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Creo en la Iglesia Católica y en la comunión
de los santos
748. 'Cristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto Sínodo,
reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los
hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia,
anunciando el Evangelio a todas las criaturas'. Con estas palabras comienza
la 'Constitución dogmática sobre la Iglesia' del Concilio Vaticano II. Así,
el Concilio muestra que el artículo de la fe sobre la Iglesia depende
enteramente de los artículos que se refieren a Cristo Jesús. La Iglesia no
tiene otra luz que la de Cristo; ella es, según una imagen predilecta de los
Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es reflejo del sol.
749. El artículo sobre la Iglesia depende enteramente también del que le
precede, sobre el Espíritu Santo. 'En efecto, después de haber mostrado que
el Espíritu Santo es la fuente y el dador de toda santidad, confesamos ahora
que es El quien ha dotado de santidad a la Iglesia'. La Iglesia, según la
expresión de los Padres, es el lugar 'donde florece el Espíritu'. [San
Hipólito de Roma]
750. Creer que la Iglesia es 'Santa' y 'Católica', y que es 'Una' y
'Apostólica' [como añade el Símbolo Niceno-Constantinopolitano] es
inseparable de la fe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Símbolo de
los Apóstoles, hacemos profesión de creer que existe una Iglesia Santa
['Credo... Ecclesiam'], y no de creer en la Iglesia para no confundir a Dios
con sus obras y para atribuir claramente a la bondad de Dios todos los dones
que ha puesto en su Iglesia.
I.- Los nombres y las imágenes de la Iglesia
751. La palabra 'Iglesia' ['ekklesia', del griego 'ek-kalein' - 'llamar
fuera'] significa 'convocación'. Designa asambleas del pueblo, en general de
carácter religioso. Es el término frecuentemente utilizado en el texto
griego del Antiguo Testamento para designar la asamblea del pueblo elegido
en la presencia de Dios, sobre todo cuando se trata de la asamblea del Sinaí,
en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por Dios como su pueblo
santo. Dándose a sí misma el nombre de 'Iglesia', la primera comunidad de
los que creían en Cristo se reconoce heredera de aquella asamblea. En ella,
Dios 'convoca' a su Pueblo desde todos los confines de la tierra. El término
'Kyriaké', del que se derivan las palabras 'church' en inglés, y 'Kirche' en
alemán, significa 'la que pertenece al Señor'.
752. En el lenguaje cristiano, la palabra 'Iglesia' designa no sólo la
asamblea litúrgica, sino también la comunidad local o toda la comunidad
universal de los creyentes. Estas tres significaciones son inseparables de
hecho. La 'Iglesia' es el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La
Iglesia de Dios existe en las comunidades locales y se realiza como asamblea
litúrgica, sobre todo eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del
Cuerpo de Cristo y de esta manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo.
753. En la Sagrada Escritura encontramos multitud de imágenes y de figuras
relacionadas entre sí, mediante las cuales la revelación habla del Misterio
inagotable de la Iglesia. Las imágenes tomadas del Antiguo Testamento
constituyen variaciones de una idea de fondo, la del 'Pueblo de Dios'. En el
Nuevo Testamento, todas estas imágenes adquieren un nuevo centro por el
hecho de que Cristo viene a ser 'la Cabeza' de este Pueblo, el cual es desde
entonces su Cuerpo. En tomo a este centro se agrupan imágenes 'tomadas de la
vida de los pastores, de la agricultura, de la construcción, incluso de la
familia y del matrimonio'.
754. 'La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es
Cristo. Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo
anunció. Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin
embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; El, el Buen
Pastor y Cabeza de los pastores, que dio su vida por las ovejas.'
755. 'La Iglesia es labranza o campo de Dios. En este campo crece el antiguo
olivo cuya raíz santa fueron los patriarcas y en el que tuvo y tendrá lugar
la reconciliación de los judíos y de los gentiles. El labrador del cielo la
plantó como viña selecta. La verdadera vid es Cristo, que da vida y
fecundidad a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en él
por medio de la Iglesia y que sin él no podemos hacer nada.'
756. 'También muchas veces a la Iglesia se la llama construcción de Dios. El
Señor mismo se comparó a la piedra que desecharon los constructores, pero
que se convirtió en la piedra angular Los apóstoles construyen la Iglesia
sobre ese fundamento, que le da solidez y cohesión. Esta construcción recibe
diversos nombres: casa de Dios en la que habita su familia, habitación de
Dios en el Espíritu, tienda de Dios con los hombres [Ap 21,3 .], y sobre
todo, templo santo. Representado en los templos de piedra, los Padres cantan
sus alabanzas, y la liturgia, con razón, lo compara a la ciudad santa, a la
nueva Jerusalén. En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en
su construcción en este mundo. San Juan ve en el mundo renovado bajar del
cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa
embellecida para su esposo [Ap 21,1-2 .]'.
757. 'La Iglesia que es llamada también «la Jerusalén de arriba» y «madre
nuestra» [Ga 4,26 .], se la describe como la esposa inmaculada del Cordero
inmaculado. Cristo «la amó y se entregó por ella para santificarla» [Ef
5,25-26 .]; se unió a ella en alianza indisoluble, «la alimenta y la cuida»
[Ef 5,29 .] sin cesar'.
II.- Origen, fundación y misión de la Iglesia
758. Para penetrar en el Misterio de la Iglesia, conviene primeramente
contemplar su origen dentro del designio de la Santísima Trinidad y su
realización progresiva en la historia.
759. 'El Padre eterno creó el mundo por una decisión totalmente libre y
misteriosa de su sabiduría y bondad. Decidió elevar a los hombres a la
participación de la vida divina' a la cual llama a todos los hombres en su
Hijo: 'Dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la santa Iglesia'. Esta
'familia de Dios' se constituye y se realiza gradualmente a lo largo de las
etapas de la historia humana, según las disposiciones del Padre: en efecto,
la Iglesia ha sido 'prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada
maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua
Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión
del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos'.
760. 'El mundo fue creado en orden a la Iglesia', decían los cristianos de
los primeros tiempos. Dios creó el mundo en orden a la comunión en su vida
divina, 'comunión' que se realiza mediante la 'convocación' de los hombres
en Cristo, y esta 'convocación' es la Iglesia. La Iglesia es la finalidad de
todas las cosas, e incluso las vicisitudes dolorosas como la caída de los
ángeles y el pecado del hombre, no fueron permitidas por Dios más que como
ocasión y medio de desplegar toda la fuerza de su brazo, toda la medida del
amor que quería dar al mundo:
Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo, así su intención
es la salvación de los hombres y se llama Iglesia. [Clemente de Alejandría]
761. La reunión del pueblo de Dios comienza en el instante en que el pecado
destruye la comunión de los hombres con Dios y la de los hombres entre sí.
La reunión de la Iglesia es por así decirlo la reacción de Dios al caos
provocado por el pecado. Esta reunificación se realiza secretamente en el
seno de todos los pueblos: 'En cualquier nación el que le teme [a Dios] y
practica la justicia le es grato' [Hch 10,35 .]
762. La preparación lejana de la reunión del pueblo de Dios comienza con la
vocación de Abraham, a quien Dios promete que llegará a ser padre de un gran
pueblo. La preparación inmediata comienza con la elección de Israel como
pueblo de Dios. Por su elección, Israel debe ser el signo de la reunión
futura de todas las naciones. Pero ya los profetas acusan a Israel de haber
roto la alianza y haberse comportado como una prostituta. Anuncian, pues,
una Alianza nueva y eterna. 'Jesús instituyó esta nueva alianza'.
763. Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la
plenitud de los tiempos; ése es el motivo de su 'misión'. 'El Señor Jesús
comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la
llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras'.
Para cumplir la voluntad del Padre, Cristo inauguró el Reino de los cielos
en la tierra. La Iglesia es el Reino de Cristo 'presente ya en misterio'.
764. 'Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y
en la presencia de Cristo'. Acoger la palabra de Jesús es acoger 'el Reino'.
El germen y el comienzo del Reino son el 'pequeño rebaño' [Lc 12,32 .] de
los que Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el
pastor. Constituyen la verdadera familia de Jesús. A los que reunió así en
torno suyo, les enseñó no sólo una nueva 'manera de obrar', sino también una
oración propia.
765. El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá
hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está la elección de los Doce
con Pedro como su Cabeza; puesto que representan a las doce tribus de Israel
ellos son los cimientos de la nueva Jerusalén. Los Doce y los otros
discípulos participan en la misión de Cristo, en su poder, y también en su
suerte. Con todos estos actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia.
766. Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por
nuestra salvación, anticipado en la institución de la Eucaristía y realizado
en la Cruz. 'El agua y la sangre que brotan del costado abierto de Jesús
crucificado son signo de este comienzo y crecimiento'. 'Pues del costado de
Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia'.
Del mismo modo que Eva fue formada del costado de Adán adormecido, así la
Iglesia nació del corazón traspasado de Cristo muerto en la Cruz.
767. 'Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la
tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que
santificara continuamente a la Iglesia'. Es entonces cuando 'la Iglesia se
manifestó públicamente ante la multitud; se inició la difusión del Evangelio
entre los pueblos mediante la predicación'. Siendo 'convocación' de todos
los hombres a la salvación, la Iglesia es, por su misma naturaleza,
misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas
discípulos suyos.
768. Para realizar su misión, el Espíritu Santo 'la construye y dirige con
diversos dones jerárquicos y carismáticos'. 'La Iglesia, enriquecida con los
dones de su Fundador y guardando fielmente sus mandamientos del amor, la
humildad y la renuncia, recibe la misión de anunciar y establecer en todos
los pueblos el Reino de Cristo y de Dios. Ella constituye el germen y el
comienzo de este Reino en la tierra'.
769. La Iglesia 'sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo',
cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta ese día, 'la Iglesia avanza en su
peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de
Dios' [San Agustín]. Aquí abajo, ella se sabe en exilio, lejos del Señor, y
aspira al advenimiento pleno del Reino, 'y espera y desea con todas sus
fuerzas reunirse con su Rey en la gloria'. La consumación de la Iglesia en
la gloria, y a través de ella la del mundo, no sucederá sin grandes pruebas.
