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Jesucristo fue concebido por obra y gracia
del Espíritu Santo y nació de María Virgen
Por qué el verbo se hizo carne
456. Con el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando: 'Por
nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del
Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre'.
457.El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: 'Dios nos
amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados' [1Jn 4,10
.]. 'El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo' [1Jn 4,14 .]. 'El
se manifestó para quitar los pecados' [1Jn 3,5 .]:
Nuestra naturaleza enferma exigía ser sanada; desgarrada, ser restablecida;
muerta, ser resucitada. Habíamos perdido la posesión del bien, era necesario
que se nos devolviera. Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos
llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un
socorro; esclavos, un libertador. ¿No tenían importancia estos
razonamientos? ¿No merecían conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar
hasta nuestra naturaleza humana para visitarla, ya que la humanidad se
encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado? [San Gregorio de
Nisa]
458. El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios:
'En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo
a su Hijo único para que vivamos por medio de él' [1Jn 4,9 .]. 'Porque tanto
amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna' [Jn 3,16 .].
459. El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: 'Tomad sobre
vosotros mi yugo, y aprended de mí...' [Mt 11,29 .]. 'Yo soy el Camino, la
Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí' [Jn 14,6 .]. Y el Padre, en
el monte de la Transfiguración, ordena: 'Escuchadle' [Mc 9,7 .]. El es, en
efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva: 'Amaos
los unos a los otros como yo os he amado' [Jn 15,12 .]. Este amor tiene como
consecuencia la ofrenda efectiva de sí mismo.
460. El Verbo se encarnó para hacernos 'partícipes de la naturaleza divina'
[2Pe 1,4.]: 'Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el
Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, al entrar en comunión con
el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de
Dios' [San Ireneo de Lyon]. 'Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para
hacernos Dios'[San Atanasio de Alejandría]. 'Unigenitus Dei Filius, suae
divinitatis volens nos esse participes, naturam nostram assumpsit, ut
homines deos faceret factus homo' ['El Hijo Unigénito de Dios, queriendo
hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que,
habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres'][Santo Tomás de
Aquino].
La encarnación
461. Volviendo a tomar la frase de san Juan ['El Verbo se encarnó': Jn 1,14
.], la Iglesia llama 'Encarnación' al hecho de que el Hijo de Dios haya
asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación.
En un himno citado por san Pablo, la Iglesia canta el misterio de la
Encarnación:
Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual,
siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino
que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante
a los hombres y apareciendo en su pone como hombre; y se humilló a sí mismo,
obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz [Flp 2,5-8 .].
462. La carta a los Hebreos habla del mismo misterio: Por eso, al entrar en
este mundo, [Cristo] dice: No quisiste sacrificio y oblación; pero me has
formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
Entonces dije: ¡He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad! [Hb 10,5
7 .]
463. La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo
distintivo de la fe cristiana: 'Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios:
todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios' [1Jn
4,2 .]. Esa es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando
canta 'el gran misterio de la piedad': 'El ha sido manifestado en la carne'
[1Tm 3,16 .].
Verdadero Dios y verdadero hombre
464. El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del
Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte
hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo
humano. El se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente
Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La Iglesia debió
defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a
unas herejías que la falseaban.
465. Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su
humanidad verdadera [docetismo gnóstico]. Desde la época apostólica la fe
cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, 'venido en
la carne'. Pero desde el siglo III, la Iglesia tuvo que afirmar frente a
Pablo de Samosata, en un Concilio reunido en Antioquía, que Jesucristo es
hijo de Dios por naturaleza y no por adopción. El primer Concilio Ecuménico
de Nicea, en el año 325, confesó en su Credo que el Hijo de Dios es
'engendrado, no creado, de la misma substancia [«homousios»] que el Padre' y
condenó a Arrio que afirmaba que 'el Hijo de Dios salió de la nada' y que
sería 'de una substancia distinta de la del Padre'.
466. La herejía nestoriana veía en Cristo una persona humana junto a la
persona divina del Hijo de Dios. Frente a ella san Cirilo de Alejandría y el
tercer Concilio Ecuménico reunido en Efeso, en el año 431, confesaron que
'el Verbo, al unirse en su persona a una carne animada por un alma racional,
se hizo hombre'. La humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona
divina del Hijo de Dios que la ha asumido y hecho suya desde su concepción.
Por eso el Concilio de Efeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser
con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios
en su seno: 'Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella
su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo
sagrado dotado de un alma racional, unido a la persona del Verbo, de quien
se dice que el Verbo nació según la carne'.
467. Los monofisitas afirmaban que la naturaleza humana había dejado de
existir como tal en Cristo al ser asumida por su persona divina de Hijo de
Dios. Enfrentado a esta herejía, el cuarto Concilio Ecuménico, en
Calcedonia, confesó en el año 451:
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que
confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la
divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente
hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con el Padre
según la divinidad, y consubstancial con nosotros según la humanidad, 'en
todo semejante a nosotros, excepto en el pecado' [Hb 4,15 .]; nacido del
Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y por nosotros y por
nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la
Madre de Dios, según la humanidad.
Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos
naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La
diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino
que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y
confluyen en un solo sujeto y en una sola persona. [Concilio de Calcedonia]
468. Después del Concilio de Calcedonia, algunos concibieron la naturaleza
humana de Cristo como una especie de sujeto personal. Contra éstos, el
quinto Concilio Ecuménico, en Constantinopla, el año 553, confesó a
propósito de Cristo: 'No hay más que una sola hipóstasis [o persona], que es
nuestro Señor Jesucristo, uno de la Trinidad'. Por tanto, todo en la
humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su
propio sujeto, no solamente los milagros sino también los sufrimientos y la
misma muerte: 'El que ha sido crucificado en la carne, nuestro Señor
Jesucristo, es verdadero Dios, Señor de la gloria y uno de la Santísima
Trinidad'.
469. La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y
verdadero hombre. El es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho
hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser Dios, nuestro Señor:
'Id quod fuit remansit et quod non fuit assumpsit' ['Sin dejar de ser lo que
era ha asumido lo que no era'], canta la liturgia romana. Y la liturgia de
san Juan Crisóstomo proclama y canta: '¡Oh Hijo unigénito y Verbo de Dios!
Tú que eres inmortal, te dignaste, para salvarnos, tomar carne de la santa
Madre de Dios y siempre Virgen María. Tú, Cristo Dios, sin sufrir cambio te
hiciste hombre y, en la cruz, con tu muerte venciste la muerte. Tú, Uno de
la Santísima Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo,
¡sálvanos!'
Cómo es hombre el Hijo de Dios
470. Puesto que en la unión misteriosa de la Encarnación 'la naturaleza
humana ha sido asumida, no absorbida', la Iglesia ha llegado a confesar con
el correr de los siglos, la plena realidad del alma humana, con sus
operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo.
Pero paralelamente, ha tenido que recordar en cada ocasión que la naturaleza
humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios
que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella pertenece a 'uno de la
Trinidad'. El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo
personal de existir en la Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo,
Cristo expresa humanamente los comportamientos divinos de la Trinidad:
El Hijo de Dios... trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de
hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la
Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a
nosotros, excepto en el pecado. [GS 22,2.]
471. Apolinar de Laodicea afirmaba que en Cristo el Verbo había sustituido
al alma o al espíritu. Contra este error la Iglesia confesó que el Hijo
eterno asumió también un alma racional humana.
472. Esta alma humana que el Hijo de Dios asumió está dotada de un verdadero
conocimiento humano. Como tal, éste no podía ser de por sí ilimitado: se
desenvolvía en las condiciones históricas de su existencia en el espacio y
en el tiempo. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar
'en sabiduría, en estatura y en gracia' [Lc 2,52 .] e igualmente adquirir
aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimental.
Eso... correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en 'la
condición de esclavo' [Flp 2,7 .].
473. Pero, al mismo tiempo, este conocimiento verdaderamente humano del Hijo
de Dios expresaba la vida divina de su persona. 'La naturaleza humana del
Hijo de Dios, no por ella misma sino por su unión con el Verbo, conocía y
manifestaba en ella todo lo que conviene a Dios'. Esto sucede ante todo en
lo que se refiere al conocimiento íntimo e inmediato que el Hijo de Dios
hecho hombre tiene de su Padre. El Hijo, en su conocimiento humano, mostraba
también la penetración divina que tenía de los pensamientos secretos del
corazón de los hombres.
474. Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo
encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia
de los designios eternos que había venido a revelar. Lo que reconoce ignorar
en este campo, declara en otro lugar no tener misión de revelarlo.
475. De manera paralela, la Iglesia confesó en el sexto Concilio Ecuménico
[Constantinopla III] que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones
naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes, de forma que el
Verbo hecho carne, en su obediencia al Padre, ha querido humanamente todo lo
que ha decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra
salvación. La voluntad humana de Cristo 'sigue a su voluntad divina sin
hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario estando subordinada
a esta voluntad omnipotente'.
476. Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el
cuerpo de Cristo era limitado. Por eso se puede 'pintar' la faz humana de
Jesús [Ga 3,2 .]. En el séptimo Concilio Ecuménico, la Iglesia reconoció que
es legítima su representación en imágenes sagradas.
477. Al mismo tiempo, la Iglesia siempre ha admitido que, en el cuerpo de
Jesús, Dios 'que era invisible en su naturaleza se hace visible'. En efecto,
las particularidades individuales del cuerpo de Cristo expresan la persona
divina del Hijo de Dios. El ha hecho suyos los rasgos de su propio cuerpo
humano hasta el punto de que, pintados en una imagen sagrada, pueden ser
venerados porque el creyente que venera su imagen, 'venera a la persona
representada en ella'.
478. Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a
todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros:
'El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí' [Ga 2,20 .]. Nos ha
amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de
Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación, 'es
considerado como el principal indicador y símbolo... del amor con que el
divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres'
Resumen
479. En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre, la Palabra
eterna, es decir, el Verbo e Imagen substancial del Padre, se hizo carne:
sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana.
480. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su
Persona divina; por esta razón El es el único Mediador entre Dios y los
hombres.
481. Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no
confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios.
482. Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, tiene una
inteligencia y una voluntad humanas, perfectamente de acuerdo y sometidas a
su inteligencia y a su voluntad divinas que tiene en común con el Padre y el
Espíritu Santo.
483. La encarnación es, pues, el misterio de la admirable unión de la
naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo.
Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo...
484. La anunciación a María inaugura 'la plenitud de los tiempos' [Ga 4, 4],
es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es
invitada a concebir a aquel en quien habitará 'corporalmente la plenitud de
la divinidad' [Col 2, 9]. La respuesta divina a su '¿cómo será esto, puesto
que no conozco varón?' [Lc 1,34] se dio mediante el poder del Espíritu: 'El
Espíritu Santo vendrá sobre ti' [Lc 1,35].
