|
|
NO ROBARÁS.
2401. El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo
injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes.
Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y de
los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el
respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad
privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad
fraterna los bienes de este mundo.
I.- El destino universal y la propiedad privada de los bienes
2402. Al comienzo Dios confió la tierra y sus recursos a la administración
común de la humanidad para que tuviera cuidado de ellos, los dominara
mediante su trabajo y se beneficiara de sus frutos. Los bienes de la
creación están destinados a todo el género humano. Sin embargo, la tierra
está repartida entre los hombres para dar seguridad a su vida, expuesta a la
penuria y amenazada por la violencia. La apropiación de bienes es legítima
para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, para ayudar a
cada uno a atender sus necesidades fundamentales y las necesidades de los
que están a su cargo. Debe hacer posible que se viva una solidaridad natural
entre los hombres.
2403. El derecho a la propiedad privada, adquirida por el trabajo, o
recibida de otro por herencia o por regalo, no anula la donación original de
la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes
continúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el
respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio.
2404. 'El hombre, al servirse de esos bienes, debe considerar las cosas
externas que posee legítimamente no sólo como suyas, sino también como
comunes, en el sentido de que han de aprovechar no sólo a él, sino también a
los demás'. La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la
providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros,
ante todo a sus próximos.
2405. Los bienes de producción -materiales o inmateriales- como tierras o
fábricas, profesiones o artes, requieren los cuidados de sus poseedores para
que su fecundidad aproveche al mayor número de personas. Los poseedores de
bienes de uso y consumo deben usarlos con templanza reservando la mejor
parte al huésped, al enfermo, al pobre.
2406. La autoridad política tiene el derecho y el deber de regular en
función del bien común el ejercicio legítimo del derecho de propiedad
II.- El respeto de las personas y sus bienes
2407. En materia económica el respeto de la dignidad humana exige la
práctica de la virtud de la templanza, para moderar el apego a los bienes de
este mundo; de la justicia, para preservar los derechos del prójimo y darle
lo que le es debido; y de la solidaridad, siguiendo la regla de oro y según
la generosidad del Señor, que 'siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin
de que os enriquecierais con su pobreza' [2Co 8,9 .].
2408. El séptimo mandamiento prohíbe el robo, es decir, la usurpación del
bien ajeno contra la voluntad razonable de su dueño. No hay robo si el
consentimiento puede ser presumido o si el rechazo es contrario a la razón y
al destino universal de los bienes. Es el caso de la necesidad urgente y
evidente en que el único medio de remediar las necesidades inmediatas y
esenciales [alimento, vivienda, vestido...] es disponer y usar de los bienes
ajenos.
2409. Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no
contradiga las disposiciones de la ley civil, es contraria al séptimo
mandamiento. Así, retener deliberadamente bienes prestados u objetos
perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio, pagar salarios injustos,
elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas.
Son también moralmente ilícitos, la especulación mediante la cual se
pretende hacer variar artificialmente la valoración de los bienes con el fin
de obtener un beneficio en detrimento ajeno; la corrupción mediante la cual
se vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a derecho; la
apropiación y el uso privados de los bienes sociales de una empresa; los
trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificación de cheques y
facturas, los gastos excesivos, el despilfarro. Infligir voluntariamente un
daño a las propiedades privadas o públicas es contrario a la ley moral y
exige reparación.
2410. Las promesas deben ser cumplidas, y los contratos rigurosamente
observados en la medida en que el compromiso adquirido es moralmente justo.
Una parte notable de la vida económica y social depende del valor de los
contratos entre personas físicas o morales. Así, los contratos comerciales
de venta o compra, los contratos de arriendo o de trabajo. Todo contrato
debe ser hecho y ejecutado de buena fe.
2411. Los contratos están sometidos a la justicia conmutativa, que regula
los intercambios entre las personas en el respeto exacto de sus derechos. La
justicia conmutativa obliga estrictamente; exige la salvaguardia de los
derechos de propiedad, el pago de las deudas y el cumplimiento de
obligaciones libremente contraídas. Sin justicia conmutativa no es posible
ninguna otra forma de justicia.