Solamente entonces, 'todos los justos descendientes de Adán, «desde Abel el
justo hasta el último de los elegidos» se reunirán con el Padre en la
Iglesia universal'.
III.- El misterio de la Iglesia
770. La Iglesia está en la historia, pero al mismo tiempo la trasciende.
Solamente 'con los ojos de la fe' se puede ver al mismo tiempo en esta
realidad visible una realidad espiritual, portadora de vida divina.
771. 'Cristo, el único Mediador, estableció en este mundo su Iglesia santa,
comunidad de fe, esperanza y amor, como un organismo visible. La mantiene
aún sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la
gracia'. La Iglesia es a la vez:
- 'sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo Místico de Cristo;
- el grupo visible y la comunidad espiritual;
- la Iglesia de la tierra y la Iglesia llena de bienes del cielo'.
Estas dimensiones juntas constituyen 'una realidad compleja, en la que están
unidos el elemento divino y el humano':
Es propio de la Iglesia 'ser a la vez humana y divina, visible y dotada de
elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación,
presente en el mundo y, sin embargo, peregrina. De modo que en ella lo
humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible,
la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos'.
[SC 2.]
¡Qué humildad y qué sublimidad! Es la tienda de Cadar y el santuario de
Dios; una tienda terrena y un palacio celestial; una casa modestísima y una
aula regia; un cuerpo mortal y un templo luminoso; la despreciada por los
soberbios y la esposa de Cristo. Tiene la tez morena pero es hermosa, hijas
de Jerusalén. El trabajo y el dolor del prolongado exilio la han deslucido,
pero también la embellece su forma celestial. [San Bernardo de Claraval]
772. En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como
la finalidad del designio de Dios: 'recapitular todo en él' [Ef 1,10 .]. san
Pablo llama 'gran misterio' [Ef 5,32 .] al desposorio de Cristo y de la
Iglesia. Porque la Iglesia se une a Cristo como a su esposo, por eso se
convierte a su vez en Misterio. Contemplando en ella el Misterio, san Pablo
escribe: el misterio 'es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria' [Col
1,27 .].
773. En la Iglesia esta comunión de los hombres con Dios por 'la caridad que
no pasará jamás' [ I Co 13,8.] es la finalidad que ordena todo lo que en
ella es medio sacramental ligado a este mundo que pasa. 'Su estructura está
totalmente ordenada a la santidad de los miembros de Cristo. Y la santidad
se aprecia en función del «gran Misterio» en el que la Esposa responde con
el don del amor al don del Esposo'. María nos precede a todos en la santidad
que es el Misterio de la Iglesia como la 'Esposa sin tacha ni arruga' [Ef
5,27 .]. Por eso 'la dimensión mariana de la Iglesia precede a su dimensión
petrina'.
774. La palabra griega 'mysterion' ha sido traducida en latín por dos
términos: 'mysterium' y 'sacramentum'. En la interpretación posterior, el
término 'sacramentum' expresa mejor el signo visible de la realidad oculta
de la salvación, indicada por el término 'mysterium'. En este sentido,
Cristo es El mismo el Misterio de la salvación: 'Non est enim aliud Dei
mysterium, nisi Christus' ['No hay otro misterio de Dios fuera de Cristo']
[San Agustín]. La obra salvífica de su humanidad santa y santificante es el
sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos de
la Iglesia [que las Iglesias de Oriente llaman también 'los santos
Misterios']. Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos
mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es
la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene por tanto y
comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido analógico
ella es llamada sacramento'.
775. 'La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la
unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano': Ser el
sacramento de la unión íntima de los hombres con Dios es el primer fin de la
Iglesia. Como la comunión de los hombres radica en la unión con Dios, la
Iglesia es también el sacramento de la unidad del género humano. Esta unidad
ya está comenzada en ella porque reúne hombres'de toda nación, raza, pueblo
y lengua' [Ap 7,9 .]; al mismo tiempo, la Iglesia es 'signo e instrumento'
de la plena realización de esta unidad que aún está por venir.
776. Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo. Ella es asumida
por Cristo 'como instrumento de redención universal', 'sacramento universal
de salvación', por medio del cual Cristo 'manifiesta y realiza al mismo
tiempo el misterio del amor de Dios al hombre'. Ella 'es el proyecto visible
del amor de Dios hacia la humanidad' que quiere 'que todo el género humano
forme un único Pueblo de Dios, se una en un único Cuerpo de Cristo, se
coedifique en un único templo del Espíritu Santo'."
RESUMEN
777. La palabra 'Iglesia' significa 'convocación'. Designa la asamblea de
aquellos a quienes convoca la palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios
y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en
Cuerpo de Cristo.
778. La Iglesia es a la vez camino y término del designio de Dios:
prefigurada en la creación, preparada en la Antigua Alianza, fundada por las
palabras y las obras de Jesucristo, realizada por su Cruz redentora y su
Resurrección, se manifiesta como misterio de salvación por la efusión del
Espíritu Santo. Quedará consumada en la gloria del cielo como asamblea de
todos los redimidos de la tierra.
779. La Iglesia es a la vez visible y espiritual, sociedad jerárquica y
Cuerpo Místico de Cristo. Es una, formada por un doble elemento humano y
divino. Ahí está su Misterio que sólo la fe puede aceptar.
780. La Iglesia es, en este mundo, el sacramento de la salvación, el signo y
el instrumento de la comunión con Dios y entre los hombres.
I.- La Iglesia, Pueblo de Dios
781. 'En todo tiempo y lugar ha sido grato a Dios el que le teme y practica
la justicia. Sin embargo, quiso santificar y salvar a los hombres no
individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un
pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa.
Eligió, pues, a Israel para pueblo suyo, hizo una alianza con él y lo fue
educando poco a poco. Le fue revelando su persona y su plan a lo largo de su
historia y lo fue santificando. Todo esto, sin embargo, sucedió como
preparación y figura de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en
Cristo..., es decir, el Nuevo Testamento en su sangre convocando a las
gentes de entre los judíos y los gentiles para que se unieran, no según la
carne, sino en el Espíritu'.
782. El Pueblo de Dios tiene características que le distinguen claramente de
todos los grupos religiosos, étnicos, políticos o culturales de la historia:
- Es el Pueblo de Dios: Dios no pertenece en propiedad a ningún pueblo.Pero
El ha adquirido para sí un pueblo de aquellos que antes no eran un pueblo:
'una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa' [1Pe 2,9 .].
- Se llega a ser miembro de este cuerpo no por el nacimiento físico, sino
por el 'nacimiento de arriba', 'del agua y del Espíritu' [Jn 3,3-5 .], es
decir, por la fe en Cristo y el Bautismo.
- Este pueblo tiene por jefe y cabeza] a Jesús el Cristo [Ungido, Mesías]:
porque la misma Unción, el Espíritu Santo fluye desde la Cabeza al Cuerpo,
es 'el Pueblo mesiánico'.
- 'La identidad de este Pueblo, es la dignidad y la libertad de los hijos de
Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo'.
- 'Su ley, es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo nos amó'. Esta
es la ley 'nueva' del Espíritu Santo.
- Su misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo. 'Es un germen muy
seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano'.
- 'Su destino es el Reino de Dios, que él mismo comenzó en este mundo, que
ha de ser extendido hasta que él mismo lo lleve también a su perfección'.
783. Jesucristo es Aquél a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y
lo ha constituido 'Sacerdote, Profeta y Rey'. Todo el Pueblo de Dios
participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de
misión y de servicio que se derivan de ellas.
784. Al entrar en el Pueblo de Dios por la fe y el Bautismo se participa en
la vocación única de este Pueblo: en su vocación sacerdotal: 'Cristo el
Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, ha hecho del nuevo pueblo «un
reino de sacerdotes para Dios, su Padre». Los bautizados, en efecto, por el
nuevo nacimiento y por la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como
casa espiritual y sacerdocio santo'.
785. 'El pueblo santo de Dios participa también del carácter profético de
Cristo'. Lo es sobre todo por el sentido sobrenatural de la fe que es el de
todo el pueblo, laicos y jerarquía, cuando 'se adhiere indefectiblemente a
la fe transmitida a los santos de una vez para siempre' y profundiza en su
comprensión y se hace testigo de Cristo en medio de este mundo.
786. El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo.
Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y
su resurrección. Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de
todos, no habiendo 'venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en
rescate por muchos' [Mt 20,28 .]. Para el cristiano, 'servir es reinar',
particularmente 'en los pobres y en los que sufren' donde descubre 'la
imagen de su Fundador pobre y sufriente'. El pueblo de Dios realiza su
'dignidad regia' viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.
La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la
unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este
especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y
perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio
sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su
propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia
pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?
[San León Magno]
II.- La Iglesia, Cuerpo de Cristo
787. Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida; les reveló
el Misterio del Reino; les dio parte en su misión, en su alegría y en sus
sufrimientos. Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre El y los
que le sigan: 'Permaneced en mí, como yo en vosotros... Yo soy la vid y
vosotros los sarmientos' [Jn 15,4-5 .]. Anuncia una comunión misteriosa y
real entre su propio cuerpo y el nuestro: 'Quien come mi carne y bebe mi
sangre permanece en mí y yo en él' [Jn 6,56 .].
788. Cuando fueron privados los discípulos de su presencia visible, Jesús no
los dejó huérfanos. Les prometió quedarse con ellos hasta el fin de los
tiempos, les envió su Espíritu. Por eso, la comunión con Jesús se hizo en
cierto modo más intensa: 'Por la comunicación de su Espíritu a sus hermanos,
reunidos de todos los pueblos, Cristo los constituye místicamente en su
cuerpo'.
789. La comparación de la Iglesia con el cuerpo arroja un rayo de luz sobre
la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No está solamente reunida en
torno a El: siempre está unificada en El, en su Cuerpo. Tres aspectos de la
Iglesia 'Cuerpo de Cristo' se han de resaltar más específicamente: la unidad
de todos los miembros entre sí por su unión con Cristo; Cristo Cabeza del
Cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo.