485. La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la del
Hijo. El Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen
María y fecundarla por obra divina, él que es 'el Señor que da la vida',
haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una humanidad tomada
de la suya.
486. El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la
Virgen María, es 'Cristo', es decir, el ungido por el Espíritu Santo, desde
el principio de su existencia humana, aunque su manifestación no tuviera
lugar sino progresivamente: a los pastores, a los magos, a Juan Bautista, a
los discípulos. Por tanto, toda la vida de Jesucristo manifestará 'cómo Dios
le ungió con el Espíritu Santo y con poder' [Hch 10,38 .].
... Nacido de la Virgen María
487. Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree
acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en
Cristo.
488. 'Dios envió a su Hijo' [Ga 4,4 .], pero para 'formarle un cuerpo' quiso
la libre cooperación de una criatura. Para eso desde toda la eternidad, Dios
escogió para ser la Madre de su Hijo, a una hija de Israel, una joven judía
de Nazaret en Galilea, a 'una virgen desposada con un hombre llamado José,
de la casa de David; el nombre de la virgen era María' [Lc 1,26-27 .]:
El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba
predestinada a ser la Madre precediera a la encarnación para que, así como
una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la
vida. [LG 56.]
489. A lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada
por la misión de algunas santas mujeres. Al principio de todo está Eva: a
pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una descendencia que será
vencedora del Maligno y la de ser la Madre de todos los vivientes. En virtud
de esta promesa, Sara concibe un hijo a pesar de su edad avanzada. Contra
toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil
para mostrar la fidelidad a su promesa: Ana, la madre de Samuel, Débora,
Rut, Judit y Ester, y muchas otras mujeres. María 'sobresale entre los
humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la
salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después
de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo
plan de salvación'.
490. Para ser la Madre del Salvador, María fue 'dotada por Dios con dones a
la medida de una misión tan importante' El ángel Gabriel en el momento de la
anunciación la saluda como 'llena de gracia' [Lc 1,28 .]. En efecto, para
poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era
preciso que ella estuviese totalmente poseída por la gracia de Dios.
491. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María
'llena de gracia' por Dios había sido redimida desde su concepción. Es lo
que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el
Papa Pío IX:
..la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de
pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y
privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo
Salvador del género humano.
492. Esta 'resplandeciente santidad del todo singular' de la que ella fue
'enriquecida desde el primer instante de su concepción', le viene toda
entera de Cristo: ella es 'redimida de la manera más sublime en atención a
los méritos de su Hijo'. El Padre la ha 'bendecido con toda clase de
bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo' [Ef 1,3 .] más que a
ninguna otra persona creada. El la ha 'elegido en él, antes de la creación
del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor' [Ef 1,4
.].
493. Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios 'la Toda
Santa' ['Panaghia'], la celebran 'como inmune de toda mancha de pecado y
como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura'. Por la
gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo
de toda su vida.
494. Al anuncio de que ella dará a luz al 'Hijo del Altísimo' sin conocer
varón, por la virtud del Espíritu Santo, María respondió por 'la obediencia
de la fe' [Rm 1,5 .], segura de que 'nada hay imposible para Dios': 'He aquí
la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra' [Lc 1,37-38 .]. Así
dando su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de
Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que
ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona
y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la
gracia de Dios, al Misterio de la Redención :
Ella, en efecto, como dice san Ireneo, 'por su obediencia fue causa de la
salvación propia y de la de todo el género humano'. Por eso, no pocos Padres
antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar: 'el nudo de la
desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen
Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe'. Comparándola
con Eva, llaman a María 'Madre de los vivientes' y afirman con mayor
frecuencia: 'la muerte vino por Eva, la vida por María'. [San Ireneo de Lyon]
495. Llamada en los evangelios 'la Madre de Jesús' [Jn 2,1 ; 19,25.], María
es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde
antes del nacimiento de su hijo [Lc 1,43 .]. En efecto, aquél que ella
concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho
verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del
Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que
María es verdaderamente Madre de Dios ['Theotokos'].
496. Desde las primeras formulaciones de la fe, la Iglesia ha confesado que
Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder
del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso:
Jesús fue concebido 'absque semine ex Spiritu Sancto', esto es, sin semilla
de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción
virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido
en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía [comienzos del siglo II]: 'Estáis firmemente
convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de
David según la carne, Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios,
nacido verdaderamente de una virgen... Fue verdaderamente clavado por
nosotros en su carne bajo Poncio Pilato... padeció verdaderamente, como
también resucitó verdaderamente'.
497. Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una obra
divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas: 'Lo
concebido en ella viene del Espíritu Santo', dice el ángel a José a
propósito de María, su desposada [Mt 1,20 .]. La Iglesia ve en ello el
cumplimiento de la promesa divina hecha por el profeta Isaías: 'He aquí que
la virgen concebirá y dará a luz un hijo'.
498. A veces ha desconcertado el silencio del Evangelio de san Marcos y de
las cartas del Nuevo Testamento sobre la concepción virginal de María.
