatis». Sólo el Cordero inmolado es capaz de
abrir ese sello.
En tantas partes del mundo la Esposa de Cristo está atravesando la hora
tenebrosa de la persecución, como en un tiempo Ester, amenazada por Aman,
como la «Mujer» del Apocalipsis amenazada por el dragón. Velemos y
acompañemos a la Esposa de Cristo en la oración.
ORACIÓN
Jesús, Dios Omnipotente, que te has hecho débil a causa de nuestros pecados,
te resultan familiares los gritos de los perseguidos, que son eco de tu
agonía. Ellos preguntan: ¿Por qué esta opresión? ¿Por qué esta humillación?
¿Por qué esta prolongada esclavitud?
Vuelven a la mente las palabras del Salmo: «Despierta, Señor, ¿por qué
duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y
olvidas nuestra desgracia y opresión? Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos» (Sal 43,
24-26).
No, Señor. Tú no has usado este Salmo en Getsemaní, pero has dicho: «Hágase
tu voluntad». Podrías haber convocado doce legiones de ángeles, pero no lo
hiciste.
Señor, el sufrimiento nos da miedo. Se nos presenta de nuevo la tentación de
aferrarnos a los medios fáciles del éxito. Haz que no tengamos miedo del
miedo, sino que confiemos en ti.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Stabat mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús, traicionado por Judas, es arrestado
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 43a.45-46.50-52
Todavía estaba hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce. Y en
cuanto llegó, se acercó y le dijo: «¡Maestro!» Y lo besó. Ellos le echaron
mano y lo prendieron. Los discípulos lo abandonaron y huyeron. Lo iba
siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero
él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
MEDITACIÓN
Traición y abandono por parte de aquellos que Él había elegido como
apóstoles, a los cuales había confiado los secretos del Reino, y en los que
había puesto total confianza. Un rotundo fracaso. ¡Qué dolor y qué
humillación!
Pero todo esto sucedió como cumplimiento de lo que habían dicho los
profetas. De otra manera, ¿cómo se hubiera podido conocer la fealdad del
pecado, que es justamente traición al amor?
La traición sorprende, sobre todo si se refiere a los pastores del rebaño.
¿Cómo pudieron hacerle esto a Él? El espíritu es fuerte, pero la carne es
débil. Las tentaciones, las amenazas y chantajes, doblegan la voluntad. Pero
¡qué escándalo! ¡Qué dolor para el corazón del Señor!
No nos escandalicemos. Las defecciones nunca han faltado en las
persecuciones. Y después se han producido con frecuencia los regresos. En
aquel joven, que arrojó la sábana y huyó desnudo (cf. Mc 14, 51-52),
intérpretes autorizados han visto al futuro evangelista Marcos.
ORACIÓN
Señor, quien huye de tu Pasión queda sin dignidad. Ten piedad de nosotros.
Nosotros nos desnudamos ante tu majestad. Te mostramos nuestras llagas, las
más vergonzosas.
Jesús, abandonarte a Ti es abandonar el sol. Al intentar desembarazarnos del
sol, caemos en la oscuridad y el frío.
Padre, nos hemos alejado de tu casa. No somos dignos de ser recibidos de
nuevo por Ti. Pero Tú mandas que nos laven, nos vistan, nos calcen y nos
pongan un anillo en el dedo.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.
TERCERA ESTACIÓN
Jesús es condenado por el Sanedrín
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 55.61b-62a.64b
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra
Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. El sumo sacerdote lo
interrogó preguntándole: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?»
Jesús contestó: «Sí lo soy».Y todos los declararon reo de muerte.
MEDITACIÓN
El Sanedrín era la corte de justicia del pueblo de Dios. Ahora, esta corte
condena a Cristo, el Hijo de Dios bendito, y lo juzga reo de muerte.
El inocente es condenado «porque ha blasfemado», declaran los jueces
rasgándose las vestiduras. Pero nosotros sabemos por el Evangelista que lo
hicieron por envidia y odio.
San Juan dice que, en el fondo, el sumo sacerdote habló en nombre de Dios:
únicamente dejando condenar a su Hijo inocente, Dios Padre pudo salvar a sus
hermanos culpables.
A lo largo de los siglos, multitud de inocentes han sido condenados a
sufrimientos atroces. Hay quien clama justicia, pero son ellos, los
inocentes, quienes expían los pecados del mundo, en comunión con Cristo, el
Inocente.
ORACIÓN
Jesús, Tú no te preocupas de hacer brillar tu inocencia, estando entregado
sólo a volver a dar al hombre la justicia que perdió por el pecado.