790. Los creyentes que responden a la Palabra de Dios y se hacen miembros
del Cuerpo de Cristo, quedan estrechamente unidos a Cristo: 'La vida de
Cristo se comunica a los creyentes, que se unen a Cristo, muerto y
glorificado, por medio de los sacramentos de una manera misteriosa pero
real'. Esto es particularmente verdad en el caso del Bautismo por el cual
nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo y en el caso de la
Eucaristía, por la cual, 'compartimos realmente el Cuerpo del Señor, que nos
eleva hasta la comunión con él y entre nosotros'.
791. La unidad del cuerpo no ha abolido la diversidad de los miembros: 'En
la construcción del Cuerpo de Cristo existe una diversidad de miembros y de
funciones. Es el mismo Espíritu el que, según su riqueza y las necesidades
de los ministerios, distribuye sus diversos dones para el bien de la
Iglesia'. La unidad del Cuerpo místico produce y estimula entre los fieles
la caridad: 'Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un
miembro es honrado, todos los miembros se alegran con él'. En fin, la unidad
del Cuerpo místico sale victoriosa de todas las divisiones humanas: 'En
efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no
hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos
vosotros sois uno en Cristo Jesús' [Ga 3,27-28 .].
792. Cristo 'es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia' [Col 1,18 .]. Es el
Principio de la creación y de la redención. Elevado a la gloria del Padre,
'él es el primero en todo' [Col 1,18 .], principalmente en la Iglesia por
cuyo medio extiende su reino sobre todas las cosas:
793. El nos une a su Pascua: Todos los miembros tienen que esforzarse en
asemejarse a él 'hasta que Cristo esté formado en ellos' [Ga 4,19 .]. 'Por
eso somos integrados en los misterios de su vida.... nos unimos a sus
sufrimientos como el cuerpo a su cabeza. Sufrimos con él para ser
glorificados con él'.
794. El provee a nuestro crecimiento: Para hacernos crecer hacia él, nuestra
Cabeza, Cristo distribuye en su Cuerpo, la Iglesia, los dones y los
servicios mediante los cuales nos ayudamos mutuamente en el camino de la
salvación.
795. Cristo y la Iglesia son, por tanto, el 'Cristo total' ['Christus totus'].
La Iglesia es una con Cristo. Los santos tienen conciencia muy viva de esta
unidad:
Felicitémonos y demos gracias por lo que hemos llegado a ser, no solamente
cristianos sino el propio Cristo. ¿Comprendéis, hermanos, la gracia que Dios
nos ha hecho al darnos a Cristo como Cabeza? Admiraos y regocijaos, hemos
sido hechos Cristo. En efecto, ya que El es la Cabeza y nosotros somos los
miembros, el hombre todo entero es El y nosotros... La plenitud de Cristo
es, pues, la Cabeza y los miembros: ¿Qué quiere decir la Cabeza y los
miembros? Cristo y la Iglesia. [San Agustín]
Redemptor noster unam se personam cum sancta Ecclesia, quam assumpsit,
exhibuit ['Nuestro Redentor muestra que forma una sola persona con la
Iglesia que El asumió']. [San Gregorio Magno]
Caput et membra, quasi una persona mystica ['La Cabeza y los miembros, como
si fueran una sola persona mística']. [Santo Tomás de Aquino]
Una palabra de santa Juana de Arco a sus jueces resume la fe de los santos
doctores y expresa el buen sentido del creyente: 'De Jesucristo y de la
Iglesia, me parece que es todo uno y que no es necesario hacer una
dificultad de ello'.
796. La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza y miembros del Cuerpo,
implica también la distinción de ambos en una relación personal. Este
aspecto es expresado con frecuencia mediante la imagen del Esposo y de la
Esposa. El tema de Cristo esposo de la Iglesia fue preparado por los
profetas y anunciado por Juan Bautista. El Señor se designó a sí mismo como
'el Esposo' [Mc 2,19 .]. El apóstol presenta a la Iglesia y a cada fiel,
miembro de su Cuerpo, como una Esposa 'desposada' con Cristo Señor para 'no
ser con él más que un solo Espíritu'. Ella es la Esposa inmaculada del
Cordero inmaculado, a la que Cristo 'amó y por la que se entregó a fin de
santificarla' [Ef 5,26 .], la que él se asoció mediante una Alianza eterna y
de la que no cesa de cuidar como de su propio Cuerpo:
He ahí el Cristo total, cabeza y cuerpo, uno solo formado de muchos... Sea
la cabeza la que hable, sean los miembros, es Cristo el que habla. Habla en
el papel de cabeza ['ex persona capitis'] o en el de cuerpo ['ex persona
corporis']. Según lo que está escrito: 'Y los dos se harán una sola carne.
Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia' [Ef 5,31-32
.]. Y el Señor mismo en el Evangelio dice: 'De manera que ya no son dos sino
una sola carne' [Mt 19,6 .]. Como lo habéis visto bien, hay en efecto dos
personas diferentes y, no obstante, no forman más que una en el abrazo
conyugal... Como cabeza él se llama 'esposo' y como cuerpo 'esposa'. [San
Agustín]
III.- La Iglesia Templo del Espíritu Santo
797. 'Quod est spiritus noster, id est anima nostra, ad membra nostra, hoc
est Spiritus Sanctus ad membra Christi, ad corpus Christi, quod est Ecclesia'
['Lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros
miembros, eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo, para
el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia']. 'A este Espíritu de Cristo, como a
principio invisible, ha de atribuirse también el que todas las partes del
cuerpo estén íntimamente unidas, tanto entre sí como con su excelsa Cabeza,
puesto que está todo él en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de
los miembros'. El Espíritu Santo hace de la Iglesia 'el Templo del Dios
vivo' [2Co 6,16 .]:
En efecto, es a la misma Iglesia, a la que ha sido confiado el «Don de
Dios»... Es en ella donde se ha depositado la comunión con Cristo, es decir,
el Espíritu Santo, arras de la incorruptibilidad, confirmación de nuestra fe
y escala de nuestra ascensión hacia Dios... Porque allí donde está la
Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el
Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia. [San Ireneo de Lyon]
798. El Espíritu Santo es 'el principio de toda acción vital y
verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo'. Actúa de múltiples
maneras en la edificación de todo el Cuerpo en la caridad: por la Palabra de
Dios, 'que tiene el poder de construir el edificio' [Hch 20,32 .], por el
Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo; por los sacramentos que
hacen crecer y curan a los miembros de Cristo; por 'la gracia concedida a
los apóstoles' que 'entre estos dones destaca', por las virtudes que hacen
obrar según el bien, y por las múltiples gracias especiales [llamadas
'carismas'] mediante las cuales los fieles quedan 'preparados y dispuestos a
asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir
más y más la Iglesia'.
799. Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del
Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente, una utilidad eclesial;
los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los
hombres y a las necesidades del mundo.
800. Los carismas deben ser acogidos con gratitud por parte de quien los
recibe, y también por todos los miembros de la Iglesia. En efecto, son una
maravillosa riqueza de gracia para la vitalidad apostólica y para la
santidad de todo el Cuerpo de Cristo; los carismas constituyen tal riqueza
siempre que se trate de dones que provienen verdaderamente del Espíritu
Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos
de este mismo Espíritu, es decir, según la caridad, verdadera medida de los
carismas.
801. Por esta razón se revela siempre necesario el discernimiento de los
carismas. Ningún carisma dispensa de la referencia y de la sumisión a los
pastores de la Iglesia. 'A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu,
sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno', a fin de que todos los
carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, al 'bien común'
[1Co 12,7 .]
RESUMEN
802. 'Cristo Jesús se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda
iniquidad y purificar para sí un pueblo que fuese suyo' [Tt 2,14 .].
803. 'Vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo
adquirido' [1Pe 2,9 .].
804. Se entra en el Pueblo de Dios por la fe y el Bautismo. 'Todos los
hombres están invitados al Pueblo de Dios', a fin de que, en Cristo, 'los
hombres constituyan una sola familia y un único Pueblo de Dios'.
805. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Por el Espíritu y su acción en los
sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, Cristo muerto y resucitado
constituye la comunidad de los creyentes como Cuerpo suyo.
806. En la unidad de este cuerpo hay diversidad de miembros y de funciones.
Todos los miembros están unidos unos a otros, particularmente a los que
sufren, a los pobres y perseguidos.
807. La Iglesia es este Cuerpo del que Cristo es la Cabeza: vive de El, en
El y por El; El vive con ella y en ella.
808. La Iglesia es la Esposa de Cristo: la ha amado y se ha entregado por
ella. La ha purificado por medio de su sangre. Ha hecho de ella la Madre
fecunda de todos los hijos de Dios.
809. La Iglesia es el Templo del Espíritu Santo. El Espíritu es como el alma
del Cuerpo Místico, principio de su vida, de la unidad en la diversidad y de
la riqueza de sus dones y carismas.
810. 'Así toda la Iglesia aparece como el pueblo unido «por la unidad del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» [san Cipriano]'.
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica
811. Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo
que es una, santa, católica y apostólica" (LG 8). Estos cuatro atributos,
inseparablemente unidos entre sí (cf DS 2888), indican rasgos esenciales de
la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma: es
Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa,
católica y apostólica, y El es también quien la llama a ejercitar cada una
de estas cualidades.
812. Sólo la fe puede reconocer que la Iglesia posee estas propiedades por
su origen divino. Pero sus manifestaciones históricas son signos que hablan
también con claridad a la razón humana. Recuerda el Concilio Vaticano I: 'La
Iglesia por sí misma es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y un
testimonio irrefutable de su misión divina a causa de su admirable
propagación, de su eximia santidad, de su inagotable fecundidad en toda
clase de bienes, de su unidad universal y de su invicta estabilidad'.
I.- La Iglesia es una
813. La Iglesia es una debido a su origen: 'El modelo y principio supremo de
este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu
Santo, en la Trinidad de personas'. La Iglesia es una debido a su Fundador:
'Pues el mismo Hijo encarnado, Príncipe de la paz, por su cruz reconcilió a
todos los hombres con Dios... restituyendo la unidad de todos en un solo
pueblo y en un solo cuerpo'. La Iglesia es una debido a su 'alma': 'El
Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la
Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo
tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia'. Por tanto,
pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una:
¡Qué sorprendente misterio! Hay un solo Padre del universo, un solo Logos
del universo y también un solo Espíritu Santo, idéntico en todas partes; hay
también una sola virgen hecha madre, y me gusta llamarla Iglesia. [Clemente
de Alejandría]
814. Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una
gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y
de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo
de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de
la Iglesia existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de
vida; 'dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias
particulares con sus propias tradiciones'. La gran riqueza de esta
diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y
el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También
el apóstol debe exhortar a 'guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de
la paz' [Ef 4,3 .].
