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LA FELICIDAD: UNA MATERIA PENDIENTE
La historia universal, la historia de los hombres, vivió y vive un
continuo cambio, antes y ahora; en todas las épocas. Pero hay algo
que no ha cambiado hasta hoy, aunque si en el modo de buscarla más
intensamente ahora- y es el encuentro de la felicidad.
Todos la prometen, algunos la pregonan, desde todas las religiones
hasta las propagandas más absurdas. La búsqueda es continua y
constante.
Después de la hambruna de los barrios obreros en la naciente
sociedad industrial, el grito de “proletarios del mundo uníos”
parecía solucionar la disgregación y la crisis. La confianza de la
superioridad de una raza o de una ideología le pareció a algunos
otra solución.
La segunda guerra mundial dejó al descubierto el vacío de toda esta
prédica y muchos jóvenes se volcaron al vacío existencial. Todavía
recordamos los libros de Sartre, de Albert Camus, las canciones de
Juliette Greco.
En los años sesenta, el lema “no hagamos la guerra, hagamos el amor”
se transformó en una forma de vida; los viajes a la India, a
Katmandú, los pasajes a las religiones orientales y la llegada al
Nirvana, fueron un común denominador que parecía equilibrar los
horrores de la guerra de Vietnam.
Después, los pasajes por las vivencias de Sai Baba y otros
predicadores privatizados hicieron ensayar un zapping espiritual a
más de un buscador. Y esto hasta no hace mucho tiempo; algunos
caminan por allí todavía.
Y así se podría seguir con una lista interminable y por todos
conocida.
La cuestión es ésta: Si la felicidad existe ¿Dónde encontrarla?,
¿Cómo hacerlo?.
El problema de no saber dónde y no saber cómo, estimo que estriba en
que la búsqueda suele hacerse “de noche y sin luz” por personas que
estamos “solos y de a pie”. Se la suele buscar por un lugar donde no
está.
Y hacemos como aquel que buscaba su llave extraviada en la calle,
justo debajo del farol de luz. Pasó un amigo, y aquél le contó que
había perdido su llave y que la estaba buscando. El amigo le
preguntó:
-Pero, ¿la perdiste justo aquí.?
No- le respondió el hombre- pero es que en otro sitio no veo, por
eso la busco aquí.
Y esa felicidad buscada es como el camaleón. Cambia de color, según
la época, se adapta a las necesidades del corazón. Y esto es así:
tiene transformaciones, metamorfosis, según las ideas, las modas,
las influencias, la propaganda. Y además me gustaría encontrarla, no
importa cómo y a qué precio, simplemente me gustaría encontrarla.
Pero una vez, llamé a la puerta de una ermita, donde vivía un santo
ermitaño, y le pregunté, dónde estaba el país de la felicidad. El se
quedó pensativo, y después me dijo que la felicidad no era una meta,
sino un modo de caminar.
De allí me di cuenta que es feliz el que va ligero de equipaje, el
que tiende la mano a los que encuentra en el camino, el que no se
para a comer la fruta verde, el que no mancha el agua de la fuente
que bebe, el que canta alegrando el oído de los que pasan, el que no
se queja porque encontró algún desnivel en su andar.
Sobre todo, es feliz el que tiene la certeza de que al final de la
jornada, no se encontrará con el oscuro silencio de la nada, el que
sabe que le espera alguien, eterno e infinito, para estrecharlo, con
amor, en su blando pecho.
Cuando uno ha viajado, sabe que no hay nada más triste, que llegar a
un aeropuerto donde no hay nadie que venga a recibirlo.
No se puede ser feliz sin tener la certeza de que alguien nos espera
al final del camino. Las esperanzas nos denuncian, dicen quién soy.
“Dime lo que esperas y te diré quien eres”.
Las personas se conocen por lo que esperan en la vida.
