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EL DIOS EN QUIEN YO CREO
"La maravilla es la base de la adoración"
EL DIOS EN QUIEN NO CREO.
Una vez le preguntaron a un anciano patriarca oriental, en una
entrevista: por qué hay tantas personas que no creen en Dios. Este
hombre dio una respuesta que conmovió a no pocos lectores: "Muchos
ateos, en lo que no creen es en un Dios en el que tampoco yo creo".
Si. Es así: exactamente así.
Tampoco yo nunca podré creer:
En un Dios que sólo ame cuando alguien sufre,
En un Dios que no le gusten las alegrías humanas,
En un Dios mago y hechicero,
En un Dios que se hace temer,
En un Dios que no se deja tutear,
En un Dios que sea monopolio de unos pocos,
En un Dios que "manda" gente al infierno,
En un Dios que exija siempre diez en los exámenes,
En un Dios que no acepte una silla en nuestras reuniones humanas,
En un Dios que diga siempre "ya me las pagarás",
En un Dios que prefiera la injusticia al desorden,
En un Dios que no posea la generosidad del sol que besa cuando toca,
tanto a la flor como al estiércol,
En fin, en un Dios que no sea capaz de transformar en amor, todo
cuanto toca.
Ahora bien ¿no es acaso Jesús, el Cristo de la Cruz todo lo
contrario?.
Ya lo veremos.
DIOS NO TIENE DOCUMENTOS.
El niño de la cuna de Belén no tuvo documentos. Ni cuando fue grande
los pidió a nadie.
Cuando uno encuentra a alguien que está fuera de la Iglesia, o que
dice que no cree, pero se ve que en él vive al menos una frase de lo
que prometió Cristo, debería quemarnos por dentro el fuego de la
alegría.
Indica en el fondo que ese Jesús es más grande que nosotros y que
todos los católicos juntos. Aunque se marchitaran todos los
católicos; el evangelio seguirá siendo una cantera de donde podrán
extraerse siempre nuevas realidades y nueva vida.
Dios vino para todos: no tiene documentos en ningún país ni de
ninguna nación, ni de ningún partido, ni de ninguna religión. El
evangelio de Lucas cuenta que "Juan empezó a decirle: Maestro, hemos
visto a uno que echaba demonios en tu nombre y hemos tratado de
impedírselo, porque no viene con nosotros. Pero Jesús dijo: "no se
lo impidan, porque el que no está contra ustedes está con ustedes".
Y en el de Marcos dice: "Ninguno que haga un milagro en mi nombre
hablará luego mal de mí".
La ambición de que Dios lleve nuestras insignias o nuestro carnet es
grande.
El no los tuvo, ni los exigió a nadie. Nos gustaría que Dios
perteneciera solamente a todos aquellos que están "legalmente"
dentro de nuestro modo de pensar, solo a los que están "bien
curados", solo a los que está bien con la ley"...
Pero no, Dios no tenía documentos: es de todos. Y es de todo el que
realiza el milagro viendo en el Cristo crucificado, no a un
predicador condenado a muerte, sino que lo contemplan como Dios,
porque antes sintieron la maravilla de su propia nada.
DIOS NO USÓ EL PODER
Dios que es todopoderoso, podría haber hecho su entrada en el mundo
con un acto de poder, de autoridad, de dominio.
Podría haber quitado la vida a Herodes cuando empezó a perseguirle
desde la cuna y sin embargo no ejerció el poder que tiene sobre la
vida.
No se impuso por su autoridad, ni menos por su poder. Se impuso por
la fuerza irresistible de su palabra, de su sabiduría, de su
ternura, de su milagro.
Cuando estudiaba en Roma, una página del periódico me dio una
mañana, más luz sobre este asunto que varias semanas de escudriñar
entre las páginas de algún libro.
La noticia era muy triste, pero de mucha profundidad en el
contenido. En las afueras de la ciudad, un niño de tres años jugaba
con una pelota al borde de la carretera. La madre estaba cerca de
él. El pequeño corrió detrás de la pelota en medio de la ruta
mientras un gran camión apareció de repente a gran velocidad. La
madre gritó, suplicó al hijo que se alejara de la ruta. Y entonces,
sin pensarlo dos veces ofreció la vida para salvar al niño. Se lanzó
delante del camión para empujar al niño hacia la otra cuneta de la
ruta mientras ellas quedaba aplastada bajo las ruedas de semejante
camión.
El último acto de poder que la madre ejerció sobre su hijo fue el de
ofrecerle el sacrificio de su propia vida para que él siguiera
viviendo.
Y así me pregunté, cuál hubiera sido la autoridad moral de aquella
madre sobre el hijo, si por un imposible hubiera resucitado.