815. ¿Cuáles son estos vínculos de la unidad? 'Por encima de todo esto
revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección' [Col 3,14 .]. Pero
la unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de
comunión:
- la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles;
- la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos;
- la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la
concordia fraterna de la familia de Dios.
816. 'La única Iglesia de Cristo..., Nuestro Salvador, después de su
resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a
los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran... Esta Iglesia,
constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ['subsistit
in'] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los
obispos en comunión con él'.
El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: 'Solamente
por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de
salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación.
Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único
colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de
Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún
modo pertenecen ya al Pueblo de Dios'. [UR 3.]
817. De hecho, 'en esta una y única Iglesia de Dios, aparecieron ya desde
los primeros tiempos algunas escisiones que el apóstol reprueba severamente
como condenables; y en siglos posteriores surgieron disensiones más amplias
y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia
católica y, a veces, no sin culpa de los hombres de ambas partes'. Tales
rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo [se distingue la
herejía, la apostasía y el cisma] no se producen sin el pecado de los
hombres:
Ubi peccata sunt, ibi est multitudo, ibi schismata, ibi haereses, ibi
discussiones. Ubi autem virtus, ibi singularitas, ibi unio, ex quo omnium
credentium erat cor unum et anima una ['Donde hay pecados, allí hay
desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay
unión, de donde resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y
una sola alma']. [Orígenes]
818. Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas 'y son
instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la
separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos...
justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por
tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son
reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en
el Señor'.
819. Además, 'muchos elementos de santificación y de verdad' existen fuera
de los límites visibles de la Iglesia católica: 'la palabra de Dios escrita,
la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y otros dones
interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles'. El Espíritu de
Cristo se sirve de estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de
salvación cuya fuerza viene de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo
ha confiado a la Iglesia católica. Todos estos bienes provienen de Cristo y
conducen a El y de por sí impelen a 'la unidad católica'.
820. Aquella unidad 'que Cristo concedió desde el principio a la Iglesia...
creemos que subsiste indefectible en la Iglesia católica y esperamos que
crezca hasta la consumación de los tiempos'. Cristo da permanentemente a su
Iglesia el don de la unidad, pero la Iglesia debe orar y trabajar siempre
para mantener, reforzar y perfeccionar la unidad que Cristo quiere para
ella. Por eso Cristo mismo rogó en la hora de su Pasión, y no cesa de rogar
al Padre por la unidad de sus discípulos: 'Que todos sean uno. Como tú,
Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el
mundo crea que tú me has enviado' [Jn 17,21 .]. El deseo de volver a
encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y un
llamamiento del Espíritu Santo.
821. Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige:
- una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su
vocación. Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad;
- la conversión del corazón para 'llevar una vida más pura, según el
Evangelio', porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo es la
causa de las divisiones;
- la oración en común, porque 'esta conversión del corazón y santidad de
vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los
cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico,
y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual';
- el fraterno conocimiento recíproco;
- la formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes;
- el diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de
diferentes Iglesias y comunidades;
- la colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a
los hombres.
822. 'La preocupación por el restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia
entera, tanto a los fieles como a los pastores'. Pero hay que ser 'conocedor
de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la
unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad
humana'. Por eso hay que poner toda la esperanza 'en la oración de Cristo
por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del
Espíritu Santo'.
II.- La Iglesia es Santa
823. 'La fe confiesa que la Iglesia... no puede dejar de ser santa. En
efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se
proclama «el solo santo», amó a su Iglesia como a su esposa. El se entregó
por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la
llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios'. La Iglesia es, pues,
'el Pueblo santo de Dios', y sus miembros son llamados 'santos'.
824. La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por El; por El y en El,
ella también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se
esfuerzan en conseguir 'la santificación de los hombres en Cristo y la
glorificación de Dios'. En la Iglesia es en donde está depositada 'la
plenitud total de los medios de salvación'. Es en ella donde 'conseguimos la
santidad por la gracia de Dios'.
825. 'La Iglesia, en efecto, ya en la tierra se caracteriza por una
verdadera santidad, aunque todavía imperfecta'. En sus miembros, la santidad
perfecta está todavía por alcanzar: 'Todos los cristianos, de cualquier
estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la
perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre'
826. La caridad es el alma de la santidad a la que todos están llamados:
'dirige todos los medios de santificación, los informa y los lleva a su
fin':
Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto por diferentes
miembros, el más necesario, el más noble de todos no le faltaba, comprendí
que la Iglesia tenía un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de amor.
Comprendí que el Amor solo hacía obrar a los miembros de la Iglesia, que si
el Amor llegara a apagarse, los Apóstoles ya no anunciarían el Evangelio,
los Mártires rehusarían verter su sangre... Comprendí que el amor encerraba
todas las vocaciones, que el amor era todo, que abarcaba todos los tiempos y
todos los lugares... en una palabra, que es ¡eterno! [Santa Teresita del
Niño Jesús]
827. 'Mientras que Cristo, santo, inocente, sin mancha, no conoció el
pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia,
abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada
de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación'. Todos los
miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores.
En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena
semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, pues,
congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en
vías de santificación:
La Iglesia es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella
no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente,
si se alimentan de esta vida se santifican; si se apartan de ella, contraen
pecados y manchas del alma, que impiden que la santidad de ella se difunda
radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados,
teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el
don del Espíritu Santo. [Pablo VI]
828. Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que
esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la
fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de
santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles
proponiendo a los santos como modelos e intercesores. 'Los santos y las
santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias
más difíciles de la historia de la Iglesia'. En efecto, 'la santidad de la
Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad
apostólica y de su ímpetu misionero'.
829. 'La Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección, sin mancha
ni arruga. En cambio, los creyentes se esfuerzan todavía en vencer el pecado
para crecer en la santidad. Por eso dirigen sus ojos a María': en ella, la
Iglesia es ya enteramente santa.
III.- La Iglesia es Católica
830. La palabra 'católica' significa 'universal' en el sentido de 'según la
totalidad' o 'según la integridad'. La Iglesia es católica en un doble
sentido:
Es católica porque Cristo está presente en ella. 'Allí donde está Cristo
Jesús, está la Iglesia Católica' [San Ignacio de Antioquía]. En ella
subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, lo que implica
que ella recibe de El 'la plenitud de los medios de salvación' que El ha
querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y
ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido
fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el
día de la Parusía.
831. Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad
del género humano:
Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo,
uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los
siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó
una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos... Este
carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del
mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y
eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo
como Cabeza, en la unidad de su Espíritu. [LG 13.]
832. 'Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las
legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Estas, en el
Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias... En ellas se reúnen los
fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la
Cena del Señor... En estas comunidades, aunque muchas veces sean pequeñas y
pobres o vivan dispersas, está presente Cristo, quien con su poder
constituye a la Iglesia una, santa, católica y apostólica'.
833. Se entiende por Iglesia particular, que es la diócesis [o la eparquía],
una comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en los sacramentos
con su obispo ordenado en la sucesión apostólica. Estas Iglesias
particulares están 'formadas a imagen de la Iglesia Universal. En ellas y a
partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única'.
834. Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la
comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma 'que preside en la caridad'
[San Ignacio de Antioquía]. 'Porque con esta Iglesia en razón de su origen
más excelente debe necesariamente acomodarse toda Iglesia, es decir, los
fieles de todas partes' [San Ireneo de Lyon]. 'En efecto, desde la venida a
nosotros del Verbo encarnado, todas las Iglesias cristianas de todas partes
han tenido y tienen a la gran Iglesia que está aquí [en Roma] como única
base y fundamento porque, según las mismas promesas del Salvador, las
puertas del infierno no han prevalecido jamás contra ella' [San Máximo del
Confesor].
835. 'Guardémonos bien de concebir la Iglesia universal como la suma o, si
se puede decir, la federación más o menos anómala de Iglesias particulares
esencialmente diversas. En el pensamiento del Señor es la Iglesia, universal
por vocación y por misión, la que, echando sus raíces en la variedad de
terrenos culturales, sociales, humanos, toma en cada parte del mundo
aspectos, expresiones externas diversas' [Pablo VI]. La rica variedad de
disciplinas eclesiásticas, de ritos litúrgicos, de patrimonios teológicos y
espirituales propios de las Iglesias locales 'con un mismo objetivo muestra
muy claramente la catolicidad de la Iglesia indivisa'.
836. 'Todos los hombres, por tanto, están invitados a esta unidad católica
del Pueblo de Dios... A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella
están destinados los católicos, los demás cristianos e incluso todos los
hombres en general llamados a la salvación por la gracia de Dios'.
837. 'Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos
que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y
todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de
su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y
de los obispos, mediante los lazos de la profesión de la fe, de los
sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. No se salva, en
cambio, el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la
Iglesia, porque está en el seno de la Iglesia con el «cuerpo», pero no con
el «corazón»'.
838. 'La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se
honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan
la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el
sucesor de Pedro'. 'Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el
bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia
católica'. Con las Iglesias ortodoxas, esta comunión es tan profunda 'que le
falta muy poco para que alcance la plenitud que haría posible una
celebración común de la Eucaristía del Señor'.
839. 'Los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados
al Pueblo de Dios de diversas maneras':
La relación de la Iglesia con el pueblo judío. La Iglesia, Pueblo de Dios en
la Nueva Alianza, al escrutar su propio misterio, descubre su vinculación
con el pueblo judío 'a quien Dios ha hablado primero'. A diferencia de otras
religiones no cristianas la fe judía ya es una respuesta a la revelación de
Dios en la Antigua Alianza. Pertenece al pueblo judío 'la adopción filial,
la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas y los
patriarcas; de todo lo cual procede Cristo según la carne' [Rm 9,4-5 .],
'porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables' [Rm 1 1,29 .].
