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NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS.
2331. 'Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de
amor. Creándola a su imagen... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de
la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad
del amor y de la comunión'.
'Dios creó el hombre a imagen suya... hombre y mujer los creó' [Gn 1,27 .].
'Creced y multiplicaos' [Gn 1,28 .]; 'el día en que Dios creó al hombre, le
hizo a imagen de Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo, y los llamó
'Hombre' en el día de su creación' [Gn 5,1-2 .].
2332. La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la
unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la
afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general,
a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.
2333. Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su
identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y
espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo
de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende
en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la
complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.
2334. 'Creando al hombre «varón y mujer», Dios da la dignidad personal de
igual modo al hombre y a la mujer'. 'El hombre es una persona, y esto se
aplica en la misma medida al hombre y a la mujer, porque los dos fueron
creados a imagen y semejanza de un Dios personal'.
2335. Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera
distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de
la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad
y la fecundidad del Creador: 'El hombre deja a su padre y a su madre y se
une a su mujer, y se hacen una sola carne' [Gn 2,24 .]. De esta unión
proceden todas las generaciones humanas.
2336. Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes. En el
Sermón de la Montaña interpreta de manera rigurosa el plan de Dios: 'Habéis
oído que se dijo: «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: «Todo el que
mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón'» [Mt
5,27-28 .]. El hombre no debe separar lo que Dios ha unido.
La Tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a
la globalidad de la sexualidad humana.
II.- La vocación a la castidad
2337. La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la
persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y
espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al
mundo corporal y biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando
está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y
temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.
La virtud de la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona y
la totalidad del don.
2338. La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de
amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona;
se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No tolera ni la doble
vida ni el doble lenguaje.
2339. La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una
pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre
controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se
hace desgraciado. 'La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe
según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido
personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior
o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando,
liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre
elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios
adecuados'.
2340. El que quiere permanecer fiel a las promesas de su bautismo y resistir
las tentaciones debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí, la
práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la
obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y
la fidelidad a la oración. 'La castidad nos recompone; nos devuelve a la
unidad que habíamos perdido dispersándonos'.
2341. La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la
templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los
apetitos de la sensibilidad humana.
2342. El dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la
considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado
en todas las edades de la vida. El esfuerzo requerido puede ser más intenso
en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia
y la adolescencia.
2343. La castidad tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados
marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. 'Pero el
hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de
Dios, es un ser histórico que se construye día a día con sus opciones
numerosas y libres; por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según
las diversas etapas de crecimiento'.
2344. La castidad representa una tarea eminentemente personal; implica
también un esfuerzo cultural, pues 'el desarrollo de la persona humana y el
crecimiento de la sociedad misma están mutuamente condicionados'. La
castidad supone el respeto de los derechos de la persona, en particular, el
de recibir una información y una educación que respeten las dimensiones
morales y espirituales de la vida humana.
2345. La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una
gracia, un fruto del trabajo espiritual. El Espíritu Santo concede, al que
ha sido regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de Cristo.
2346. La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la
castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de
sí está ordenado al don de sí mismo. La castidad conduce al que la practica
a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios.
2347. La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad. Indica al
discípulo cómo seguir e imitar al que nos eligió como sus amigos, a quien se
dio totalmente a nosotros y nos hace participar de su condición divina. La
castidad es promesa de inmortalidad.
La castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo.
Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad
representa un gran bien para todos. Conduce a la comunión espiritual.
2348. Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha 'revestido
de Cristo' [Ga 3,27 .], modelo de toda castidad. Todos los fieles de Cristo
son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el
momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad
en la castidad.
2349. La castidad 'debe calificar a las personas según los diferentes
estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado,
manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón
indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según
sean casadas o célibes'. Las personas casadas son llamadas a vivir la
castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.
Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de
las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de
las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica. [San Ambrosio]
2350. Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En
esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje
de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios.
Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura
específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la
castidad.
2351. La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El
placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo,
separado de las finalidades de procreación y de unión.
2352. Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los
órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. 'Tanto el Magisterio
de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral
de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto
intrínseca y gravemente desordenado'. 'El uso deliberado de la facultad
sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su
finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine'. Así, el goce sexual
es buscado aquí al margen de 'la relación sexual requerida por el orden
moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y
de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero'.
Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los
sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la
inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de
angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan
la culpabilidad moral.
2353. La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera
del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de
la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como
a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave
cuando hay de por medio corrupción de menores.
2354. La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o
simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante
terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque
desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad
de quienes se dedican a ella [actores, comerciantes, público], pues cada uno
viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia
ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es
una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la
distribución de material pornográfico.