La justicia conmutativa se distingue de la justicia legal, que se refiere a
lo que el ciudadano debe equitativamente a la comunidad, y de la justicia
distributiva que regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos en
proporción a sus contribuciones y a sus necesidades.
2412. En virtud de la justicia conmutativa, la reparación de la injusticia
cometida exige la restitución del bien robado a su propietario:
Jesús bendijo a Zaqueo por su resolución: 'Si en algo defraudé a alguien, le
devolveré el cuádruplo' [Lc 19,8 .]. Los que, de manera directa o indirecta,
se han apoderado de un bien ajeno, están obligados a restituirlo o a
devolver el equivalente en naturaleza o en especie si la cosa ha
desaparecido, así como los frutos y beneficios que su propietario hubiera
obtenido legítimamente de ese bien. Están igualmente obligados a restituir,
en proporción a su responsabilidad y al beneficio obtenido, todos los que
han participado de alguna manera en el robo, o que se han aprovechado de él
a sabiendas; por ejemplo, quienes lo hayan ordenado o ayudado o encubierto.
2413. Los juegos de azar [de cartas, etc.] o las apuestas no son en sí
mismos contrarios a la justicia. No obstante, resultan moralmente
inaceptables cuando privan a la persona de lo que le es necesario para
atender a sus necesidades o las de los demás. La pasión del juego corre
peligro de convertirse en una grave servidumbre. Apostar injustamente o
hacer trampas en los juegos constituye una materia grave, a no ser que el
daño infligido sea tan leve que quien lo padece no pueda razonablemente
considerarlo significativo.
2414. El séptimo mandamiento proscribe los actos o empresas que, por una u
otra razón, egoísta o ideológica, mercantil o totalitaria, conducen a
esclavizar seres humanos, a menospreciar su dignidad personal, a comprarlos,
a venderlos y a cambiarlos como mercancía. Es un pecado contra la dignidad
de las personas y sus derechos fundamentales reducirlos por la violencia a
la condición de objeto de consumo o a una fuente de beneficio. San Pablo
ordenaba a un amo cristiano que tratase a su esclavo cristiano 'no como
esclavo, sino... como un hermano... en el Señor' [Flm 16 .].
2415. El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la
creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están
naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y
futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo
no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio
concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres
vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida
del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto
religioso de la integridad de la creación.
2416. Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud
providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También
los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los
animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.
2417. Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él
a su imagen. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el
alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que
ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y
científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son
prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas
humanas.
2418. Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los
animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir
en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se
puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto
debido únicamente a los seres humanos.
III.- La doctrina social de la Iglesia
2419. 'La revelación cristiana... nos conduce a una comprensión más profunda
de las leyes de la vida social'. La Iglesia recibe del Evangelio la plena
revelación de la verdad del hombre. Cuando cumple su misión de anunciar el
Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su
vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la
justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina.
2420. La Iglesia expresa un juicio moral, en materia económica y social,
'cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona o la salvación de
las almas'. En el orden de la moralidad, la Iglesia ejerce una misión
distinta de la que ejercen las autoridades políticas: ella se ocupa de los
aspectos temporales del bien común a causa de su ordenación al supremo Bien,
nuestro fin último. Se esfuerza por inspirar las actitudes justas en el uso
de los bienes terrenos y en las relaciones socioeconómicas.
2421. La doctrina social de la Iglesia se desarrolló en el siglo XIX, cuando
se produce el encuentro entre el Evangelio y la sociedad industrial moderna,
sus nuevas estructuras para producción de bienes de consumo, su nueva
concepción de la sociedad, del Estado y de la autoridad, sus nuevas formas
de trabajo y de propiedad. El desarrollo de la doctrina de la Iglesia en
materia económica y social da testimonio del valor permanente de la
enseñanza de la Iglesia, al mismo tiempo que del sentido verdadero de su
Tradición siempre viva y activa.
