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El Talento Administrado
El Texto
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los
Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y
les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro dos; y uno solo
al tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus
servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le
presentó otros cinco. “Señor –le dijo-, me has confiado cinco talentos: aquí
están los otros cinco que he ganado”. “Está bien servidor bueno y fiel –le
dijo su señor-; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de
mucho más: entra a participar del gozo de tu Señor”.
(Mt. 25,14-15. 19-21)
Su Explicación
Es una parábola también alegórica, de esas que Jesús era capaz de armar en
un momento con dos o tres datos que tendría en su mente. Al comienzo nomás
tiene una estructura artificiosa y alegórica porque emprender un viaje no es
motivo para disponer de los bienes y “confiarlos” a sus siervos. Y menos aún
en dividirlos en tres categorías con el criterio de capacidad.
La cantidad que da a cada uno es exorbitante, según el texto. Lo que
distribuye este señor son “talentos”. El “talento”, más que una moneda, era
el peso de un determinado número de monedas. Cada talento pesaba 42 kg. Y
era equivalente a 6000 “denarios”. Y si el “denario” era el sueldo jornal de
un obrero –como lo atestigua el mismo Mateo- la cantidad que deja a cada uno
es excesiva.
También es excesiva la cantidad de los intereses y de los capitales que
consiguieron acumular los siervos que recibieron 5 y 2 denarios. Porque si 5
talentos era igual a 30.000 denarios – es decir 30.000 días de trabajo- y 2
talentos era igual a 12.000, el doble es una cifra prácticamente
incalculable. Pero nada escatima el Maestro cuando la alegoría es acerca de
la abundancia y de la excelencia de los dones de Dios.
El premio es aún de mayor abundancia que los dones recibidos. Así, el
administrador que es limitado por su mismo oficio desde el comienzo, pasa a
ser después mayordomo o intendente general o como se lo quiera llamar. Es
una fórmula literaria de expresión progresiva para expresar el premio que
otorgará el Mesías al que ha permanecido fiel con la fructificación.
Pero al llegar al siervo que conservó un solo talento, el que “lo escondió
en la tierra” (la expresión no puede dejar de subrayarse por lo
significativa), el juicio del Señor es severo. Quizá es más severo que si el
siervo hubiera perdido el talento en malos negocios. Este siervo no actuó.
Jesús le habla de los banqueros y que si lo hubiera depositado allí al
menos, hubiera recibido el interés bancario. En los tiempos de Jesús el
interés de las mesas de los bancos era del 12% anual. Algo era algo.
Pero no. El siervo lo “enterró” para que no se lo robaran y no fructificó.
Pero hay algo más chocante aún en la parábola, el “talento” que se quita a
este siervo inepto es destinado al que ya había entregado 10 -5 por haberlo
recibido de su señor y 5 que consiguió fructificar- ¿Por qué esto?. Como
explicación sólo se agrega: “Al que tiene se le dará y al que no tiene, se
le quitará aún lo poco que tiene”.
Esto es discutido. Parece ser una especie de proverbio para que enuncia el
plan sobrenatural presentado en forma paradójica: el que hace obras buenas y
meritorias, se hace siempre digno de muchos más dones y gracias, aún las que
no merece.
De todos modos, en una parábola hay que resaltar el fin de su existencia. El
que lee el evangelio tiene una apreciable sed de conocer qué tenía en mente
Jesucristo cuando pronunció el mensaje. Una parábola es una comparación con
enseñanza. Y la parábola de los talentos también.
La enseñanza
“Si yo doy ¿qué me queda a mí para comer yo?” –Si piensas así tu egoísmo te
hará un monstruo;
“Si yo como ¿qué me queda por dar?, entonces esta generosidad hará de ti un
Dios en pequeño”.
¿Quien podrá negar que esta notoria diferencia no constituye la manera como
se recibe un talento?.
Los dones son siempre generosamente otorgados. No hay ser sobre la tierra
que no haya recibido ni un solo talento.
