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NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS
IMPUROS.
2514. San Juan distingue tres especies de codicia o concupiscencia: la
concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de
la vida. Siguiendo la tradición catequética católica, el noveno mandamiento
prohíbe la concupiscencia de la carne; el décimo prohíbe la codicia del bien
ajeno.
2515. En sentido etimológico, la 'concupiscencia' puede designar toda forma
vehemente de deseo humano. La teología cristiana le ha dado el sentido
particular de un movimiento del apetito sensible que contraría la obra de la
razón humana. El apóstol san Pablo la identifica con la lucha que la 'carne'
sostiene contra el 'espíritu'. Procede de la desobediencia del primer
pecado. Desordena las facultades morales del hombre y, sin ser una falta en
sí misma, le inclina a cometer pecados.
2516. En el hombre, porque es un ser compuesto de espíritu y cuerpo, existe
cierta tensión, y se desarrolla una lucha de tendencias entre el 'espíritu'
y la 'carne'. Pero, en realidad, esta lucha pertenece a la herencia del
pecado. Es una consecuencia de él, y, al mismo tiempo, confirma su
existencia. Forma parte de la experiencia cotidiana del combate espiritual:
Para el apóstol no se trata de discriminar o condenar el cuerpo, que con el
alma espiritual constituye la naturaleza del hombre y su subjetividad
personal, sino que trata de las obras -mejor dicho, de las disposiciones
estables-, virtudes y vicios, moralmente buenas o malas, que son fruto de
sumisión [en el primer caso] o bien de resistencia [en el segundo caso] a la
acción salvífica del Espíritu Santo. Por ello el apóstol escribe: 'si
vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu' [Ga 5,25 .].
[Juan Pablo II]
I.- La purificación del corazón
2517. El corazón es la sede de la personalidad moral: 'de dentro del corazón
salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones' [Mt
15,19 .]. La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la
purificación del corazón:
Mantente en la simplicidad, la inocencia y serás como los niños pequeños que
ignoran el mal destructor de la vida de los hombres.
2518. La sexta bienaventuranza proclama: 'Bienaventurados los limpios de
corazón porque ellos verán a Dios' [Mt 5,8 .]. Los 'corazones limpios'
designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las
exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la
caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia
de la fe. Existe un vínculo entre la pureza del corazón, la del cuerpo y la
de la fe:
Los fieles deben creer los artículos del Símbolo 'para que, creyendo,
obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su
corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen'. [San Agustín]
2519. A los 'limpios de corazón' se les promete que verán a Dios cara a cara
y que serán semejantes a El. La pureza de corazón es el preámbulo de la
visión. Ya desde ahora esta pureza nos concede ver según Dios, recibir al
otro como un 'prójimo'; nos permite considerar el cuerpo humano, el nuestro
y el del prójimo, como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la
belleza divina.
II.- El conbate por la puerza
2520. El Bautismo confiere al que lo recibe la gracia de la purificación de
todos los pecados. Pero el bautizado debe seguir luchando contra la
concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados. Con la gracia de
Dios lo consigue
- mediante la virtud y el don de la castidad, pues la castidad permite amar
con un corazón recto e indiviso;
- mediante la pureza de intención, que consiste en buscar el fin verdadero
del hombre: con una mirada limpia el bautizado se afana por encontrar y
realizar en todo la voluntad de Dios;
- mediante la pureza de la mirada exterior e interior; mediante la
disciplina de los sentidos y la imaginación; mediante el rechazo de toda
complacencia en los pensamientos impuros que inclinan a apartarse del camino
de los mandamientos divinos: 'la vista despierta la pasión de los
insensatos' [Sb 15,5 .];
- mediante la oración:
Creía que la continencia dependía de mis propias fuerzas, las cuales no
sentía en mí; siendo tan necio que no entendía lo que estaba escrito: que
nadie puede ser continente, si tú no se lo das. Y cierto que tú me lo
dieras, si con interior gemido llamase a tus oídos, y con fe sólida arrojase
en ti mi cuidado. [San Agustín]
2521. La pureza exige el pudor. Este es parte integrante de la templanza. El
pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo
que debe permanecer velado. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza
proclama. Ordena las miradas y los gestos en conformidad con la dignidad de
las personas y con la relación que existe entre ellas.
2522. El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la
paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las
condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer
entre sí. El pudor es modestia; inspira la elección de la vestimenta.
Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad
malsana; se convierte en discreción.
2523. Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo.
Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano
propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de
comunicación a hacer pública toda confidencia íntima. El pudor inspira una
manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la
presión de las ideologías dominantes.
2524. Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin
embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual
propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en
el pudor a niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la
persona humana.
2525. La pureza cristiana exige una purificación del clima social. Obliga a
los medios de comunicación social a una información cuidadosa del respeto y
de la discreción. La pureza de corazón libera del erotismo difuso y aparta
de los espectáculos que favorecen el exhibicionismo y los sueños
indecorosos.
2526. Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una
concepción errónea de la libertad humana; para llegar a su madurez, ésta
necesita dejarse educar previamente por la ley moral. Conviene pedir a los
responsables de la educación que impartan a la juventud una enseñanza
respetuosa de la verdad, de las cualidades del corazón y de la dignidad
moral y espiritual del hombre.
2527. 'La buena nueva de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura
del hombre caído; combate y elimina los errores y males que brotan de la
seducción, siempre amenazadora, del pecado. Purifica y eleva sin cesar las
costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida,
completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades
espirituales de cada pueblo o edad'.
RESUMEN
2528. 'Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con
ella en su corazón' [Mt 5,28 .].
2529. El noveno mandamiento pone en guardia contra el desorden o
concupiscencia de la carne.
2530. La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificación
del corazón y por la práctica de la templanza.
2531. La pureza del corazón nos alcanzará el ver a Dios: nos da desde ahora
la capacidad de ver según Dios todas las cosas.
2532. La purificación del corazón es imposible sin la oración, la práctica
de la castidad y la pureza de intención y de mirada.
2533. La pureza del corazón requiere el pudor, que es paciencia, modestia y
discreción. El pudor preserva la intimidad de la persona.
No codiciarás... nada que sea de tu prójimo [Ex 20,17 .].
No desearás... su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno:
nada que sea de tu prójimo [Dt 5,21 .].
Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón [Mt 6,21 .].
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