También se ha podido plantear si no se trataría en este caso de leyendas o
de construcciones teológicas sin pretensiones históricas. A lo cual hay que
responder: la fe en la concepción virginal de Jesús ha encontrado viva
oposición, burlas o incomprensión por parte de los no creyentes, judíos y
paganos; no ha tenido su origen en la mitología pagana ni en una adaptación
de las ideas de su tiempo. El sentido de este misterio no es accesible más
que a la fe que lo ve en ese 'nexo que reúne entre sí los misterios', dentro
del conjunto de los Misterios de Cristo, desde su Encarnación hasta su
Pascua. San Ignacio de Antioquía da ya testimonio de este vínculo: 'El
príncipe de este mundo ignoró la virginidad de María y su parto, así como la
muerte del Señor: tres misterios resonantes que se realizaron en el silencio
de Dios'.
499. La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la
Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el
parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo
'lejos de disminuir consagró la integridad virginal' de su madre. La
liturgia de la Iglesia celebra a María como la 'Aeiparthenos', la
'siempre-virgen'.
500. A esto se objeta a veces que la Escritura menciona unos hermanos y
hermanas de Jesús. La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no
referidos a otros hijos de la Virgen María; en efecto, Santiago y José
'hermanos de Jesús' [Mt 13,55 .] son los hijos de una María discípula de
Cristo que se designa de manera significativa como 'la otra María' [Mt 28,1
.]. Se trata de parientes próximos de Jesús, según una expresión conocida
del Antiguo Testamento.
501. Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María
se extiende a todos los hombres, a los cuales El vino a salvar: 'Dio a luz
al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos [Rm 8,29 .], es
decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de
madre'.
502. La mirada de la fe, unida al conjunto de la Revelación, puede descubrir
las razones misteriosas por las que Dios, en su designio salvífico, quiso
que su Hijo naciera de una virgen. Estas razones se refieren tanto a la
persona y a la misión redentora de Cristo como a la aceptación por María de
esta misión para con los hombres.
503. La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la
Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios. 'La naturaleza humana
que ha tomado no le ha alejado jamás de su Padre...; consubstancial con su
Padre en la divinidad, consubstancial con su Madre en nuestra humanidad,
pero propiamente Hijo de Dios en sus dos naturalezas'
504. Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen
María porque él es el Nuevo Adán que inaugura la nueva creación: 'El primer
hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo viene del cielo' [1Co
15,47 .]. La humanidad de Cristo, desde su concepción, está llena del
Espíritu Santo porque Dios 'le da el Espíritu sin medida' [Jn 3,34 .]. De
'su plenitud', cabeza de la humanidad redimida, 'hemos recibido todos gracia
por gracia' [Jn 1,16 .].
505. Jesús, el nuevo Adán, inaugura por su concepción virginal el nuevo
nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo por la fe. '¿Cómo
será eso?' [Lc 1,34 .] La participación en la vida divina no nace 'de la
sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino de Dios' [Jn 1,13
.]. La acogida de esta vida es virginal porque toda ella es dada al hombre
por el Espíritu. El sentido esponsal de la vocación humana con relación a
Dios se lleva a cabo perfectamente en la maternidad virginal de María.
506. María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe 'no
adulterada por duda alguna' y de su entrega total a la voluntad de Dios. Su
fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador: 'Beatior est Maria
percipiendo fidem Christi quam concipiendo carnem Christi' ['Más
bienaventurada es María al recibir a Cristo por la fe que al concebir en su
seno la carne de Cristo'] [San Agustín].
507. María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más
perfecta realización de la Iglesia: 'La Iglesia se convierte en Madre por la
palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo,
engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el
Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra
y pura la fidelidad prometida al Esposo'.
Resumen
508. De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la
Madre de su Hijo. Ella, 'llena de gracia ', es 'el fruto excelente de la
redención desde el primer instante de su concepción, fue totalmente
preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado
personal a lo largo de toda su vida.
509. María es verdaderamente 'Madre de Dios' porque es la madre del Hijo
eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.
510. María 'fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante el embarazo,
Virgen en el parto, Virgen después del parto, Virgen siempre' [San Agustín];
ella, con todo su ser, es 'la esclava del Señor' [Lc 1,38 .].
511. La Virgen María 'colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación
de los hombres'. Ella pronunció su 'fiat' 'loco totius humanae naturae'
['ocupando el lugar de toda la naturaleza humana][Santo Tomás de Aquino].
Por su obediencia, ella se convirtió en la nueva Eva, madre de los
vivientes.
Los misterios de la vida de Cristo
512. Respecto a la vida de Cristo, el Símbolo de la Fe no habla más que de
los misterios de la Encarnación [concepción y nacimiento] y de la Pascua
[pasión, crucifixión, muerte, sepultura, descenso a los infiernos,
resurrección, ascensión]. No dice nada explícitamente de los misterios de la
vida oculta y pública de Jesús, pero los artículos de la fe referentes a la
Encarnación y a la Pascua de Jesús iluminan toda la vida terrena de Cristo.
'Todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta el día en que...
fue llevado al cielo' [Hch 1,1- 2] hay que verlo a la luz de los misterios
de Navidad y de Pascua.
513. La catequesis, según las circunstancias, debe presentar toda la riqueza
de los Misterios de Jesús. Aquí basta indicar algunos elementos comunes a
todos los Misterios de la vida de Cristo [I], para esbozar a continuación
los principales misterios de la vida oculta [II] y pública [III] de Jesús.
Toda la vida de Cristo es misterio
514. Muchas de las cosas respecto a Jesús que interesan a la curiosidad
humana no figuran en el Evangelio. Casi nada se dice sobre su vida en
Nazaret, e incluso una gran parte de la vida pública no se narra. Lo que se
ha escrito en los evangelios lo ha sido 'para que creáis que Jesús es el
Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre' [Jn
20,31 .].
