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Jesucristo descendió a los infiernos, al
tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado
a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a
vivos y muertos.
631. 'Jesús bajó a las regiones inferiores de la tierra. Este que bajó es el
mismo que subió' [Ef 4,9-10 .]. El Símbolo de los Apóstoles confiesa en un
mismo artículo de fe el descenso de Cristo a los infiernos y su Resurrección
de los muertos al tercer día, porque es en su Pascua donde, desde el fondo
de la muerte, El hace brotar la vida:
Christus, Filius tuus, qui, regressus ab inferis, humano generi
serenus illuxit, et vivit et regnat in saecula saeculorum. Amen.
[Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla
sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos
de los siglos. Amén]. [Liturgia]
632. Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús
'resucitó de entre los muertos' [Hch 3,15; Rm 8,11; I Co 15,20] presuponen
que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos. Es el
primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los
infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con
ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador
proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos.
633. La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos
donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí
estaban privados de la visión de Dios. Tal era, en efecto, a la espera del
Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere
decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del
pobre Lázaro recibido en el 'seno de Abraham'. 'Son precisamente estas almas
santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que
Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos'. Jesús no bajó a los
infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de
la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido.
634. 'Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva...' [1Pe 4,6 .].
El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico
de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase
condensada en el tiempo, pero inmensamente amplia en su significado real de
extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de
todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la
Redención.
635. Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para 'que los
muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan'. Jesús, 'el
Príncipe de la vida' [Hch 3,15 .], aniquiló 'mediante la muerte al señor de
la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte,
estaban de por vida sometidos a esclavitud' [Hb 2,14-15 .]. En adelante,
Cristo resucitado 'tiene las llaves de la muerte y del Hades' [Ap 1,18 .] y
'al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los
abismos' [Flp 2,10 .].
Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran
soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está
temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido
y ha despertado a los que dormían desde hace siglos.. . En primer lugar, va
a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a
los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte;
Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está
cautivo, y a Eva, que está cautiva con él... Y, tomándolo de la mano, lo
levanta diciéndole: 'Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los
muertos y te iluminará Cristo'. Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo
tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti... Despierta, tú
que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la
región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los
que han muerto'. [Liturgia]
RESUMEN
636. En la expresión 'Jesús descendió a los infiernos', el símbolo confiesa
que Jesús murió realmente, y que, por su muerte en favor nuestro, ha vencido
a la muerte y al diablo 'Señor de la muerte' [Hb 2,14 .].
637. Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina, descendió a la
morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos que le
habían precedido.
638. 'Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios
la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús' [Hch 13,32-33].
La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo,
creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central,
transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos
del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al
mismo tiempo que la Cruz:
Cristo ha resucitado de los muertos,
con su muerte ha vencido la muerte.
Y a los sepultados ha dado la vida. [Liturgia]
I.- El acontecimiento histórico y transcendente
639. El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que
tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo
Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56 puede escribir a los Corintios:
'Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo
murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que
resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y
luego a los Doce' [1Co 15,3-4 .]. El apóstol habla aquí de la tradición viva
de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de
Damasco.
640. '¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha
resucitado' [Lc 24,5-6 .]. En el marco de los acontecimientos de Pascua, el
primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una
prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría
explicarse de otro modo. A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido
para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el
primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso,
en primer lugar, de las santas mujeres, después de Pedro. 'El discípulo que
Jesús amaba' [Jn 20,2 .] afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al
descubrir 'las vendas en el suelo' [Jn 20,6 .], 'vio y creyó' [Jn 20,8 .].
Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío que la ausencia del
cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto
simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro.
641. María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo
de Jesús enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del
Sábado, fueron las primeras en encontrar al Resucitado. Así las mujeres
fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios
apóstoles. Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a
los Doce. Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos, ve por tanto
al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio se apoya la
comunidad cuando exclama: '¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha
aparecido a Simón!' [Lc 24,34 .]
642. Todo lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a cada uno
de los apóstoles -y a Pedro en particular- en la construcción de la era
nueva que comenzó en la mañana de Pascua. Como testigos del Resucitado, los
apóstoles son las piedras de fundación de su Iglesia. La fe de la primera
comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos,
conocidos de los cristianos y, para la mayoría, viviendo entre ellos
todavía. Estos 'testigos de la Resurrección de Cristo' son ante todo Pedro y
los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de más de
quinientas personas a las que se apareció Jesús en una sola vez, además de
Santiago y de todos los apóstoles.
643. Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de
Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico.
