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No es verdad... pero por las dudas
por el Pbro. Dr. Ariel David Busso
“No es verdad… pero ¡por las dudas! Non è vero… ma ci credo! Era una
broma que hacía el actor italiano Totó en una comedia divertida de
Pippino de Filippo, allá por 1942. Si bien el artista hacía bromas
al respecto, este título no le quita importancia al argumento de
estos pensamientos. El espíritu humano está lleno de esta exposición
aunque no se la pronuncie. Además, la ironía y el humorismo son
óptimas armas para combatir algunas cosas que, a menudo, son
absurdas. Por eso recordaremos en el conjunto de manías y
supersticiones, las que son más comunes, pero sin tomarla muy en
serio. Estas creencias, manías, gestos o ideas fijas son como un
calambre en el pié: lo mejor es caminar sobre él para que se vayan y
dejen de molestar.
No pocas veces estas supersticiones se trasportan al ámbito sagrado
e influyen también en la sociedad industrial y hasta en el vértice
del progreso tecnológico. No puedo olvidar cuando una vez se
suspendió la inauguración de una planta industrial, y con él la
bendición a las instalaciones, porque, según me enteré después, no
se había advertido que caía en viernes 13. La bendición pasó al otro
viernes que era 20.
Ni los países de ideología comunista, como China y Rusia ni los
países industrializados occidentales, han logrado extirpar sus
creencias que, desde siempre, están radicadas en el pueblo, no
obstante la difusión de la “conciencia nacional” y de la “ciencia
técnica”.
La sociedad actual, nosotros y nuestros contemporáneos, no estamos
tan satisfechos con las promesas que nos hacen sobre el desarrollo y
la seguridad. Eso nos hace sentir solos e indefensos frente a los
peligros de la vida y, de algún modo (o de cualquier manera) se
trata de “exorcizar” las propias angustias y los miedos al provenir.
La pérdida de los puntos claros de valor y la ausencia de una verdad
objetiva que, ni la religión así vivida, ni la sociedad civil están
en grado de asegurar, empujan a las personas a buscar formas
compensativas a las propias insatisfacciones, incluso los
comportamientos supersticiosos.
“Miedo de vivir” se llama a eso y la superstición representa una
fuerza que trata de alejar a ese miedo.
Buscando una definición
¿Qué es realmente la superstición?
Cicerón hace llegar la voz superstitio a superste (supérstite); el
vocablo sería “hacer durar”, preservar, conservar.
Algún diccionario señala que la superstición es “tendencia
determinada por la ignorancia o por la sugestión, a atribuir a
causas ocultas o sobrenaturales o los avenimientos que podrían ser
explicados por causas naturales”. Es una definición poco exacta.
Más segura es la que dice que se trata de “atribuir efectos
sobrenaturales a determinados objetos o acciones, que en sí mismo,
no lo tienen”, por ejemplo a un número, a una herradura de caballo
en el dintel de la puerta, a una cantidad fija de oraciones, etc.
Un diccionario enciclopédico de teología moral indica que,
superstición, es un aislamiento sobre o fuera del mundo sensible –super
stitio- que surge de la creencia común para seguir un estímulo
propio.
En realidad es difícil dar una definición exacta, pero creo que
todos experimentamos algo de esto, porque cuando alguien ha hecho
uso de todos los recursos de la experiencia, la ciencia, la
reflexión crítica y la voluntad providente para analizar, regular y
gobernar sus acciones, quedan siempre ciertos elementos refractarios
al control humano y recurre así a “potencias ocultas” con miras
interesadas en el futuro. Por ejemplo:
- No creo… pero leo siempre el horóscopo en el diario
- Rechazo la habitación o el piso 13 en los hoteles
- Creo que el martes o el viernes 13 traen desgracias
- Si encuentro un gato negro que se cruza, cambio de vereda.
- No paso la sal a la mano de otro comensal
- Me preocupo de no abrir el paraguas bajo techo; no apruebo que
coloquen mi sombrero sobre la cama.
- Si pasa un coche fúnebre, hago los cuernos.
El supersticioso tiende a pensar que existe algo oculto, fuerzas que
gobiernan los acontecimientos y que los actos que realiza los
influencian.
¿Hay varias formas de superstición?