515. Los evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo
de los primeros que tuvieron fe y quisieron compartirla con otros. Habiendo
conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver y hacer ver los rasgos de su
Misterio durante toda su vida terrena. Desde los pañales de su natividad
hasta el vinagre de su Pasión y el sudario de su Resurrección, todo en la
vida de Jesús es signo de su Misterio. A través de sus gestos, sus milagros
y sus palabras, se ha revelado que 'en él reside toda la plenitud de la
Divinidad corporalmente' [Col 2,9 .]. Su humanidad aparece así como el
'sacramento', es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la
salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena
conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión
redentora.
516. Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus
obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jesús
puede decir: 'Quien me ve a mí, ve al Padre' [Jn 14,9 .], y el Padre: 'Este
es mi Hijo amado; escuchadle' [Lc 9,35 .]. Nuestro Señor, al haberse hecho
hombre para cumplir la voluntad del Padre, nos 'manifestó el amor que nos
tiene' [1Jn 4,9 .] incluso con los rasgos más sencillos de sus misterios.
517. Toda la vida de Cristo es Misterio de Redención. La Redención nos viene
ante todo por la sangre de la cruz, pero este misterio está actuando en toda
la vida de Cristo: ya en su Encarnación porque haciéndose pobre nos
enriquece con su pobreza; en su vida oculta donde repara nuestra insumisión
mediante su sometimiento; en su palabra que purifica a sus oyentes; en sus
curaciones y en sus exorcismos, por las cuales 'él tomó nuestras flaquezas y
cargó con nuestras enfermedades' [Mt 8,17 .]; en su Resurrección, por medio
de la cual nos justifica.
518. Toda la vida de Cristo es Misterio de Recapitulación. Todo lo que Jesús
hizo, dijo y sufrió, tuvo como finalidad restablecer al hombre caído en su
vocación primera:
Cuando se encarnó y se hizo hombre, recapituló en sí mismo la larga historia
de la humanidad procurándonos en su propia historia la salvación de todos,
de suerte que lo que perdimos en Adán, es decir, el ser imagen y semejanza
de Dios, lo recuperamos en Cristo Jesús. Por lo demás, ésta es la razón por
la cual Cristo ha vivido todas las edades de la vida humana, devolviendo así
a todos los hombres la comunión con Dios. [San Ireneo de Lyon]
519. Toda la riqueza de Cristo 'es para todo hombre y constituye el bien de
cada uno'. Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino para nosotros, desde
su Encarnación 'por nosotros los hombres y por nuestra salvación' hasta su
muerte 'por nuestros pecados' [1Co 15,3 .] y en su Resurrección 'para
nuestra justificación' [Rm 4,25 .]. Todavía ahora, es 'nuestro abogado cerca
del Padre' [1Jn 2,1 .], 'estando siempre vivo para interceder en nuestro
favor' [Hb 7,25 .]. Con todo lo que vivió y sufrió por nosotros de una vez
por todas, permanece presente para siempre 'ante el acatamiento de Dios en
favor nuestro' [Hb 9,24 .].
520. Durante toda su vida, Jesús se muestra como nuestro modelo. El es el
'hombre perfecto' que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su
anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitar; con su oración atrae a la
oración; con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las
persecuciones.
521. Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en El y que El lo
viva en nosotros. 'El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto
modo con todo hombre'. Estamos llamados a no ser más que una sola cosa con
El; nos hace comulgar, en cuanto miembros de su Cuerpo, en lo que El vivió
en su carne por nosotros y como modelo nuestro:
Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y Misterios de Jesús, y
pedirle con frecuencia que los realice y lleve a plenitud en nosotros y en
toda su Iglesia... Porque el Hijo de Dios tiene el designio de hacer
participar y de extender y continuar sus Misterios en nosotros y en toda su
Iglesia por las gracias que El quiere comunicarnos y por los efectos que
quiere obrar en nosotros gracias a estos Misterios. Y por este medio quiere
cumplirlos en nosotros. [San Juan Eudes]
Los misterios de la infancia y de la vida oculta de Jesús
522. La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso
que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y
símbolos de la 'Primera Alianza' [Hb 9,15 .], todo lo hace converger hacia
Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en
Israel. Además, despierta en el corazón de los paganos una espera, aún
confusa, de esta venida.
523. San Juan Bautista es el precursor inmediato del Señor, enviado para
prepararle el camino. 'Profeta del Altísimo' [Lc 1,76 .], sobrepasa a todos
los profetas, de los que es el último, e inaugura el Evangelio; desde el
seno de su madre saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser
'el amigo del esposo' [Jn 3,29 .] a quien señala como 'el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo' [Jn 1,29 .]. Precediendo a Jesús 'con el
espíritu y el poder de Elías' [Lc 1,17 .], da testimonio de él mediante su
predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio.
524. Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza
esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera
venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda
Venida. Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se
une al deseo de éste: 'Es preciso que él crezca y que yo disminuya' [Jn 3,30
.].
525. Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre; unos
sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta
pobreza se manifiesta la gloria del cielo. La Iglesia no se cansa de cantar
la gloria de esta noche:
Hoy la Virgen da a luz al Transcendente.
Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.
Los Magos caminan con la estrella:
Porque ha nacido por nosotros,
Niño pequeñito
el Dios de antes de los siglos.
