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ENTRE LOS PLIEGUES DEL PADRE
"Nos ha bendecido con toda clase de bendiciones" (Ef 1,3)
Estas palabras no recuerdan a un Padre extraordinario. Es el retrato
de Dios, cuya bondad, amor, perdón cuidado, alegría y misericordia
no conocen límites.
Alguien dijo alguna vez que no hay figura más tierna que ver a un
niño durmiéndose mientras reza en su cama por la noche. Pero un
padre tocando a su hijo es una bendición interminable; el hijo
descansando en el pecho de su padre es una paz eterna.
1. EL PADRE
Contemplar el mar, el cielo, una alta montaña nevada con un límpido
sol de invierno, lleva a una noción de amplitud. Todo parece sin
fin, sin límites.
Contemplar al Padre también.
Grandeza y orden son las primeras manifestaciones del Padre.
Ese Padre está oculto tras el Rostro del Creador. Por eso, ese Dios
desconocido que el Padre, no se lo conoce sino por la Revelación de
su Hijo:
"Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo
quiera revelar" (Mt 11, 27)
Por eso Víctor Frankl, el hombre de la logoterapia, habla de la
"presencia ignorada de Dios" porque el Padre está escondido entre
las cosas de su Creación.
Pero el "sentido de Dios" "debe ser encontrado, no producido",
porque la búsqueda conlleva ya el encuentro.
"Pero tú nos das cielos, ríos, atardeceres,
ciudades con amor y campos, y palomas;
cosas que hablan de ti y en las que casi asomas
pero que nunca son ni pueden dar que eres.
Y así no es fácil, Dios, y quererte es mi ansia
Que acaba con nosotros y acaba con tus bienes.
De acechar, de soñarte nos estallan las sienes.
Y siempre estamos solos. Y a la misma distancia"
(Vocos Lescano)
Pero a pesar de estar escondido, sin embargo ¡Cómo se revela!:
"¡Ay, cómo me acorrala la conciencia
de lo que soy, ahora que de nuevo
llego a la claridad de tu presencia!.
¿Verdad, Señor, verdad que si me muevo
por ir a ti, no has de mirar mi vida?
¿Verdad que has de aceptarme si me atrevo?.
(Vocos Lescano)
El salterio habla continuamente de la búsqueda y el encuentro
constante
"Como la sierva sedienta
va en busca del agua
así mi alma suspira
por ti, mi Dios
Mi alma tiene sed de Dios
del Dios viviente
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios? "
(Salmo 42)
Grandeza y orden es lo primero que se busca en Dios.
Claro que ese Dios también es Padre.
Pero el Padre no es Paternidad que surja de la tierra. El cielo es
su ámbito. Por eso luego de invocarlo en el "Padre Nuestro"
inmediatamente se lo ubica en su lugar "el Cielo".
Se trata de una imagen llena de misterio, de majestad. Allí se ven
su grandeza y su orden.
Pero no lejano: porque al Padre del cielo solamente se le hace
visible por la interioridad. No es levantando la vista como se
conoce al Padre sino buscando "por dentro".
El Padre no lleva a lo alto, sino hacia adentro.
Cuanto "más adentro", "más arriba".
Y así uno conoce al Padre, en Cristo, cuanto más adentro se
introduce en su interioridad, viviendo en nosotros como hijos
adoptivos.
"Qué alegría vivir sintiéndose vivido.
Rendirse a la gran certidumbre oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos
me está viviendo".
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
"Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz".
(Pedro Salinas)
El "Padre Nuestro" que enseña a "esconderse" entre los pliegues del
Padre, a "perderse" en su Providencia, fructificó en algunos
terrenos no siempre receptivos.
Algunas veces se lo imitó y se lo parafraseó con el amor verdadero.
(Basta pensar en el caso más alto por su valor, el canto XI del
Purgatorio del Dante), pero otras no:
- El poeta francés Jacques Prevert en su obra "Paroles" dice: "Padre
Nuestro que estás en los cielos, quédate allá..."
- Ernest Hemingway en uno de sus "Cuarenta y nueve relatos"
blasfemaba con el NADA.
"Oh Nada que estás en la Nada, sea Nada tu nombre..."
- El escritor Napoletano De Roberto en su "Procesos Verbales" pone
en boca de una mujer noble esta oración en tono de burla y
vulgaridad.
Pero es Charles Péguy en "Misterio de los Santos Inocentes" donde
describe algunos soliloquios de Dios Padre meditando precisamente el
Padre Nuestro y dice: "MI Hijo ha sabido como hacer para ligar los
brazos de misericordia".
Y es Simone Weil, aquella escritora hebrea conquistada por Cristo, y
quien aprendió que Dios no es sólo Señor, sino Padre, cuando supo el
Padre Nuestro y leyó en el Evangelio de Lucas que Cristo en la Cruz
repetía una frase del Salmo 31.
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
Charles Péguy, en la obra ya citada pone en boca de Dios, estas
palabras significativas para iluminar el rostro paterno de Dios de
Jesucristo.
"Mi hijo le dijo a ellos bastante que Yo soy su Padre.
yo soy el juez de ellos.
Pero sobre todo soy su Padre,
El que ha sido de una vez padre no puede más que ser padre.
Ellos son hermanos de mi Hijo.
Son mis hijos; y yo soy su Padre".
2. NOSOTROS, LOS HIJOS SUYOS
El Padre que entró en nosotros, entró también en nuestra culpa. Y en
nuestras culpas.
"Dios hizo "pecado" a su Hijo", 2 Cor. 5, 21
Por eso los hijos, vivimos del Perdón y de la misericordia.
2.1. EL PERDÓN
Perdonar no es simplemente una cuestión de ética, de moral, del
"hacer" humano.
El Evangelio habla de "perdonar de corazón". "Amar" es "perdonar"
supone una "deuda".
"Perdón es el amor donde se encuentra con la culpa" dice Romano
Guardini.
Pongamos como ejemplo a dos hermanos, hijos de una misma madre, con
intereses comunes, con una honda confianza de uno para con el otro.
De pronto, la culpa de uno. La relación padece y el alejamiento
sigue.
Sólo podían unirse si el ofendido es capaz de abrirse paso más hondo
hasta la base de la hermandad y desde allí restablecerlo todo de
nuevo.
Lo que habían antes no se puede restaurar. La relación es nueva y si
no llega a más de lo que era no podrá durar, ciertamente.
Este ejemplo entre dos hermanos puede trasladarse fácilmente a dos
amigos; marido y mujer; padre e hijo.
Perdonar no es llamar verdadero a lo falso; tampoco bueno a lo malo.
Así no lo hizo Jesús con l
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