Quiero ser feliz, pero absolutamente aquí y ahora
En estos últimos tiempos, quizás más que nunca, muchos sueños están
rotos. Se han acelerado los pulsos de muchas personas que hasta hoy
estaban tranquilas. Y eso los acelera más aún: ¡El encuentro de la
felicidad debe ser inmediato!.
Ser feliz, pero inmediatamente. Una especie de:
“llévelo ahora, pague mañana, pero llévelo ahora”.
No se puede estar en buenas migas con el fenómeno: “tiempo”,
“futuro”, “espera”. El factor tiempo no está más que para ser
eliminado o aniquilado. Es un enemigo. la felicidad debe ser “ya”.
Sin embargo, para transformarse en un ser feliz, es necesario
hacerse amigo del tiempo. Y a los amigos se los acepta como son. En
lo que concierne al tiempo, eso quiere decir que hay que aceptar que
el “tiempo dura”. Y esto no sólo quiere decir concesión nuestra al
tiempo, sino que el tiempo, en su permanencia, nos da a nosotros
muchas ventajas.
Sólo el tiempo es el gran aliado de la felicidad buscada,
* Con el tiempo aprendes la sutil diferencia que hay entre tomar la
mano de alguien y encadenar a una persona con esa mano;
* Con el tiempo aprendes que el amor no significa apoyase en alguien
y que la compañía no siempre significa seguridad;
* Con el tiempo... empiezas a entender que los besos no son
contratos, ni los regalos promesas;
* Con el tiempo aprendes que estar con alguien sólo porque te ofrece
un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu
pasado;
* Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus
defectos y te ayuda pacientemente a vencerlos, puede brindarte algo
de la felicidad que deseas;
* Con el tiempo te das cuenta de que si estás con alguien sólo por
acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver
a verla;
* Con el tiempo te das cuenta de que las personas valen mucho más
que cualquier objeto;
* Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y
que el que no lucha por ellos, tarde o temprano se verá rodeado sólo
de amistades falsas;
* Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de
enojo pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la
vida;
* Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero
perdonar es sólo de almas grandes ...
* Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con
cada persona, es irrepetible;
* Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un
ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o
desprecios multiplicados al cuadrado;
* Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer
planes;
* Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que
pasen, ocasionará que al final no sean como esperabas;
* Con el tiempo te das cuenta que una mano tendida puede edificar un
sueño;
* Con el tiempo, podrás recuperar los días perdidos;
* Con el tiempo y sólo con el tiempo, te das cuenta de que en
realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas
viviendo justo en ese instante.
* Con el tiempo te das cuenta de que el buen humor no es un lujo,
sino una necesidad biológica.
La ilusión de Narciso
Todos recordamos la historia de Narciso. Se trata de un hermoso
hombre que contemplaba un día su propia imagen en las aguas calmas
de un estanque. Y tan hermoso se vio que terminó enamorado de su
propia figura ignorando que era él mismo. Se tiró al agua para
atraparlo y se ahogó.
Ninguna historia ilustra mejor cómo es equivocada la felicidad
consistente en un culto a sí mismo.
Se trata del “amor posesivo” que consiste en llevar todo a su propio
nido. Cuando se le pregunta cómo sabe que está enamorado de alguien,
Narciso no duda en responder:
“porque me siento bien con él”.
No se le ocurren pensar siquiera que amar, es querer el bien del
otro y que por lo tanto debería responder:
“porque quiero hacerlo sentir bien”.
La publicidad concurre también a la inflación del “yo”:
“su” dinero
“su” futuro
“su” seguridad
“su” libertad, para que pueda decir tranquilamente:
“mi dinero”
“mi futuro”
“mi seguridad”
“mi libertad”
En este contexto el “tu”, “él”, “ella” o el “nosotros” ha
desaparecido.
La verdadera felicidad no es posesiva, es oblativa: surge de sí
mismo para ir hacia los otros.