2422. La enseñanza social de la Iglesia contiene un cuerpo de doctrina que
se articula a medida que la Iglesia interpreta los acontecimientos a lo
largo de la historia, a la luz del conjunto de la palabra revelada por
Cristo Jesús y con la asistencia del Espíritu Santo. Esta enseñanza
resultará tanto más aceptable para los hombres de buena voluntad cuanto más
inspire la conducta de los fieles.
2423. La doctrina social de la Iglesia propone principios de reflexión,
extrae criterios de juicio, da orientaciones para la acción:
Todo sistema según el cual las relaciones sociales deben estar determinadas
enteramente por los factores económicos, resulta contrario a la naturaleza
de la persona humana y de sus actos.
2424. Una teoría que hace del lucro la norma exclusiva y el fin último de la
actividad económica es moralmente inaceptable. El apetito desordenado de
dinero no deja de producir efectos perniciosos. Es una de las causas de los
numerosos conflictos que perturban el orden social.
Un sistema que 'sacrifica los derechos fundamentales de la persona y de los
grupos en aras de la organización colectiva de la producción' es contrario a
la dignidad del hombre. Toda práctica que reduce a las personas a no ser más
que medios con vistas al lucro esclaviza al hombre, conduce a la idolatría
del dinero y contribuye a difundir el ateísmo. 'No podéis servir a Dios y al
dinero' [Mt 6,24 ; Lc 16,13 .].
2425. La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas
en los tiempos modernos al 'comunismo' o 'socialismo'. Por otra parte, ha
rechazado en la práctica del 'capitalismo' el individualismo y la primacía
absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano. La regulación de la
economía por la sola planificación centralizada pervierte en su base los
vínculos sociales; su regulación únicamente por la ley de mercado quebranta
la justicia social, porque 'existen numerosas necesidades humanas que no
pueden ser satisfechas por el mercado'. Es preciso promover una regulación
razonable del mercado y de las iniciativas económicas, según una justa
jerarquía de valores y con vistas al bien común.
IV.- La actividad económica y la justicia social
2426. El desarrollo de las actividades económicas y el crecimiento de la
producción están destinados a satisfacer las necesidades de los seres
humanos. La vida económica no tiende solamente a multiplicar los bienes
producidos y a aumentar el lucro o el poder; está ordenada ante todo al
servicio de las personas, del hombre entero y de toda la comunidad humana.
La actividad económica dirigida según sus propios métodos, debe moverse no
obstante dentro de los límites del orden moral, según la justicia social, a
fin de responder al plan de Dios sobre el hombre.
2427. El trabajo humano procede directamente de personas creadas a imagen de
Dios y llamadas a prolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la
creación dominando la tierra. El trabajo es, por tanto, un deber: 'Si alguno
no quiere trabajar, que tampoco coma' [2 Ts 3,1O]. El trabajo honra los
dones del Creador y los talentos recibidos. Puede ser también redentor.
Soportando el peso del trabajo, en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret
y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el
Hijo de Dios en su obra redentora. Se muestra como discípulo de Cristo
llevando la Cruz cada día, en la actividad que está llamado a realizar. El
trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades
terrenas en el espíritu de Cristo.
2428. En el trabajo, la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades
inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al
hombre mismo, que es su autor y su destinatario. El trabajo es para el
hombre y no el hombre para el trabajo.
Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y
la de los suyos, y para prestar servicio a la comunidad humana.
2429. Cada uno tiene el derecho de iniciativa económica, y podrá usar
legítimamente de sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa
para todos, y para recoger los justos frutos de sus esfuerzos. Deberá
ajustarse a las reglamentaciones dictadas por las autoridades legítimas con
miras al bien común.