Sabemos por los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba
radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por El
de antemano. La sacudida provocada por la pasión fue tan grande que [por lo
menos, algunos de ellos] no creyeron enseguida la noticia de la
resurrección. Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por
una exaltación mística, nos presentan a los discípulos abatidos y asustados.
Por eso no creyeron a las santas mujeres que regresaban del sepulcro y 'sus
palabras les parecían como desatinos' [Lc 24,11 .]. Cuando Jesús se
manifiesta a los once en la tarde de Pascua, 'les echó en cara su
incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían
visto resucitado' [Mc 16,14 .].
644. Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad
de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía: creen ver un espíritu.
'No acaban de creerlo a causa de la alegría y estaban asombrados' [Lc 24,41
.]. Tomás conocerá la misma prueba de la duda y, en la última aparición en
Galilea referida por Mateo, 'algunos sin embargo dudaron' [Mt 28,17 .]. Por
esto la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un 'producto' de
la fe [o de la credulidad] de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al
contrario, su fe en la Resurrección nació -bajo la acción de la gracia
divina- de la experiencia directa de la realidad de Jesús resucitado.
645. Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas
mediante el tacto y el compartir la comida. Les invita así a reconocer que
él no es un espíritu, pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo
resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido
martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de su pasión.
Este cuerpo auténtico y real posee, sin embargo, al mismo tiempo, las
propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni
en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y
cuando quiere porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no
pertenece ya más que al dominio divino del Padre. Por esta razón también
Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la
apariencia de un jardinero o 'bajo otra figura' distinta de la que les era
familiar a los discípulos, y eso para suscitar su fe.
646. La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en
el caso de las resurrecciones que El había realizado antes de Pascua: la
hija de Jairo, el joven de Naím, Lázaro. Estos hechos eran acontecimientos
milagrosos, pero las personas afectadas por el milagro volvían a tener, por
el poder de Jesús, una vida terrena 'ordinaria'. En cierto momento, volverán
a morir. La Resurrección de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo
resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del
espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del
Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto
que san Pablo puede decir de Cristo que es 'el hombre celestial'.
647. '¡Qué noche tan dichosa -canta el «Exultet» de Pascua-, sólo ella
conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos!'. En efecto,
nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y
ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente.
Menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los
sentidos. Acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro
vacío y por la realidad de los encuentros de los apóstoles con Cristo
resucitado, sin embargo no por ello la Resurrección es ajena al centro del
Misterio de la fe en aquello que trasciende y sobrepasa a la historia. Por
eso, Cristo resucitado no se manifiesta al mundo sino a sus discípulos, 'a
los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y que ahora son
testigos suyos ante el pueblo' [Hch 13,31 .].
II.- La resurrción, obra de la Santísima Trinidad
648. La Resurrección de Cristo es objeto de fe en cuanto es una intervención
trascendente de Dios mismo en la creación y en la historia. En ella, las
tres Personas divinas actúan juntas a la vez y manifiestan su propia
originalidad. Se realiza por el poder del Padre que 'ha resucitado' [cf. Hch
2,24 .] a Cristo, su Hijo, y de este modo ha introducido de manera perfecta
su humanidad -con su cuerpo- en la Trinidad. Jesús se revela definitivamente
'Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección
de entre los muertos' [Rm 1,34 .]. San Pablo insiste en la manifestación del
poder de Dios por la acción del Espíritu que ha vivificado la humanidad
muerta de Jesús y la ha llamado al estado glorioso de Señor.
649. En cuanto al Hijo, él realiza su propia Resurrección en virtud de su
poder divino. Jesús anuncia que el Hijo del hombre deberá sufrir mucho,
morir y luego resucitar [sentido activo del término]. Por otra parte, él
afirma explícitamente: 'Doy mi vida, para recobrarla de nuevo... Tengo poder
para darla y poder para recobrarla de nuevo' [Jn 10,17-18 .]. 'Creemos que
Jesús murió y resucitó' [1 Ts 4,14.].
650. Los Padres contemplan la Resurrección a partir de la persona divina de
Cristo que permaneció unida a su alma y a su cuerpo separados entre sí por
la muerte: 'Por la unidad de la naturaleza divina que permanece presente en
cada una de las dos partes del hombre, éstas se unen de nuevo. Así la muerte
se produce por la separación del compuesto humano, y la Resurrección por la
unión de las dos partes separadas' [San Gregorio de Nisa].
III.- Sentido y alcance salvífico de la resurrción
651. 'Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también
vuestra fe' [1Co 15,14 .]. La Resurrección constituye ante todo la
confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades,
incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación
si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina
según lo había prometido.