Porque el que manda, el que llama, el que pide, exponiendo antes su
propia vida compromete seriamente la conciencia.
No fue desde un trono donde Dios ejerció su poder al entrar en la
historia de la humanidad, sino desde la Cruz.
Dios "arrastró" pastores, los convenció, pero no usó el poder par
coaccionar.
Recuerdo a Juan XXIII porque vivió de un modo especial esta
convicción. Cuando era patriarca de Venecia, supo que uno de sus
sacerdotes llevaba una mala vida y frecuentaba lugares no dignos de
un cristiano y menos de un consagrado. Pudo suspenderlo de sus
funciones, pudo aplastarlo con su poder, pujo ejercer toda la fuerza
de su autoridad. No había nada que se lo impidiera, más aún: las
circunstancias lo obligaban.
Pero ¿qué hizo?. Lo esperó un día donde el sacerdote solía
frecuentar. Cuando éste lo vio, palideció. El patriarca lo tomó de
un brazo, como lo hacen los italianos en señal de mucha amistad, y
con toda naturalidad le pidió que lo acompañara al palacio. Una vez
llegados a su despacho, Roncalli se arrodilló ante el sacerdote y le
pidió:
- Padre, confiéseme por favor.
- Y lo hizo con toda humildad y naturalidad.
- El sacerdote le absolvió y el patriarca abrazándolo le dijo:
- Hijo mío, quisiera que reflexiones sobre el don maravilloso que
recibiste de perdonar los pecados, incluso el de tu patriarca. Que
esto te anime a evitar lo más posible el pecado en tu propia vida
como gratitud a Nuestro Señor.
No sé como terminó la historia, pero creo que no hace falta saberlo.
La anécdota tiene sabor a Cruz porque habla de comprensión, de
salvación que no humilla, de autoridad que sirve, de uno grande que
se hace pequeño para salvar a los pequeños que se creen grandes ...
Sí, Cristo, no usó la fuerza del poder; usó la convicción de la
ternura.
DIOS VIENE DE REGALO
Dios no se compra. Ni con dinero ni con negocios. El Dios que se
recibe es gratis, como las plantas reciben el sol.
Nadie lo merece. Puedo llamarlo, gritarle mi sed, mi hambre de El;
puedo golpear su puerta, puedo llorarle mi pena y mi soledad. Pero
no tengo derechos sobre El.
El Dios crucificado es puro regalo, florece a cada instante para
todos. Sólo se negaría a quien quisiera ponerle un precio.
El amor no se vende
DIOS ES UN PRESENTE
A veces nos preguntamos ¿dónde está Dios cuando más lo necesitamos?.
Y el silencio de la cruz tiene mil respuestas que necesitamos.
Cristo es un Dios presente, con dimensión de esperanza...
La mamá saltó de su asiento cuando vio salir al cirujano.
Le preguntó:
"¿Cómo está mi hijo?, ¿va a ponerse bien?, ¿cuándo lo podré ver?.
El cirujano dijo:
"Lo siento señora; hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance".
La mamá dijo, consternada:
"¿Porqué a los niños les da cáncer? ¿Es que acaso Dios ya no se
preocupa por ellos?
DIOS, ¿dónde estabas cuando mi hijo te necesitaba?"
El cirujano dijo a su vez:
"Una de las enfermeras saldrá un momento para dejarte pasar unos
minutos con los restos de tu hijo antes de que sean llevados a la
Universidad".
La mamá pidió a la enfermera que la acompañara mientras se despedía
de su hijo.
Recorrió con su mano su cabello rojizo.
La enfermera le preguntó si quería conservar uno de los rizos.
La mamá asintió. La enfermera cortó el rizo, lo colocó en una
bolsita de plástico y se la dio a la mamá.
Ella dijo: "Fue idea de Jimmy donar su cuerpo a la Universidad para
ser estudiado. Dijo que podría ayudar a alguien más. Eso es lo que
él deseaba."
Yo al principio me negué, pero él me dijo "Mami, no lo usaré después
de que muera, y tal vez ayudará a que un niñito disfrute de un día
más junto a su mamá". Mi Jimmy tenía un corazón de oro, siempre
pensaba en los demás y deseaba ayudarlos como pudiera".
La mamá salió del Hospital Infantil por última vez, después de haber
permanecido ahí la mayor parte de los últimos seis meses. Colocó la
maleta con las pertenencias de Jimmy en el asiento del auto, junto a
ella.
Fue difícil manejar de regreso a casa, y más difícil entrar a una
casa vacía.