840. Por otra parte, cuando se considera el futuro, el Pueblo de Dios de la
Antigua Alianza y el nuevo Pueblo de Dios tienden hacia fines análogos: la
espera de la venida [o el retorno] del Mesías; pues para unos, es la espera
de la vuelta del Mesías, muerto y resucitado, reconocido como Señor e Hijo
de Dios; para los otros, es la venida del Mesías cuyos rasgos permanecen
velados hasta el fin de los tiempos, espera que está acompañada del drama de
la ignorancia o del desconocimiento de Cristo Jesús.
841. Las relaciones de la Iglesia con los musulmanes. 'El designio de
salvación comprende también a los que reconocen al Creador. Entre ellos
están, ante todo, los musulmanes, que profesan tener la fe de Abraham y
adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres
al fin del mundo'.
842. El vínculo de la Iglesia con las religiones no cristianas es en primer
lugar el del origen y el del fin comunes del género humano:
Todos los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen,
puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de
la tierra; tienen también un único fin último, Dios, cuya providencia,
testimonio de bondad y designios de salvación se extienden a todos hasta que
los elegidos se unan en la Ciudad Santa. [NA 1.]
843. La Iglesia reconoce en las otras religiones la búsqueda, 'todavía en
sombras y bajo imágenes', del Dios desconocido pero próximo ya que es El
quien da a todos vida, el aliento y todas las cosas y quiere que todos los
hombres se salven. Así, la Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que
puede encontrarse en las diversas religiones, 'como una preparación al
Evangelio y como un don de aquel que ilumina a todos los hombres, para que
al fin tengan la vida'.
844. Pero, en su comportamiento religioso, los hombres muestran también
límites y errores que desfiguran en ellos la imagen de Dios:
Con demasiada frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se pusieron
a razonar como personas vacías y cambiaron el Dios verdadero por un ídolo
falso, sirviendo a las criaturas en vez de al Creador. Otras veces, viviendo
y muriendo sin Dios en este mundo, están expuestos a la desesperación más
radical. [LG 16.]
845. El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo
para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y
extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a
encontrar su unidad y su salvación. Ella es el 'mundo reconciliado'. Es,
además, este barco que 'pleno dominicae crucis velo Sancti Spiritus flatu in
hoc bene navigat mundo' ['con su velamen que es la cruz de Cristo, empujado
por el Espíritu Santo, navega bien en este mundo'] [San Ambrosio]; según
otra imagen estimada por los Padres de la Iglesia, está prefigurada por el
arca de Noé que es la única que salva del diluvio.
846. ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de
la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de
Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo:
El santo Sínodo... basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña
que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en
efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente
en su Cuerpo, en la Iglesia. El, al inculcar con palabras, bien explícitas,
la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad
de la Iglesia, en la que entran los hombres por el bautismo como por una
puerta. Por eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó, por
medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación,
sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella. [LG 14.]
847. Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a
Cristo y a su Iglesia:
Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero
buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la
gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice la
conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.[LG 16.]
848. 'Aunque Dios, por caminos conocidos sólo por El, puede llevar a la fe,
«sin la que es imposible agradarle», a los hombres que ignoran el Evangelio
sin culpa propia, corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al
mismo tiempo, el derecho sagrado de evangelizar'.
849. El mandato misionero. 'La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para
ser «sacramento universal de salvación», por exigencia íntima de su misma
catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador, se esfuerza por anunciar
el Evangelio a todos los hombres': 'Id, pues, y haced discípulos a todas las
gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy
con vosotros todos los días hasta el fin del mundo' [Mt 28,19-20 .].
850. El origen y la finalidad de la misión. El mandato misionero del Señor
tiene su fuente última en el amor eterno de la Santísima Trinidad: 'La
Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que
tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según
el plan de Dios Padre'. El fin último de la misión no es otro que hacer
participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo
en su Espíritu de amor.
851. El motivo de la misión. Del amor de Dios por todos los hombres la
Iglesia ha sacado en todo tiempo la obligación y la fuerza de su impulso
misionero: 'porque el amor de Cristo nos apremia...' [2Co 5,14 .]. En
efecto, 'Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad' [1Tm 2,4 .]. Dios quiere la salvación de
todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la
verdad. Los que obedecen a la moción del Espíritu de verdad están ya en el
camino de la salvación; pero la Iglesia, a quien esta verdad ha sido
confiada, debe ir al encuentro de los que la buscan para ofrecérsela. Porque
cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera.
852. Los caminos de la misión. 'El Espíritu Santo es en verdad el
protagonista de toda la misión eclesial'. El es quien conduce la Iglesia por
los caminos de la misión. Ella 'continúa y desarrolla en el curso de la
historia la misión del propio Cristo, que fue enviado a evangelizar a los
pobres... impulsada por el Espíritu Santo, debe avanzar por el mismo camino
por el que avanzó Cristo; esto es, el camino de la pobreza, la obediencia,
el servicio y la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que surgió
victorioso por su resurrección'. Es así como la 'sangre de los mártires es
semilla de cristianos' [Tertuliano].
853. Pero en su peregrinación, la Iglesia experimenta también 'hasta qué
punto distan entre sí el mensaje que ella proclama y la debilidad humana de
aquellos a quienes se confía el Evangelio'. Sólo avanzando por el camino 'de
la conversión y la renovación' y 'por el estrecho sendero de Dios' es como
el Pueblo de Dios puede extender el reino de Cristo. En efecto, 'como Cristo
realizó la obra de la redención en la pobreza y en la persecución, también
la Iglesia está llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los
hombres los frutos de la salvación'.
854. Por su propia misión, 'la Iglesia... avanza junto con toda la humanidad
y experimenta la misma suerte terrena del mundo, y existe como fermento y
alma de la sociedad humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada
en familia de Dios'. El esfuerzo misionero exige entonces la paciencia.
Comienza con el anuncio del Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún
no creen en Cristo; continúa con el establecimiento de comunidades
cristianas, 'signo de la presencia de Dios en el mundo', y en la fundación
de Iglesias locales; se implica en un proceso de inculturación para así
encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos; n este proceso no
faltarán también los fracasos. 'En cuanto se refiere a los hombres, grupos y
pueblos, solamente de forma gradual los toca y los penetra y de este modo
los incorpora a la plenitud católica'.
855. La misión de la Iglesia reclama el esfuerzo hacia la unidad de los
cristianos. En efecto, 'las divisiones entre los cristianos son un obstáculo
para que la Iglesia lleve a cabo la plenitud de la catolicidad que le es
propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el
bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso se
hace más difícil para la propia Iglesia expresar la plenitud de la
catolicidad bajo todos los aspectos en la realidad misma de la vida'.
856. La tarea misionera implica un diálogo respetuoso con los que todavía no
aceptan el Evangelio. Los creyentes pueden sacar provecho para sí mismos de
este diálogo aprendiendo a conocer mejor 'cuanto de verdad y de gracia se
encontraba ya entre las naciones, como por una casi secreta presencia de
Dios'. Si ellos anuncian la Buena Nueva a los que la desconocen, es para
consolidar, completar y elevar la verdad y el bien que Dios ha repartido
entre los hombres y los pueblos, y para purificarlos del error y del mal
'para gloria de Dios, confusión del diablo y felicidad del hombre'.
IV.- La Iglesia es apostólica
857. La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los apóstoles, y
esto en un triple sentido:
- Fue y permanece edificada sobre 'el fundamento de los apóstoles' [Ef 2,20
.], testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo.
- Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la
enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles.
- Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta la
vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio
pastoral: el colegio de los obispos, 'a los que asisten los presbíteros
juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia':
Porque no abandonas nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos
pastores, lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la
palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de
anunciar el Evangelio. [Misal Romano]
858. Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio,
'llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó Doce para que
estuvieran con él y para enviarlos a predicar' [Mc 3,13-14 .]. Desde
entonces, serán sus 'enviados' [es lo que significa la palabra griega 'apostoloi'].
En ellos continúa su propia misión: 'Como el Padre me envió, también yo os
envío' [Jn 20,21 .]. Por tanto su ministerio es la continuación de la misión
de Cristo: 'Quien a vosotros recibe, a mí me recibe', dice a los Doce [Mt
10,40 .].
859. Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como 'el Hijo no puede
hacer nada por su cuenta' [Jn 5,19 .30.], sino que todo lo recibe del Padre
que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada
sin El de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla.
Los apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como
'ministros de una nueva alianza' [2Co 3,6 .], 'ministros de Dios' [2Co 6,4
.], 'embajadores de Cristo' [2Co 5,20 .], 'servidores de Cristo y
administradores de los misterios de Dios' [1Co 4,1 .].
860. En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser
los testigos elegidos de la Resurrección del Señor y los fundamentos de la
Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha
prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos. 'Esta misión
divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar hasta el fin del
mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda
la vida de la Iglesia. Por eso los apóstoles se preocuparon de instituir...
sucesores'.
861. 'Para que continuase después de su muerte la misión a ellos confiada,
encargaron mediante una especie de testamento a sus colaboradores más
inmediatos que terminaran y consolidaran la obra que ellos empezaron. Les
encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les
había puesto para ser los pastores de la Iglesia de Dios. Nombraron, por
tanto, de esta manera a algunos varones y luego dispusieron que, después de
su muerte, otros hombres probados les sucedieran en el ministerio'.
862. 'Así como permanece el ministerio confiado personalmente por el Señor a
Pedro, ministerio que debía ser transmitido a sus sucesores, de la misma
manera permanece el ministerio de los apóstoles de apacentar la Iglesia, que
debe ser ejercido perennemente por el orden sagrado de los obispos'. Por
eso, la Iglesia enseña que 'por institución divina los obispos han sucedido
a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a
Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo
envió'.
863. Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a través de los
sucesores de san Pedro y de los apóstoles, en comunión de fe y de vida con
su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es 'enviada' al
mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes
maneras, tienen parte en este envío. 'La vocación cristiana, por su misma
naturaleza, es también vocación al apostolado'. Se llama 'apostolado' a
'toda la actividad del Cuerpo Místico' que tiende a 'propagar el Reino de
Cristo por toda la tierra'.