Como la felicidad es vida, se nutre como ella de cosas exteriores:
oxígeno, luz, calor; todas cosas que se deben recibir. Así es la
felicidad humana. No consiste en agarrar cosas para devorarlas, sino
en recibir para dar. El que busca la felicidad amontonando
afectividades como si fueran cosas, terminará ahogándose en su
propia avaricia. Ser feliz no es tener el corazón “calentito” de
afectividades coleccionadas.
Narciso colecciona, pero para su propia satisfacción. Y satisfacerse
no es lo mismo que ser feliz. Un glotón, tocado por el vicio de la
gula, se come todo lo que le apetece y le gusta, sin límites, hasta
satisfacerse. Y cuando termina de saciarse, tiene otra necesidad:
descansar porque el alimento que ingirió le impide moverse con
agilidad. Y cuando se despierta, “saciado” de descanso, necesitará
“saciarse” otra vez con una nueva ingesta, y así....
Pero ¿es feliz?.
El Narciso de la gula, como el de cualquier otro vicio, no podrá
nunca ser feliz. Podrá ser un satisfecho, pero nunca un hombre
feliz.
La felicidad es el reposo en el bien querido. Así, alguien es feliz
cuando ha alcanzado un bien. Pero ¡un bien! ¡Ni más, ni menos! ¡Un
bien!.
¡Y después dices que no eres feliz! ¡Pero si sólo has buscado estar
satisfecho!. Me dices también que eres libre, que tu vida es tuya,
pero ¿cómo puede ser tuya, si tus pasiones te llevan de aquí a allá,
como a una hoja muerta?.
No te olvides de Narciso, no seas como él. La satisfacción te pisa
los talones; la felicidad camina adelante.
La felicidad de Robinson Crusoe
¡Nadie más infeliz que Robinson Crusoe en su isla!. A pesar de
defenderse para sobrevivir, fue el más infeliz de todos los
personajes de novela. Y gracias a Dios que era de novela y que no
existió en la realidad, porque nadie puede ser feliz solo.
“El infierno son los otros”, decía Jean Paul Sartre.
¿Sí?. ¿Son los otros?. ¿Cuáles otros?, le preguntamos desde aquí.
¿Quién podría vivir sin “el otro”?. Se puede vivir sin “algunos
otros”, pero moriríamos si no estuviera “el otro”.
Lo que sucede es que somos infelices porque no sabemos convivir y
cuándo alguien no piensa como nosotros, en ese momento, nos parece
que es un enemigo. Pero, permíteme este consejo:
Con tus enemigos no tengas piedad.
Aplástales sin compasión. ¿Sabes lo que tienes que hacer?:
Destrúyelos, conviértelos en amigos entrañables mostrándoles todo el
amor con que eres capaz.
Aprende a convivir. Ser infeliz por una enfermedad por una muerte es
comprensible; pero ser infeliz por la manera de ser de otro ¡hay que
ser necio!.
Ama lo bueno que tiene cada uno; no tengas en cuenta sus defectos;
en tu interior justifica sus olvidos.
La próxima temporada, cuando estés en el campo y veas los patos
emigrar dirigiéndose hacia un lugar mas cálido para pasar el
invierno, fíjate que vuelan en forma de V.
Tal vez, te interese saber el por qué lo hacen en esa forma. lo
hacen porque, al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento
en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V, la
bandada de patos, aumenta por lo menos un 70 % más su poder de
vuelo, en comparación con un pájaro que vuela solo.
Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de
que se necesitan unos a otros, pueden llegar a cumplir sus objetivos
más fácil y rápidamente porque, apoyándonos mutuamente, los logros
son mejores.
Cada vez que un pato sale de la formación, siente inmediatamente la
resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo
y rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse del compañero
que va adelante.
Si nos unimos y nos mantenemos juntos a aquellos que van en nuestra
misma dirección, el esfuerzo será menor. Será más sencillo y más
placentero alcanzar las metas fijadas.
Cuando el líder de los patos se cansa, se pasa a uno de los lugares
de atrás y otro pato toma su lugar.