Los teólogos distinguen tres formas: la idolatría, la adivinación y
vana observancia.
La primera, la idolatría, es la más grave. Es la peor forma de
superstición y la más ofensiva. Niega a Dios el culto que le
pertenece y lo transforma en una criatura, corpórea o espiritual,
como por ejemplo el “satanismo”. También otras formas más refinadas:
el poder, el placer, la raza, el Estado, el dinero o el simple culto
indebido a los antepasados.
El temor supersticioso al demonio se encuadra en esta forma de
idolatría. Creer injustificadamente en las obras del demonio no sólo
es contraria a la razón, sino que lleva también a la superstición
práctica. El resultado más espantoso de esta clase de superstición
es la disparatada creencia en las brujas. Fue la Edad Media donde,
después de los desórdenes causados por los cátaros, creció entre la
gente el temor en la influencia diabólica y la influencia en las
brujas. En éste oscuro período los santos no dejaron de sugerir,
ante esta ridícula creencia: teme a Dios y no tendrás necesidad de
temer a nadie más.
La segunda, la adivinación, es una forma indebida de búsqueda para
conocer el futuro o el presente escondido. El recurrente deseo de
querer tener todo bajo control o simplemente por soberbia –“para
tomar recaudos”- lleva a buscar al hombre de apoderarse de su propio
destino, olvidándose de la Providencia de Dios. En la antigüedad
pagana se practicó oficialmente varias formas de adivinación: la
astrología, la necromancia, la oniromancia, el sortilegio, el
pitonismo. Estas prácticas supersticiosas existen todavía y se
practican clandestinamente entre los cristianos.
El espiritismo es el arte de invocar al espíritu de los difuntos
para entrar en comunicación con ellos. Esta forma se hace por
intercesión de un medium que, en un estado de trance, convoca a los
espíritus ocultos. La interpretación de los sueños puede revelarse
más peligroso ya que existe una gran influencia de la imaginación y
pueden lograr disparatadas aventuras. En este campo, tan amplio como
las ocurrencias humanas, existe hasta la Bibliomancia, práctica que
consiste en abrir la Biblia al azar y responder a las preguntas que
interrogan el propio futuro.
Comete pecado grave la persona que tome en serio estas prácticas,
siempre que posea la formación suficiente para saber que con ellas
se pretende alcanzar el conocimiento de cosas secretas o futuras por
medios ilícitos.
Las vanas observancias son un complejo de prácticas supersticiosas
que miran a hacer intervenir fuerzas ocultas para cambiar o prevenir
una suerte. Aquí también las prácticas son tan variadas como
interrogantes existen. Algunas de ellas no son más que costumbres y
confunden hasta quien la practica.
Una vez recibí la visita de una hombre que quería exponerme su
problema:
-Padre, mi mujer salió hace unos días de una cura psiquiátrica y se
dejó engañar por un curandero que le había garantizado la salud a
cambio de $ 5000. Mi esposa, por desgracia, firmó un cheque por esa
cantidad y ahora no sé como recuperar ese dinero.
-Le aconsejo hacer una denuncia correspondiente y desenmascarar a
semejante charlatán.
-¡Ah padre! Esto no lo haré nunca –me respondió- tengo mucho miedo
que el curandero se vengue con alguna maldición para mí si lo hago.
¡….! (Sin palabras).
El desorden de la vana observancia consiste en que se espera un
efecto provechoso o perjudicial que no corresponde ni a las cosas ni
a las personas, ni ha sido prometido por Dios.
Hay una superstición primaria y otra culta. La primera es la casera,
insertada por cualquier individuo que atribuye una influencia buena
o mala a un acto simple, sin importancia. El número 13, por ejemplo,
es comúnmente tenido por desafortunado, a menos que salga en la
lotería vespertina… Se cuenta que Víctor Hugo evitaba sentarse en
una mesa con 13 personas. Una vez que contó 12 al llegar, el famoso
escritor retardó el almuerzo para encontrar otro invitado y sumar
así 14. Esto tiene su origen en la última Cena en la que los
comensales eran 13...
En cambio, la superstición culta o elaborada procede de un
razonamiento construido sobre la base pseudocientífica o derivante
de fuerzas ocultas para dar interpretación a los acontecimientos,
presagios del futuro.