864. 'Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de
la Iglesia', es evidente que la fecundidad del apostolado, tanto el de los
ministros ordenados como el de los laicos, depende de su unión vital con
Cristo. Según sean las vocaciones, las interpretaciones de los tiempos, los
dones variados del Espíritu Santo, el apostolado toma las formas más
diversas. Pero es siempre la caridad, conseguida sobre todo en la
Eucaristía, 'que es como el alma de todo apostolado'.
865. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad
profunda y última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los
tiempos 'el Reino de los cielos', 'el Reino de Dios', que ha venido en la
persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los que le
son incorporados hasta su plena manifestación escatológica. Entonces todos
los hombres rescatados por él, hechos en él 'santos e inmaculados en
presencia de Dios en el Amor' [Ef 1,4 .], serán reunidos como el único
Pueblo de Dios, 'la Esposa del Cordero' [Ap 21,9 .], 'la Ciudad Santa que
baja del Cielo de junto a Dios y tiene la gloria de Dios' [Ap 21,10-11 .]; y
'la muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los
nombres de los doce apóstoles del Cordero' [Ap 21,14 .].
Resumen
866. La Iglesia es una: Tiene un solo Señor, confiesa una sola fe, nace de
un solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo
Espíritu, orientado a una única esperanza a cuyo término se superarán todas
las divisiones.
867. La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se
entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica.
Aunque comprenda pecadores, ella es 'ex maculatis immaculata' ['inmaculada
aunque compuesta de pecadores']. En los santos brilla su santidad; en María
es ya la enteramente santa.
868. La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y
administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los
pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; 'es, por
su propia naturaleza, misionera '.
869. La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: 'los
doce apóstoles del Cordero' [Ap 21,14 .]; es indestructible; se mantiene
infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los
demás apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de los
obispos.
870. 'La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es
una, santa, católica y apostólica... subsiste en la Iglesia católica,
gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sin
duda, fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de
santificación y de verdad '.
871. 'Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo,
se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a u modo por esta
razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo cada uno según su
propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó
cumplir a la Iglesia en el mundo'.
872. 'Por su regeneración en Cristo, se da entre todos los fieles una
verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, en virtud de la cual
todos, según su propia condición y oficio, cooperan a la edificación del
Cuerpo de Cristo'.
873. Las mismas diferencias que el Señor quiso poner entre los miembros de
su Cuerpo sirven a su unidad y a su misión. Porque 'hay en la Iglesia
diversidad de ministerios, pero unidad de misión. A los apóstoles y sus
sucesores les confirió Cristo la función de enseñar, santificar y gobernar
en su propio nombre y autoridad. Pero también los laicos, partícipes de la
función sacerdotal, profética y real de Cristo, cumplen en la Iglesia y en
el mundo la parte que les corresponde en la misión de todo el Pueblo de
Dios'. En fin, 'en esos dos grupos [jerarquía y laicos] hay fieles que por
la profesión de los consejos evangélicos... se consagran a Dios y
contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia según la manera peculiar que
les es propia'.
I.- La constitución jerárquica de la Iglesia
874. El mismo Cristo es la fuente del ministerio en la Iglesia. El lo ha
instituido, le ha dado autoridad y misión, orientación y finalidad:
Cristo el Señor, para dirigir al Pueblo de Dios y hacerle progresar siempre,
instituyó en su Iglesia diversos ministerios que están ordenados al bien de
todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que posean la sagrada potestad
están al servicio de sus hermanos para que todos los que son miembros del
Pueblo de Dios... lleguen a la salvación. [LG 18.]
875. '¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído?, ¿cómo oirán sin que se
les predique?, y ¿cómo predicarán si no son enviados?' [Rm 10,14-15 .].
Nadie, ningún individuo ni ninguna comunidad, puede anunciarse a sí mismo el
Evangelio. 'La fe viene de la predicación' [Rm 10,17 .]. Nadie se puede dar
a sí mismo el mandato ni la misión de anunciar el Evangelio. El enviado del
Señor habla y obra no con autoridad propia, sino en virtud de la autoridad
de Cristo; no como miembro de la comunidad, sino hablando a ella en nombre
de Cristo. Nadie puede conferirse a sí mismo la gracia, ella debe ser dada y
ofrecida. Eso supone ministros de la gracia, autorizados y habilitados por
parte de Cristo. De El reciben la misión y la facultad, el 'poder sagrado'
de actuar 'in persona Christi Capitis'. Este ministerio, en el cual los
enviados de Cristo hacen y dan, por don de Dios, lo que ellos, por sí
mismos, no pueden hacer ni dar, la tradición de la Iglesia lo llama
'sacramento'. El ministerio de la Iglesia se confiere por medio de un
sacramento específico.
876. El carácter de servicio del ministerio eclesial está intrínsecamente
ligado a la naturaleza sacramental. En efecto, enteramente dependiente de
Cristo que da misión y autoridad, los ministros son verdaderamente 'esclavos
de Cristo', a imagen de Cristo que, libremente ha tomado por nosotros 'la
forma de esclavo' [Flp 2,7 .]. Como la palabra y la gracia de la cual son
ministros no son de ellos, sino de Cristo que se las ha confiado para los
otros, ellos se harán libremente esclavos de todos.
877. De igual modo es propio de la naturaleza sacramental del ministerio
eclesial tener un carácter colegial. En efecto, desde el comienzo de su
ministerio, el Señor Jesús instituyó a los Doce, 'semilla del Nuevo Israel,
a la vez que el origen de la jerarquía sagrada'. Elegidos juntos, también
fueron enviados juntos, y su unidad fraterna estará al servicio de la
comunión fraterna de todos los fieles; será como un reflejo y un testimonio
de la comunión de las Personas divinas. Por eso, todo obispo ejerce su
ministerio en el seno del colegio episcopal, en comunión con el obispo de
Roma, sucesor de san Pedro y jefe del colegio; los presbíteros ejercen su
ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis, bajo la dirección de
su obispo.
878. Por último, es propio también de la naturaleza sacramental del
ministerio eclesial tener carácter personal. Cuando los ministros de Cristo
actúan en comunión, actúan siempre también de manera personal. Cada uno ha
sido llamado personalmente ['Tú sígueme', Jn 21,22 .] para ser, en la misión
común, testigo personal, que es personalmente portador de la responsabilidad
ante Aquel que da la misión, que actúa 'in persona Christi' y en favor de
personas: 'Yo te bautizo en el nombre del Padre ...'; 'Yo te perdono...'.
879. El ministerio sacramental en la Iglesia es, pues, un servicio colegial
y personal a la vez, ejercido en nombre de Cristo. Esto se verifica en los
vínculos entre el colegio episcopal y su jefe, el sucesor de San Pedro, y en
la relación entre la responsabilidad pastoral del obispo en su Iglesia
particular y la común solicitud del colegio episcopal hacia la Iglesia
universal.
880. Cristo, al instituir a los Doce, 'formó una especie de Colegio o grupo
estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él'. 'Así
como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un
único colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el
Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los
apóstoles'.
881. El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de
él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella; lo instituyó
pastor de todo el rebaño. 'Está claro que también el Colegio de los
apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a
Pedro'. Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a
los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del
Papa.
882. El Papa, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, 'es el principio y
fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la
muchedumbre de los fieles'. 'El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la
Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la
Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre
con entera libertad'.
883. 'El Colegio o cuerpo episcopal no tiene ninguna autoridad si no se le
considera junto con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como Cabeza del
mismo'. Como tal, este Colegio es 'también sujeto de la potestad suprema y
plena sobre toda la Iglesia' que 'no se puede ejercer... a no ser con el
consentimiento del Romano Pontífice'.
884. 'La potestad del Colegio de los Obispos sobre toda la Iglesia se ejerce
de modo solemne en el Concilio Ecuménico'. 'No existe concilio ecuménico si
el sucesor de Pedro no lo ha aprobado o al menos aceptado como tal'.
885. 'Este colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y
la unidad del Pueblo de Dios; en cuanto reunido bajo una única Cabeza,
expresa la unidad del rebaño de Dios'.
886. 'Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento
visible de unidad en sus Iglesias particulares'. Como tales ejercen 'su
gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido
confiada', asistidos por los presbíteros y los diáconos. Pero, como miembros
del colegio episcopal, cada uno de ellos participa de la solicitud por todas
las Iglesias, que ejercen primeramente 'dirigiendo bien su propia Iglesia,
como porción de la Iglesia universal', contribuyen eficazmente 'al Bien de
todo el Cuerpo místico que es también el Cuerpo de las Iglesias'. Esta
solicitud se extenderá particularmente a los pobres, a los perseguidos por
la fe y a los misioneros que trabajan por toda la tierra.
887. Las Iglesias particulares vecinas y de cultura homogénea forman
provincias eclesiásticas o conjuntos más vastos llamados patriarcados o
regiones. Los obispos de estos territorios pueden reunirse en sínodos o
concilios provinciales. 'De igual manera, hoy día, las Conferencias
Episcopales pueden prestar una ayuda múltiple y fecunda para que el afecto
colegial se traduzca concretamente en la práctica'.
888. Los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, 'tienen como primer
deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios', según la orden del Señor.
Son 'los predicadores del Evangelio que llevan nuevos discípulos a Cristo.
Son también los maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de
Cristo'.
889. Para mantener a la Iglesia en la pureza de la fe transmitida por los
apóstoles, Cristo, que es la Verdad, quiso conferir a su Iglesia una
participación en su propia infalibilidad. Por medio del 'sentido
sobrenatural de la fe', el Pueblo de Dios 'se une indefectiblemente a la
fe', bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia.
890. La misión del Magisterio está ligada al carácter definitivo de la
Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las
desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de
profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está
dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad
que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con
el carisma de infalibilidad en materia de fe y de costumbres. El ejercicio
de este carisma puede revestir varias modalidades:
891. 'El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta
infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro
supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama
por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral... La
infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal
cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro', sobre todo en
un concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio
supremo que algo se debe aceptar 'como revelado por Dios para ser creído' y
como enseñanza de Cristo, 'hay que aceptar sus definiciones con la
obediencia de la fe'. Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la
Revelación divina.