2355. La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se
prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella.
El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que
lo comprometió su bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo. La
prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las
mujeres, pero también a los hombres, los niños y los adolescentes [en estos
dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo]. Es siempre
gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el
chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.
2356. La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de
una persona. Atenta contra la justicia y la caridad. La violación lesiona
profundamente el derecho de cada uno al respeto, a la libertad, a la
integridad física y moral. Produce un daño grave que puede marcar a la
víctima para toda la vida. Es siempre un acto intrínsecamente malo. Más
grave todavía es la violación cometida por parte de los padres [cf. incesto]
o de educadores con los niños que les están confiados
2357. La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que
experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas
del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las
culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado.
Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones
graves, la Tradición ha declarado siempre que 'los actos homosexuales son
intrínsecamente desordenados'. Son contrarios a la ley natural. Cierran el
acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera
complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún
caso.
2358. Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias
homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye
para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con
respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de
discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad
de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz
del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
2359. Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante
virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces
mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia
sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la
perfección cristiana.
2360. La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer.
En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo
y una garantía de comunión espiritual. Entre bautizados, los vínculos del
matrimonio están santificados por el sacramento.
2361. 'La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al
otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente
biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto
tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte
integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente
entre sí hasta la muerte'
Tobías se levantó del lecho y dijo a Sara: 'Levántate, hermana, y oremos y
pidamos a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos salve'. Ella se
levantó y empezaron a suplicar y a pedir el poder quedar a salvo. Comenzó él
diciendo: '¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres... tú creaste a Adán, y
para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos
proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: «no es bueno que el
hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él». Yo no tomo a ésta
mi hermana con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de mí y de
ella y podamos llegar juntos a nuestra ancianidad'. Y dijeron a coro: 'Amén,
amén'. Y se acostaron para pasar la noche [Tb 8,4-9 .].
2362. 'Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre
sí son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano,
significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen
mutuamente con alegría y gratitud'. La sexualidad es fuente de alegría y de
agrado:
El Creador... estableció que en esta función [de generación] los esposos
experimentasen un placer y una satisfacción del cuerpo y del espíritu. Por
tanto, los esposos no hacen nada malo procurando este placer y gozando de
él. Aceptan lo que el Creador les ha destinado. Sin embargo, los esposos
deben saber mantenerse en los límites de una justa moderación. [Pio XII]
2363. Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el
bien de los esposos y la transmisión de la vida. No se pueden separar estas
dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual
de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la
familia.
Así, el amor conyugal del hombre y de la mujer queda situado bajo la doble
exigencia de la fidelidad y la fecundidad.
2364. El matrimonio constituye una 'íntima comunidad de vida y amor
conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias'. Esta
comunidad 'se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un
consentimiento personal e irrevocable'. Los dos se dan definitiva y
totalmente el uno al otro. Ya no son dos, ahora forman una sola carne. La
alianza contraída libremente por los esposos les impone la obligación de
mantenerla una e indisoluble. 'Lo que Dios unió, no lo separe el hombre' [Mc
10,9 .].
2365. La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra
dada. Dios es fiel. El sacramento del Matrimonio hace entrar al hombre y la
mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la
castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo.
San Juan Crisóstomo sugiere a los jóvenes esposos hacer este razonamiento a
sus esposas: 'Te he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida.
Porque la vida presente no es nada, mi deseo más ardiente es pasarla contigo
de tal manera que estemos seguros de no estar separados en la vida que nos
está reservada... pongo tu amor por encima de todo, y nada me será más
penoso que no tener los mismos pensamientos que tú tienes'.
2366. La fecundidad es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal
tiende naturalmente a ser fecundo. El niño no viene de fuera a añadirse al
amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del
que es fruto y cumplimiento. Por eso la Iglesia, que 'está en favor de la
vida', enseña que todo 'acto matrimonial debe quedar abierto a la
transmisión de la vida'. 'Esta doctrina, muchas veces expuesta por el
Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y
que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos
significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado
procreador'.
2367. Llamados a dar la vida, los esposos participan del poder creador y de
la paternidad de Dios. 'En el deber de transmitir la vida humana y educarla,
que han de considerar como su misión propia, los cónyuges saben que son
cooperadores del amor de Dios Creador y en cierta manera sus intérpretes.
Por ello, cumplirán su tarea con responsabilidad humana y cristiana'.