Las personas podemos evitar ser infelices, si nos apoyamos en los
momentos duros, si nos respetamos mutuamente en todo momento,
compartiendo los problemas y los trabajos más difíciles.
Los patos que van atrás suelen gritar para alentar a los que van
adelante a mantener la velocidad.
Una palabra de aliento dicha a tiempo ayuda, da fuerza, motiva,
produce el mejor de los beneficios.
Finalmente cuando un pato se enferma o cae herido por un disparo,
otros dos patos salen de la formación y lo siguen para apoyarlo y
protegerlo.
Si nos mantenemos uno al lado del otro, apoyándonos y
acompañándonos; si hacemos realidad el espíritu de solidaridad
humana; si pese a las diferencias podemos conformar un grupo humano
para afrontar todo tipo de situaciones; si entendemos el verdadero
valor de la amistad; si somos consientes del sentimiento de
compartir, la vida será más simple y el vuelo de los años más
placentero.
Creo firmemente que el infierno no son los otros, sino nuestro
propio interior cuando no están en orden.
La gran fuente de la infelicidad es nuestro propio desorden. ¿Quién
puede sentirse cómodo en una casa sucia, con la cocina llena de
platos sin lavar, con dormitorios con ropas tiradas y las camas
continuamente sin hacer y los baños sucios, después de haber probado
el gusto de la pulcritud?. Hay personas que viven dentro de un
ambiente así y llevan la falta de pulcritud como un hábito, sin
darse cuenta, hasta que descubren el valor del detergente, del
jabón, y hasta del aroma de una colonia.
Pero empecemos de una vez. Con cosas simples: la caballerosidad y la
cortesía –aunque no lo creas- hacen a la felicidad.
Muchas veces, como en un soliloquio me digo a mí mismo:
No te desacomodes,
No grites,
No gesticules demasiado,
No bosteces ruidosamente,
Come, pero no devores,
Bebe, pero no abreves.
Es desagradable toda manifestación, en donde aparece el triunfo de
lo animal sobre lo racional.
Hay que ser caballeros, pero sin que se nos vea el caballo.
Me gustaría hacer la vida amable a todos. Para ello debo evitar
Palabras ásperas
Gestos despectivos
Expresiones desagradables.
Me encantaría ser dulce como la miel, aunque no siempre lo consigo.
Y de verdad lo siento.
Ser correctos, no es una regla social: es la forma auténtica,
lozana, natural, de manifestarse.
Somos felices cuando somos amables. Amable quiere decir “que uno es
digno de amor”, “que se lo puede amar”. ¿Y quién puede negar que no
es feliz alguien que se siente amado?.
Pero el espíritu de transferencia de culpas es terrible. Una parte
de nuestra infelicidad se debe a que no sabemos convivir. En lugar
de ayudarnos en el peregrinaje por la vida, como los patos, tenemos
mentalidad de Robinson Crusoe, de personaje de novela, con un “yo”
hipertrofiado, contrariamente al misterio de la Visitación, de la
Virgen a Santa Isabel. Esta escena constituye un hermoso ejemplo de
ayuda, donde la felicidad del encuentro se traduce hasta en el niño
que yace en el seno de la prima, que salta de alegría ante semejante
presencia.
No. El infierno no son los otros. Ese infierno es nuestro propio
desorden.
La estrella de la suerte
Un viejo refrán dice que “algunos nacen con estrella y otros nacen
estrellados”. ¿Será cierta semejante predestinación?. ¿No será más
bien que “algunos se iluminan con la estrella y otros se estrellan
cuando la encuentran?.
En las viejas anécdotas de Romano Guareschi, Don Camilo era simple
párroco de campaña de la brava Emilia-Romagna. El alcalde, Pepone,
era el tradicional adversario de Don Camilo. Si bien conservaban
ambos el mismo carácter fuerte, los dos querían ganar la pulseada de
gobernar al pueblo. Párroco y alcalde, siempre tienen encontronazos,
y a veces bastonazos. En una de esas luchas pueblerinas, Don Camilo,
desalentado al ver la tozudez de sus feligreses, que a veces
escuchaban a Pepone, se dirige al Cristo del altar mayor de su
parroquia, reprochándole el estado de las cosas.