892. La asistencia divina es también concedida a los sucesores de los
apóstoles, cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro [y, de una
manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia], aunque,
sin llegar a una definición infalible y sin pronunciarse de una 'manera
definitiva', proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una
enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia
de fe y de costumbres. A esta enseñanza ordinaria, los fieles deben
'adherirse... con espíritu de obediencia religiosa' que, aunque distinto del
asentimiento de la fe, es una prolongación de él.
893. El obispo 'es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio', en
particular en la Eucaristía que él mismo ofrece, o cuya oblación asegura por
medio de los presbíteros, sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el
centro de la vida de la Iglesia particular. El obispo y los presbíteros
santifican la Iglesia con su oración y su trabajo, por medio del ministerio
de la palabra y de los sacramentos. La santifican con su ejemplo, 'no
tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey'
[1Pe 5,3 .]. Así es como llegan 'a la vida eterna junto con el rebaño que
les fue confiado'.
894. 'Los obispos, como vicarios y legados de Cristo, gobiernan las Iglesias
particulares que se les han confiado no sólo con sus exhortaciones, con sus
consejos y con ejemplos, sino también con su autoridad y potestad sagrada',
que deben, no obstante, ejercer para edificar con espíritu de servicio que
es el de su Maestro.
895. 'Esta potestad, que desempeñan personalmente en nombre de Cristo, es
propia, ordinaria e inmediata. Su ejercicio, sin embargo, está regulado en
último término por la suprema autoridad de la Iglesia'. Pero no se debe
considerar a los obispos como vicarios del Papa, cuya autoridad ordinaria e
inmediata sobre toda la Iglesia no anula la de ellos sino que, al contrario,
la confirma y tutela. Esta autoridad debe ejercerse en comunión con toda la
Iglesia bajo la guía del Papa.
896. El Buen Pastor será el modelo y la 'forma' de la misión pastoral del
obispo. Consciente de sus propias debilidades, el obispo 'puede disculpar a
los ignorantes y extraviados. No debe negarse nunca a escuchar a sus
súbditos, a los que cuida como verdaderos hijos... Los fieles, por su parte,
deben estar unidos a su obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al
Padre':
Seguid todos al obispo como Jesucristo [sigue] a su Padre, y al presbiterio
como a los apóstoles; en cuanto a los diáconos, respetadlos como a la ley de
Dios. Que nadie haga al margen del obispo nada en lo que atañe a la Iglesia.
[San Ignacio de Antioquía]
II.- Los fieles laicos
897. 'Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los
miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia.
Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo,
que forman el Pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo,
Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de
todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo'.
898. 'Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios
ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios... A ellos
de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades
temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas
lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador
y Redentor'.
899. La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria
cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias
de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales,
políticas y económicas. Esta iniciativa es un elemento normal de la vida de
la Iglesia:
Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la
Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por
tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no
sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la
comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el
Papa, y de los obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia. [Pio XII]
900. Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del
apostolado en virtud del bautismo y de la confirmación y por eso tienen la
obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones,
de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido
por todos los hombres y en toda la tierra; esta obligación es tanto más
apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el
Evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es
tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener
en la mayoría de las veces su plena eficacia.
La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo
901. 'Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo,
están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los
frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones,
tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el
descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las
molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en
sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen
con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a
la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como
adoradores que en todas partes llevan una conducta santa, consagran el mundo
mismo a Dios'.
902. De manera particular, los padres participan de la misión de
santificación 'impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y
procurando la educación cristiana de los hijos'.
903. Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos
de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito. 'Donde lo
aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los
laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus
funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las
oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión,
según las prescripciones del derecho'.
904. 'Cristo... realiza su función profética... no sólo a través de la
jerarquía... sino también por medio de los laicos. El los hace sus testigos
y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra':
Enseñar a alguien para traerlo a la fe es tarea de todo predicador e incluso
de todo creyente. [Santo Tomás de Aquino]
905. Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con 'el
anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra'.
En los laicos, esta evangelización 'adquiere una nota específica y una
eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones
generales de nuestro mundo':
Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero
apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a
los no creyentes... como a los fieles. [AA 6.]
906. Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello
también pueden prestar su colaboración en la formación catequética, en la
enseñanza de las ciencias sagradas, en los medios de comunicación social.
907. 'Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio
conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados
su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de
manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y
de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la
utilidad común y de la dignidad de las personas'.
908. Por su obediencia hasta la muerte, Cristo ha comunicado a sus
discípulos el don de la libertad regia, 'para que vencieran en sí mismos,
con la propia renuncia y una vida santa, al reino del pecado':
El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las
pasiones es dueño de sí mismo: se puede llamar rey porque es capaz de
gobernar su propia persona; es libre e independiente y no se deja cautivar
por una esclavitud culpable. [San Ambrosio]
909. 'Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de sanear las
estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma que, si algunas de sus
costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas de
la justicia y favorezcan en vez de impedir la práctica de las virtudes.
Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las
realizaciones humanas'.
910. 'Los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a
colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el
crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la
gracia y los carismas que el Señor quiera concederles'.
911. En la Iglesia, 'los fieles laicos pueden cooperar a tenor del derecho
en el ejercicio de la potestad de gobierno'. Así, con su presencia en los
concilios particulares, los sínodos diocesanos, los consejos pastorales; en
el ejercicio 'in solidum' de la tarea pastoral de una parroquia; la
colaboración en los consejos de los asuntos económicos; la participación en
los tribunales eclesiásticos, etc.
912. Los fieles han de 'aprender a distinguir cuidadosamente entre los
derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les
corresponden como miembros de la sociedad humana. Deben esforzarse en
integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal
han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad
humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la
soberanía de Dios'.
913. 'Así, todo laico, por los mismos dones que ha recibido, es a la vez
testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma «según la medida
del don de Cristo» [Ef 4,7 .]'.
III.- La vida consagrada
914. 'El estado de vida que consiste en la profesión de los consejos
evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia,
pertenece, sin embargo, indiscutiblemente a su vida y a su santidad'.
915. Los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad a todos
los discípulos de Cristo. La perfección de la caridad a la cual son llamados
todos los fieles implica, para quienes asumen libremente el llamamiento a la
vida consagrada, la obligación de practicar la castidad en el celibato por
el Reino, la pobreza y la obediencia. La profesión de estos consejos en un
estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la
'vida consagrada' a Dios.
916. El estado religioso aparece por consiguiente como una de las maneras de
vivir una consagración 'más íntima' que tiene su raíz en el bautismo y se
dedica totalmente a Dios. En la vida consagrada, los fieles de Cristo se
proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo,
entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de
la caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la
gloria del mundo futuro.
917. 'El resultado ha sido una especie de árbol en el campo de Dios,
maravilloso y lleno de ramas, a partir de una semilla puesta por Dios. Han
crecido, en efecto, diversas formas de vida, solitaria o comunitaria, y
diversas familias religiosas que se desarrollan para el progreso de sus
miembros y para el bien de todo el Cuerpo de Cristo'.
918. 'Desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que
intentaron, con la práctica de los consejos evangélicos, seguir con mayor
libertad a Cristo e imitarlo más de cerca. Cada uno a su manera, vivió
entregado a Dios. Muchos, por inspiración del Espíritu Santo, vivieron en la
soledad o fundaron familias religiosas, que la Iglesia reconoció y aprobó
gustosa con su autoridad'.
919. Los obispos se esforzarán siempre en discernir los nuevos dones de vida
consagrada confiados por el Espíritu Santo a su Iglesia; la aprobación de
nuevas formas de vida consagrada está reservada a la Sede Apostólica.
920. Sin profesar siempre públicamente los tres consejos evangélicos, los
eremitas, 'con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la
soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de
Dios y salvación del mundo'.
921. Los eremitas presentan a los demás ese aspecto interior del misterio de
la Iglesia que es la intimidad personal con Cristo. Oculta a los ojos de los
hombres, la vida del eremita es predicación silenciosa de Aquel a quien ha
entregado su vida, porque El es todo para él. En este caso se trata de un
llamamiento particular a encontrar en el desierto, en el combate espiritual,
la gloria del Crucificado.
922. Desde los tiempos apostólicos, vírgenes cristianas llamadas por el
Señor para consagrarse a El enteramente con una libertad mayor de corazón,
de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de
vivir en estado de virginidad 'a causa del Reino de los cielos' [Mt 19,12
.].
923. 'Formulando el propósito santo de seguir más de cerca a Cristo, [las
vírgenes] son consagradas a Dios por el obispo diocesano según el rito
litúrgico aprobado, celebran desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de
Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia'. Por medio de este rito
solemne, 'la virgen es constituida en persona consagrada' como 'signo
trascendente del amor de la Iglesia hacia Cristo, imagen escatológica de
esta Esposa del Cielo y de la vida futura'.
924. 'Semejante a otras formas de vida consagrada', el orden de las vírgenes
sitúa a la mujer que vive en el mundo [o a la monja] en el ejercicio de la
oración, de la penitencia, del servicio a los hermanos y del trabajo
apostólico, según el estado y los carismas respectivos ofrecidos a cada una.
Las vírgenes consagradas pueden asociarse para guardar su propósito con
mayor fidelidad.
925. Nacida en Oriente en los primeros siglos del cristianismo y vivida en
los institutos canónicamente erigidos por la Iglesia, la vida religiosa se
distingue de las otras formas de vida consagrada por el aspecto cultual, la
profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna llevada en
común, y por el testimonio dado de la unión de Cristo y de la Iglesia.
926. La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia. Es un don que la
Iglesia recibe de su Señor y que ofrece como un estado de vida estable al
fiel llamado por Dios a la profesión de los consejos. Así la Iglesia puede a
la vez manifestar a Cristo y reconocerse como Esposa del Salvador. La vida
religiosa está invitada a significar, bajo estas diversas formas, la caridad
misma de Dios, en el lenguaje de nuestro tiempo.