2430. La vida económica se ve afectada por intereses diversos, con
frecuencia opuestos entre sí. Así se explica el surgimiento de conflictos
que la caracterizan. Será preciso esforzarse para reducir estos últimos
mediante la negociación, que respete los derechos y los deberes de cada
parte: los responsables de las empresas, los representantes de los
trabajadores, por ejemplo, de las organizaciones sindicales y, en caso
necesario, los poderes públicos.
2431. La responsabilidad del Estado. 'La actividad económica, en particular
la economía de mercado, no puede desenvolverse en medio de un vacío
institucional, jurídico y político. Por el contrario supone una seguridad
que garantiza la libertad individual y la propiedad, además de un sistema
monetario estable y servicios públicos eficientes. La primera incumbencia
del Estado es, pues, la de garantizar esa seguridad, de manera que quien
trabaja y produce pueda gozar de los frutos de su trabajo y, por tanto, se
sienta estimulado a realizarlo eficiente y honestamente... Otra incumbencia
del Estado es la de vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos
en el sector económico; pero en este campo la primera responsabilidad no es
del Estado, sino de cada persona y de los diversos grupos y asociaciones en
que se articula la sociedad'.
2432. A los responsables de las empresas les corresponde ante la sociedad la
responsabilidad económica y ecológica de sus operaciones. Están obligados a
considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las
ganancias. Sin embargo, éstas son necesarias; permiten realizar las
inversiones que aseguran el porvenir de las empresas, y garantizan los
puestos de trabajo.
2433. El acceso al trabajo y a la profesión debe estar abierto a todos sin
discriminación injusta, a hombres y mujeres, sanos y disminuidos, autóctonos
e inmigrados. Habida consideración de las circunstancias, la sociedad debe
por su parte ayudar a los ciudadanos a procurarse un trabajo y un empleo.
2434. El salario justo es el fruto legítimo del trabajo. Negarlo o retenerlo
puede constituir una grave injusticia. Para determinar la justa remuneración
se han de tener en cuenta a la vez las necesidades y las contribuciones de
cada uno. 'El trabajo debe ser remunerado de tal modo que se den al hombre
posibilidades de que él y los suyos vivan dignamente su vida material,
social, cultural y espiritual, teniendo en cuenta la tarea y la
productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien
común'. El acuerdo de las partes no basta para justificar moralmente la
cuantía del salario.
2435. La huelga es moralmente legítima cuando constituye un recurso
inevitable, si no necesario para obtener un beneficio proporcionado. Resulta
moralmente inaceptable cuando va acompañada de violencias o también cuando
se lleva a cabo en función de objetivos no directamente vinculados con las
condiciones del trabajo o contrarios al bien común.
2436. Es injusto no pagar a los organismos de seguridad social las
cotizaciones establecidas por las autoridades legítimas.
La privación de empleo a causa de la huelga es casi siempre para su víctima
un atentado contra su dignidad y una amenaza para el equilibrio de la vida.
Además del daño personal padecido, de esa privación se derivan riesgos
numerosos para su hogar.
V.- Justicia y solidaridad entre las naciones
2437. En el plano internacional la desigualdad de los recursos y de los
medios económicos es tal que crea entre las naciones un verdadero 'abismo'.
Por un lado están los que poseen y desarrollan los medios de crecimiento, y
por otro, los que acumulan deudas.
2438. Diversas causas, de naturaleza religiosa, política, económica y
financiera, confieren hoy a la cuestión social 'una dimensión mundial'. Es
necesaria la solidaridad entre las naciones cuyas políticas son ya
interdependientes. Es todavía más indispensable cuando se trata de acabar
con los 'mecanismos perversos' que obstaculizan el desarrollo de los países
menos avanzados. Es preciso sustituir los sistemas financieros abusivos, si
no usurarios, las relaciones comerciales inicuas entre las naciones, la
carrera de armamentos, por un esfuerzo común para movilizar los recursos
hacia objetivos de desarrollo moral, cultural y económico 'redefiniendo las
prioridades y las escalas de valores'.