Llevó la maleta a la habitación de Jimmy y colocó los autos
miniatura y todas sus demás cosas junto como él siempre las tenía.
Se acostó en la cama y lloró hasta quedarse dormida, abrazando la
pequeña almohada de Jimmy.
Despertó cerca de la medianoche y junto a ella había una hoja de
papel doblada.
Abrió la carta, que decía:
"Querida mami: Sé que vas a echarme de menos, pero no pienses que te
he olvidado o he dejado de amarte sólo porque ya no estoy ahí para
decirte te quiero. Pensaré en ti cada día, mamita, y cada día te
amaré aún más.
Algún día nos volveremos a ver. Si deseas adoptar a un niño para que
no estés tan solita, podrá estar en mi habitación y podrá jugar con
todas mis cosas.
No te pongas triste cuando pienses en mí; este lugar donde estoy
ahora es grandioso. Los abuelos vinieron a recibirme cuando llegué y
me han mostrado algo de acá, pero tomará algo de tiempo verlo todo.
Los ángeles son muy amistosos y me encanta verlos andar. Jesús no se
parece a todas las imágenes que vi de El, pero supe que era El tan
pronto lo vi. ¿Jesús me llevó a ver a DIOS! ¿Y qué crees, mami? Me
senté en su regazo y le hablé como si yo fuera alguien importante.
Le dije a Dios que quería escribirte una carta para despedirme y
todo eso, aunque sabía que no estaba permitido.
Dios me dio papel y Su pluma personal para escribirte esta carta.
Creo que se llama Gabriel el ángel que te la dejará caer.
Dios me dijo que te respondiera a lo que preguntaste:
"¿Dónde estaba El cuando yo lo necesitaba?"
Dios dijo: "En el mismo que cuando Jesús estaba en la cruz". Estaba
justo ahí, como lo está con todos Sus hijos.
Esta noche estaré a la mesa con Jesús para la cena. Sé que la comida
será fabulosa.
Casi olvido decirte... Ya no tengo ningún dolor; el cáncer se ha
ido. Me alegra, pues ya no podía resistir tanto dolos y Dios no
podía resistir verme sufrir de ese modo, así que envió al Angel de
la Misericordia para llevarme. El ángel me dijo que yo era una
"¡Entrega Especial!"
Firmado con amor, de: Dios, Jesús y Yo.
DIOS NO ME NIEGA, ME DISCULPA
Aún no logro comprender cómo ocurrió, si fue real o un sueño. Solo
recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen
libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear.
En algún lugar de mi semi-inconciencia y los sueño, me encontré en
un inmenso salón, no tenía nada en especial salvo una pared llena de
tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los
ficheros iban del suelo al techo y parecía interminable en ambas
direcciones. Tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la
atención un cajón titulado:
"Películas que me han gustado".
Lo abrí descuidadamente y empecé a pasar las fichas. Tuve que
detenerme por la impresión, había reconocido el nombre de cada una
de ellas: y se trataba de las películas que a mí me habían gustado!.
Sin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar de donde me
encontraba. Este inmenso salón, con sus interminables ficheros, era
un crudo catálogo de toda mi existencia. Estaban escritas las
acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles,
momentos que mi memoria había ya olvidado por completo.
Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga,
empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para
explorar su contenido.
Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el
contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que tuve
que volverme para ver si alguien me observaba.
El archivo "Amigos" estaba al lado de "Amigos que traicioné" y
"Amigos que abandoné cuando más me necesitaban". Los títulos iban de
lo mundano a lo ridículo. "Libros que he leído", "Mentiras que he
dicho", "Consuelos que he dado", "Chistes que conté", otros títulos
era:
"Asuntos por los que he peleado con mis hermanos", "Cosas hechas
cuando estaba molesto", "Murmuraciones cuando mamá me reprendía de
niño", "oraciones que he rezado" ...
No dejaba de sorprenderme de los títulos. En algunos ficheros había
muchas más tarjetas de las que esperaba y otras veces menos de lo
que yo pensaba.
Estaba atónito del volumen de información de mi vida que había
acumulado.
¿Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de
esos millones de tarjetas?. Pero cada tarjeta confirmaba la verdad.
Cada una escrita con mi letra, cada una llevaba mi firma.
Cuando vi el archivo "Canciones que he escuchado" quedé atónito al
descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y, ni aún
así, vi su fin. Me sentí avergonzado, no por la calidad de la
música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba haber
perdido.
Cuando llegué al archivo: "Pensamientos impuros" un escalofrío
recorrió mi cuerpo. Y cuando vi el de "comentarios y críticas hechas
al prójimo" pensé que no podía sostenerme en pie.