- Señor- le dice mirándole fijamente- en el mundo hay muchas cosas
que no funcionan.
Y el Cristo del altar, le responde, con voz calma y segura:
- Don Camilo, para mí las cosas del mundo funcionan admirablemente
¡sólo el hombre es el que no funciona!.
Y sí. La suerte no hace nada, si el hombre no se arregla.
Se cuenta que un científico vivía preocupado con los problemas del
mundo y estaba resuelto a encontrar los medios para disminuirlos.
Pasaba los días en su laboratorio en busca de respuestas para sus
dudas. El exterior no existía para él, sólo recorría su laboratorio.
Cierto día, su hijo de pocos años invadió su santuario decidido a
ayudarlo a trabajar. El científico nervioso por la interrupción del
recién llegado, intentó hacer que el hijo fuese a jugar en otro
sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el padre procuró
algo que pudiese ser ofrecido al hijo con el objetivo de distraer su
atención, para que su trabajo no sufriera distracción.
De repente tomó un mapa del mundo de una revista, y con una tijera,
recortó el mapa en varios pedazos y, junto con un rollo de cinta
adhesiva, entregó a su hijo diciendo:
- ¿Te gustan los rompecabezas? . Entonces voy a darte el mundo para
arreglar. Aquí esta el mundo todo roto. ¡Mira si puedes arreglarlo
bien! . Hazlo todo solo, sin ayudas.
Calculó que al niño le llevaría algunos días para recomponer el
mapa. Pero algunas horas, después, oyó la voz del hijo que le
llamaba:
- Papá, papá, ya lo hice todo. ¡Conseguí terminar todo!
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del chico.
Sería imposible en su edad haber conseguido recomponer un mapa que
jamás había visto. Entonces, el científico levantó los ojos de sus
anotaciones, seguro de que vería un trabajo digno de un niño. Para
su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido
colocados en el sitio correcto.
¿Cómo sería posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? – se preguntaba
el papá.
- Tu no sabias como era el mundo, hijo mío, cómo lo conseguiste?
- Papá, yo no sabía como era el mundo, pero cuando tú sacaste el
papel de la revista para recortar, yo vi que del otro lado estaba la
figura de un hombre.
- Cuando tú me diste el mundo para arreglar, lo intenté, pero no lo
conseguí. Fue entonces que me acordé del hombre, di la vuelta a los
recortes y empecé a arreglar el hombre por que yo sabía como era un
hombre.
Y cuando conseguí arreglar al hombre, di la vuelta la hoja y
encontré que había arreglado el mundo.
Para alguien ordenado en su interior, la felicidad no es cuestión de
suerte. Sería terrible pensar que Dios regala sus mejores parcelas a
los que le son más simpáticos. Eso es lo que quizás haríamos
nosotros, a semejanza de Miguel Angel que pintaba en el infierno a
los que lo habían herido alguna vez.
Si el hombre, individualmente se arregla, se arregla toda una
sociedad. Si hay un solo hombre que es o que ha sido feliz en su
vida, entonces es que todos y cada uno pueden ser feliz en el mundo.
No culpes a la suerte, lo que no has sabido hacer con el tiempo que
Dios te dio;
No culpes al destino si no has aprovechado tu imaginación.
Le das la culpa al destino de tus propios errores. ¿Qué culpa tiene
el destino que en lugar de aprender música te dedicaste a comprar
instrumentos musicales, te llenaste de violines, pianos y
violonchelos, y ahora no sabes ni el sonido de una nota?.
Hubieras aprendido primero las notas, hubieras afinado tu oído y tus
manos, al ritmo, a la armonía, a la melodía. Y recién al final
hubieras encaminado tus pasos a una casa de música, a comprar tu
violín o tu piano o tu violonchelo.
