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NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS.
2534. El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, que versa sobre
la concupiscencia de la carne. Prohíbe la codicia del bien ajeno, raíz del
robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo mandamiento. La
'concupiscencia de los ojos' [1Jn 2,16 .] lleva a la violencia y la
injusticia prohibidas por el quinto precepto. La codicia tiene su origen,
como la fornicación, en la idolatría condenada en las tres primeras
prescripciones de la ley. El décimo mandamiento se refiere a la intención
del corazón; resume, con el noveno, todos los preceptos de la Ley.
I.- El desorden de la concupiscencia
2535. El apetito sensible nos impulsa a desear las cosas agradables que no
poseemos. Así, desear comer cuando se tiene hambre, o calentarse cuando se
tiene frío. Estos deseos son buenos en sí mismos; pero con frecuencia no
guardan la medida de la razón y nos empujan a codiciar injustamente lo que
no es nuestro y pertenece, o es debido a otra persona.
2536. El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una
apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado
nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe
también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al
prójimo en sus bienes temporales:
Cuando la Ley nos dice: 'No codiciarás', nos dice, en otros términos, que
apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del
bien del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito:
'El ojo del avaro no se satisface con su suerte' [Si 5,9.]. [Catecismo
Romano]
2537. No se quebranta este mandamiento deseando obtener cosas que pertenecen
al prójimo siempre que sea por medios justos. La catequesis tradicional
señala con realismo 'quiénes son los que más deben luchar contra sus
codicias pecaminosas' y a los que, por tanto, es preciso 'exhortar más a
observar este precepto':
Los comerciantes, que desean la escasez o la carestía de las mercancías, que
ven con tristeza que no son los únicos en comprar y vender, pues de lo
contrario podrían vender más caro y comprar a precio más bajo; los que
desean que sus semejantes estén en la miseria para lucrarse vendiéndoles o
comprándoles... Los médicos, que desean tener enfermos; los abogados que
anhelan causas y procesos importantes y numerosos... [Catecismo Romano]
2538. El décimo mandamiento exige que se destierre del corazón humano la
envidia. Cuando el profeta Natán quiso estimular el arrepentimiento del rey
David, le contó la historia del pobre que sólo poseía una oveja, a la que
trataba como una hija, y del rico que, a pesar de sus numerosos rebaños,
envidiaba al primero y acabó por robarle la oveja. La envidia puede conducir
a las peores fechorías. La muerte entró en el mundo por la envidia del
diablo.
Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra
otros... Si todos se afanan así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde
llegaremos? Estamos debilitando el Cuerpo de Cristo... Nos declaramos
miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras.
[San Juan Crisóstomo]
2539. La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada
ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en
forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:
San Agustín veía en la envidia el 'pecado diabólico por excelencia'. 'De la
envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por
el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad'. [San Gregorio
Magno]
2540. La envidia representa una de las formas de la tristeza y, por tanto,
un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la
benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha
de esforzarse por vivir en la humildad:
¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros? Pues bien, alegraos del
progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros.
Dios será alabado -se dirá- porque su siervo ha sabido vencer la envidia
poniendo su alegría en los méritos de otros. [San Juan Crisóstomo]
II.- Los deseos del espíritu
2541. La economía de la Ley y de la Gracia aparta el corazón de los hombres
de la codicia y de la envidia: lo inicia en el deseo del Supremo Bien; lo
instruye en los deseos del Espíritu Santo, que sacia el corazón del hombre.
El Dios de las promesas puso desde el comienzo al hombre en guardia contra
la seducción de lo que, desde entonces, aparece como 'bueno para comer,
apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría' [Gn 3,6 .].
2542. La Ley confiada a Israel nunca fue suficiente para justificar a los
que le estaban sometidos; incluso vino a ser instrumento de la
'concupiscencia'. La inadecuación entre el querer y el hacer manifiesta el
conflicto entre la 'ley de Dios', que es la 'ley de la razón', y la otra ley
que 'me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros' [Rm 7,23 .].