526. 'Hacerse niño' con relación a Dios es la condición para entrar en el
Reino; para eso es necesario abajarse, hacerse pequeño; más todavía: es
necesario 'nacer de lo alto' [Jn 3,7 .], 'nacer de Dios' para 'hacerse hijos
de Dios' [Jn 1,12 .]. El Misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando
Cristo 'toma forma' en nosotros. Navidad es el Misterio de este 'admirable
intercambio':
O admirabile commercium! El Creador del género humano, tomando cuerpo y
alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte
en su divinidad. [Liturgia]
527. La Circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento, es señal de
su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de
su sometimiento a la Ley y de su consagración al culto de Israel en el que
participará durante toda su vida. Este signo prefigura 'la circuncisión en
Cristo' que es el Bautismo.
528. La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de
Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas
de Caná, la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos 'magos' venidos
de Oriente. En estos 'magos', representantes de religiones paganas de
pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen,
por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos
a Jerusalén para 'rendir homenaje al rey de los judíos' muestra que buscan
en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David, al que será el rey de
las naciones. Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a
Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose
hacia los judíos y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está
contenida en el Antiguo Testamento. La Epifanía manifiesta que 'la multitud
de los gentiles entra en la familia de los patriarcas' y adquiere 'la
dignidad del pueblo elegido de Israel'.
529. La Presentación de Jesús en el Templo lo muestra como el Primogénito
que pertenece al Señor. Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la
que viene al Encuentro de su Salvador [la tradición bizantina llama así a
este acontecimiento]. Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, 'luz
de las naciones' y 'gloria de Israel', pero también 'signo de
contradicción'. La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación,
perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado
'ante todos los pueblos'.
530. La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes manifiestan la
oposición de las tinieblas a la luz: 'Vino a su Casa, y los suyos no lo
recibieron' [Jn 1,11 .]. Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la
persecución. Los suyos la comparten con él. Su vuelta de Egipto recuerda el
éxodo y presenta a Jesús como el liberador definitivo.
531. Jesús compartió, durante la mayor parte de su vida, la condición de la
inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia,
vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios, vida
en la comunidad. De todo este período se nos dice que Jesús estaba
'sometido' a sus padres y que 'progresaba en sabiduría, en estatura y en
gracia ante Dios y los hombres' [Lc 2,51-52 .].
532. Con la sumisión a su madre, y a su padre legal, Jesús cumple con
perfección el cuarto mandamiento. Es la imagen temporal de su obediencia
filial a su Padre celestial. La sumisión cotidiana de Jesús a José y a María
anunciaba y anticipaba la sumisión del Jueves Santo: 'No se haga mi
voluntad...' [Lc 22,42 .]. La obediencia de Cristo en lo cotidiano de la
vida oculta inauguraba ya la obra de restauración de lo que la desobediencia
de Adán había destruido.
533. La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús
a través de los caminos más ordinarios de la vida humana:
Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la
escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. .. Su primera
lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en
nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del
espíritu... Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret
nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y
austera belleza, su carácter sagrado e inviolable... Finalmente, aquí
aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del
artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero
redentora ley del trabajo humano... Queremos finalmente saludar desde aquí a
todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano
divino. [Pablo VI]
534. El hallazgo de Jesús en el Templo es el único suceso que rompe el
silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja
entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada
de su filiación divina: '¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?'
María y José 'no comprendieron' esta palabra, pero la acogieron en la fe, y
María 'conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón', a lo largo
de todos los años en que Jesús permaneció oculto en el silencio de una vida
ordinaria.
Los misterios de la vida pública de Jesús
535. El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el
Jordán. Juan proclamaba 'un bautismo de conversión para el perdón de los
pecados' [Lc 3,3 .]. Una multitud de pecadores, publicanos y soldados,
fariseos y saduceos y prostitutas viene a hacerse bautizar por él. 'Entonces
aparece Jesús'. El Bautista duda. Jesús insiste y recibe el bautismo.
Entonces el Espíritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jesús, y la voz
del cielo proclama que él es 'mi Hijo amado'. Es la manifestación
['Epifanía'] de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios.
536. El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración
de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores; es ya
'el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo' [Jn 1,29 .]; anticipa ya
el 'bautismo' de su muerte sangrienta. Viene ya a 'cumplir toda justicia' [Mt
3,15 .], es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor
acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados. A esta
aceptación responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su
Hijo. El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a
'posarse' sobre él [Jn 1,32-33 .]. De él manará este Espíritu para toda la
humanidad. En su bautismo, 'se abrieron los cielos' [Mt 3,16 .] que el
pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas por el
descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación.
537. Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que
anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este
misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con
Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse,
en el Hijo, en hijo amado del Padre y 'vivir una vida nueva' [Rm 6,4 .]:
Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos
con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados
con él. [San Gregorio Nacianceno]
Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño de agua, el
Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que,
adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios. [San Hilario
de Poitiers]
538. Los evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto
inmediatamente después de su bautismo por Juan: 'Impulsado por el Espíritu'
al desierto, Jesús permanece allí sin comer durante cuarenta días; vive
entre los animales y los ángeles le servían. Al final de este tiempo,
Satanás le tienta tres veces tratando de poner a prueba su actitud filial
hacia Dios. Jesús rechaza estos ataques que recapitulan las tentaciones de
Adán en el Paraíso y las de Israel en el desierto, y el diablo se aleja de
él 'hasta el tiempo determinado' [Lc 4,13 .].