La humildad permite descubrir en los demás dónde está el talento propio y el
de los otros –aunque no siempre sea descubierto a primera vista.
Descubrir los talentos recibidos, tiene tres partes:
- Las preguntas que están en el corazón de cada uno de nosotros sobre cómo y
cuáles son esos dones regalados: (la interrogatio);
- La forma en que recibimos esos dones y los cultivamos (la receptio);
- Y por último la manera de cómo, cuándo y dónde distribuimos esos dones a
los demás (la Redditio).
La interrogatio es una inquietud del corazón, es decir que abarca todo el
ser cuando el que se interroga es serio.
La primera regla para esta etapa es que las preguntas sean verdaderas, no
imaginativas. Sólo sacando fuera todo falso romanticismo de la verdad podrán
verse los trazados de un camino seguro a la verdad.
La pregunta radical es siempre una: la muerte. Es el tema más profundo que
tiene la interrogación del corazón. ¡Allí hay tantos gozos y dolores y
tantas preguntas abiertas!. Pero el común denominador es el tema de la
muerte. Si existe la muerte, entonces: ¿Tenemos sentido?. ¿Por qué la muerte
en el mundo?. ¿Por qué la prospectiva de la muerte de los inocentes?. ¿Por
qué la muerte es siempre dolorosa?. ¿Por qué este inmenso cúmulo de
violencia, de injurias, de soledad?.
Interrogarse es llegar a ese lugar del alma dónde sólo se atreven a llegar
dos águilas valientes: el amor y el dolor. Y las dos nacen en el mismo nido.
Tanto el amor como el dolor se enfrentan con el silencio. Y ese silencio es
la primera respuesta de esas profundidades porque el silencio siempre
interroga. Pasamos de interrogadores a interrogados. Ya no preguntamos -¿Por
qué la muerte?, sino que el silencio da vuelta a mi pregunta inicial y
entonces me interroga: -¿Por qué “tu” vida?.
El talento recibido reside en millones de talentos anteriores. Interrogo
porque puedo pensar; pienso porque tengo inteligencia; si tengo inteligencia
entonces no soy irracional; si tengo razón entonces tengo alma; si tengo
alma no puedo ser sólo “una pasión inútil”; si tengo alma, los otros
entonces también la tienen... y así indefinidamente.
Interrogar es ya saber que los talentos están allí, listos para ser
otorgados.
La segunda parte es la Receptio, es decir la recepción del talento. Saber
recibir los talentos otorgados corresponde también al difícil arte de saber
conjugar las verdades con la vida.
Dicen que cierta vez, en las afueras de un pueblo se instaló un circo, Los
artistas ya estaban preparados para empezar el espectáculo una hora después.
Pero se descubrió un incendio. Entonces el payaso del circo, pintada su cara
y con las ropas ridículas de la escena, corrió al pueblo para dar la alarma.
Llamaba y gritaba a todos, desesperado:
-¡Vengan al circo!. ¡Ayúdennos a apagar el incendio!.
Pero los habitantes del pueblo se divertían al ver al payaso. Pensaban que
sus gritos, que sus súplicas y sus lágrimas eran una forma de llamarlos y no
perderse el espectáculo.
Así a veces recibimos los dones. Los talentos vienen de las formas menos
esperadas. ¿Cuántos cristianos se han detenido a pensar en el talento de la
fe recibida –por ejemplo- sin mérito de nadie?. Recitamos el Credo casi a
diario pero no nos damos cuenta de lo que significa creerlo. ¿No es un don?.
Recibir la fe es un paso importante en esta etapa de la Receptio.
Para recibir los talentos hay que llenarse de un silencio contemplativo, que
es la capacidad de adentrarse en lo íntimo de su propio ser, de
reencontrarse en el centro de sí mismo, venciendo la ansiedad y el apuro.
Un soldado escribió a sus padres, al finalizar la guerra, desde el campo de
concentración donde estaba prisionero. Les contaba de su convalecencia de
una enfermedad y de la esperanza que tenía de poder volver pronto a su casa.