2543. 'Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha
manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la
fe en Jesucristo, para todos los que creen' [Rm 3,21-22 .]. Por eso, los
fieles de Cristo 'han crucificado la carne con sus pasiones y sus
apetencias' [Ga 5,24 .]; 'son guiados por el Espíritu' [Rm 8,14 .] y siguen
los deseos del Espíritu.
III.- La pobreza de corazón
2544. Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a El respecto a todo y a
todos y les propone 'renunciar a todos sus bienes' [Lc 14,33 .] por El y por
el Evangelio. Poco antes de su pasión les mostró como ejemplo la pobre viuda
de Jerusalén que, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir. El
precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en
el Reino de los cielos.
2545. 'Todos los cristianos... han de intentar orientar rectamente sus
deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas
no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor
perfecto'.
2546. 'Bienaventurados los pobres en el espíritu' [Mt 5,3 .]. Las
bienaventuranzas revelan un orden de felicidad y de gracia, de belleza y de
paz. Jesús celebra la alegría de los pobres, a quienes pertenece ya el
Reino:
El Verbo llama 'pobreza en el Espíritu' a la humildad voluntaria de un
espíritu humano y su renuncia; el apóstol nos da como ejemplo la pobreza de
Dios cuando dice: 'Se hizo pobre por nosotros' [2Co 8,9 .]. [San Gregorio de
Nisa]
2547. El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la
abundancia de bienes. 'El orgulloso busca el poder terreno, mientras el
pobre en espíritu busca el Reino de los cielos'. El abandono en la
providencia del Padre del cielo libera de la inquietud por el mañana. La
confianza en Dios dispone a la bienaventuranza de los pobres: ellos verán a
Dios.
IV.- 'Quiero ver a Dios'
2548. El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego
desordenado a los bienes de este mundo, y tendrá su plenitud en la visión y
la bienaventuranza de Dios. 'La promesa de ver a Dios supera toda felicidad.
En la Escritura, ver es poseer. El que ve a Dios obtiene todos los bienes
que se pueden concebir'.
2549. Corresponde, por tanto, al pueblo santo luchar, con la gracia de lo
alto, para obtener los bienes que Dios promete. Para poseer y contemplar a
Dios, los fieles cristianos mortifican sus concupiscencias y, con la ayuda
de Dios, vencen las seducciones del placer y del poder.
2550. En este camino hacia la perfección, el Espíritu y la Esposa llaman a
quien les escucha a la comunión perfecta con Dios:
Allí se dará la gloria verdadera; nadie será alabado allí por error o por
adulación; los verdaderos honores no serán ni negados a quienes los merecen
ni concedidos a los indignos; por otra parte, allí nadie indigno pretenderá
honores, pues allí sólo serán admitidos los dignos. Allí reinará la
verdadera paz, donde nadie experimentará oposición ni de sí mismo ni de
otros. La recompensa de la virtud será Dios mismo, que ha dado la virtud y
se prometió a ella como la recompensa mejor y más grande que puede existir:
'Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo' [1Co 15,28 .]. El será el fin de
nuestros deseos, a quien contemplaremos sin fin, amaremos sin saciedad,
alabaremos sin cansancio. Y este don, este amor, esta ocupación serán
ciertamente, como la vida eterna, comunes a todos. [San Agustín]
RESUMEN
2551. 'Donde está tu tesoro allí estará tu corazón' [Mt 6,21 .].
2552. El décimo mandamiento prohíbe el deseo desordenado, nacido de la
pasión inmoderada de las riquezas y del poder.
2553. La envidia es la tristeza que se experimenta ante el bien del prójimo
y el deseo desordenado de apropiárselo. Es un pecado capital.
2554. El bautizado combate la envidia mediante la benevolencia, la humildad
y el abandono en la providencia de Dios.
2555. Los fieles cristianos 'han crucificado la carne con sus pasiones y sus
concupiscencias' [Ga 5,24 .]; son guiados por el Espíritu y siguen los
deseos del Espíritu.
2556. El desprendimiento de las riquezas es necesario para entrar en el
Reino de los cielos. 'Bienaventurados los pobres de corazón'.
2557. El hombre que anhela dice: 'Quiero ver a Dios'. La sed de Dios es
saciada por el agua de la vida eterna.
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