539. Los evangelistas indican el sentido salvífico de este acontecimiento
misterioso. Jesús es el nuevo Adán que permaneció fiel allí donde el primero
sucumbió a la tentación. Jesús cumplió perfectamente la vocación de Israel:
al contrario de los que anteriormente provocaron a Dios durante cuarenta
años por el desierto, Cristo se revela como el Siervo de Dios totalmente
obediente a la voluntad divina. En esto Jesús es vencedor del diablo; él ha
'atado al hombre fuerte' para despojarle de lo que se había apropiado. La
victoria de Jesús en el desierto sobre el Tentador es un anticipo de la
victoria de la Pasión, suprema obediencia de su amor filial al Padre.
540. La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el
Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los
hombres le quieren atribuir. Por eso Cristo ha vencido al Tentador en
beneficio nuestro: 'Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros,
excepto en el pecado' [Hb 4,15 .]. La Iglesia se une todos los años, durante
los cuarenta días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.
541. 'Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la
Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está
cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva»' [Mc 1,15 .]. 'Cristo, por
tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de
los cielos'. Pues bien, la voluntad del Padre es 'elevar a los hombres a la
participación de la vida divina'. Lo hace reuniendo a los hombres en torno a
su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra 'el
germen y el comienzo de este Reino'.
542. Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como 'familia
de Dios'. Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que
manifiestan el Reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él
realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su
muerte en la Cruz y su Resurrección. 'Cuando yo sea levantado de la tierra,
atraeré a todos hacia mí' [Jn 12,32 .]. A esta unión con Cristo están
llamados todos los hombres.
543. Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en
primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a
acoger a los hombres de todas las naciones. Para entrar en él, es necesario
acoger la palabra de Jesús:
La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que
escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino;
después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la
siega.
544. El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo
acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para 'anunciar la Buena
Nueva a los pobres' [Lc 4,18 .]. Los declara bienaventurados porque de
'ellos es el Reino de los cielos' [Mt 5,3 .]; a los 'pequeños' es a quienes
el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y
prudentes. Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los
pobres; conoce el hambre, la sed y la privación. Aún más: se identifica con
los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición
para entrar en su Reino.
545. Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: 'No he venido a
llamar a justos sino a pecadores' [Mc 2,17 .]. Les invita a la conversión,
sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y
con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos y la inmensa
'alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta' [Lc 15,7 .]. La
prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida 'para
remisión de los pecados' [Mt 26,28 .].
546. Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo
típico de su enseñanza. Por medio de ellas invita al banquete del Reino,
pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario
darlo todo; las palabras no bastan, hacen falta obras. Las parábolas son
como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como
una buena tierra? ¿Qué hace con los talentos recibidos? Jesús y la presencia
del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas.
Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para
'conocer los Misterios del Reino de los cielos' [Mt 13,11 .]. Para los que
están 'fuera', la enseñanza de las parábolas es algo enigmático.
547. Jesús acompaña sus palabras con numerosos 'milagros, prodigios y
signos' [Hch 2,22 .] que manifiestan que el Reino está presente en El. Ellos
atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado.
548. Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha
enviado. Invitan a creer en Jesús. Concede lo que le piden a los que acuden
a él con fe. Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquel que hace las
obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios. Pero también
pueden ser 'ocasión de escándalo'. No pretenden satisfacer la curiosidad ni
los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado
por algunos; incluso se le acusa de obrar movido por los demonios.
549. Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre, de la
injusticia, de la enfermedad y de la muerte, Jesús realizó unos signos
mesiánicos, no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo,
sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado, que
es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus
servidumbres humanas.
550. La venida del Reino de Dios es la derrota del reino de Satanás: 'Pero
si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a
vosotros el Reino de Dios' [Mt 12,28 .]. Los exorcismos de Jesús liberan a
los hombres del dominio de los demonios. Anticipan la gran victoria de Jesús
sobre 'el príncipe de este mundo' [Jn 12,31 .]. Por la Cruz de Cristo será
definitivamente establecido el Reino de Dios: 'Regnavit a ligno Deus',
['Dios reinó desde el madero de la Cruz'].
551. Desde el comienzo de su vida pública, Jesús eligió unos hombres en
número de doce para estar con El y participar en su misión; les hizo
partícipes de su autoridad 'y los envió a proclamar el Reino de Dios y a
curar' [Lc 9,2 .]. Ellos permanecen para siempre asociados al Reino de
Cristo porque por medio de ellos dirige su Iglesia:
Yo, por mi parte, dispongo el Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso
para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre
tronos para juzgar a las doce tribus de Israel [Lc 22,29-30 .].
552. En el colegio de los doce, Simón Pedro ocupa el primer lugar. Jesús le
confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había
confesado: 'Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo'. Entonces Nuestro Señor
le declaró: 'Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las
puertas del Infierno no prevalecerán contra ella' [Mt 16,18 .]. Cristo,
'Piedra viva' [1Pe 2,4 .], asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro, la
victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada
por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de
custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus
hermanos.
553. Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: 'A ti te daré las
llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en
los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos' [Mt
16,19 .]. El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa
de Dios, que es la Iglesia. Jesús, 'el Buen Pastor' [Jn 10,11 .], confirmó
este encargo después de su resurrección: 'Apacienta mis ovejas' [Jn 21,15-17
.]. El poder de 'atar y desatar' significa la autoridad para absolver los
pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares
en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de
los apóstoles y particularmente por el de Pedro, el único a quien El confió
explícitamente las llaves del Reino.