¿De dónde proviene la superstición?
La razón por la cual nacen varias supersticiones es el hecho
fácilmente conducible a que, al hombre, siempre le aterró el futuro.
La superstición no es otra cosa más que una invención humana, tan
vieja como el mundo.
En algunas regiones, la superstición está ligada a la salud, así,
contra el dolor de garganta, por la noche, antes de acostarse hay
que ponerse al cuello una media sucia y tenerla toda la nuche. Pero,
eso sí, antes de acostarse, rezarle a san Blas. Otra: a los chicos
hay que prevenir la “ojeadura” con una cinta roja; para quitarle los
“parásitos” intestinales, hay que colgarle un collar de dientes de
ajo. etc.
Otras costumbres están ligadas a las etapas y circunstancias de la
vida del hombre, especialmente al nacimiento, al matrimonio y a la
muerte.
Al nacimiento: algunos dicen que el mejor día para nacer es el
domingo. (Achira diría que también es el mejor día para “hacerlos”).
El domingo promete suerte, longevidad, bondad y quietud de espíritu.
Parece que esta creencia viene de Flandria, en Bélgica. En cambio,
nacer en viernes, por ser el día de la muerte del Señor, el niño
tendría grandes dones y carismas, por ejemplo, no tendrá miedo a
nada.
El matrimonio: la esposa debe llevar un ramo de flores en su mano,
porque ese ramo simboliza amor y fecundidad; Si los esposos pasan la
noche anterior a la boda bajo el mismo techo le esperan las peores
catástrofes; Dejar caer al suelo los anillos es un pésimo presagio
para el porvenir y la serenidad de la pareja; Lluvia el día del
casamiento augura hijos numerosos, si no es de ellos de los hijos de
los hijos; El lecho nupcial debe ser preparado únicamente por dos
chicas no casadas, etc. etc.
La muerte: en algunos países del norte de Europa, dicen que la
última persona a ser nombrada por un agonizante es la próxima a
morir; otros dicen que si el moribundo muere con los ojos abiertos,
un miembro de su familia lo seguirá pronto. En Italia, el 4 es un
número fatal, porque es la cantidad de hombres que llevan el féretro
de la casa a la Iglesia...
Y se podría seguir hasta el infinito.
El mundo observa impávido la profunda soledad de tantas personas,
abandonadas en sus dudas y en sus problemas con la fe, fe en Dios
debilitada, cuando no se la ha apartado totalmente. Todo esto aporta
causa segura a la superstición. Cuando no se cree en Dios se cree en
muchas otras cosas. Hoy existe un revival de la superstición y de la
magia en nuestra sociedad. El mal más profundo e inquietante es la
ignorancia de Dios, la falta de fe en su Palabra que nos asegurará a
cada uno de nosotros el amor del Padre amoroso y el conocimiento y
cuidado de nuestros actos.
“Hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados…”
(Mt. 10,30)
Sería utilísima una encuesta sobre en qué creen los que no creen.
La inseguridad, el futuro ¿encontraré un trabajo? ¿me casaré? ¿me
engaña? ¿recuperaré lo perdido? ¿me curaré? El deseo de la respuesta
rápida, inmediata, que es la causa de sectas como “pare se sufrir” y
otras miles que como magos y charlatanes pululan en nuestros
antiguos cines de barrios, seguidos por clientes con verdaderas y
atendidas angustias. Muchos de ellos católicos, cuya Iglesia no lo
escuchó debidamente a su tiempo o no lo satisfizo en sus respuestas.
Una vez conocí a una pobre mujer que después de haber descubierto un
nódulo en su seno izquierdo, en lugar de recurrir a la ciencia
médica, se confió a un curandero charlatán. El “sanador”, que decía
invocar al Padre Pío, de quien le venían los poderes, le aconsejó
apoyar en el seno enfermo un emplasto hecho por él y alimentarse
solamente de jugo de zanahorias. Este insólito tratamiento, “su”
medicina, era vendida a un precio que a la señora enferma le pareció
módico, a comparación del precio de los remedios en la farmacia.
Como era previsible, no hubo ningún beneficio del emplasto hecho con
“tierra de montaña”. Claro que el ayuno provocado por la ingesta de
ese jugo, trajo debilidad a la mujer. La enfermedad se agravó.