2368. Un aspecto particular de esta responsabilidad se refiere a la
'regulación de la natalidad'. Por razones justificadas, los esposos pueden
querer espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, deben
cerciorarse de que su deseo no nace del egoísmo, sino que es conforme a la
justa generosidad de una paternidad responsable. Por otra parte, ordenarán
su comportamiento según los criterios objetivos de la moralidad:
El carácter moral de la conducta, cuando se trata de conciliar el amor
conyugal con la transmisión responsable de la vida, no depende sólo de la
sincera intención y la apreciación de los motivos, sino que debe
determinarse a partir de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la
persona y de sus actos; criterios que conserven íntegro el sentido de la
donación mutua y de la procreación humana en el contexto del amor verdadero;
esto es imposible si no se cultiva con sinceridad la virtud de la castidad
conyugal. [GS 51,3.]
2369. 'Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el
acto conyugal conserva íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su
ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad'.
2370. La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos
fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos son
conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan
el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la
educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente
mala 'toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su
realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga
como fin o como medio, hacer imposible la procreación':
Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos,
el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es
decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo
positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la
verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud
personal'. Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y
el recurso a los ritmos periódicos 'implica... dos concepciones de la
persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí. [Juan Pablo II]
2371. Por otra parte, 'sea claro a todos que la vida de los hombres y la
tarea de transmitirla no se limita sólo a este mundo y no se puede medir ni
entender sólo por él, sino que mira siempre al destino eterno de los
hombres'.
2372. El Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos. Por eso es
legítimo que intervenga para orientar la demografía de la población. Puede
hacerlo mediante una información objetiva y respetuosa, pero no mediante una
decisión autoritaria y coaccionante. No puede legítimamente suplantar la
iniciativa de los esposos, primeros responsables de la procreación y
educación de sus hijos. El Estado no está autorizado a favorecer medios de
regulación demográfica contrarios a la moral.
2373. La Sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en
las familias numerosas como un signo de la bendición divina y de la
generosidad de los padres.
2374. Grande es el sufrimiento de los esposos que se descubren estériles.
Abraham pregunta a Dios: '¿Qué me vas a dar, si me voy sin hijos...?' [Gn
15,2 .]. Y Raquel dice a su marido Jacob: 'Dame hijos, o si no me muero' [Gn
30,1 .].
2375. Las investigaciones que intentan reducir la esterilidad humana deben
alentarse, a condición de que se pongan 'al servicio de la persona humana,
de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, según el plan
y la voluntad de Dios'.
2376. Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por
intervención de una persona extraña a los cónyuges [donación del esperma o
del óvulo, préstamo de útero] son gravemente deshonestas. Estas técnicas
[inseminación y fecundación artificiales heterólogas] lesionan el derecho
del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí
por el matrimonio. Quebrantan 'su derecho a llegar a ser padre y madre
exclusivamente el uno a través del otro'.
2377. Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas [inseminación y
fecundación artificiales homólogas] son quizá menos perjudiciales, pero no
dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto
procreador. El acto fundador de la existencia del hijo ya no es un acto por
el que dos personas se dan una a otra, sino que 'confía la vida y la
identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura
un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona
humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad e
igualdad que debe ser común a padres e hijos'. 'La procreación queda privada
de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida
como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión
de los esposos... solamente el respeto de la conexión existente entre los
significados del acto conyugal y el respeto de la unidad del ser humano,
consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona'.
2378. El hijo no es un derecho sino un don. El 'don más excelente del
matrimonio' es una persona humana. El hijo no puede ser considerado como un
objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido
'derecho al hijo'. A este respecto, sólo el hijo posee verdaderos derechos:
el de 'ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y
tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su
concepción'.
2379. El Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto.
Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina,
sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de
toda fecundidad espiritual. Pueden manifestar su generosidad adoptando niños
abandonados o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo.
IV.- Las ofensas a la dignidad del matrimonio
2380. El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un
hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una
relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena
incluso el deseo del adulterio. El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento
prohíben absolutamente el adulterio. Los profetas denuncian su gravedad; ven
en el adulterio la imagen del pecado de idolatría.
2381. El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus
compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial.
Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del
matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la
generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los
padres.
2382. El Señor Jesús insiste en la intención original del Creador que quería
un matrimonio indisoluble, y deroga la tolerancia que se había introducido
en la ley antigua.
Entre bautizados católicos, 'el matrimonio rato y consumado no puede ser
disuelto por ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte'.
2383. La separación de los esposos con permanencia del vínculo matrimonial
puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico.
Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos
derechos legítimos, el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio,
puede ser tolerado sin constituir una falta moral.