652. La Resurrección de Cristo es cumplimiento de las promesas del Antiguo
Testamento y del mismo Jesús durante su vida terrenal. La expresión 'según
las Escrituras' [cf. I Co 15,3-4 y el Símbolo Niceno-Constantinopolitano]
indica que la Resurrección de Cristo cumplió estas predicciones.
653. La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección.
El había dicho: 'Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces
sabréis que Yo Soy' [Jn 8,28 .]. La Resurrección del Crucificado demostró
que verdaderamente, él era 'Yo Soy', el Hijo de Dios y Dios mismo. San Pablo
pudo decir a los judíos: 'La Promesa hecha a los padres, Dios la ha cumplido
en nosotros... al resucitar a Jesús, como está escrito en el salmo primero:
«Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy»' [Hch 13,32-33 .]. La
Resurrección de Cristo está estrechamente unida al misterio de la
Encarnación del Hijo de Dios: es su plenitud según el designio eterno de
Dios.
654. Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera
del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Esta
es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios
'a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos...
así también nosotros vivamos una nueva vida' [Rm 6,4 .]. Consiste en la
victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la
gracia. Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en
hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su
Resurrección: 'Id, avisad a mis hermanos' [Mt 28,10 ; Jn 20,17 .]. Hermanos
no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva
confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha
revelado plenamente en su Resurrección.
655. Por último, la Resurrección de Cristo -y el propio Cristo resucitado-
es principio y fuente de nuestra resurrección futura: 'Cristo resucitó de
entre los muertos como primicia de los que durmieron... del mismo modo que
en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo' [1Co 15,20-22
.]. En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el
corazón de sus fieles. En El los cristianos 'saborean los prodigios del
mundo futuro' [Hb 6,5 .] y su vida es transportada por Cristo al seno de la
vida divina para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que
murió y resucitó por ellos' [2Co 5,15 .].
Resumen
656. La fe en la Resurrección tiene por objeto un acontecimiento a la vez
históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente
con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la
humanidad de Cristo en la gloria de Dios.
657. El sepulcro vacío y las vendas en el suelo significan por sí mismas que
el cuerpo de Cristo ha escapado por el poder de Dios de las ataduras de la
muerte y de la corrupción. Preparan a los discípulos para su encuentro con
el Resucitado.
658. Cristo, 'el primogénito de entre los muertos' [Col 1,18 .], es el
principio de nuestra propia resurrección, ya desde ahora por la
justificación de nuestra alma, más tarde por la vivificación de nuestro
cuerpo.
Jesucristo subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios, padre
todoposeroso
659. 'Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y
se sentó a la diestra de Dios' [Mc 16,19 .]. El cuerpo de Cristo fue
glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las
propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo
disfruta para siempre. Pero durante los cuarenta días en los que él come y
bebe familiarmente con sus discípulos y les instruye sobre el Reino, su
gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria. La
última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su
humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo donde
él se sienta para siempre a la derecha de Dios. Sólo de manera completamente
excepcional y única, se muestra a Pablo 'como un abortivo' [1Co 15,8 .] en
una última aparición que constituye a éste en apóstol.
660. El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se
transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: 'Todavía no he
subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro
Padre, a mi Dios y vuestro Dios' [Jn 20,17 .]. Esto indica una diferencia de
manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a
la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y trascendente de
la Ascensión marca la transición de una a otra.
661. Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera, es decir,
a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Sólo el que 'salió
del Padre' puede 'volver al Padre': Cristo. 'Nadie ha subido al cielo sino
el que bajó del cielo, el Hijo del hombre' [Jn 3,13 .].554 Dejada a sus
fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la 'Casa del Padre' [Jn
14,2 .], a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir
este acceso al hombre, 'ha querido precedernos como cabeza nuestra para que
nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de
seguirlo en su Reino'.
662. 'Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí' [Jn
12,32 .]. La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la
Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la
Alianza nueva y eterna, no 'penetró en un Santuario hecho por mano de
hombre..., sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el
acatamiento de Dios en favor nuestro' [Hb 9,24 .]. En el cielo, Cristo
ejerce permanentemente su sacerdocio. 'De ahí que pueda salvar perfectamente
a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder
en su favor' [Hb 7,25 .]. Como 'Sumo Sacerdote de los bienes futuros' [Hb
9,11 .], es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al
Padre en los cielos.
663. Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: 'Por
derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el
que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y
consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se
encarnó y de que su carne fue glorificada' [San Juan Damasceno].
664. Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del
Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del
hombre: 'A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos,
naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca
pasará, y su reino no será destruido jamás' [Dn 7,14.]. A partir de este
momento, los apóstoles se convirtieron en los testigos del 'Reino que no
tendrá fin'.