Cuando la enferma decidió acudir a la medicina, ya fue tarde y la
quimioterapia de nada resultó. Después de un breve período de
recuperación, falleció el día de navidad de uno de estos últimos
años.
¿Cuál fue la trama de esta trágica situación?
Primero el deseo de ayuda de la mujer y su falta de confianza en la
ciencia médica común, según constató en algunos conocidos suyos que
no fueron curados.
Segundo: la capacidad de convencimiento del curandero, seguro y
penetrante, que condicionó la voluntad de la enferma;
Tercero: el apoyo de su ciencia en poderes religiosos –el Padre Pío-
de quien seguramente contó casos de milagros y curaciones mágicas
provenientes de él.
Cuarto: la sugestión de la enferma. “Me dijo todo lo que tenía sin
que yo le dijera nada”.
Quinto: la obra persuasiva del curandero que es desvastante a esta
altura y que se mantuvo hasta que la tragedia fue inevitable.
Sexto: el aislamiento a la enferma. El curandero en estos casos, le
indica el secreto como parte del programa terapéutico. “Nadie debe
saberlo”, porque si conocen esto me persiguen y no podré continuar
la curación”. El secreto, en este caso, es cómplice de la mentira.
Aquí la superstición se presentó como una reacción equivocada sobre
la precariedad de la vida, el sufrimiento, las ansias y el miedo.
¿Hay conexión entre religión y fe?
En algunos casos, la Iglesia católica parece dar prueba de alguna
tolerancia a devociones que tienen un manto de superstición. Alguna
relación existe. Otros, de origen católico, relacionan
imaginativamente cosas religiosas con el accionar mágico. Y hasta le
ponen rima, como en Italia:
Prete accompagnato
presto vedrai l´innamorato.
Monaco con barba
porta rabbia.
Tonaca scura
novità sicura
Monaca in capella
novità bella.
Es que la superstición surge de un pueblo y en épocas donde toda la
gente era creyente en Dios. La ignorancia de las cosas de la fe, de
suyo, no es equivalente a no tener fe. Al contrario. La mayoría de
nuestro pueblo creyente no conoce más que el rudimento del
catecismo. Creció al ritmo del mundo cibernético pero con el
“trajecito” de primera comunión. No es infrecuente que la fe
subjetiva y la superstición convivan en un católico o en cualquier
persona religiosa.
Un día mientras conversaba con una señora noté que mientras hablaba,
agitaba su brazo con una gruesa pulsera de la cual colgaban varias
medallas. Como eran tantas, le pregunté qué representaba cada una.
-Ah, son lindas. ¿No es cierto? -Respondió con satisfacción la
mujer. Esta es la de mi bautismo, que me regaló mi madrina, esta es
la de mi primera comunión, ésta es la de la Virgen de Pompeya, esta
… y ésta es la de mi signo “porque soy de aries” un signo muy
triunfador, y esta es la del Gauchito Gil que me la trajo una
vecina…
Otros quieren recurrir rápidamente a un exorcismo y confunden
“oración de sanación” con “frases mágicas anti mala-suerte”. Sobre
algún dintel de la puerta de entrada he visto convivir la “cruz de
san Benito” y la “pata de conejo”…
La moral católica enseña que la superstición es pecado. Muchos
cristianos creen no hacer nada de malo acudir a un adivino, por
ejemplo, pensando que con esto no ofenden a Dios. Podríamos decir
que la malicia del acto se ve disminuida subjetivamente –ignorancia,
desesperación, miedo, angustia, etc. Pero objetivamente debería
ponerse en claro que se dirige en contra del primer mandamiento,
sobre todo. También contra el segundo.
A veces, las supersticiones nacen en ocasión de alguna acción
religiosa. Me ocurrió una vez que estando en un país donde abundaba
la nieve, cuando regresaba a la habitación de la familia que me
alojaba, dejaba mi ropa de calle sobre la cama, también el sombrero.
Cada vez que salía de la habitación y regresaba, el sombrero, sólo
el sombrero, estaba colgado en el perchero.