Sólo abrí el cajón unos centímetros. Me avergonzaría conocer su
tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me
sentí asqueado al constatar que esos momentos, escondidos en la
oscuridad, había quedado registrado... No necesitaba ver más...
Un impulso animal afloró en mí. Un pensamiento dominaba mi mente:
Nadie debe de ver estar tarjetas jamás. Nadie debe entrar jamás a
este salón. ¡Tengo que destruirlo!. En un frenesí insano arranqué un
cajón, tenía que vaciar y quemar su contenido. Pero descubrí que no
podía siquiera desglosar una sola del cajón. Me desesperé y traté de
tirar con más fuerza, sólo para descubrir que eran mas duras que el
acero cuando intentaba arrancarlas.
Vencido y completamente indefenso, devolví el cajón a su lugar.
Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo invencible de
mis miserias, y empecé a llorar. En eso, el título de un cajón
pareció aliviar en algo mi situación: "Personas a las que he amado
en serio". La manija brillaba, al abrirlo encontré pocas tarjetas.
Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo
que no podía respirar. Caí de rodillas al suelo llorando amargamente
de vergüenza. Un nuevo pensamiento cruzaba mi mente: nadie deberá
entrar a este salón, necesita encontrar la llave y cerrarlo para
siempre.
Y mientras me limpiaba las lágrimas, lo vi.
¡Oh no! ¡Por favor no! ¡El no! ¡Que El no lo lea!. ¡Cualquiera menos
Jesús!
Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis
fichas. No soportaría ver su reacción. En ese momento no deseaba
encontrarme con su mirada.
Intuitivamente Jesús se acercó a los peores archivos. ¿Por qué tiene
que leerlos todos?. Me pregunté. Con tristeza en sus ojos, buscó mi
mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza, me llevé las manos al
rostro y empecé a llorar de nuevo. El se acercó, puso sus manos en
mis hombros. Pudo haber dicho muchas cosas. Pero El no dijo una sola
palabra.
Allí estaba junto a mí, en silencio. Era el día en que Jesús guardó
silencio... y lloró conmigo.
Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a
abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el
mío. ¡No! Le grité corriendo hacia El. Lo único que atiné a decir
fue solo: ¡No! ¡No! ¡No!. Cuando le arrebaté la ficha de la mano. Su
nombre no tenía porqué estar en esas fichas. No eran sus culpas,
¡eran las mías!. Pero allí estaban, escritas en un rojo vivo. Su
nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre. Tomó la ficha de
mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las
tarjetas.
No entiendo cómo lo hizo tan rápido. Al siguiente instante lo vi
cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura a
los ojos y me dijo:
"Todo está terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa".
En eso salimos juntos del Salón... Salón que aún permanece
abierto... porque todavía faltan más tarjetas que escribir.
Aún no sé si fue un sueño, una visión, o una realidad... Pero de lo
que sí estoy convencido, es que la próxima vez que Jesús vuelva a
ese salón, encontrará más fichas de que alegrarse, menos tiempo
perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.
¿No es este propósito un hermoso espacio para empezarlo en Pascua?
Este es el Dios en quien debemos creer los cristianos:
No tiene documentos; no pertenece a nadie en particular y es para
todos.
No usó el poder, se impuso siempre por su ternura.
No se vende, es un don.
No se ausenta, sólo a veces hace silencio.
No me niega nunca, me disculpa.
¿Podría hacerse hoy este acto de fe concretamente en Cristo?
Sí, hoy no mañana, que puede ser tarde.
Cuenta Tagore que...
Joya Preciosa...
"Cruzando el desierto, un viajero vio a un árabe sentado al pie de
una palmera.
Cerca ahí, reposaban sus camellos, pesadamente cargados con valiosos
objetos.
Aproximándose el árabe, le dijo:
- Te veo preocupado. ¿Puedo ayudarte en algo?
Sí, respondió el árabe con tristeza - estoy muy afligido, porque
recién perdí la más preciosa de todas las joyas.
- ¿Qué joya era? - le preguntó el viajero.
- Era una joya - respondió su interlocutor - como otra jamás habrá.
Estaba tallada en un trozo de piedra de la Vida y había sido hecha
en el taller del tiempo. Adornada por veinticuatro brillantes,
alrededor de los cuales se agrupan sesenta piedras más chicas. Ya
verás que tengo razón al decir que joya igual podrá reproducirse.
- Por mi fe, dijo el viajero, tu joya debía ser preciosa. ¿Pero no
será posible que, con mucho dinero, se pueda hacer otra joya igual?
- La joya perdida - respondió el árabe, pensativo - era un día, y un
día que se pierde no se vuelve a encontrar. "
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