Y le agregó: “Al volver a casa, llevaré conmigo un gran amigo que hizo la
guerra conmigo. Y ahora le han amputado una pierna”.
“Tráelo también contigo –le respondió en otra carta el padre- porque
encontrará pan y trabajo entre nosotros”. Pero en otra carta sucesiva el
hijo le dijo: “Pero papá, también le faltan las dos manos y no podrá
trabajar”.
“Entonces no sabríamos qué hacer con él” le dijo el padre respondiéndole.
Y el hijo nunca más regresó a su casa.
Había escrito de sí mismo.
“No sabríamos qué hacer con él”. Así recibimos a veces nuestros dones: “no
sirve para nada”, “no me soluciona los problemas urgentes”...
Otras veces los recibimos mal.
En un diario apareció esta noticia: “Perro millonario”. “Una mujer
austriaca, dejó varios millones de euros a su perro de 16 años y lo nombra
único heredero”.
Ciertamente que este perro tendrá para poco dada su edad, de disfrutar los
millones, a pesar de los mejores bifes y salchichas que tendrá en su
estómago.
Pero me pregunto: ¿Qué experiencia tuvo esa mujer millonaria, con los seres
humanos, para que un perro –sí un perro- sea su mejor o su único amigo?.
Recibir, es también cultivar. El modo de recibir los dones es también
cultivándolos uno a uno. Profundísimo. La Recpetio es un modo de “estar en
el mundo” y al mismo tiempo de “estar con Dios”.
La tercera parte que compromete con los talentos, es la Redditio, es decir
de la forma de distribuir los dones recibidos entre los demás.
Todo lo que se ha recibido gratis –es decir sin mérito de nuestra parte- no
puede quedarse en la estantería de la despensa del corazón.
El secreto está en “hacerse próximo a los demás”. Una conciencia de prójimo,
enseña a como multiplicar los dones.
En una entrevista al actor Anthony Quinn, declaró:
“De joven hice de todo, hasta de boxeador. Tenía 16 años y la escuela me
parecía una pérdida de tiempo, porque llevar plata para la comida era para
mis padres más útil que tener un hijo instruído.
Un día encontré a un amigo que me ofreció 25 dólares por pelea y allí me
enganché. Después de la primera pelea comencé a sentirme un dios. El
vestuario era el lugar donde me codeaba con los mejores boxeadores, hasta
conocí a Dinamita Jackson. No veía la hora de ser como ellos.
Pero después, finalmente, llegó el encuentro importante, tal vez el más
decisivo de mi vida. La pelea era con un boxeador negro, que tenía dos
brazos que parecían jamones. Pero al cuarto rounds yo estaba con gran
ventaja. Pero uno del público gritó:
-¡Mátalo!. ¡Amasija a ese sucio negro!.
Y entonces yo dejé de combatir. Mi carrera de boxeador terminó aquella
noche”.
Aquí hay una clara Redditio. Sin pensarlo, la compasión distribuye dones con
el estilo de la sobriedad. En el ejemplo anterior, Anthony Quinn, nunca
pensó que la compasión podría salir de un match de box.
¿Cuándo terminará el hambre en el mundo?. Cuando tu y yo comencemos a
dividir lo que hay.
“Cuatro hijos de un pobre hombre sin trabajo, me escucharon llegar a la casa
de su padre. Miraban la caja de chocolatines que tenía en mis manos. Se la
dí al menor y le dije: es uno para cada uno. ¿Entendieron?. Pero el chiquito
tomó la caja y la estrechó a su pecho. Corrió hasta su pieza y gritaba.
-Es mía, es mía.
Miré las escena. Y me quedé pensando. ¡Cuánto por enseñar y cuánto por
aprender!. La escena del chiquito con el chocolate era el polo opuesto a la
multiplicación de los panes: dos panes y cinco peces compartidos que poseía
el chico del relato evangélico.
Talentos. Interrogatio, Receptio y Redditio. Tres partes para saber qué
hacer con los dones. Importa menos saber cuáles son que ser perseverantes
para distribuirlos con el corazón abierto.
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