Después supe que el sombrero sobre la cama “trae mala suerte”. El
origen de semejante idea surge a partir de la llegada del sacerdote
a la casa del moribundo, para darle la “extremaunción”. Para
desarrollar el rito apoyaba su sombrero, el tricornio o la “teja”,
en la cama del agonizante. Esa costumbre fue tenida por “mal
agüero”, porque siempre el que recibía al sacerdote “in extremis”
casi siempre terminaba lógicamente por fallecer.
Otro caso me ocurrió mientras estudiaba en Italia y ayudaba en una
parroquia en la periferia de Roma. El párroco, varias veces me pidió
que acompañara al difunto y a su familia hasta el cementerio. Iba en
el furgón de la empresa de pompas fúnebres, al lado del conductor.
Por las calles noté que algunos hombres, al ver pasar el cortejo
fúnebre, más que llevarse la mano a la frente para el signo de la
cruz, la bajaban… y las señoras se cruzaban rápidamente de brazo. Al
preguntar al conductor sobre ése curiosos hábito me respondió, sin
reírse.
-Así es Reverendo, de algún modo hay que alejar la muerte.
Me enteré después que el gesto es de origen pagano, de la antigua
Grecia, donde se sacralizaban, de alguna manera, la sexualidad y
todo lo relacionado a la generación.
-¿Es pecado eso? –fue la siguiente pregunta del empleado de las
pompas fúnebres.
-No creo, le respondí- Dios sabe sonreír más que nosotros; también
por esto.
¿Los jóvenes son menos supersticiosos que los abuelos?
Se creía –y algunos lo creen todavía- que la enseñanza de la ciencia
podrá eliminar la superstición ¿Es cierto esto?
Algunos sondeos recientes en Europa, revelan sorprendentemente
inclinación de los jóvenes, de 18 a 25 años más o menos, a lo
irracional. En Francia, el 52% cree en los sueños premonitorios y en
la telepatía, el 30% consulta o consultó a videntes ocasionales y un
alto porcentaje cree que el juego de la copa debe ser tomado en
serio. La encuesta revela también que quien menos práctica religiosa
posee, más superstición tiene.
Las nuevas formas de superstición que atraen a los jóvenes están
sugeridas por el cine, la moda, la música, el internet y se
demuestran curiosos e innovativas.
Un ejemplo: con la fiesta de Halloween regresamos al paganismo. En
el año 835, el Papa Gregorio IV, cambió la fiesta de todos los
Santos del 13 de mayo al 1 de noviembre, para borrar cultos paganos.
Allí se agregó el 2 de noviembre, la fiesta de todos los difuntos en
el siglo X, para que la práctica supersticiosa de los muertos no
quedara en vigencia. En Halloween, el murciélago, símbolo insignia
de la fiesta, está ligado a la brujería y a la muerte en varias
culturas. Estos festejos, que para los padres representan sólo una
diversión, son en realidad un fuerte reclamo al horror en grado de
influencia negativa para los chicos, en pensamientos mágicos de
miedo, muerte, violencia, espíritus, fantasmas, brujas, demonios...
¿Y qué hablar de Harry Potter? No es acaso un mundo de fantasías?
Varios libros y juegos de Play Station son, de hecho, una puerta
abierta al mundo pagano, dominado por la superstición y la magia.
Jugando, los chicos, entran inconscientemente al mundo de lo oculto.
¿Qué hablar de “El Señor de los anillos”?
En un retiro para jóvenes observé lo mismo que veo entre adultos. La
sal antiguamente era signo de amistad y se colocaba delante del
comensal como un signo de benevolencia hacia él. Noté, en ese
retiro, que una chica recriminaba a otra que había derramado la sal,
que traía desgracia, y otro decía, que no se debía pasarla de mano
en mano, ¡igual que entre adultos!
En un baño se salió el clavo y el espejo colgado se rompió en mil
pedazos. Nadie volvió a ocupar ese baño. (Romper un espejo es igual
a 7 años de infortunios, me respondió alguien.
Cuando ví que ninguna chica presente en el retiro quería barrer, me
dijeron que antes debía tocar la escoba una mujer casada o un varón,
porque si a una chica casadera le toca la escoba a su pié, ésta no
se casará nunca. Además, me recordaron que barrer de noche, era
barrer la buena suerte...