Éramos tus enemigos, no había modo de cambiar nuestra condición. Tú te
hiciste condenar para darnos el perdón. Salvador, no dejes que caigamos en
la condenación en el último día. «Iudex ergo cum sedebit, quicquid latet
apparebit ; nil inultum remanebit. Iuste iudex ultionis, donum fac
remissionis ante diem rationis».
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta
mater Unigeniti!
CUARTA ESTACIÓN
Jesús es negado por Pedro
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 66-68.72
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote
y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «También tú
andabas con Jesús el Nazareno». El lo negó diciendo: «Ni sé ni entiendo lo
que quieres decir» ... Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro
se acordó de las palabras que la había dicho Jesús: «Antes de que cante el
gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.
MEDITACIÓN
«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era
sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su
debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del
Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por
él para salvarlo.
Al hacer de Simón La «piedra»... para fundar sobre ella la Iglesia, Cristo
incorpora al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente
que podía dar algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de
Él, incluido el perdón tras la negación.
Jesús non mudó su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después
del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus
hermanos.
ORACIÓN
Señor, cuando Pedro habla iluminado por la revelación del Padre, te reconoce
como Cristo, Hijo de Dios vivo. En cambio, cuando se fía de su razón y de su
buena voluntad, se transforma en obstáculo para tu misión. La presunción le
lleva a renegar de ti, su Maestro, en cambio, el arrepentimiento humilde lo
confirma como la roca sobre la cual tú edificas tu Iglesia. La decisión de
confiar la continuación de la obra de la salvación a hombres débiles y
vulnerables manifiesta tu sabiduría y poder.
Señor, protege a los hombres que has elegido, para que las puertas del
infierno no prevalezcan sobre tus siervos.
Dirige tu mirada sobre todos nosotros, como aquella noche hiciste con Pedro,
después del canto del gallo.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quæ mærebat et dolebat
Pia mater, cum videbat
Nati pœnas incliti.
QUINTA ESTACIÓN
Jesús es juzgado por Pilatos
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 12-15
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que
llamáis rey de los judíos?» Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Pilato
les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?» Ellos gritaron más fuerte:
«Crucifícalo». Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a
Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran.
MEDITACIÓN
Pilato parecía poderoso, tenía derecho sobre la vida y la muerte de Jesús.
Se complacía en ironizar sobre el «Rey de los Judíos», pero en realidad era
débil, cobarde y servil. Temía al emperador Tiberio, temía al pueblo y a
aquellos sacerdotes, a pesar de que los despreciaba en su corazón. Entregó a
Jesús para que lo crucificaran, aún sabiendo que era inocente.
En su intento veleidoso de salvar a Jesús, dejó libre incluso a un peligroso
homicida.
Inútilmente buscaba lavarse las manos que le chorreaban de sangre inocente.
Pilato es la imagen de todos los que detentan la autoridad como instrumento
de poder y no se preocupan de la justicia.
ORACIÓN
Jesús, al declararte valientemente como rey, intentaste despertar en Pilato
la voz de su conciencia. Ilumina la conciencia de tantas personas
constituidas en autoridad, para que reconozcan la inocencia de tus
seguidores. Dales el valor de respetar la libertad religiosa.
La tentación de adular al poderoso y de oprimir al débil está muy difundida.
Y los poderosos son aquellos que han sido constituidos en autoridad, los que
controlan el comercio y los medios de comunicación; pero existe también la
gente que se deja manipular fácilmente por los poderosos para oprimir a los
débiles. ¿Cómo fue posible que aquella gente, que te habían conocido como un
amigo lleno de compasión y que sólo hizo el bien a todos, gritara
«Crucifícalo»?
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?
SEXTA ESTACIÓN
Jesús es flagelado y coronado de espinas
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 15b.17-19
Pilato, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los
soldados lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas que
habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los
judíos!». Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando
las rodillas, se postraban ante él.
MEDITACIÓN
La flagelación usada en aquella época, era un castigo terrible. El horrible
flagellum de los Romanos arrancaba la carne a pedazos. Y la corona de
espinas, además de causar dolores agudísimos, constituía también una burla a
la realeza del divino Prisionero, así como los escupitajos y los puñetazos.
Torturas tremendas siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano, y las
de tipo psíquico non son un tormento menor que las corporales, y
frecuentemente las mismas víctimas se convierten en verdugos. ¿Carecen de
sentido tantos sufrimientos?
ORACIÓN
No, Jesús; eres tú quien sigues reuniendo y santificando todos los
sufrimientos: de los enfermos, de los que mueren llenos de penalidades, de
todos los discriminados; pero los sufrimientos que destacan por encima de
todos son aquellos sufridos por tu nombre.