927. Todos los religiosos, exentos o no, se encuentran entre los
colaboradores del obispo diocesano en su misión pastoral. La implantación y
la expansión misionera de la Iglesia requieren la presencia de la vida
religiosa en todas sus formas 'desde el período de implantación de la
Iglesia'. 'La historia da testimonio de los grandes méritos de las familias
religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las nuevas
Iglesias: desde las antiguas instituciones monásticas, las órdenes
medievales y hasta las congregaciones modernas'.
928. 'Un instituto secular es un instituto de vida consagrada en el cual los
fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se
dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de
él'.
929. Por medio de una 'vida perfectamente y enteramente consagrada a [esta]
santificación', los miembros de estos institutos participan en la tarea de
evangelización de la Iglesia, 'en el mundo y desde el mundo', donde su
presencia obra a la manera de un 'fermento'. Su 'testimonio de vida
cristiana' mira a 'ordenar según Dios las realidades temporales y a penetrar
el mundo con la fuerza del Evangelio'. Mediante vínculos sagrados, asumen
los consejos evangélicos y observan entre sí la comunión y la fraternidad
propias de su 'modo de vida secular'.
930. Junto a las diversas formas de vida consagrada se encuentran 'las
sociedades de vida apostólica, cuyos miembros, sin votos religiosos, buscan
el fin apostólico propio de la sociedad y, llevando vida fraterna en común,
según el propio modo de vida, aspiran a la perfección de la caridad por la
observancia de las constituciones. Entre éstas, existen sociedades cuyos
miembros abrazan los consejos evangélicos mediante un vínculo determinado
por las constituciones'.
931. Aquel que por el bautismo fue consagrado a Dios, entregándose a El como
al sumamente amado, se consagra, de esta manera, aún más íntimamente al
servicio divino y se entrega al bien de la Iglesia. Mediante el estado de
consagración a Dios, la Iglesia manifiesta a Cristo y muestra cómo el
Espíritu Santo obra en ella de modo admirable. Por tanto, los que profesan
los consejos evangélicos tienen como primera misión vivir su consagración.
Pero 'ya que por su misma consagración se dedican al servicio de la Iglesia
están obligados a contribuir de modo especial a la tarea misionera, según el
modo propio de su instituto'.
932. En la Iglesia que es como el sacramento, es decir, el signo y el
instrumento de la vida de Dios, la vida consagrada aparece como un signo
particular del misterio de la Redención. Seguir e imitar a Cristo 'desde más
cerca', manifestar 'más claramente' su anonadamiento, es encontrarse 'más
profundamente' presente, en el corazón de Cristo, con sus contemporáneos.
Porque los que siguen este camino 'más estrecho' estimulan con su ejemplo a
sus hermanos; les dan este testimonio admirable de 'que sin el espíritu de
las bienaventuranzas no se puede transformar este mundo y ofrecerlo a Dios'.
933. Sea público este testimonio, como en el estado religioso, o más
discreto, o incluso secreto, la venida de Cristo es siempre para todos los
consagrados el origen y la meta de su vida:
El Pueblo de Dios, en efecto, no tiene aquí una ciudad permanente, sino que
busca la futura. Por eso el estado religioso... manifiesta también mucho
mejor a todos los creyentes los bienes del cielo, ya presentes en este
mundo. También da testimonio de la vida nueva y eterna adquirida por la
redención de Cristo y anuncia ya la resurrección futura y la gloria del
Reino de los cielos. [LG 31.]
Resumen
934. 'Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros
sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se llaman
laicos'. Hay, por otra parte, fieles que perteneciendo a uno de ambos
grupos, por la profesión de los consejos evangélicos, se consagran a Dios y
sirven así a la misión de la Iglesia.
935. Para anunciar su fe y para implantar su Reino, Cristo envía a sus
apóstoles y a sus sucesores. El les da parte en su misión. De El reciben el
poder de obrar en su nombre.
936. El Señor hizo de san Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio
las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de san Pedro,
es la 'Cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la
Iglesia universal en la tierra '.
937. El Papa 'goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena,
inmediata y universal para cuidar las almas'
938. Los obispos, instituidos por el Espíritu Santo, suceden a los
apóstoles. 'Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y
fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares'
939. Los obispos, ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por los
diáconos, tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de celebrar el
culto divino, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia como
verdaderos pastores. A su misión pertenece también el cuidado de todas las
Iglesias, con y bajo el Papa.
940. 'Siendo propio del estado de los laicos vivir en medio del mundo y de
los negocios temporales, Dios les llama a que movidos por el espíritu
cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento '.
941. Los laicos participan en el sacerdocio de Cristo: cada vez más unidos a
El, despliegan la gracia del Bautismo y la de la Confirmación a través de
todas las dimensiones de la vida personal, familiar, social y eclesial y
realizan así el llamamiento a la santidad dirigido a todos los bautizados.
942. Gracias a su misión profética, los laicos 'están llamados a ser
testigos de Cristo en todas las cosas, también en el interior de la sociedad
humana'.
943. Debido a su misión regia, los laicos tienen el poder de arrancar al
pecado su dominio sobre sí mismos y sobre el mundo por medio de su
abnegación y santidad de vida.
944. La vida consagrada a Dios se caracteriza por la profesión pública de
los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia en un estado de
vida estable reconocido por la Iglesia.
945. Entregado a Dios supremamente amado, aquel a quien el Bautismo ya había
destinado a El, se encuentra en el estado de vida consagrada, más
íntimamente comprometido en el servicio divino y dedicado al bien de toda la
Iglesia.
946. Después de haber confesado 'la Santa Iglesia Católica', el Símbolo de
los Apóstoles añade 'la comunión de los santos'. Este artículo es, en cierto
modo, una explicitación del anterior: '¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea
de todos los santos?'. La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.
947. 'Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se
comunica a los otros... Es, pues, necesario creer que existe una comunión de
bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que El es
la cabeza... Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y
esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia'. 'Como esta
Iglesia está gobernada por un solo y mismo Espíritu, todos los bienes que
ella ha recibido forman necesariamente un fondo común'.
948. La expresión 'comunión de los santos' tiene, pues, dos significados
estrechamente relacionados: 'comunión en las cosas santas [«sancta»]' y
'comunión entre las personas santas [«sancti»]'.
«Sancta sanctis» [lo que es santo para los que son santos] es lo que se
proclama por el celebrante en la mayoría de las liturgias orientales en el
momento de la elevación de los santos dones antes de la distribución de la
comunión. Los fieles ['sancti'] se alimentan con el cuerpo y la sangre de
Cristo ['sancta'] para crecer en la comunión con el Espíritu Santo ['Koinonia']
y comunicarla al mundo.
I.- La comunión de los bienes espirituales
949. En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos 'acudían
asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción
del pan y a las oraciones' [Hch 2,42 .]:
La comunión en la fe. La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de
los apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte.
950. La comunión de los sacramentos. 'El fruto de todos los Sacramentos
pertenece a todos. Porque los Sacramentos, y sobre todo el Bautismo que es
como la puerta por la que los hombres entran en la Iglesia, son otros tantos
vínculos sagrados que unen a todos y los ligan a Jesucristo. La comunión de
los santos es la comunión de los sacramentos... El nombre de comunión puede
aplicarse a cada uno de ellos, porque cada uno de ellos nos une a Dios...
Pero este nombre es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro,
porque ella es la que lleva esta comunión a su culminación'.
951. La comunión de los carismas: En la comunión de la Iglesia, el Espíritu
Santo 'reparte gracias especiales entre los fieles' para la edificación de
la Iglesia. Pues bien, 'a cada cual se le otorga la manifestación del
Espíritu para provecho común' [1Co 12,7 .].
952. 'Todo lo tenían en común' [Hch 4,32 .]: 'Todo lo que posee el verdadero
cristiano debe considerarlo como un bien en común con los demás y debe estar
dispuesto y ser diligente para socorrer al necesitado y la miseria del
prójimo'. El cristiano es un administrador de los bienes del Señor.
953. La comunión de la caridad: En la 'comunión de los santos', 'ninguno de
nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo' [Rm
14,7 .]. 'Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro
es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros
sois el Cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte' [1Co
12,26-27 .]. 'La caridad no busca su interés' [1Co 13,5 .] El menor de
nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta
solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la
comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.
II.- La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra
954. Los tres estados de la Iglesia. 'Hasta que el Señor venga en su
esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo,
sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se
purifican; mientras otros están glorificados, contemplando «claramente a
Dios mismo, uno y trino, tal cual es»':
Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el
mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a
nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su
Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en El. [LG 49.]
955. 'La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que
durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún,
según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los
bienes espirituales'.
956. La intercesión de los santos. 'Por el hecho de que los del cielo están
más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la
Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre.
Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo
Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna
ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad':
No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más
eficazmente que durante mi vida. [Santo Domingo de Guzmán] Pasaré mi cielo
haciendo el bien sobre la tierra. [Santa Teresita del Niño Jesús]
957. La comunión con los santos. 'No veneramos el recuerdo de los del cielo
tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda
la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor
fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en
camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une
a Cristo, del que mana, como de Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida
del Pueblo de Dios':
Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios; en cuanto a los
mártires, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, y es justo, a
causa de su devoción incomparable hacia su rey y maestro; que podamos
nosotros, también nosotros, ser sus compañeros y sus condiscípulos. [San
Policarpo de Esmirna]
958. La comunión con los difuntos. 'La Iglesia peregrina, perfectamente
consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde
los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de
los difuntos y también ofreció por ellos oraciones; «pues es una idea santa
y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus
pecados»'[2 Mc 12,45 .] Nuestra oración por ellos puede no solamente
ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.
959. ... en la única familia de Dios. 'Todos los hijos de Dios y miembros de
una misma familia en Cristo, al unirnos en el amor mutuo y en la misma
alabanza a la Santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación
de la Iglesia'.
Resumen
960. La Iglesia es 'comunión de los santos': esta expresión designa
primeramente las 'cosas santas' ['sancta'], y ante todo la Eucaristía, 'que
significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman
un solo cuerpo en Cristo'.
961. Este término designa también la comunión entre las 'personas santas' ['sancti']
en Cristo que ha 'muerto por todos', de modo que lo que cada uno hace o
sufre en y por Cristo da fruto para todos.
962. 'Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de
los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos
y de los que gozan de la bienaventur |