Resumen
665. La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad
de Jesús en el dominio celestial de Dios de donde ha de volver, aunque
mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres.
666. Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del
Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de
estar un día con El eternamente.
667. Jesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del
cielo, intercede sin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura
permanentemente la efusión del Espíritu Santo.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos
Volverá en Gloria
668. 'Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y
vivos' [Rm 14,9 .]. La Ascensión de Cristo al Cielo significa su
participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo.
Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está
'por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación' porque el
Padre 'bajo sus pies sometió todas las cosas' [Ef 1,20-22 .]. Cristo es el
Señor del cosmos y de la historia. En él, la historia de la humanidad e
incluso toda la Creación encuentran su recapitulación, su cumplimiento
trascendente.
669. Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo.
Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece
en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que
Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia. 'La Iglesia,
o el reino de Cristo presente ya en misterio', 'constituye el germen y el
comienzo de este Reino en la tierra'.
670. Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación.
Estamos ya en la 'última hora' [1Jn 2,18 .].'El final de la historia ha
llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera
irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este
mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una
verdadera santidad, aunque todavía imperfecta'. El Reino de Cristo
manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos que acompañan su
anuncio por la Iglesia.
671. El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está
todavía acabado 'con gran poder y gloria' [Lc 21,27 .] con el advenimiento
del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes
del mal, a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la
Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido, y 'mientras no haya
nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia
peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este
tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las
criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la
manifestación de los hijos de Dios'. Por esta razón los cristianos piden,
sobre todo en la Eucaristía, que se apresure el retorno de Cristo cuando
suplican: 'Ven, Señor Jesús' [1Co 16,22 ; Ap 22,17-20 .].
672. Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del
establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel que, según
los profetas, debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la
justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el
tiempo del Espíritu y del testimonio, pero es también un tiempo marcado
todavía por la 'dificultad' [1Co 7,28 .] y la prueba del mal que afecta
también a la Iglesia e inaugura los combates de los últimos días. Es un
tiempo de espera y de vigilia.
673. Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es
inminente, aun cuando a nosotros no nos 'toca conocer el tiempo y el momento
que ha fijado el Padre con su autoridad' [Hch 1,7 .]. Este advenimiento
escatológico se puede cumplir en cualquier momento, aunque tal
acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén 'retenidos' en
las manos de Dios.
674. La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la
historia, se vincula al reconocimiento del Mesías por 'todo Israel' [Rm
11,26 ; Mt 23,39 .] del que 'una parte está endurecida' [Rm 11,25 .] en 'la
incredulidad' respecto a Jesús. San Pedro dice a los judíos de Jerusalén
después de Pentecostés: 'Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros
pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la
consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien
debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que
Dios habló por boca de sus profetas' [Hch 3,19-21 .]. Y san Pablo le hace
eco: 'Si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su
readmisión sino una resurrección de entre los muertos?' [Rm 11,15 .]. La
entrada de 'la plenitud de los judíos' [Rm 11,12 .] en la salvación
mesiánica, a continuación de 'la plenitud de los gentiles' [Rm 11,25 .],
hará al Pueblo de Dios 'llegar a la plenitud de Cristo' [Ef 4,13 .] en la
cual 'Dios será todo en nosotros' [1Co 15,28 .].
675. Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una
prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que
acompaña a su peregrinación sobre la tierra develará el 'Misterio de
iniquidad' bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los
hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la
apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo,
es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo
colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne.
676. Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez
que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual
no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio
escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta
falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo, sobre todo bajo
la forma política de un mesianismo secularizado, 'intrínsecamente perverso'.
677. La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última
Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección. El Reino
no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia en
forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último
desencadenamiento del mal que hará descender desde el cielo a su Esposa. El
triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final
después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa.
Para juzgar a vivos y muertos
678. Siguiendo a los profetas y a Juan Bautista, Jesús anunció en su
predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la
conducta de cada uno y el secreto de los corazones. Entonces será condenada
la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios.
La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la
gracia y del amor divino. Jesús dirá en el último día: 'Cuanto hicisteis a
uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis' [Mt 25,40 .].
679. Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar
definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo
como Redentor del mundo. 'Adquirió' este derecho por su Cruz. El Padre
también ha entregado 'todo juicio al Hijo' [Jn 5,22 .]. Pues bien, el Hijo
no ha venido para juzgar sino para salvar y para dar la vida que hay en él.
Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya
a sí mismo; es retribuido según sus obras y puede incluso condenarse
eternamente al rechazar el Espíritu de amor.
Resumen
680. Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están
sometidas todas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no
tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal.
681. El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para
llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo
y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia.
682. Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y
muertos, revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a
cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia.
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