Por los sufrimientos de los mártires, bendice a tu Iglesia; que su sangre
sea semilla de nuevos cristianos. Creemos firmemente que sus sufrimientos,
aunque en un principio pueden aparecer como una derrota completa, traerán la
verdadera victoria a tu Iglesia. Señor, otorga la perseverancia a nuestros
hermanos perseguidos.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in tierra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed liberanos a malo.
Quis no posset contristari,
piam matrem contemplari,
dolentem cum Filio?
SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 20
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo
sacaron para crucificarlo.
MEDITACIÓN
La cruz, el gran símbolo del cristianismo, se ha transformado de instrumento
de castigo ignominioso en un estandarte glorioso de victoria.
Existen ateos llenos de valor dispuestos a sacrificarse por la revolución:
están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin Jesús. Entre los cristianos
existen «ateos» de hecho que quieren a Jesús, pero sin la cruz. Ahora, sin
Jesús la cruz resulta insoportable y sin la cruz no se puede pretender estar
con Jesús.
Abracemos la cruz y abracemos a Jesús y con Jesús abracemos a todos nuestros
hermanos que sufren y son perseguidos.
ORACIÓN
¡Oh, divino Redentor!, con qué ímpetu abrazaste la cruz, que desde tanto
tiempo habías deseado. Ella pesa sobre tus espaldas llagadas, pero es
sostenida por un corazón lleno de amor.
Los grandes santos han entendido tan profundamente el valor salvífico de la
cruz hasta el punto de exclamar: «O padecer o morir». Concédenos acoger al
menos tu invitación a llevar la cruz detrás de Ti. Tú has preparado para
cada uno de nosotros una cruz a nuestra medida. Tenemos en la mente la
imagen del Papa Juan Pablo II, que sube al «Monte de las cruces», en
Lituania. Cada una de aquellas cruces tiene una historia que contar,
historia de dolor y de gozo, de humillación y de triunfo, de muerte y de
resurrección.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari
dolentem cum Filio?
OCTAVA ESTACIÓN
Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la Cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 21
Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de
Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz de Jesús.
MEDITACIÓN
Simón de Cirene venía del campo. Se tropezó con el cortejo de muerte y lo
forzaron a llevar la cruz junto a Jesús.
En un segundo momento, él corroboró este servicio, se mostró feliz de haber
podido ayudar al pobre Condenado y llegó a ser uno de los discípulos en la
Iglesia primitiva. Seguramente fue objeto de admiración y casi de envidia
por la suerte especial de haber ayudado a Jesús en sus sufrimientos.
ORACIÓN
Amado Jesús, Tú probablemente mostraste al Cireneo tu gratitud por su ayuda,
mientras la cruz en realidad fue causada por él y por cada uno de nosotros.
Así, Jesús, nos lo agradeces cada vez que ayudamos a los hermanos a llevar
la cruz, mientras no hacemos más que cumplir con nuestro deber de expiar por
nuestros pecados.
Eres Tú, Jesús, quien está al comienzo de este círculo de compasión. Tú
llevas nuestra cruz, de tal manera que seamos capaces de ayudarte en tus
hermanos a llevar la cruz.
Señor, como miembros de tu cuerpo, nos ayudamos mutuamente a llevar la cruz
y admiramos el ejército inmenso de cireneos que, aunque sin tener todavía la
fe, han aliviado generosamente tus sufrimientos en tus hermanos.
Cuando ayudemos a los hermanos de la Iglesia perseguida, recuérdanos que
somos nosotros quienes, en realidad, somos ayudados por ellos.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
pœnas mecum divide.
NOVENA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 27-28
Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se
lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no
lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos».
MEDITACIÓN
Las mujeres, las madres obtienen de su amor una inmensa capacidad de aguante
en el sufrimiento. Sufren por culpa de los hombres, sufren por sus hijos.
Recordamos las madres de tantos jóvenes perseguidos y hechos prisioneros por
causa de Cristo. ¡Cuántas largas noches han pasado esas madres en vigilia y
con lágrimas! Recordamos las madres que, corriendo el riesgo de ser
arrestadas o perseguidas, han perseverado en la oración en familia,
cultivando en el corazón la esperanza de tiempos mejores.
ORACIÓN
Jesús, al igual que, a pesar de tus sufrimientos, te preocupaste de dirigir
tu palabra a las mujeres en la Vía de la Cruz, haz que hoy también se
escuche tu voz llena de consuelo y de luz para tantas mujeres que sufren.