554. A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios vivo, el Maestro 'comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir
a Jerusalén, y sufrir... y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día'
[Mt 16,21 .]: Pedro rechazó este anuncio, los otros no lo comprendieron
mejor. En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la
Transfiguración de Jesús, sobre una montaña, ante tres testigos elegidos por
él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron
fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le 'hablaban de su
partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén' [Lc 9,31 .]. Una nube les
cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía: 'Este es mi Hijo, mi
elegido; escuchadle' [Lc 9,35 .].
555. Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la
confesión de Pedro. Muestra también que para 'entrar en su gloria' [Lc 24,26
.], es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto
la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los
sufrimientos del Mesías. La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia
del Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios. La nube indica la presencia
del Espíritu Santo: 'Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine,
Spiritus in nube clara' ['Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el
Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa'].
En el monte te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu
gloria, en cuanto podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado,
entenderían que padecías libremente y anunciarían al mundo que tú eres en
verdad el resplandor del Padre. [Liturgia]
556. En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la
Pascua, la Transfiguración. Por el Bautismo de Jesús 'fue manifestado el
misterio de la primera regeneración': nuestro bautismo; la Transfiguración
'es el sacramento de la segunda regeneración': nuestra propia resurrección.
Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección del Señor por el
Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La
Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de
Cristo 'el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo
glorioso como el suyo' [Flp 3,21 .]. Pero ella nos recuerda también que 'es
necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de
Dios' [Hch 14,22 .]:
Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña
[cf. Lc 9,33 .]. Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte.
Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar en la tierra, para servir en
la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida
desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino
desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y
tú, ¿vas a negarte a sufrir? [San Agustín]
557. 'Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su
voluntad de ir a Jerusalén' [Lc 9,51 .]. Por esta decisión, manifestaba que
subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el
anuncio de su Pasión y de su Resurrección. Al dirigirse a Jerusalén dice:
'No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén' [Lc 13,33 .].
558. "Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en
Jerusalén. Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a
él: '¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a
sus pollos bajo las alas y no habéis querido!' [Mt 23,37b]. Cuando está a la
vista de Jerusalén, llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su
corazón: '¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! pero
ahora está oculto a tus ojos' [Lc 19,41-42 .].
559. ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las
tentativas populares de hacerle rey, pero elige el momento y prepara los
detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de 'David, su padre' [Lc 1,32
.]. Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación ['Hosanna'
quiere decir '¡sálvanos!', '¡Danos la salvación!']. Pues bien, el 'Rey de la
Gloria' [Sal 24,7-10 .] entra en su ciudad 'montado en un asno': no
conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por
la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad. Por eso
los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños y los 'pobres de Dios',
que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores. Su
aclamación, 'Bendito el que viene en el nombre del Señor' [Sal 118,26 .], ha
sido recogida por la Iglesia en el 'Sanctus' de la liturgia eucarística para
introducir al memorial de la Pascua del Señor.
560. La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el
Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su
Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la liturgia de la
Iglesia abre la Semana Santa.
Resumen
561. 'La vida entera de Cristo fue una continua enseñanza: su silencio, sus
milagros, sus gestos, su oración, su amor al hombre, su predilección por los
pequeños y los pobres, la aceptación total del sacrificio en la cruz por la
salvación del mundo, su resurrección, son la actuación de su palabra v el
cumplimiento de la revelación'. [Juan Pablo II]
562. Los discípulos de Cristo deben asemejarse a El hasta que él crezca y se
forme en ellos. 'Por eso somos integrados en los misterios de su vida: con
él estamos identificados, muertos y resucitados hasta que reinemos con él'.
563. Pastor o mago, nadie puede alcanzar a Dios aquí abajo sino
arrodillándose ante el pesebre de Belén y adorando a Dios escondido en la
debilidad de un niño.
564. Por su sumisión a María y a José, así como por su humilde trabajo
durante largos años en Nazaret, Jesús nos da el ejemplo de la santidad en la
vida cotidiana de la familia y del trabajo.
565. Desde el comienzo de su vida pública, en su bautismo, Jesús es el
'Siervo' enteramente consagrado a la obra redentora que llevará a cabo en el
'bautismo' de su pasión.
566. La tentación en el desierto muestra a Jesús, humilde Mesías que triunfa
de Satanás mediante su total adhesión al designio de salvación querido por
el Padre.
567. El Reino de los cielos ha sido inaugurado en la tierra por Cristo. 'Se
manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de
Cristo'. La Iglesia es el germen y el comienzo de este Reino. Sus llaves son
confiadas a Pedro.
568. La Transfiguración de Cristo tiene por finalidad fortalecer la fe de
los apóstoles ante la proximidad de la Pasión: la subida a un 'monte alto'
prepara la subida al Calvario. Cristo, Cabeza de la Iglesia, manifiesta lo
que su cuerpo contiene e irradia en los sacramentos: 'la esperanza de la
gloria' [Col 1,27 .].
569. Jesús ha subido voluntariamente a Jerusalén sabiendo perfectamente que
allí moriría de muerte violenta a causa de la contradicción de los
pecadores.
570. La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el
Rey-Mesías, recibido en su ciudad por los niños y por los humildes de
corazón, va a llevar a cabo por la Pascua de su Muerte y de su Resurrección.
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