2384. El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el
contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la
muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el
matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión,
aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el
cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público
y permanente:
Si el marido, tras haberse separado de su mujer, se une a otra mujer, es
adúltero, porque hace cometer un adulterio a esta mujer; y la mujer que
habita con él es adúltera, porque ha atraído a sí al marido de otra.
2385. El divorcio adquiere también su carácter inmoral a causa del desorden
que introduce en la célula familiar y en la sociedad. Este desorden entraña
daños graves: para el cónyuge, que se ve abandonado; para los hijos,
traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en
tensión a causa de sus padres; por su efecto contagioso, que hace de él una
verdadera plaga social.
2386. Puede ocurrir que uno de los cónyuges sea la víctima inocente del
divorcio dictado en conformidad con la ley civil; entonces no contradice el
precepto moral. Existe una diferencia considerable entre el cónyuge que se
ha esforzado con sinceridad por ser fiel al sacramento del Matrimonio y se
ve injustamente abandonado y el que, por una falta grave de su parte,
destruye un matrimonio canónicamente válido.
2387. Es comprensible el drama del que, deseoso de convertirse al Evangelio,
se ve obligado a repudiar una o varias mujeres con las que ha compartido
años de vida conyugal. Sin embargo, la poligamia no se ajusta a la ley
moral, pues contradice radicalmente la comunión conyugal. La poligamia
'niega directamente el designio de Dios, tal como es revelado desde los
orígenes, porque es contraria a la igual dignidad personal del hombre y de
la mujer, que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo mismo único
y exclusivo'. El cristiano que había sido polígamo está gravemente obligado
en justicia a cumplir los deberes contraídos respecto a sus antiguas mujeres
y sus hijos.
2388. Incesto es la relación carnal entre parientes dentro de los grados en
que está prohibido el matrimonio. San Pablo condena esta falta
particularmente grave: 'Se oye hablar de que hay inmoralidad entre
vosotros... hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su
padre... en nombre del Señor Jesús... sea entregado ese individuo a Satanás
para destrucción de la carne...' [1Co 5,1 .4-5.]. El incesto corrompe las
relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad.
2389. Se puede equiparar al incesto los abusos sexuales perpetrados por
adultos en niños o adolescentes confiados a su guarda. Entonces esta falta
adquiere una mayor gravedad por atentar escandalosamente contra la
integridad física y moral de los jóvenes que quedarán así marcados para toda
la vida, y por ser una violación de la responsabilidad educativa.
2390. Hay unión libre cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma
jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual.
La expresión en sí misma es engañosa: ¿qué puede significar una unión en la
que las personas no se comprometen entre sí y testimonian con ello una falta
de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir?
Esta expresión abarca situaciones distintas: concubinato, rechazo del
matrimonio en cuanto tal, incapacidad de unirse mediante compromisos a largo
plazo. Todas estas situaciones ofenden la dignidad del matrimonio; destruyen
la idea misma de la familia; debilitan el sentido de la fidelidad. Son
contrarias a la ley moral: el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en
el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de
la comunión sacramental.
2391. No pocos postulan hoy una especie de 'unión a prueba' cuando existe
intención de casarse. Cualquiera que sea la firmeza del propósito de los que
se comprometen en relaciones sexuales prematuras, éstas 'no garantizan que
la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y
una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y
las veleidades de las pasiones'. La unión carnal sólo es moralmente legítima
cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y
la mujer. El amor humano no tolera la 'prueba'. Exige un don total y
definitivo de las personas entre sí.
RESUMEN
2392. 'El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano'
2393. Al crear al ser humano hombre y mujer, Dios confiere la dignidad
personal de manera idéntica a uno y a otra. A cada uno, hombre y mujer,
corresponde reconocer y aceptar su identidad sexual.
2394. Cristo es el modelo de la castidad. Todo bautizado es llamado a llevar
una vida casta, cada uno según su estado de vida.
2395. La castidad significa la integración de la sexualidad en la persona.
Entraña el aprendizaje del dominio personal.
2396. Entre los pecados gravemente contrarios a la castidad se deben citar
la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las
prácticas homosexuales.
2397. La alianza que los esposos contraen libremente implica un amor fiel.
Les confiere la obligación de guardar indisoluble su matrimonio.
2398. La fecundidad es un bien, un don, un fin del matrimonio. Dando la
vida, los esposos participan de la paternidad de Dios.
2399. La regulación de la natalidad representa uno de los aspectos de la
paternidad y la maternidad responsables. La legitimidad de las intenciones
de los esposos no justifica el recurso a medios moralmente reprobables [p.e.,
la esterilización directa o la anticoncepción].
2400. El adulterio y el divorcio, la poligamia y la unión libre son ofensas
graves a la dignidad del matrimonio.
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