Tú les exhortas a no llorar por ti, sino por ellas mismas y por sus hijos.
Llorando por ti, lloran sufrimientos que llevan la salvación a la humanidad
y son, por tanto, causa de gozo. En cambio, aquello por lo que deberían
llorar es por los sufrimientos causados por los pecados, que las convierten
a ellas, a sus hijos y a todos nosotros en leños secos que merecen ser
echados al fuego.
Tú, Señor, enviaste a tu Madre a Lourdes y a Fátima para recordarnos este
mismo mensaje: «Haced penitencia y rezad para apaciguar la ira de Dios». Haz
que acojamos de una vez con un corazón sincero esta invocación llena de
dolor.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Eia, mater, fons amoris,
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.
DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 25.31.34
Era media mañana cuando lo crucificaron. Los sumos sacerdotes se burlaban
también de él diciendo: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede
salvar». Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: «Eloí, Eloí, lamá
sabactaní» (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado»?).
MEDITACIÓN
Jesús desnudo, clavado, en medio de dolores inefables, ridiculizado por sus
enemigos, se siente incluso abandonado por el Padre. Es el infierno que
merecen nuestros pecados. Jesús ha permanecido en la cruz, no se ha
liberado.
En Él se han cumplido las profecías del Siervo doliente: «Sin figura, sin
belleza... sin aspecto atrayente... Lo estimamos leproso, herido de Dios...
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó
sobre Él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y
no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el
esquilador» (Is 53, 2.4.6-7).
ORACIÓN
Jesús crucificado, no en el Tabor sino en el Calvario, Tú nos has revelado
tu verdadero rostro, el rostro de un amor que ha llegado hasta el límite.
Hay quien por respeto quiere representarte cubierto por un manto real
también sobre la cruz. Pero nosotros no tememos mostrarte tal y como
colgabas del patíbulo aquel viernes, desde el mediodía a media tarde.
Contemplarte crucificado nos lleva a avergonzarnos de nuestras infidelidades
y nos llena de gratitud por tu misericordia infinita. ¡Oh Señor, cuánto te
ha costado el habernos amado!
Confiando en la fuerza que viene de tu pasión, prometemos no ofenderte
jamás. Deseamos tener un día el honor de ser crucificados como Pedro y
Andrés. Nos estimula la serenidad y el gozo que hemos tenido la gracia de
contemplar en los rostros de tus siervos fieles, los mártires de nuestro
siglo.
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.
UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús promete su Reino al buen ladrón
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 33.42-43
Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucifica-
ron allí, a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Uno de ellos decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino».
Jesús le respondió: «Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso».
MEDITACIÓN
Era un malhechor. Representa a todos los malhechores, es decir, a todos
nosotros. Ha tenido la suerte de estar junto a Jesús en el sufrimiento.
Nosotros tenemos esta misma suerte. Digamos también: «Señor, acuérdate de mí
cuando llegues a tu Reino». Tendremos la misma respuesta.
¿Y los que no tienen la fortuna de estar junto a Jesús? Jesús está cerca de
ellos, de todos y cada uno.
«Jesús, acuérdate de nosotros»: digámoselo por nosotros, por nuestros
amigos, por nuestros enemigos y por los perseguidores de nuestros amigos. La
salvación de todos es la verdadera victoria del Señor.
ORACIÓN
Jesús, acuérdate de mí cuando, conocedor de mi infidelidad, tenga la
tentación de desesperarme.
Jesús, acuérdate de mí, cuando, después de repetidos esfuerzos, me sienta
todavía en el fondo del valle.
Jesús, acuérdate de mí, cuando todos se hayan cansado de mí y nadie confíe
en mí, y me encuentre solo y abandonado.
+
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.
DUODÉCIMA ESTACIÓN
La madre y el discípulo junto a la cruz de Jesús
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de
Cleofás y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo
que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo
al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la
recibió en su casa.
MEDITACIÓN
Jesús se olvida de sí mismo incluso en aquel momento crucial y piensa en su
Madre, piensa en nosotros. Ante todo, ¿confía su Madre al discípulo, como
parece sugerir san Juan, o más bien confía el discípulo a la Madre?
En cualquier caso, para el discípulo María será siempre la Madre que el
Maestro agonizante le ha confiado y para María el discípulo será siempre el
hijo que el Hijo agonizante le ha confiado y al que estará espiritualmente
cercana sobre todo en la hora de la muerte. Junto a los mártires
agonizantes, estará siempre la Madre, que está en pie, junto a su cruz, para
sostenerlos.