2439. Las naciones ricas tienen una responsabilidad moral grave respecto a
las que no pueden por sí mismas asegurar los medios de su desarrollo, o han
sido impedidas de realizarlo por trágicos acontecimientos históricos. Es un
deber de solidaridad y de caridad; es también una obligación de justicia si
el bienestar de las naciones ricas procede de recursos que no han sido
pagados con justicia.
2440. La ayuda directa constituye una respuesta apropiada a necesidades
inmediatas, extraordinarias, causadas por ejemplo por catástrofes naturales,
epidemias, etc. Pero no basta para reparar los graves daños que resultan de
situaciones de indigencia ni para remediar de forma duradera las
necesidades. Es preciso también reformar las instituciones económicas y
financieras internacionales para que promuevan y potencien relaciones
equitativas con los países menos desarrollados. Es preciso sostener el
esfuerzo de los países pobres que trabajan por su crecimiento y su
liberación. Esta doctrina exige ser aplicada de manera muy particular en el
ámbito del trabajo agrícola. Los campesinos, sobre todo en el Tercer Mundo,
forman la masa mayoritaria de los pobres.
2441. Acrecentar el sentido de Dios y el conocimiento de sí mismo constituye
la base de todo desarrollo completo de la sociedad humana. Este multiplica
los bienes materiales y los pone al servicio de la persona y de su libertad.
Disminuye la miseria y la explotación económicas. Hace crecer el respeto de
las identidades culturales y la apertura a la trascendencia.
2442. No corresponde a los pastores de la Iglesia intervenir directamente en
la actividad política y en la organización de la vida social. Esta tarea
forma parte de la vocación de los fieles laicos, que actúan por su propia
iniciativa con sus conciudadanos. La acción social puede implicar una
pluralidad de vías concretas. Deberá atender siempre al bien común y
ajustarse al mensaje evangélico y a la enseñanza de la Iglesia. Pertenece a
los fieles laicos 'animar, con su compromiso cristiano, las realidades y, en
ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia'.
VI.- El amor de los pobres
2443. Dios bendice a los que ayudan a los pobres y reprueba a los que se
niegan a hacerlo: 'A quien te pide da, al que desee que le prestes algo no
le vuelvas la espalda' [Mt 5,42 .]. 'Gratis lo recibisteis, dadlo gratis' [Mt
10,8 .]. Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los
pobres. La buena nueva 'anunciada a los pobres' [Mt 11,5 .] es el signo de
la presencia de Cristo.
2444. 'El amor de la Iglesia por los pobres... pertenece a su constante
tradición'. Está inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la
pobreza de Jesús, y en su atención a los pobres. El amor a los pobres es
también uno de los motivos del deber de trabajar, con el fin de 'hacer
partícipe al que se halle en necesidad' [Ef 4,28 .]. No abarca sólo la
pobreza material, sino también las numerosas formas de pobreza cultural y
religiosa.
2445. El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las
riquezas o su uso egoísta:
Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que
están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros
vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de
herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras
carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los
últimos. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron
vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a
los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra
regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros
corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no
os resiste [St 5,1-6 .].
2446. San Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: 'No hacer participar a
los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que
poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos'. Es preciso 'satisfacer
ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como
ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia':
Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos
liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que
realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia.
[San Gregorio Magno]
2447. Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales
socorremos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de
misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras
de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al
hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los
enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la
limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la
caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios:
El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga
para comer que haga lo mismo [Lc 3,11 .]. Dad más bien en limosna lo que
tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros [Lc 11,41 .]. Si un
hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno
de vosotros les dice: 'Id en paz, calentaos o hartaos', pero no les dais lo
necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? [St 2,15-16 .].
2448. 'Bajo sus múltiples formas -indigencia material, opresión injusta,
enfermedades físicas o psíquicas y, por último, la muerte-, la miseria
humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se encuentra
el hombre tras el primer pecado y de la necesidad que tiene de salvación.
Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la ha
querido cargar sobre sí e identificarse con los «más pequeños de sus
hermanos». También por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de un
amor de preferencia por parte de la Iglesia, que, desde los orígenes, y a
pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para
aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables
obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar continúan siendo
indispensables'.
2449. En el Antiguo Testamento, toda una serie de medidas jurídicas [año
jubilar, prohibición del préstamo a interés, retención de la prenda,
obligación del diezmo, pago cotidiano del jornalero, derecho de rebusca
después de la vendimia y la siega] corresponden a la exhortación del
Deuteronomio: 'Ciertamente nunca faltarán pobres en este país; por esto te
doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquél de los
tuyos que es indigente y pobre en tu tierra' [Dt 15,11 .]. Jesús hace suyas
estas palabras: 'Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no
siempre me tendréis' [Jn 12,8 .]. Con esto, no hace caduca la vehemencia de
los oráculos antiguos: 'comprando por dinero a los débiles y al pobre por un
par de sandalias...' [Am 8,6 .], sino que nos invita a reconocer su
presencia en los pobres que son sus hermanos:
El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y
enfermos, santa Rosa de Lima le contestó: 'Cuando servimos a los pobres y a
los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro
prójimo, porque en ellos servimos a Jesús'.
RESUMEN
2450. 'No robarás' [Dt 5,19 .]. 'Ni los ladrones, ni los avaros..., ni los
rapaces heredarán el Reino de Dios' [1Co 6,10 .].
2451. El séptimo mandamiento prescribe la práctica de la justicia y de la
caridad en el uso de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los
hombres.
2452. Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano. El
derecho a la propiedad privada no anula el destino universal de los bienes.
2453. El séptimo mandamiento prohíbe el robo. El robo es la usurpación del
bien ajeno contra la voluntad razonable de su dueño.
2454. Toda manera de tomar y de usar injustamente un bien ajeno es contraria
al séptimo mandamiento. La injusticia cometida exige reparación. La justicia
conmutativa impone la restitución del bien robado.
2455. La ley moral prohíbe los actos que, con fines mercantiles o
totalitarios, llevan a esclavizar a los seres humanos, a comprarlos,
venderlos y cambiarlos como si fueran mercaderías.
2456. El dominio, concedido por el Creador, sobre los recursos minerales,
vegetales y animales del universo, no puede ser separado del respeto de las
obligaciones morales frente a todos los hombres, incluidos los de las
generaciones venideras.
2457. Los animales están confiados a la administración del hombre que les
debe benevolencia. Pueden servir a la justa satisfacción de las necesidades
del hombre.
2458. La Iglesia pronuncia un juicio en materia económica y social cuando lo
exigen los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas.
Cuida del bien común temporal de los hombres en razón de su ordenación al
supremo Bien, nuestro fin último.
2459. El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica y
social. El punto decisivo de la cuestión social estriba en que los bienes
creados por Dios para todos lleguen de hecho a todos, según la justicia y
con la ayuda de la caridad.
2460. El valor primordial del trabajo atañe al hombre mismo que es su autor
y su destinatario. Mediante su trabajo, el hombre participa en la obra de la
creación. Unido a Cristo, el trabajo puede ser redentor.
2461. El desarrollo verdadero es el del hombre en su integridad. Se trata de
hacer crecer la capacidad de cada persona a fin de responder a su vocación
y, por lo tanto, a la llamada de Dios.
2462. La limosna hecha a los pobres es un testimonio de caridad fraterna; es
también una práctica de justicia que agrada a Dios.
2463. En la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay
que reconocer a Lázaro, el mendigo hambriento de la parábola. En dicha
multitud hay que oír a Jesús que dice: 'Cuanto dejasteis de hacer con uno de
éstos, también conmigo dejasteis de hacerlo' [Mt 25,45 .].
No darás testimonio falso contra tu prójimo [Ex 20,16 .].
Se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus
juramentos [Mt 5,33 .].
|