Aprendí varias cosas:
Si se cae el peine mientras alguien se peina, otro se acordará bien
de él en ese momento; que si se escucha un canto de gallo antes de
medianoche vendrán tiempos malos, pero si es una lechuza traerá
buena suerte al día siguiente. Tomar la cuchara con la mano
izquierda es desgracia; si la cera de una vela cae largamente a su
costado, también. Y así miles. Pero la más graciosa fue la que me
contó un joven inglés. Me decía que si una chica besa a un hombre
con bigotes y queda algún pelo en sus labios, entonces no se casará
ni con él ni con ningún otro.
Y como si eso fuera poco, al llegar a mi casa, junto al correo
amontonado había una propaganda que decía:
“Profesora Jussara, especialista en desvendar casos de difícil
solución, como problemas de salud que la medicina no ha solucionado.
También problemas sexuales de ambos sexos. Sientes que te hicieron
hechizos, trabajos espirituales y brujerías. Tienes problemas con
vicios de juegos, alcohol, drogas. Le ayuda a solucionar problemas
con la justicia, hago apertura de camino en su parte financiera,
negocios, empresas o campos. La suerte te ha abandonado en la parte
amorosa, no te preocupes. Le traigo su pareja en tres días. Por
favor no confunda la profesora JUSSARA con otras. Todos los trabajos
o tratamientos espirituales son garantizados, secreto absoluto con
una simple consulta, a través del Tarot, Cartas Astrales, o
Caracoles Africanos, tendrás la solución para sus problemas”.
La superstición en un tiempo, era campesina y popular. Los dichos y
hechos caseros son inocuos, no hacen mal a nadie. Pertenecen al
folklore universal y hasta son parte del patrimonio argentino,
importado por inmigrantes o sostenido por criollos.
No olvido que en la inauguración de una placa recordatoria a un
prócer, en el palco donde estábamos, nadie quería dar la mano a un
pobre señor funcionario con fama de Jettatore. Como fui el único que
le extendí la mano y no sólo el consabido “cabeceo” para desearle
buenos días, detrás de mí, alguna autoridad allí presente me
advirtió en voz baja -¡Usted desafía al destino!
Al cabo de un rato cuando ese mismo señor de fama de “innombrable”
cortó la cinta de la tela que cubría la placa, un cortocircuito dejó
sin electricidad al acontecimiento. Y el mismo señor que me había
advertido, me recriminó, también al oído -¡Y después Ud. dice que no
es cierto!
La superstición de hoy utiliza los medios de comunicación, los mass
media, las artes, el internet. Y se mueve por dinero, andando a la
sombra de personas cultas e influyentes en la sociedad. Algunos
hasta le atribuyen a estos “gurúes” quitar el stress y la angustia.
Otros no se mueven sin consultar al adivino de moda o acudir al cura
o al rabino sanador para que, con “pases mágicos”, le aleje
mágicamente sus reales o posibles males.
Este modo de obrar daña la vida de la fe, el culto que Dios merece,
y lástima la esperanza de dejar su porvenir en la Divina
Providencia. La fe de muchos está dañada de la “auto-religión”, del
menú “â la carte”, de la religión del bricolage, donde se mezcla a
Dios, a Nuestra Señora, al gauchito Gil, a Pancho Sierra, al
horóscopo, al curandero del mal de ojo y del empacho, al médium y a
las prácticas ocultas.
La noticia de que Cristo venció a la muerte en una noche de Pascua,
con su Resurrección y Ascensión al Cielo, aparece débilmente
reflejada, cuando no escondida, en un cristiano supersticioso
moderno. Cristo es Verdad y Vida, el futuro y lo que resta de la
vida de cada uno de nosotros está en él y no en los talismanes o lo
que anunció el zodíaco esta semana o la otra. Para ser coherentes
con la fe que recibimos, debemos renovarnos interiormente, rechazar
todo tipo de adivinación y prácticas ocultas y reírnos de la
superstición casera.
Y si alguno aún siente el temor y la angustia de lo que será,
recuerde el salmo 23 que apacigua el alma en la noche oscura y da
fuerzas para las graves quebraduras a nuestro paso.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
Me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.
Esta debería ser la ocasión del cristiano angustiado y preocupado
por su futuro, porque, al decir de santa Teresita de Lisieux “De
Dios se recibe en la medida en que se confía en El”.
Ariel David Busso
16-04-07
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