ORACIÓN
Jesús y María, habéis compartido totalmente el sufrimiento: Tú, Jesús, en la
cruz y tu, Madre, a los pies de la misma. La lanza ha traspasado el costado
del Salvador y la espada ha traspasado el corazón de la Virgen Madre.
En realidad, hemos sido nosotros con nuestros pecados los que hemos causado
tanto dolor.
Aceptad nuestro arrepentimiento, nuestra debilidad, que siempre corre el
riesgo de traicionar, renegar y desertar.
Aceptad el homenaje de fidelidad de todos los que han seguido el ejemplo de
San Juan, que permaneció valientemente junto a la cruz.
Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús y María, asistidme en
la última agonía. Jesús y María, que entregue en paz junto a vosotros el
alma mía.
+
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
donec ego vixero.
DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la Cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas. 23,46
Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi
espíritu». Y dicho esto, expiró.
MEDITACIÓN
Jesús muere realmente porque es verdadero hombre. Entrega al Padre su último
aliento. Qué precioso es el aliento. Al primer hombre se le dio el aliento
de vida, y a nosotros se nos da de un modo nuevo en la resurrección de
Jesús, para que seamos capaces de ofrecer cada aliento a su Dador. ¡Cuánto
tememos a la muerte y cómo somos esclavos de este temor! El sentido y el
valor de una vida se deciden en el modo de entregarla. Ya para el hombre sin
fe no es admisible que se aferre a la vida perdiendo su sentido. Para Jesús,
además, no hay amor más grande que el de dar la vida por el amigo. Quien
esté apegado a la vida la perderá. Quien esté dispuesto a sacrificarla la
conservará.
Los mártires dan el mayor testimonio de su amor. No se avergüenzan de su
Maestro ante los hombres. El Maestro estará orgulloso de ellos ante toda la
humanidad en el último día.
ORACIÓN
Jesús, tú has tomado la vida humana justamente para poderla dar.
Revistiéndote de nuestra carne de pecado, Tú, Rey inmortal, te has hecho
mortal. Aceptando la muerte más trágica y oscura, fruto extremo del pecado,
has realizado el acto supremo de completa confianza en el Padre. «In manus
tuas, Domine, commendo spiritum meum».
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Vidit suum dulcem Natum
morientem desolatum,
cum emisit spiritum.
DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y puesto en el sepulcro
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marco. 15,46
José de Arimatea compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la
sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca.
MEDITACIÓN
Jesús eligió no descender vivo de la cruz sino resucitar del sepulcro.
Muerte verdadera, silencio auténtico, la Palabra de Vida callará durante
tres días.
Imaginemos el desconsuelo de nuestros progenitores ante el cuerpo sin vida
de Abel, la primera víctima de la muerte.
Pensemos en el dolor de María, acogiendo en su regazo a Jesús, el cual,
reducido a un cúmulo de llagas, gusano más que hombre, ya no puede
corresponder a la mirada de amor de su Madre. Ahora ella debe depositarlo en
las gélidas piedras del sepulcro, después de haberlo rápidamente limpiado y
arreglado. Ahora no hay más que esperar. Parece interminable la espera del
tercer día.
ORACIÓN
Señor, los tres días nos parecen muy largos. Nuestros hermanos fuertes se
cansan, los débiles flaquean cada vez más, mientras los prepotentes se
yerguen jactanciosos. Señor, concede perseverancia a los fuertes, zarandea a
los débiles y convierte todos los corazones.
¿Estamos en lo cierto de tener prisa y pretender ver rápidamente una
victoria de la Iglesia? ¿Acaso no es nuestra victoria la que tenemos ansia
de ver? Señor, haznos perseverantes para estar junto a la Iglesia del
silencio y aceptar desaparecer y morir como el grano de trigo.
Haznos escuchar tu palabra, Señor: «No tengáis miedo. Yo he vencido al
mundo. No falto nunca a la cita. Estoy con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo. Señor, aumenta nuestra fe».
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Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quando corpus morietur,
fac ut animæ donetur
paradisi gloria. Amen.
El Santo Padre dirige su palabra a los presentes.
Al final del discurso el Santo Padre imparte la Bendición Apostólica:
BENDICIÓN
V. Dominus vobiscum.
R. Et cum spiritu tuo.
V. Sit nomen Domini benedictum.
R. Ex hoc nunc et usque in sæculum.
V. Adiutorium nostrum nomine Domini.
R. Qui fecit cælum et terram.
V. Benedicat vos omnipotens Deus,
Pater, et Filius, et + Spiritus Sanctus.
R. Amen.
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