Aunque tengas muchos violines en tu casa, no por eso serás músico,
ni podrás disfrutar de la armonía; aunque tengas muchos libros en tu
biblioteca, no por eso serás más sabio. Pero no culpes a tu suerte
de no ser más sabio, si tienes a los libros sin leer.
Eres como aquellos que les hubiera gustado sacar la lotería pero sin
comprar el billete.
La felicidad, nada tiene que ver con la suerte; pon en orden lo que
tienes, no necesitas más. Así es: no necesitas más.
Recuerdo a un peregrino que conocí. Emprendió su camino con una
manta en el hombro, para abrigarse por las noches, y con un jarro de
hojalata para tomar agua. No llevaba nada más. Al cabo de unos pocos
días, tiró el jarro. Se dio cuenta de que podía saciar su sed en los
manantiales bebiendo con la mano.
¿Tienes las manos?. ¿Tienes tu manta?. ¿Y dices que no tienes
suerte?.
La felicidad no es cuestión de suerte, sino de saber vivir.
Y de regreso al principio
Una gimnasia. La felicidad incluye gimnasia espiritual, lo mismo que
tantos otros elementos. No viene envuelta en papel celofán, con un
moño rojo y en estuche de lujo. Algunos salieron a comprarla así, y
sólo consiguieron estar satisfechos. La quisieron así:
una felicidad hecha, para tenerla sin ningún esfuerzo;
una felicidad, aquí y ahora, sin tener que esforzarse en la
esperanza.
una felicidad que no venga mañana, sino tenerla ahora.
Y sin embargo...la felicidad requiere su tiempo.
Había una vez una isla, en la que vivian todos los sentimientos y
valores del hombre:
el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría... Como también todos los
demás, incluso el Amor.
Un día se les anunció a todos los sentimientos que la isla estaba
por hundirse, que sobrevendría una catástrofe.
Entonces todos prepararon sus pertenencias, sus barcos y partieron.
Unicamente el Amor quedó esperando solo, hasta el último momento.
Recién cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor que había
ayudado a los otros, decidió pedir ayuda.
La Riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le
dijo:
- “Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”
"No puedo -respondió la Riqueza- porque tengo mucho oro y plata
dentro de mi barca y no hay lugar para ti."
Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en
una magnífica barca,
-“Orgullo te ruego, ¿puedes llevarme contigo?”
"No puedo llevarte, Amor..." -respondió el Orgullo- “aqui todo es
perfecto, podrías arruinar mi barca”.
Entonces el Amor le dijo a la Tristeza que se estaba acercando:
-"Tristeza te lo pido, déjame ir contigo."
"Oh Amor" respondió la Tristeza, “estoy tan deprimida que necesito
estar sola”.
Luego el Buen Humor pasó frente al Amor; pero estaba tan contento
que no escuchó que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo:
-"Ven Amor, te llevo conmigo“
Era un viejo el que lo había llamado.
El Amor se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de
preguntar el nombre al viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue.
El Amor se dió cuenta de cuánto le debía y le preguntó al Saber:
-“Saber, ¿puedes decirme cómo se llama el que me ayudó?”
“Ha sido el Tiempo” respondió el Saber.
-“¿El Tiempo?" -se preguntó el Amor-
“¿Por qué será que el Tiempo me ha ayudado?”.
El Saber lleno de sabiduría respondió:
"Porque solo el Tiempo es capaz de comprender lo importante que es
el Amor en la vida".
Estamos ya en los umbrales de la Semana Santa. Es el tiempo que
lleva el Amor de un Cristo que parece lento para traer la felicidad
al hombre y a la mujer de hoy. Pero ese Cristo, es el único capaz de
hacer que corazón pequeño de cada uno de nosotros se haga feliz por
la esperanza, porque
Si tu corazón te condena.
Dios es más grande que tu corazón.
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